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Po esía

Com prom is o

L uis Á ngel B a rq uín


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a mis amigos y amigas

a la Escuela Wu Chi

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ÍNDICE
Pág.
01. Compromiso 09
02. A través de tus ojos 10
03. Aceptación 10
04. Actitud 11
05. Alegría 12
06. Amar 13
07. Atención 14
08. Ayudar 15
09. Búsqueda 15
10. Caminando 16
11. Cariño 16
12. Carta 17
13. Cero 19
14. Claridad 20
15. Comprenderte 20
16. Con pausa, sin prisa 21
17. Confianza 21
18. Contigo 23
19. Corazón 23
20. Cuaderno 24
21. Descartes 24
22. Deshojado 25
23. Desnudo 25
24. Disfrutando 26
25. Dos alas blancas de mariposa 27
26. El beso 28
27. El esfuerzo animado 29
28. El paseo 30
29. El tiempo quieto 31
30. El tren 31
31. Elegía 32
32. Encuentro 33
33. Equilibrio 34
34. Escuela 34
35. Esencia 36
36. Forma 36
37. Futuro 37
38. Inteligencia 37

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Pág.
39. Intuición 38
40. La mujer paralela 39
41. Libertad 39
42. Limpia 40
43. Luz de marzo (V) 41
44. Música 41
45. Nada 42
46. Nuevo y eterno 43
47. Oración 44
48. Palabras para el amor 45
49. Paloma 46
50. Para ti 47
51. Para... 47
52. Poesía 49
53. Predicciones 49
54. Preliminares 51
55. Qi Gong 51
56. Reflejo 52
57. Ruiseñor 52
58. Ser 53
59. Será más fácil 54
60. Si no permites... 54
61. Sin motivo 55
62. Sueño 56
63. Tao 56
64. Tiempo 57
65. Tu soneto 57
66. Tu tiempo y tú 58
67. Viajera del instante 59
68. Lejos iremos, iremos juntos 60
69. El amigo que vino del frío (IV) 61

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01. Compromiso

¿Y qué dejaré detrás,


a mis espaldas, el día
en que mi vida no sea
mover, conservar, un cuerpo
coyuntural, defender
estas razones, castillos
de arena seca, que nunca
han sido siquiera míos,
sólo préstamos
a donde me hizo subir
la ignorancia, mi escalera?

¿Dejaré palabras que,


destinadas al olvido,
dormirán en los cuadernos
-ya no míos-,
soñando ser despertadas
por unos ojos, por labios,
curiosos, por un error?

¿O dejaré gestos torvos,


traiciones, guiños de plástico,
corazones dibujados
sin una gota de sangre,
ni de roja tinta, en ellos?

¿Dejaré desvencijados
sueños, antaño quimeras,
o acaso nubes de polvo
sobre un desierto sin sol?

¿Y qué podría dejar


de mi verdadero ser,
huraño para mí mismo,
tras de mi paso por este
camino, tierra pisada?...

…Algo que hablase de mí


mas sin nombrarme: un anhelo,
muy en ti,
de leerme entre palabras,
de mirarme entre reflejos,
de buscarme entre recuerdos,
de escucharme entre latidos…
… regalos que yo, borrado,
te hubiera
dejado con intención,
o sin ella…

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…Algo,
algo por lo que quisieras
vivir mi muerte, muriéndote
donde yo, vivo, esperase
sin prisa a que tú llegaras,
donde estuviera mi pausa,
la pausa de estar contigo,
libre pausa, compromiso.

02. A través de tus ojos

A través de tus ojos, Dios mira el universo.


No lo sabes aún, ni lo sospechas.
No eres tú quien me mira sino Dios,
y el mismo Dios te mira por mis ojos.
Dios se mira a sí mismo desde extrañas pupilas,
flores todas del ojo universal;
consciencia que, mirando de otras formas
sin ser nada consciente del milagro,
conoce más el mundo, lo mece, se deleita,
seduce nuevos iris para cruzar su centro
y ver todo, otra vez, puro, nacer.

03. Aceptación

¿Cómo sabes que no eres perfecto,


total, bello?

¿Por qué no pruebas a ser tú mismo,


tan cuerdo y tan loco?

Cuando llegues al sitio que quieres,


¿serás feliz?, ¿más que ahora?

¿Qué tiene de erróneo, de insensato,


disfrutar a cada instante?

¿Sabes dónde se encuentra el lugar


donde eres ya rey o reina?

¿Debes algo a la vida, a la muerte,


al cielo, al mar, a los hombres?

Si no intentas cambiar lo de afuera,


¿sabes lo que ocurre?

Si te sientas a mirar al río


pasar, ¿se hace tarde?

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¿Por qué quieres seguir con la lucha
donde siempre pierdes?

Hablo solo: las mismas preguntas


que lanzo a las nubes,
siempre vuelven a mí con fragancias
de flores y estrellas
que así me responden.

04. Actitud

Entre todos los rostros,


posturas y miradas,
sonrisas, gestos, dudas,
una gracia se yergue,
niña clara, y contempla
el momento que nace…
… y se hunde.
El silencio
la atrae hacia su núcleo.
Ella vibra y expande
lentamente la vida
por doquier, encendiendo
el presente de nuevo,
como hizo tantas veces…

Se acerca a las personas


de forma delicada,
sin voz ni movimiento,
amando su dolor,
escuchando su grito
-ahogado tanto tiempo-,
besándoles el alma…

Sus canciones de cuna


dan el sueño a las plantas.
Con sus lágrimas, riega
la tierra que las nutre.
Sin ruido, se despide,
entre sueños, de ellas…

Cuando apenas intuyen


que ella está de vuelta,
los animales notan
cómo el aire se enciende
disipando las nubes,
cómo crece la hierba,
cómo huelen las flores,
cómo el río se alegra…

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Y juega con los niños.
Hecha mano y juguete,
los vigila, protege,
y alienta su pureza.
Con hilos invisibles
los sostiene un instante
para que aprendan solos
a caerse, y alzarse
más ágiles aún…

Entre todos los suyos


-miradas, dudas, gestos-,
ella sigue creciendo,
contemplando más mundo
cada vez, desde el ático
azul y universal
donde anhela vivir,
y amar, eternamente…

Ella siempre se inclina


hacia el lado más débil.

Cada día, desnuda,


recuenta sus pisadas:
abandona las falsas,
rehace las auténticas.

Dilata sus pupilas,


y refleja en su fondo,
espejo celestial,
las luces que la guían.

05. Alegría

¿Alegre? Una palabra,


afuera, una sonrisa
adentro, no me sirven
para alzar la alegría.

¿Alegre? Quizá baste


un tris de claridad
para ver la tristeza
al revés, y danzar.

¿Alegre? ¿Acaso el cielo


dejó caer anoche
sobre la tierra un
obsequio para el hombre?

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¿Alegre? Demasiados
placeres, reglas, credos…
sin ver que entre los dedos
se escurre el agua, el tiempo.

Alegre: disfrutando
de flautas y de flores,
de estrellas susurrándome
el tacto de tu nombre.

¡Alegre, estando solo


o en medio del mercado!
¡Alegre para ti,
y para mí, a tu lado!

¡Alegre en las laderas


del sufrimiento humano,
desde la nívea cumbre
al valle abandonado!

Alegre cuando llegas,


te quedas, o te vas.
Alegre si regresas
o si no vuelves más.

06. Amar

Si te aman, aunque sientas un desierto


crecer bajo tus pies al caminar,
terminarán las flores por brotar
en él, y en ti el amor, antaño muerto.

Y si amas, aunque el cielo esté cubierto


de nubes que custodian el azar,
fundiendo tu mirada con el mar,
verás en tu interior un cielo abierto.

Y si os amáis, no os hará falta abrir


las ostras del placer, para gustar
del más puro sabor en compañía.

Lejos o cerca, amar logra fundir


en un abrazo tierno -nuestro hogar-
la piel de dos, con única alegría.

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07. Atención

Como te miro, he de mirarlo todo:


sin recorrer un trazo,
sin admirar un punto,
sin elección.

Mis ojos no se mueven,


-la luz del interior los paraliza-
su mundo se deshace,
y un ámbito de sombra se hace dueño
de todas respuestas.

Dentro y fuera, silencio.


Pensamientos rebeldes y marcados
aún luchan por su vida...
...estoy en cada calle, en cada pájaro,
en cada corazón, en cada árbol,
en cada manantial y en cada pozo,
sin dar un solo paso, sin pensar.

Algo está sucumbiendo


al beso de las brasas que acarician
mis muros sin resquicio...
...El centro se sitúa en equilibrio
con el resto del círculo.

Los precipicios juntan


sus caídas abiertas
y absorben a la par la trayectoria
de mi deseo.
Hay pulso,
hay pura vibración sin un sentido,
una inmensa pupila
y una huella dichosa porque ignora
qué dedo la engendró.

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08. Ayudar

Ayudar. Cuando el hombre


lo pide con sus ojos,
si en sus venas el corazón palpita
con humildad, y el alma,
rendida, lo contempla,
¡ayúdale, no esperes!

Ayudar. En las horas


frenéticas, sin aire,
cuando la vida nunca le sucede,
y una sombra persigue
al hombre cuando duerme,
¡acércate y ofrécete !

Ayudar. Si te sobran
minutos de silencio,
panes tiernos, macetas de petunias,
claridades…, y el hombre
tiene sed de esas cosas,
¡compártelas con él!

Ayudar. Al que cierra


sus sentidos al mundo,
al ignorante de su propia luz,
esclavo del deseo,
y al que jamás sonríe,
¡sonríeles y aguarda!

Manos limpias, abiertas,


un eco, la atención,
un gesto delicado, y la palabra
nacida del encuentro
sin miedo, son milagros
para el dolor del hombre.

09. Búsqueda

Despierto, avanzas
o detienes tu marcha. En tu sendero
lo aprendes todo, y todo te revela
su tacto, su fragancia, su secreto:
enigma hecho pedazos.

Vas buscando ese hueco


de la gran vida, en que tu vida encaje
como un fragmento que se sienta inmenso,
latiendo juntos -parte y todo, ¡al fin!-
al cardiaco compás del universo.

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En los espejos limpios
de los seres corrientes, va naciendo
una imagen de ti, nítida y nueva,
algo que es tuyo y que tú ves en ellos:
el lienzo blanco donde el arte duerme.

En el silencio,
tu oído pesca la canción que anoche
nadaba, escurridiza, por tu sueño.

Tienes tu cuerpo en una mano, y tienes


en la otra mano, el fuelle de tu aliento.

Repartes los dos pesos con destreza.


Un equilibrio pasa por tu centro.

Algo te impulsa, flecha y arco: sales


de ti en tu busca, viejo aventurero,
con el leve candil de tu sonrisa
pero sin señas de tu paradero.

10. Caminando

El olor de las flores, su color,


las nubes, lentas, grises,
la tierra del sendero,
la canción inaudita de los árboles,
el avance intuitivo, inquebrantable,
de las aguas del río,
las alas de los pájaros, el aire
que hace feliz su trino,
las rocas, centinelas
sobre la hierba,
la sed entre los labios y la lengua,
las piernas y los pies, cansados, libres,
dignificados,
y el tacto de la luz,
guían el paso, atento, caminando.

11. Cariño

El cuerpo entero ofrenda,


en un solo latido, el corazón
al corazón total
del universo.
El alma
-vacío fértil, madre-, sin esfuerzo,
se llena, de repente, de gardenias,
de valses y boleros, de siluetas

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que, gráciles y lentas,
danzan, y luego
se desvanecen a la vez.
La mente,
mejor dicho quizá, su movimiento,
se hace pesado, tosco, perezoso,
y deja espacios
y pierde instantes,
para el frescor, para el cariño, blancos,
risueños.

Llegan pulsos
de sangre
a través de la noche más oscura
o del más claro día,
que mojan
y empapan, los espacios
e instantes
para el frescor, para el cariño, blancos,
que ríen.

Allí encuentra
algo de mí, que no soy yo, el semblante
sin rasgos de mi alma,
que habita tras los pulsos
de sangre
de este cariño, mío y ya de todos,
rojo contra el azul de mi desvelo.

12. Carta

Para envolverte
con los silencios
de las palabras
que no te dije;
para olvidarme
de los recuerdos
que de ti tengo,
y descubrirte.

Para encontrarte,
con dedos limpios,
sobre el papel,
bajo la pluma,
y recorrerte,
y acariciarte
de otra manera,
para sentirte.

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Para perderme
de noche y día
por tus imágenes,
para soñarte;
para escucharte,
para mirarte,
para apreciarte,
para vivirte.

Para intuirte,
con otras brújulas,
cuando te acercas
sin hacer ruido;
para esculpirte
sobre el presente,
o moldearte
con fuego y nieve.

Para llevarte
en mi bolsillo
a todas horas
y en cada sitio,
y conservarte
tierna y afable,
ágil, rebelde,
frágil y fuerte.

Para enviarte
hacia la dicha
hecha de cuentos
y de poesías;
para abrazarte
con otra piel
y en otro tiempo
y en otra parte.

Para expresarte
lo que me expresas,
sin darte cuenta,
con tu presencia;
para decirte
lo que no pude,
lo que no supe:
para escribirte.

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13. Cero

-Wu Chi-

a la Escuela Wu Chi

Sólo un cero puede amarte,


conocerte,
saber, de verdad, qué vigas
te equilibran,
que pilares te sostienen
sin esfuerzo.
Sólo un cero,
representante no electo
de los sin número, sabe
cómo te sientes a veces:
ágil, sin huella, desnuda.

Un cero puede mirarte


desde dentro, hacerse chico,
diminuto, un punto sólo,
ser tu centro.
Un cero puede
abrazarte inmensamente,
ser tu sombra, acompañarte
sin que puedas darte cuenta,
como el aire.
Sólo un cero
entiende tu soledad,
y hace una fiesta con ella;
Sólo él
busca y disfruta tu ausencia.

Un cero vela tu sueño


cuando la luna se esconde.

Un cero te abre las alas


del futuro. Un cero pone
en tus manos el espacio
donde puedes refugiarte
cada día.
Sólo un cero
te ha querido desde siempre,
sólo en él te sientes llena,
sólo en él todo es posible,
sólo él no te lastima.

Sólo él, un hueco, nada,


sólo un cero.

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14. Claridad

Te falta ya muy poco,


una pizca separa tus pisadas
del instante sin precio…

…un paso más, y es tuyo por un día,


redondo obsequio azul,
el gozo que no pesa: claridad.

Observas, miras
con una luz en ti la luz –la luz te acoge-,
te haces caricia y beso, leves gestos,
para asombro del aire, que te posa
sobre una de sus nubes, la más ágil:
eres ya voluntad de movimiento,
precisa
nadadora sin brazos,
voladora sin alas,
caminante sin pies; viajas muriéndote
más y más en el aire, donde naces.

El color se disuelve, desvanece


su textura en los ángulos, recoge
contornos descubiertos,
deshace
superficies y límites,
y todo se distingue –no hay pupilas-
a miles de kilómetros
cual si fuese cercano: claridad.

15. Comprenderte

El que quiera de veras comprenderte,


que se acerque, un instante puro, a ti.
No con el cuerpo sólo, que no es poco,
con el alma también. Pero, además,
que se acerque con peso en los zapatos,
el peso de su sangre toda entera,
queriendo sostener en dicho instante
el peso de la tuya -toda, toda-
sobre su acompasado corazón.

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16. Con pausa, sin prisa

…Esta noche sigo


con pausa, sin prisa
-como tu sonrisa-,
contemplando estrellas…

…Un deseo abrigo:


que me dejen, ellas,
señas del amigo
-¿eterno?, me digo-
que graba sus huellas
de fuego en el velo
de sombra del cielo…

…Con su luz amante,


alumbra este instante,
eterno testigo
-¿único?, me digo-
con pausa, sin prisa,
-como tu sonrisa-
de que estás conmigo.

17. Confianza

Confiar. El futuro,
ya mi amigo, me deja,
cuando está de visita,
una carta sin letras
junto a mi corazón,
feliz destinatario.

Pretende que la escriba,


que en su nada dibuje
-pincel, caligrafía-
las sinceras respuestas
que la sangre pregunta
agitando mi mano.

El pecho se abre: el aire,


azul completo, en él
penetra, fluye y abre
canales, versos, sueños,
cerrados por el miedo…
…circulación primera.

Debilísimo, escucho
-afuera, adentro, en todo-
apenas un sonido,
vibrante casi; y una

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seda lo besa, cuida
de que se haga más grande,
va cediendo a su empuje
paulatino y hambriento,
pajarillo que nace,
pajarillo que hace
su nido en mis oídos…

…Deja el nido, curioso,


vuela entre mis orejas,
recorre velozmente
el ámbito variable
que angula mi mirada.

Me dicta, sin descanso,


palabras decisivas,
silencios elocuentes,
reseñas musicales,
poemas que son alas,
alas que son las guías
del liviano viaje:
el ánimo, el buen rumbo,
y el equipaje mínimo.

En cualquier hueco, torre,


rincón, baúl, vitrina,
detrás de esa cortina,
tras un velo cualquiera,
bajo cualquier ventana
o sobre cualquier mesa,
dentro de cualquier pozo,
corazón, cueva, nube,
cerebro o madriguera,
el pajarillo encuentra
preludios ignorados,
inacabados prólogos,
promesas en oferta,
sandalias no estrenadas
e invitaciones varias,
exentas de secuela,
y todas las recoge
bajo sus alas mágicas..

…y como naipes blancos


de su única baraja,
jugando va conmigo,
con ellos, la partida
que destapa las bazas
del amor: confianza

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18. Contigo

Sabrás que estuve, blanco y suspendido


cual un copo de nieve, por tu sueño.
Sabrás que he estado, en un ayer pequeño,
cual eco a flor de piel de tu latido.

Sabrás que sombra de tu cuerpo he sido,


que fui reflejo de tu amor, y dueño
de aquella flecha que, con dulce empeño,
honda clavaste en corazón herido.

Sabrás que soy la huella de tu paso,


que de tu medianoche yo soy Luna,
y Sol cautivo de tu mediodía.

Sabrás sin duda, en éxito, en fracaso,


sabrás, viviendo pobre o con fortuna,
que soy contigo, siempre, vida mía.

19. Corazón

Pon tu mano extendida sobre tu corazón:


siente cómo palpita feliz si reconoce,
tras el cálido pulso, la huella deliciosa
que se hundirá en el pecho y extenderá la sangre.

Tu corazón reclama un aire limpio, un ritmo


musical, un reloj que dé sólo el presente,
una pura emoción, henchida de poesía,
y una flor sin cortar, que regarán tus lágrimas.

Corazón, rebosante cuando el alma descansa,


alimenta su nada y florece en silencio.
Corazón, una herida cerrándose al pasado
cuando pasa por ella mil veces su dulzura.

Ojos grandes, abiertos hacia fuera, hacia dentro,


que borran la ilusión de un mundo dividido,
que miran y reflejan a millones de ojos
tan grandes como ellos, encendiendo el espíritu.

Quisiera que escuchases la voz del corazón:


del tuyo, íntimo amigo de la naturaleza,
del otro, amigo noble que extiende al fin su mano,
tan cerca de la tuya, sobre tu corazón.

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20. Cuaderno

Blanco… A veces,
con rayas paralelas;
a veces, con cuadros.
Blanco.
Un espacio,
un tiempo de espera,
y el contacto
con las voces que me quieren,
o la ausencia
de lo que pudo haber sido
expresado: blanco.
Blanco:
en ti todo está desnudo,
escondido, y ordenado
de otra manera –quizá
por Dios, por la nada acaso-.

Negro y blanco:
sobre tu piel, son los trazos
de la tinta, los atajos
que me llevan, por tu alma,
a mi alma,
donde pesco, silencioso,
silenciosos
peces negros, peces blancos.

Blanco…

21. Descartes

Amaré todo aquello que no quieras.


Lo que ya no te guste, me lo quedo.
Si desechas temer, guardo tu miedo.
Andaría los pasos que no dieras.

Dormiría en tu sombra, si lucieras.


De la red que te escapas, jamás puedo.
Al desvío que tomas, yo no accedo,
y abriría esas puertas que no abrieras.

Me tropiezo en la piedra que soslayas,


voy jugando con naipes que rehuyes,
colecciono esa idea que desdeñas.

Tus palabras son mías cuando callas,


sólo engullo los peces que no engulles,
y despierto entre velas cuando sueñas.

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22. Deshojado

-El Árbol del Qi Gong (pronunciado ‘Chi Kung’ ) y del Tai Chi-

Cual árbol que en invierno luce su alma desnuda


y al viento entrega su silencio blanco,
me desprendo de voces y, sereno, sosiego
la incertidumbre de mi pié descalzo.

Un remolino envuelve mi soledad y posa


algunos pensamientos y hojas muertas
sobre la tierra, cerca de mi raíz del tiempo,
donde las horas rompen sus esferas.

La lentitud se expande por momentos sin nombre,


y agradece el cobijo del presente.
Más tarde, ha contraído su círculo el espacio,
y su ámbito anular ciñe mi frente.

El crepúsculo llega con su lámpara vieja,


coloreando vagamente mi rostro.
Deshojado del hábito, y erguido aún, saludo
al despertar desde un nudoso tronco.

23. Desnudo

Entre tus brazos, puedo ser yo mismo:


un niño, un hombre, un ser hecho de dudas.
Cuando, sin desvestirte, te desnudas,
desnudo mi intención sobre tu abismo.

Ajenos al rencor y al fatalismo,


anudo mi sentir al tuyo, anudas
el tuyo al mío… entonces, me saludas
con alma y corazón: tu virtuosismo.

Entre tus brazos, no me falta nada,


tu vida es ya mi vida, y si me muero,
seré parte de ti, mi muerte amada.

Y te descubro al ver el mundo entero


entre tus brazos: pierdo la mirada
en tu mirada, y ciego, al fin, te quiero.

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24. Disfrutando

Disfrutar es soñar
cada vez más despierto, sin que acabe
la sensación de ir tras lo soñado,
que se deja alcanzar y conocer
de cuando en cuando y siempre por sorpresa,
para luego escapar
no muy lejos, a un sueño de distancia.

El hueco de mis manos


va recogiendo espacios diminutos,
cucharadas y pizcas,
inéditas caricias,
volúmenes de perlas, sombras densas,
para amasar un sueño,
el sueño que se roza y que se aleja.

El sueño marca un ritmo:


para seguirle, basta con sentirse
uno con él, no verle muy lejano,
no pisar sus talones, conocerle
y olvidarle después, seguir amándole
para sembrar su imagen en mi alma,
que se hará luz y sangre cuando surja
de nuevo, entre las sombras,
sin aviso, su encanto.

Sueño a veces que pierdo


en otro sueño el sueño del disfrute,
olvidando mirar dentro del alma
la imagen suya que sembré aquel día
para, así, recordarle y rescatarle
y traerle ante mí, ágil y nuevo,
para otra vez seguir sus pasos, guías
que sonríen, sin labios, a mis ojos.

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25. Dos alas blancas de mariposa

Sabré, al instante,
si tienes frío,
si en ti se queman
antiguas frondas.
Veré de pronto
tu sufrimiento
desvanecerse,
o hacerse roca.

Cuando deambules,
si te extravías,
si al fin te encuentras,
cuando estés sola,
si te sonríes
o lloras, triste,
o ama tu pecho,
oiré sus notas.

Los mismos pájaros


que cada noche,
cuando tú duermes,
trinan sus coplas,
sus melodías
me entonarán
cada mañana,
volando en ronda.

La luz, cartera
vertiginosa,
traerá reflejos,
entre sus ondas,
de manantiales,
sonrisas, nubes,
flores y estrellas,
que en tu alma brotan.

La misma luna,
suave y redonda,
será más suave
sobre tus rosas.
Será la brisa
la embajadora
de tus fragancias
para mis horas.

Y el eco mismo
tendrá por norma
darme las nuevas

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de tu persona.
Y el mismo mar,
entre sus olas,
vendrá escuchando
tus caracolas.

Sabré, al instante,
tras unas horas,
o unos minutos,
todas tus cosas.
Veré en tus ojos,
borrando sombras,
dos alas blancas
de mariposa.

26. El beso

No te busqué,
no me buscaste:
nos encontramos…

A cualquier hora
y en cualquier parte,
ambos, tú y yo,
fuimos mitades
que nos sentíamos
cual alas huérfanas
de un mismo ave
volando a tientas,
besando el aire
-ebrio de estrellas,
tierno de nubes,
suave de valses-,
uno del otro
cerca, muy cerca,
casi mirándonos,
casi rozándonos,
unidos por,
viajando para,
ser uno sólo,
sólo el destino
del mismo pájaro…

Cuando él posó
su leve peso
-anatomía
de alas trenzadas
con mil azares,
metas y dudas-
sobre la tierra

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de aquél momento,
por fin sus alas
se conocieron…

Se adivinaron
en el contacto
de un mismo cuerpo
desde sus lados,
para que el ave,
para que el pájaro
-tú y yo, dormidos-
se despertase,
fuera consciente
de las dos alas,
de sus mitades,
nacidas para
volar a un tiempo,
besar el aire,
y sin embargo
para encontrarse
-cuando se posan
todas las metas,
dudas y azares-
cara con cara:
para besarse.

27. El esfuerzo animado

Como la vela, que recoge el viento,


cual el pedal, que al giro se dedica
y el fruto de su gesto multiplica,
cual remo, que da cauce al movimiento…

Cual ilusión, que vive en el intento,


como la llama, que en su luz se aplica,
cual ave, que al volar se significa,
cual eco de regreso hasta su aliento…

Cual lluvia que ahora es ola, y luego, nube,


como flor que ahora es polen, luego, miel,
cual mañana que, tarde, se hará noche…

Como el jinete, que al corcel se sube,


cual sueño del color en el pincel, …
…, es ánimo el esfuerzo sin derroche.

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28. El paseo

Soñé, mucho después de morir


y mucho antes de nacer,
que era yo, mi verdadero yo,
un paseante por la eterna vida
del momento único, retenido presente
por no sé qué mano universal,
siempre actual presente, simultáneo
en tierra y raíz, tronco y hojas,
y carnoso fruto, siempre en rama.

Y soñé, como sueñan los ángeles


con la tierra prometida y anhelada,
que todo era un paseo sensitivo, sin cuerpo,
por una senda parda, sobre naranjas,
rojoscuras y doradas hojas,
en un crujir feliz, majestuoso,
por el centro de una infinita cúpula,
que el azul redondeaba en inmensa órbita.

Fue la vida que soñé, despierto,


en un limbo de almohadas verticales,
de posibilidades, todas convertidas
en la cadencia del disfrute amplio,
de un sentir
las no-piernas paseantes,
de un intuir
que los aireados no-brazos eran alas,
de un saludar
con la no-cabeza a cada cosa,
todas y cada una, contenidas
en este celestial, mas terrenal, paseo
del todo conocerlo un solo instante,
para después, y como antes, ser paseo
del olvidarlo todo, en un olvido solo.

30
29. El tiempo quieto

a José Sánchez García, mi maestro de Tai Chi

El tiempo quieto lo contiene todo:


herramienta y madera, barro y fuego, …
Y todo lo que da, lo quita luego
pero deja probar, de cualquier modo.

Aprender a arrastrarme por su lodo


o a volar por su cielo - todo en juego -,
es igual cuando sé qué es lo que entrego
y si busco camino o acomodo.

El tiempo quieto vibra en mis raíces,


dona a mi tronco un sano corazón,
prende en mis hojas una luz dorada.

Con un mapa de alegres cicatrices


y un gran pan de silencio en mi zurrón,
viajaré hasta el umbral de su morada.

30. El tren

Es una larga curva preñada de infinito,


que obtiene de sus márgenes velocidad sonora.
Persigue el horizonte con la ilusión que explora,
abriendo, a las imágenes, los ojos despacito.

Donde la vista falla y se desploma el grito,


el tren siente la flecha de su locomotora,
y avanza como libre cadencia que enamora
al alma que descubre libertad en su mito.

Una herida de acero va rasgando el paisaje,


penetrando en su entraña de tierra y de misterio,
cual cuchillo de muerte que surcase la vida.

Y al llegar a destino, se hace luz el mensaje


cuando abro mi maleta, y huele a cementerio,
y entiendo que no hay meta ni punto de partida.

31
31. Elegía

a Aida, mi madre

La flor morena de tu sentimiento


halló reposo lejos de mi tierra,
en un nuevo jardín de Luna y viento.

El cuerpo, herido en implacable guerra,


sus jirones, con sangre de alambrada,
y, entre labios, los dientes de una sierra,

te resististe con pasión, callada,


con sonrisa ceñida de hermosura
y andamio de cristal en tu mirada.

Aun en tu lecho, fuiste la frescura


desprendida del fuego que quemaba
tus llagas en braseros de locura.

Madre y señora, la creación silbaba


con flautas de ilusión y de alegría
al ver que tu canción se reflejaba

en lienzos de color y de armonía,


en paños que bordabas con esmero
y en platos desbordados de poesía.

Ya me falta tu tacto, tu sincero


trinar de fiel paloma protectora
con las frondosas alas de un te quiero,

sembrado, por tus labios, cada aurora.


Ya me falta tu gracia, tu sencilla
caricia de jazmín arrulladora,

me falta tu reloj en tu mesilla,


me falta tu salero en tu cocina,
me sobran tanta hiel y pesadilla.

De mi cuarto el rincón no se ilumina,


perdido ya entre sombras de ceniza,
desnudo de tu luz, fuente divina.

Por las horas me arrastro, se eterniza


tu ausencia en amargura, que asesina
cada flor de mi aliento. Cada triza

de mi enjuta ilusión, se difumina


por paisajes sin risa ni horizonte.

32
Un dolor funerario me extermina

y, en aullidos, me eleva hasta tu monte


de calvario, de hienas, de cipreses,
de sombras en confín para que afronte

la muerte de tus días, de tus meses,


la muerte de tus años venideros,
comida de gusanos y ciempieses.

De la Vida abrasado por los Fueros,


sin lograr afrontar lo inafrontable,
sin piel ni rostro, ya sin derroteros,

te seguiré soñando, inabarcable,


te llenaré de lágrimas el cielo
para húmedo tornarlo y, navegable,

a ti llegar, bogando, en mi consuelo,


desembarcar en brazos de tu aliento
y, desnudo, dormirme en tu pañuelo
para volar por tu Luna, con tu viento.

32. Encuentro

La luz del día llega


hasta unas manos trémulas
y con arrugas, y habla
con ellas, las explora:
amante, vive en ellas.

Las manos, tacto y alas


de un pájaro sin nido,
encuentran en la luz
su hogar, su plenitud
final, pura presencia.

Luz y manos, creando


un solo sueño: el hombre
que vuela, que ilumina
su espacio con su tiempo,
que aclara lo que toca.

33
33. Equilibrio

Si quiero ser feliz adentro, escruto


afuera un eco de mi centro; pero
si ser dichoso afuera es lo que quiero,
adentro planto un árbol que dé fruto.

Si afuera tiemblo, adentro no me inmuto.


Si agosto me arde adentro, afuera enero
refresca mi semblante. Si prefiero
penar afuera, adentro yo disfruto.

Y si en la calle te odio, te amo en casa.


Si te hablo en casa, mudo en la plazuela
me encontrarás. Si por la noche huyo,

de día preso estoy. Si es densa masa


mi ser de noche, por el día vuela.
Si me estanqué en tu piel, en tu luz fluyo.

34. Escuela

a la Escuela Wu Chi

Fuimos niños: acudimos


-¡hace mucho!-
a la escuela con los ojos
abiertos, y el corazón
en las manos.
Niños fuimos:
la mochila era ligera,
eran pocas las ideas,
y el asombro, cotidiano.

Fuimos niños: en un aula,


los maestros, pocas veces
acertaron con nosotros,
enseñándonos
con la luz de su presencia,
además de las lecciones,
a querer, a compartir,
disfrutar,
a sentir sin compararnos,
y a buscar nuestro camino,
¡el camino!, sin atajos,
ni desmayo; los maestros,
muchas otras –demasiadas-
no atinaron,

34
cargaron nuestros bolsillos,
mochilas y corazones,
con premios o con castigos,
con órdenes o promesas
incumplidas: daño y daño.

Ahora, somos
niños a veces en sueños,
o cuando el tiempo nos deja
regresar
por un momento, unas horas,
al juguete, a la canción
y al encanto
de las tardes de ojos grandes,
sin destino ni fracaso.

Ahora, un eco,
una alegría remota,
y una chispa
de luz, quieren avisarnos,
recordarnos
que el niño que fuimos, sigue
esperando
a que un día, no lejano,
lo añoremos, lo busquemos,
lo encontremos, lo besemos,
lo llamemos
por nuestro nombre, escuchando
atentamente su voz…

… Y cogiéndole la mano,
acudamos a esa escuela
del futuro y del pasado,
donde se pueda aprender
de todo y todos, sin bancos,
ni pizarra, ni mochila,
ni deberes, respirando
sin esfuerzo, dibujando
en un papel, unos labios,
o en la palma de la mano,
los hilos que unen las cosas,
cuidando cada mirada,
cada nota y cada paso,
disfrutando de estar vivos
como niños,
celebrando.

35
35. Esencia

En cada nota de tu voz; en esos


gestos que dejas en el aire; en cada
destello que desprende tu mirada;
en el sabor a lluvia de tus besos;

en el relámpago de tus excesos;


en la escasez divina de tu nada;
en el silencio de tu madrugada;
en tus pirámides y en sus accesos;

en la ternura con que te despides;


en el temblor de hojas que te anuncia;
en el pulso de amor de tu presencia;

y en el tacto preciso con que mides


cada palabra que tu ser pronuncia;
siento tu alma latir, hallo tu esencia.

36. Forma

-Tai Chi; Introducción a la Forma


de Yang Chen Fu de 108 movimientos–

La esencia está madura: se divierte


cuidando de la forma…
… Su energía circula; o se detiene
y, por amor, rebosa.

El cauce del presente


hace sutil la pausa. Sin demora,
al viajero conduce con su leve
y mágico timón sobre las olas
de una mar sin orillas.
En mi vientre,
una estrella sin luz abre su boca:
mi vida entra en mi muerte;
la forma, en la no-forma.

36
37. Futuro

Ahora, por fin, te llegan mis palabras.


Lo hacen, cansadas del viaje. Saben
que tú tal vez no quieras escucharlas.

Quieren tan sólo hablarte con la luz


de la estrella que miras esta noche.
En esta oscura noche, mis palabras
no logran expresar su peso, y vuelan
como pájaros muertos hacia ti,
confiando en nacer en tu mirada.

No me ves. No me hueles. No me tocas.


Una parte de mí se hace silencio
y estremece mi piel por un instante…

…instante que en tu pulso hace su nido


para que, así, tu corazón lo sienta.

Mis palabras son tuyas ya. Viajaron,


como el amor, en busca de otro dueño.

38. Inteligencia

a Manuel, mi padre

Como el cielo, nunca mengua ni crece.


Es semilla y es árbol, a la vez,
y es el don de la eterna madurez
que a sí misma se nutre y embellece.

No es de nadie y a todos pertenece.


En la noche es brillante desnudez,
por el día es desnuda brillantez,
y a la postre su llama prevalece.

Desde el reino feliz del corazón,


llega al punto, con nuevas soluciones,
cual amiga infalible en la emergencia.

Mensajera de Dios en la oración,


lo ven todo sus altas intenciones.
En silencio la oirás: inteligencia.

37
39. Intuición

a Jesús Conde Lorenzo

Si sientes que vigilan


tus pasos las estrellas,
que múltiples y mínimos milagros
se acercan y te besan;
si encuentras melodías
dormidas en las teclas
de tu piano; entonces, ten presente
que la intuición despierta.

Si posas tu pureza,
intacta, en las camelias,
y las camelias posan en tu fondo
sus ánimas de seda;
si habitas, de repente,
praderas y cavernas,
olas y nubes; ten presente, entonces,
que la intuición despierta.

Si lágrimas perdidas
a tu mirar regresan,
y aclaran tu pupila, y ves el mundo
llorar, por vez primera;
si amigos y enemigos
confunden su silueta,
y aprendes de tus sueños; ten presente
que la intuición despierta.

Si esperas el otoño,
y si el invierno anhelas;
si aguardas el verano, si hay deseo,
en ti, de primavera;
si giras, y en las vueltas
no pierdes la cabeza;
si en círculos caminas, mas en círculos
tu corazón no encierras;
si tienes en tus manos
un arco y una flecha,
y el tiempo se ha parado; ten presente
que la intuición despierta.

38
40. La mujer paralela

a la mujer amiga, constelación paralela de mi Ser.

Llegaste a mí por tus desnudos ojos,


cálidos y brillantes cual luceros
de un íntimo cielo, al que tus sinceros
latidos de amapola dan sus rojos.

A ti llegué, arrastrando mis despojos,


raídos por la fiebre, y derroteros
de plata malgastados; tus primeros
rayos de Sol fundieron mis cerrojos.

Mujer amiga, magia paralela,


con tus mimos de luz prendo mi vela
de frágil sentimiento vulnerable…

No sentiré ya más el miserable


vagar de amargo rumbo: por tu orilla,
la amistad, ¡agua de oro leve!, brilla.

41. Libertad

La libertad no es mi fin,
es mi medio: me libero
para llegar hasta aquí,
aquí acaba mi sendero,
mediante mis propios pasos
-pasos que no dejan huella-...

…y te encuentro.
Encuentro la inmensidad
del universo en tus ojos,
y un ‘te quiero’
que no es tuyo y que no es mío,
es un querer todo entero.

En tu llama, que hago mía,


voy quemando mis pretextos
con libertad, y mi llama
es tu llama ya sin ellos,
en el fuego.

Tengo
una quietud y un silencio
-alma sin eco, desnuda-,
para llenarlos de amor
como se llena un espejo:
con claridad, sin esfuerzo.

39
Quiero estar,
quiero ser en ti de nuevo,
quiero que seas en mí,
sin propiedad entendida
en la entrega, sin un dueño.

Libertad para soñar,


soñar para ser ligero,
ligero para volar,
volar para estar despierto,
despierto para ser uno
contigo, para quererlo.

42. Limpia

al alma, mi vacío

Como la aurora fresca y decisiva


- cuando tu claridad será mi peso -,
cual la ideal semilla de tu beso
viajando, por mi boca, a la deriva;

cual la virtud - que nunca se cultiva -,


la libertad del vuelo, o como eso
que de mi corazón escapa ileso,
dejando a mi razón de sí cautiva;

como la estrella que la madrugada


deja caer en gotas de rocío,
como la luz que tiembla en la mirada

y da a la piel su flor de escalofrío,


como el alma del mar, inmaculada,
eres ¡tú, mi alma!, limpia, mi vacío.

40
43. Luz de marzo (V)

Estás donde el color se despereza,


cuando el amor renueva su sentido.
No hay piel que no recuerde tu vestido,
tul cálido que teje la pureza.

Tu voz despierta a la naturaleza:


polluelos, flores, risas... han nacido.
El Sol da corazón a tu latido:
la dicha crece, mengua la tristeza.

Se extiende por doquier tu sutileza


de pluma o nube, música o fragancia.
El brillo de tus ojos adereza

los campos y los montes. La distancia


en ti se desvanece. La belleza
se expresa, con humor, en tu abundancia.

44. Música

a David Trinchant Legido

Hoy, me siento al piano: me dice que no pulse


sus teclas y que escuche, con las manos despiertas
y los ojos inmóviles, las notas de una lluvia
invisible que cae desde una cima nueva…

… lluvia que va arrastrando con ella los perfumes


que nunca se han olido, las caricias que pronto
nos dejarán sus pétalos, posándose, rotundos
o delicados, sobre la piel de nuestro fondo.

Esas notas que llegan, y al punto desvanecen


la forma que viajaba con su vuelo, en el centro
de nuestros corazones, son lágrimas de - ¡tantos! -
seres que amaron, y aman, y amarán, sobre el tiempo.

41
45. Nada

Si no soy nadie,
nada poseo:
ni tu sonrisa,
ni tu ternura,
ni tus caricias,
ni tus palabras…
…Pero de todas,
una por una,
bebo y disfruto,
pues son el agua
con que tu espíritu
riega mi alma.

Si no soy nadie,
no me hace falta
saber que valgo,
sentirme único,
o hacerme digno
de tu mirada…
…Mas el anhelo
con que respiro
cuando me intuyes
tras un espejo,
onda y reflejo,
brilla en tu cara.

No tengo nada
-ni oro, ni seda,
ni voz, ni rango,
ni pan, ni especias-,
algo tangible
con que obsequiarte…
...Pero quisiera
este don nadie
que cruza y calla,
darte su nada,
cielo sin tierra,
su única casa.

No sé contarte
bellas historias,
no sé pintarte
flores o estrellas,
ni sé entonarte
canciones mágicas…
…Sólo un papel
blanco, muy blanco,
y el tiempo eterno,

42
hoy me acompañan
para escribirte
mis versos: nada.

46. Nuevo y eterno

Para tus ojos,


flores del alma,
pido un regalo,
siembro un deseo
de luces claras,
de voces firmes,
de mi silencio.

Que este regalo


dicte los versos
que no concibo,
que no te escribo,
que no te leo:
versos de ausencia,
francos y eternos.

Desde esta ausencia,


libre de peso,
un corazón,
otrora mío,
late sin sangre,
y un alma, diáfana,
me da su aliento.

Entre mis dones,


sólo el aliento
que, libre, te ame,
sabrá guiarte
desde el desierto
hacia el oasis
de tu misterio.

Para tus ojos,


pido un regalo:
puro silencio
lleno de frutos
de un compromiso,
contigo siempre,
nuevo y eterno.

43
47. Oración

Dime qué anhelas


más hondamente…
Siente primero,
luego vacíate,
piensa después…

Y, por fin, háblame


desde tus ojos
-húmedos casi-,
desde tus alas
-casi nacientes-,
desde tus pies
-lindos y fuertes-,
toda tú erguida
sobre tu amor:
¡Dama de Dios!

Seré la escucha
de tus palabras,
la caracola
de sed, sin fondo,
de tu pasión.

Seré la tierra
íntima y fértil,
donde tus lágrimas
se posarán,
leves semillas
del despertar:
tu claridad.

Seré el oído
de tu silencio,
ese que guardas,
desde pequeña,
como un juguete
precioso y frágil
de tu rincón.

Con el que sueñas


que vuelas alto.
En el que nadas
tu libertad.
Desde el que miras
y te sonríes,
o creces tanto,
tan alta y pura,
que el universo,

44
todo ya en ti,
te siente amar.

Dime qué anhelas


más hondamente…
Tiende sus manos,
¡Dama!, hacia el Sol…

Y espera siempre,
donde te encuentres
con tu silencio,
el eco mágico
y el fiel reflejo,
de tu oración,
mi corazón.

48. Palabras para el amor

Te amo en silencio
con las palabras;
no, con las tuyas,
no, con las mías:
las de los dos.

Esas palabras
que construimos,
que pronunciamos,
sílaba a sílaba,
juntos, tú y yo.

Con las palabras,


todo es sencillo:
sentirte, amarte,
sentir que me amas,
tu corazón.

Con las palabras,


vuelo sin peso,
noto las alas,
firmes viajeras
hacia tu voz.

Sin las palabras


tuyas y mías,
mías y tuyas,
la vida esconde
la luna, el sol.

45
Con las palabras
puedo ser niño,
puedo ser hombre,
ser un poeta,
tu ruiseñor…

…Palabras sueltas,
casi olvidadas,
palabras huérfanas
que adoptaremos
para el amor.

49. Paloma

a Amparo Blanco Gutiérrez y Belén Rey Alonso, ¿palomas?

Con alas de un amor que crece y crece,


subirás sin temor a la caída,
apuntando tu pico hacia la vida
del azul inmortal que no oscurece.

Tu nobleza es un tallo que florece


sin saber, sin hablar, tan escondida,
que el silencio es su tierra preferida,
y es la Luna, la cuna en que se mece.

Siempre supe que no me pertenece


tu amistosa presencia, tu regazo,
fértil nido de plumas y de escucha.

Y por ello, un vacío ya estremece


mi soledad: te irás como un flechazo...
...me dejarás a solas con mi lucha.

46
50. Para ti

Ayer busqué para ti,


dentro de mí, sin aliento,
algo hermoso, delicado,
completo, mas no hallé nada.

El silencio
quiso premiar la insistencia
de mi anhelo,
las lágrimas en mis ojos
-¡tan abiertos, tan cansados!-,
con un regalo: estos versos.

Versos que son para ti,


sin ser míos por entero;
versos que son, para mí,
naves frágiles
por el mar de tu misterio.

Encontrarte, abandonarte,
son las puertas
siempre abiertas de tu tiempo,
y tu espacio
es el mío si lo quiero
sin pensarlo, si lo acepto.

Para ti son estos versos,


lo más bello que no tengo
porque nunca han sido míos
por entero,
porque fueron siempre tuyos
quizá sin saberlo tú,
y acaso sin yo saberlo.

51. Para…

Para soñar
cuando despierto,
quiero tus ojos;
y si me duermo,
busco los iris
de tu silencio,
que me miraron
y comprendieron.

Para volar
cuando te quiero,
basta la curva
de tus pestañas,

47
que se desatan
cuando sonríes
intensamente,
alas del viento.

Para vivirte
toda mi vida,
vida colmada,
basta tu cuerpo;
y cuando muera,
-muerte con vida,
vida con muerte-,
sobra mi aliento.

Para sufrir
inmensamente,
basta el olvido,
breve y pequeño
de tu conciencia,
de que te anhelo,
de que respiro,
de que te espero.

Para viajar
sin equipaje,
rumbo ni guía,
luz ni billete,
basta tu piel
-tierra, aventura
de este momento-,
basta mi tiempo.

Para saber
lo que es la dicha,
lo que es la gracia,
qué es el amor,
vuelo en tu risa,
sigo tus pasos
y amo tu voz,
para aprenderlo.

48
52. Poesía

Con las palabras,


ni aun haciéndolas mías,
no logro hablar de ti, tan sólo apunto
hacia las señas de donde estuviste,
donde estarás acaso.

Donde tú estás, cuando tú eres,


no es un lugar, ni un momento tampoco…
…es preciso morir en cada verso,
en cada pausa,
para encontrarte, para oírte –¡sí!-
por todas partes
y eternamente.
Sólo sé invitarte,
oler tu paso, distinguir tu huella,
acariciar la estela que te sigue,
rozar apenas
las sombras más recientes de tu mano,
dejar abierto
un balcón por si vuelves esta noche…
…¡mujer, amiga,
amada, y más amante,
entrañable y extraña,
fugaz a tu manera!

Vuelas tan alto,


tan hondo duermes, sueñas,
te alejas, te aproximas, tan veloz,
tan lentamente te derrites
o te evaporas,
eres tan ágil y con tanto peso,
que sólo el alma puede
ser el espejo donde ver tu rostro.

53. Predicciones

Si me dejas quererte,
va empujando tus velas
hacia mí, sin esfuerzo,
una brisa serena.

Si aceptas y propagas
mi amor por tus dominios,
una luz, una voz,
serán su estrella, su himno.

Si permites que lleguen


mis olas a tu arena,

49
los granos que la forman
sabrán reconocerlas.

Si dejas que te quiera,


mi silencio vendrá,
tu luna crecerá,
y una flor reinará.

Si dejo que me quieras


sin trabas, todo puertas
y ventanas abiertas,
vendrá tu primavera.

Si permito que un mundo


-el tuyo- entre en mi mundo,
serán dobles las tierras,
y un cielo -el nuestro- el único.

Si te dejo quererme,
tu amor podrá caber
en una sola lágrima
que aplacará mi sed.

Si acepto tu certeza
y amo tu misterio,
será tu ser, enigma,
y tu cariño, cierto.

Si te quiero, el perfume
de mi piel volará,
y una huella invisible
en tu piel dejará.

Si me quieres, amor,
amor será tu piel,
y amor esparcirán
tus ojos por mi ser.

Si dejas que te quiera,


recorres la mitad
de la mitad de nuestra
distancia y su verdad.

Si permito que llegues,


y que pruebes mi canto
y mi silencio, habré
recorrido otro cuarto.

50
54. Preliminares

Nos vamos apoyando –todos-


en nuestros propios muertos. Crece
un espeso silencio bajo
los pies que intentan sostenernos.

Nos vamos encontrando –todos-


en ámbitos que el corazón
saluda, entiende y hace suyos,
en cuanto se lo permitimos.

Nos vamos dirigiendo –todos-,


con miedo y cálida esperanza,
hacia un lugar sin eco, hogar,
desierto hasta que lo habitemos
-¡todos!- con nuestra alma común.

55. Qi Gong -pronunciado Chi Kung-

a la Escuela Wu Chi, por su séptimo aniversario

Sólo mirar: nadie mira


-¡paradojas en los ojos!-,
nada es mirado. Hay escucha
sin espera del sonido,
sin escape del silencio.

Han perdido las fragancias


sus alas por el olvido.
Respirar sin distracciones,
sin obstáculos, lo nuevo,
es el reto, es el regalo.

En las manos, un final


nada concluye, un principio
nada origina: el vacío
llena el hueco que las une,
sirve al hueco que las forma.

Límites que no lo han sido


jamás, hoy son hojas muertas
de un árbol, joven y viejo,
que no crece, que no mengua,
fruto del cielo en la tierra.

51
56. Reflejo

al alma con que soy, con que no soy

En un charco del tiempo detenido,


pude ver un reflejo – mi reflejo –
que no tenía rostro, era alma sola
mirándome a los ojos desde dentro
de este mirar.
Un era que ahora es,
que siempre se recuerda sin palabras,
sólo con luz de aquel reflejo solo.

57. Ruiseñor

a Pedro Ayerra Díaz

¿Por qué cantas,


por qué interpretas, ¡amigo!,
nuevas piezas,
nuevos himnos,
hoy, que nadie está en la calle,
hoy, que llueve y hace frío?

Nadie escucha,
nadie mira hacia tu nido,
donde limpias tu plumaje
con sigilo,
donde tu música alcanza
nuevas notas, nuevos ritmos,
inéditas armonías
y compases inauditos,
que florecen cada instante
como lirios
eternos, que aman y sueñan
de tu rama suspendidos.

Yo lo sé,
otro amigo me lo ha dicho.
Ahora sé por qué tus trinos
vuelan y vibran distinto,
más profundos y románticos,
envueltos en un prodigio
de cascadas,
lagos, bosques, y castillos
de altas almenas, con puentes
levadizos…

…Una luz te ha enamorado,


una llama se ha prendido

52
en tu pecho,
y tu corazón, rendido
a su danza,
a su calor y a su brillo,
se propaga como el fuego,
avanza ya como un río
hacia la dama que espera
tu amor como su destino,
y hacia su amor, que es el tuyo,
¡tu destino, amigo mío!

58. Ser

¡Adelante,
rompe la vasija
en mil trozos!

Ya está rota, ¡detente!...


...Ahora, hay espacio y silencio
sin forma ni contenido.

Escucha sin el oído,


siente,
estira tu tacto y palpa
sin buscar nada.

Estás aquí, y eres uno


por primera vez...
...Y eres todo, y tú lo sabes
sin pensar.

Gozas del Vacío.


¡Nada!
La muerte no te da miedo,
paladeas
tu ausencia en el tiempo.

Lleno,
luz eres de amor,
siempre,
corazón que vuelas ya.

53
59. Será más fácil

-despedida-

Alguna vez, quizá sin avisarme,


se secará la tinta de mis versos;
los poemas no escritos, hacia el Sol
emprenderán el vuelo.

Alguna vez, el tiempo será esquivo,


y no veré en tus ojos mi reflejo,
ni escucharé los pasos de mi eco
crecer en tu silencio.

Alguna vez, el miedo se hará olvido,


y quedaré atrapado en su vitrina;
sentiré tu presencia en otra vida
sin poder abrazarte.

Alguna vez, no habrá voz que te lleve


el mensaje que habita en mis palabras;
te hablaré cuando cesen en tu mente
pensamientos o sueños.

Si me buscas y sólo está mi sombra,


y quisieras sumirte en el recuerdo…
…no me hallarás allí, será más fácil
encontrarme en las flores,

en la fresca pupila de los niños,


en las piedras corrientes del camino,
en la estela del vuelo de las aves
o en el agua que bebas.

60. Si no permites...

Si no permites que la luz de la franqueza


de un amigo ilumine
los rincones más negros de tu casa,
esos que más temes mirar e ignoras
por vergüenza u orgullo,...
...morirás angustiado, defendiéndote
del ataque que nunca se produce.

Si no contemplas, absorto, el leve mundo


de las hojas dorándose
a la luz de la tarde, y no te olvidas
de todo por un rato,
disfrutando como por vez primera
de la música alada de los pájaros,

54
sentado en tu butaca de silencio,...
...morirás sordo y ciego,
rodeado de tapias invisibles.

Si no ofreces asiento, de vez en cuando,


a algún extraño en tu mesa,
compartiendo con él su soledad, la tuya,
hasta sentir que algo os has unido en lo más hondo,
hasta notar que ya lo conocías
cuando erais sólo niños
y jugabais en una playa limpia
con las olas y el viento,...
...morirás apretando fuertemente
una mano de plástico.

Si no quemas cada noche, libre,


en una hoguera de serenas llamas
tus éxitos de cera y tus fracasos de yeso,
si no encuentras placer en ser tú mismo,
sin adornos, ni máscaras que velen
tu sonrisa más tierna y tu llanto más frágil,...
...morirás aplastado por millones
de minutos de plomo y no habrá un lecho
de paz para tus huesos.

61. Sin motivo

Algo me habla en un sueño…


…lo sé cuando despierto.
La luz entra a través
de la persiana.
Salgo,
sin darme apenas cuenta,
a la calle. Camino
sintiendo cada paso.

El aire es frío. Se oye


ladrar a un perro. El Sol
cada vez es más pálido.

Cada vez hay más gente.

Un silencio se enciende
muy adentro y respiro
sin querer, disfrutándolo.

Un coche frena en seco


a mi lado; de un brinco,
me aparto sin pensarlo.

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¡Hay hambre!, y ese olor
a guiso, abre la boca
al instante.
Sin prisa,
asciendo la escalera
de la casa. La puerta
se abre, y una cuchara,
hundiéndose en la sopa,
promete hacerse amiga
cuando se abran los labios.

El silencio se enciende
más adentro… y el Sol
cada vez es más pálido.

62. Sueño

-haiku-

La noche me pesa sobre los párpados.


El reloj va acopiando los segundos
en un saco sin fondo. El sueño me abre
su puerta de sigilo…
…¡No sé cómo
ni cuándo pudo engullirme su olvido
esta noche pasada!

63. Tao

a la Escuela Wu Chi, por su quinto aniversario

Como de las dos manos que me ofrece la vida;


reunidos el dolor y el placer en mi plato,
los sabores completan en misterioso trato
sus eternas carencias, con oculta medida.

Sin opción al descarte ni suerte preferida,


cuando llegan las olas, me abandono y acato
su compás insondable, flotando en insensato
y sensato viaje, sin tierra prometida.

Inmenso y diminuto como un vaso sin fondo,


el vacío me invita a saciar con su nada
la ausencia de mí mismo, de un trago paradójico.

Y el tiempo gira ahora, escarbando un redondo


surco igual a las huellas de mi historia gastada...
... en su centro descubro la razón de lo ilógico.

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64. Tiempo

No quiero percibirte sino verte


desde la luz, sobre una estrella errante,
perdido cual viajero del instante,
allende de la vida, de la muerte.

Desde ese punto, quiero detenerte.


Tras el esfuerzo lúcido, extenuante,
de revivirlo todo, el Todo, amante,
será principio y fin para mi suerte.

Ya no usaré el espacio para ir


hasta su voz, para olfatear su pelo
o descubrir a Dios en su semblante.

Ya no seré y seré: sólo el sentir


del corazón feliz de mi desvelo,
será, con su sentir, un mismo amante.

65. Tu soneto

Te escribo este soneto, todo tuyo.


Lo intento con un frasco de tu esencia,
recuerdos que florecen en tu ausencia,
y pizcas de virtudes que te intuyo.

El viento te dirá que es todo suyo


el aire del soneto: tu presencia.
El río me dirá que la cadencia
de tu soneto es de agua: en ella fluyo.

Mas es tuyo el soneto, y si tú quieres


será del mundo entero en cuanto lo ames
y poses las semillas de su vientre

en cada corazón. Lo que tú eres


palpita en tu soneto. No le llames
si lo has perdido: él será quien te encuentre.

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66. Tu tiempo y tú

a Amparo Blanco Gutiérrez, por su… º aniversario

Algunas veces, veo


los puentes que el futuro
te hará cruzar un día,
para estar junto a ti.

En esa orilla, el tiempo


se llenará contigo,
con él te llenarás
-tu tiempo y tú, ya suya-,
recíprocos amados
y amantes, para siempre.

Será el futuro, el huerto


que tus labios nombraron
tantas veces en sueños.

El será quien te escoja,


entre todas las tímidas
y nobles hortelanas,
para sembrar su tierra
y vigilar sus plantas…

…Y sólo por amor,


tomates y patatas,
poemas, sanaciones,
calabazas, pimientos,
acuarelas, preludios,
berenjenas, lechugas,
óleos y tulipanes,
serán obras del arte
que inundará tu alma,
que empapará tu cuerpo,
luz y sangre, nacientes
desde tu corazón:
tu tiempo y tú, abrazados.

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67. Viajera del instante

En ti, retorno a mí.

Descubro
mi rostro original
en tu fugaz mirada
de estrella parpadeante.

He de estar atentísimo
para perderme en ti,
no recordar mi nombre,
ser parte de tus ojos,
errantes.

A veces, estás quieta,


fija en el hondo azul,
toda sonrisa pura,
serena.

Otras, cruzas la vida,


veloz, de muerte a muerte,
rozando las auroras,
besando los crepúsculos,
sobre un rayo de luz.

Estudio la armonía
de tus pasos, intento
caminar junto a ti,
para saber –sin voz
ni pensamiento- a dónde
te diriges, de dónde
llegas, así, viajera del instante,
cruzando de puntillas.

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68. Lejos iremos, iremos juntos

Lejos iremos
estando cerca
tú de mí, y yo
de ti: tu mano,
sobre la mía,
será un fiesta;
nuestro silencio,
hecho de voces
mudas y quietas,
será uno solo,
pleno y redondo
como la Tierra.

Iremos lejos
estando juntos,
¡sí!, como huéspedes
del mismo espíritu,
y estando lejos,
juntos iremos
saboreando,
uno por uno,
cada kilómetro
que nos separa,
que nos acerca,
cada minuto.

Lejos iremos
estando juntos,
mirando –el uno
del otro al lado-
la luna, el sol,
el mar, los pueblos
y las estrellas
de nuestro mundo,
o estando cerca
-yo de ti, y tú
de mí-, con tiempo
para escuchar
las melodías
que tañe el viento
y los discursos
que da el desierto,
que da la aurora,
que da el crepúsculo.

Estando lejos
iremos juntos,
porque seremos

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dos corazones,
la misma sangre
y un solo pulso,
porque el destino,
que ve muy lejos
desde muy alto,
que sabe mucho,
dará a dos árboles
la misma tierra,
la misma lluvia,
el mismo cielo
y un mismo fruto.

Estando lejos,
juntos iremos.
Lejos iremos
estando juntos.

69. El amigo que vino del frío (IV)

a Luis Fernando Fernández Antón

El viento del otoño se carga de hojas secas


y cubre, a pinceladas de temblor, los recuerdos.
Silencio. Llega el frío con algo entre los brazos:
¡un corazón, templado por la forja del tiempo!

Mi corazón extiende sus dedos de oro y sangre,


y toca la sonrisa del corazón viajero…
… poco a poco, al calor del fuego, va cobrando
su propietario forma; mi rostro, un fiel espejo.

Me cuenta los capítulos de su vida en el frío,


riéndose por fuera, llorándose por dentro.
Vacía sus alforjas, y caen sobre la mesa
la sencillez, la gracia, la paz y el alimento.

Su cómplice silencio comparte la poesía


que Dios nos proporciona, con mi silencio. Tengo
las puertas y ventanas siempre abiertas por si él
llegase -por sorpresa- triste, alegre o sereno.

Él siente mis caídas y, con mis alas, vuela;


yo, remo con sus brazos, y avanzo con su aliento.
El viento del otoño se carga de hojas secas.
Ya se unen en el alma las sombras de dos cuerpos.

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