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Lectio divina 2005-2006

Casa de formación Santa Verónica - Cuautitlán Izcalli


Hermanas Clarisas Capuchinas

1
Una Alectio divina@ espontánea de Benedicto XVI
al iniciar con Tercia el Sínodo de Obispos
(3 de octubre de 2005)

Sobre 2 Corintios 13,14


(Lectio brevis de Tercia
los lunes feriales del tiempo ordinario
de la III semana)

Una de las dotes que todos reconocen en el Papa es su extraordinaria bondad y sencillez en el
trato. Lo han constatado los 115 obispos mexicanos que acudieron a la visita Aad limina@, según
el comunicado del 6 de octubre: ADespués de este encuentro en el que constatamos la calidez
humana, la altura intelectual y moral, unida a la admirable sencillez de nuestro querido Papa
Benedicto XVI, los obispos nos sentimos plenamente animados para continuar con mayor
entusiasmo nuestro aporte a la edificación de una sociedad más justa y más humana@. La
meditación, en forma de Alectio divina@, que hace el Papa en la primera congregación general
(lunes 3 de octubre), sin leer papeles, sino diciendo simplemente lo que le brota del corazón,
después de haber meditado, es un modelo de Alectio divina@, que, en principio, no tiene ninguna
técnica. El Papa es teólogo y exegeta; nada extraño que espontáneamente, sin alarde, recurra a
sus conocimientos de hombre de estudio.
Las divisiones, subrayados y negrita los ponemos para destacar puntos y frases del texto.

Texto

Hermanos, alegraos, trabajad por vuestra perfección, alentaos unos a otros, tened un
mismo sentir y vivid en paz; y el Dios del amor del amor y de la paz estará con vosotros.

En latín:
De cetero [por lo demás, en conclusión...], fratres, gaudete, perfecti estote, exhortamini
invicem, idem sapite, pacem habete,
et Deus dilectionis et pacis erit vobiscum.

En griego:
Loipo,n( avdelfoi,( cai,rete( katarti,zesqe( parakalei/sqe(
to. auvto. fronei/te( eivrhneu,ete(

1
kai. o` qeo.j th/j avga,phj kai. eivrh,nhj e;stai meqV u`mw/nÅ
Queridos hermanos:
El texto de la Hora Tercia de hoy implica cinco imperativos y una promesa.
Intentemos entender un poco mejor qué trata de decirnos el Apóstol con estas palabras.

11 Gaudete

El primer imperativo se encuentra con mucha frecuencia en las Cartas de San Pablo,
más bien, se podría decir que es el *Cantus firmus+ de su pensamiento: *gaudete+
En una vida tan atormentada como era la suya , una vida llena de persecuciones, de
hambre, de sufrimientos de todo tipo, sin embargo, una palabra clave queda siempre
presente: *gaudete+.
Nace aquí la pregunta: )es posible ordenar la alegría? La alegría, quisiéramos decir,
llega o no llega, pero no puede ser impuesta como un deber. Y aquí nos ayuda pensar
en el escrito más conocido sobre la alegría de las Cartas paulinas, el de la *Dominica
Gaudete+ en el corazón de la liturgia del Adviento: *Gaudete, iterum dico gaudete, quia
Dominus prope est+.
Aquí sentimos el motivo del por qué Pablo con todos sus sufrimientos, con todas sus
tribulaciones sólo podía decir a los demás *gaudete+: lo podía decir porque en él mismo
la alegría era presente *gaudete, Dominus enim prope est+.
Si el amado, el amor, el más grande don de mi vida, me es cercano, si puedo estar
convencido que quien me ama está cerca de mí, aunque esté afligido, queda en el
fondo del corazón la alegría que es más grande que todos los sufrimientos.
El apóstol puede decir *gaudete+ porque el Señor está cerca de cada uno de
nosotros. Y así este imperativo, en realidad, es una invitación a darse cuenta de la
presencia del Señor en nosotros. Es la conciencia de la presencia del Señor. El apóstol
busca hacernos conscientes de esta presencia de Cristo - escondida pero bastante real
- en cada uno de nosotros. Para todos nosotros son verdaderas las palabras del
Apocalipsis: llamo a tu puerta, escúchame, ábreme.
Es, por esto, una invitación a ser sensibles por esta presencia del Señor que toca a
mi puerta. No debemos ser sordos a Él, porque los oídos de nuestros corazones están
tan llenos de tantos ruidos del mundo que no podemos escuchar esta silenciosa
presencia que toca a nuestras puertas. Reflexionemos, en el mismo momento, si
estamos realmente dispuestos a abrir las puertas de nuestro corazón; o quizás nuestro
corazón está lleno de tantas otras cosas que no hay espacio para el Señor y por el
momento no tenemos tiempo para el Señor. Y así, insensibles, sordos a su presencia,
llenos de otras cosas, no escuchamos lo esencial: Él toca a la puerta, está cerca de
nosotros y así está cerca la verdadera alegría que es más potente que todas las
tristezas del mundo, de nuestra misma vida.
Oremos entonces en el contexto de este primer imperativo: Señor haznos sensibles
a Tu presencia, ayúdanos a escuchar, a no cerrar nuestros oídos a Ti, ayúdanos a tener
un corazón libre y abierto a Ti.
21 Perfecti estote
2
El segundo imperativo *perfecti estote+ así como se lee en el texto latín, parece
coincidir con la palabra que resume el Sermón de la Montaña: *perfecti estote sicut
Pater vester caelestis perfectus est+.
Esta palabra nos invita a ser lo que somos: imágenes de Dios, seres creados en
relación al Señor, *espejo+ en el cual se refleja la luz del Señor. No vivir el cristianismo
al pie de la letra y no escuchar la Sagrada Escritura al pie de la letra con frecuencia es
difícil, históricamente discutible, pero hay que ir más allá de la letra, de la realidad
presente hacia el Señor que nos habla hasta llegar a la unión con Dios.
Pero si vemos el texto griego encontramos el uso de otro verbo *catartizesthe+, y
esta palabra quiere decir rehacer, reparar un instrumento, restituirle su función total.
El ejemplo más frecuente para los apóstoles es el de rehacer una red para los
pescadores que ya no está en la posición justa, que tiene tantos agujeros que ya no
sirve, rehacer la red para que pueda ser nuevamente una red de pescar, volver a la
perfección como instrumento para este trabajo.
Otro ejemplo, un instrumento musical de cuerdas que tiene una cuerda rota no
permitirá que se pueda ejecutar la música como debería ser. Por eso, con este
imperativo aparece nuestra alma como una red apostólica que, con frecuencia, no
funciona bien porque está lacerada por nuestras propias intenciones; o como un
instrumento musical en el que desgraciadamente alguna cuerda está rota y, por lo
tanto, la música de Dios que debería sonar desde la profundidad de nuestra alma no
puede resonar bien. Hay que rehacer este instrumento, conocer las laceraciones, las
destrucciones, las negligencias, cuando está descuidado e intentar que este
instrumento esté perfecto, que sea completo para que sirva a lo que fue creado por el
Señor.
Y así este imperativo también puede ser la invitación para hacer un examen de
conciencia regular, para ver cómo está este instrumento mío y hasta qué punto está
descuidado o ha dejado de funcionar, para intentar recuperar su integridad. Es además
una invitación al Sacramento de la Reconciliación en el cual Dios mismo rehace este
instrumento y nos da de nuevo la plenitud, la perfección y la funcionalidad para que en
este alma puedan resonar las alabanzas a Dios.

31 Perfecti estote

Luego Aperfecti estote@. La corrección fraterna es una obra de misericordia. Ninguno


de nosotros se ve bien a sí mismo ni ve bien sus faltas. Y por eso es un acto de amor
útil para constituir el complemento el uno del otro, para ayudarnos a vernos mejor, a
corregirnos. Pienso que una de las funciones de la colegialidad es precisamente la de
ayudarnos, también en el sentido del imperativo precedente, la de conocer las lagunas
que nosotros mismos no queremos ver - *Ab occultis meis munda me+ dice el Salmo -,
de ayudarnos para que nos abramos y podamos ver estas cosas.
Naturalmente, esta gran obra de misericordia de ayudarnos los unos a los otros para
que cada uno pueda realmente encontrar la propia integridad, la propia funcionalidad

3
como instrumento de Dios, exige mucha humildad y amor. Sólo se conseguirá si viene
de un corazón humilde que no se pone por encima del otro, no se considera mejor del
otro, sino sólo instrumento para ayudarse recíprocamente. Sólo si se siente esta
profunda y verdadera humildad, si se siente que estas palabras vienen del amor común,
del afecto colegial en el cual queremos servir juntos a Dios, podremos, en este sentido,
ayudarnos con un gran acto de amor.
También aquí el texto griego añade algunos matices, la palabra griega es
*Paracaleisthe+; es la misma raíz de la cual también viene la palabra *Paracletos,
paraclesi+, consolar. No sólo corregir, sino también consolar, compartir los sufrimientos
del otro, ayudarlo en las dificultades. Y también esto me parece un gran acto de
verdadero afecto colegial. En las tantas situaciones difíciles que nacen hoy en nuestra
pastoral, alguno se encuentra realmente un poco desesperado, no ve cómo puede ir
adelante. En aquel momento tiene necesidad de consuelo, tiene necesidad de que
alguien esté con él en su soledad interior y cumpla la obra del Espíritu Santo, del
Consolador: la de dar coraje, la de acompañarnos, apoyarnos mutuamente, ayudados
por el Espíritu Santo mismo que es el gran Paráclito, el Consolador, nuestro Abogado
que nos ayuda. Por lo tanto, es una invitación a hacer nosotros mismos *ad invicem+ la
obra del Espíritu Santo Paráclito.

41 Idem sapite

*Idem sapite+: sentimos detrás de la palabra latina la palabra *Sapor+: Tengan el


mismo sabor por las cosas, tengan la misma visión fundamental de la realidad, con
todas las diferencias que no sólo son legítimas sino necesarias, pera tengan *eundem
sapore+, tengan la misma sensibilidad.
El texto griego dice *froneite+, lo mismo. Es decir, tengan sustancialmente el mismo
pensamiento. )En realidad cómo podremos conseguir conjuntamente un pensamiento
común que nos ayude a guiar a la Santa Iglesia si no compartimos conjuntamente la fe
que no está inventada por ninguno de nosotros, sino que es la fe de la Iglesia, el
fundamento común que nos guía, sobre el cual estamos y trabajamos? Por lo tanto, es
una invitación a que entremos siempre y nuevamente en este pensamiento común, en
esta fe que nos precede. *Non respicias peccata nostra sed fidem Ecclesiae tuae+: es la
fe de la Iglesia que el Señor busca en nosotros y que también es el perdón de los
pecados.
Tener esta misma fe común. Podemos, debemos vivir esta fe, cada uno en su
originalidad, pero siempre sabiendo que esta fe nos precede. Y debemos comunicarles
a todos los demás la fe común. Este elemento ya nos hace superar el último imperativo,
que nos trae la paz profunda entre nosotros.
Llegados a este punto, también podemos pensar en *touto froneite+, en otro texto de
la Carta a los Filipenses, al principio del gran himno al Señor, donde el Apóstol nos
dice: tengan los mismos sentimientos de Cristo, entrar en la *fronesis+, en el *fronein+,
en el pensamiento de Cristo. Por tanto, podemos tener la fe de la Iglesia
conjuntamente, para que con esta fe entremos en los pensamientos y en los
4
sentimientos del Señor. Pensar juntos con Cristo.
Esto es la última profundización de la advertencia del Apóstol: pensar con el
pensamiento de Cristo. Y podemos hacerlo leyendo la Sagrada Escritura en la
que los pensamientos de Cristo son Palabras, hablan con nosotros. En este
sentido, debemos ejercer la *LECTIO DIVINA+, escuchar en las Escrituras el
pensamiento de Cristo, aprender a pensar con Cristo, a pensar el pensamiento
de Cristo y, de esta manera, tener los pensamientos de Cristo, ser capaces de
dar a los demás también el pensamiento de Cristo y los sentimientos de Cristo.

51 Pacem habete et Aeireneute@

Y así tenemos el último imperativo Apacem habete@ y Aeireneute@, es casi el resumen de los
cuatro imperativos precedentes, estando en unión con Dios, que es nuestra paz, con Cristo que
nos ha dicho: *pacem dabo vobis+.
Estamos en la paz interior porque estar en el pensamiento de Cristo une nuestro ser. Las
dificultades, los contrastes de nuestra alma se unen, se han unido al original, del que somos
imagen con el pensamiento de Cristo. Así nace la paz interior y sólo si nuestro fundamento es
una profunda paz interior podemos ser personas de la paz y en el mundo, para los demás.
De aquí la pregunta, )está esta promesa condicionada por los imperativos? Es decir, )sólo en
la medida en la que nosotros podemos realizar los imperativos, este Dios de la paz está con
nosotros? )Cuál es la relación entre imperativo y promesa?
Diría que es bilateral, es decir, la promesa precede los imperativos y los hace realizables y
sigue también dicha realización. Es decir, antes de todo lo que hacemos nosotros, el Dios del
amor y de la paz se ha abierto a nosotros, está con nosotros. En la Revelación empezada en el
Antiguo Testamento, Dios nos ha salido al encuentro con su amor, con su paz.
Y finalmente en la Encarnación se ha hecho Dios con nosotros, Emanuel, está con nosotros
este Dios de la paz que se ha hecho carne con nuestra carne, sangre de nuestra sangre. Es hombre
con nosotros y abraza a todo ser humano. Y en la crucifixión, y en el descenso a la muerte, se ha
hecho uno con nosotros totalmente, nos precede con su amor, abraza antes que nada todas
nuestras acciones.
Y esta es nuestra gran consolación. Dios nos precede. Ya ha hecho todo. Nos ha dado paz,
perdón y amor. Está con nosotros. Y sólo porque está con nosotros, porque en el Bautismo hemos
recibido su gracia, en la confirmación el Espíritu Santo, y en el sacramento del Orden hemos
recibido su misión, podemos ahora actuar nosotros, cooperar con su presencia que nos precede.
Toda acción nuestra, sobre la cual hablan los cinco imperativos es un cooperar, un colaborar con
el Dios de la paz que está con nosotros.
Pero también vale, por otra parte, en la medida en la que realmente entramos en esta presencia
que nos ha donado, en este don ya presente en nuestro ser. Crece naturalmente su presencia, su
estar con nosotros.
Y rogamos al Señor que nos enseñe a colaborar con su precedente gracia y estar así realmente
siempre con nosotros. Amén.

5
Es nuestro deseo seguir avanzando en el sentido de lo que es la lectio divina, pero
considerándolo no tanto como una táctica, cuanto como un modo interior de penetrar la Biblia
como Presencia y Misterio. Las palabras, en este caso, son receptáculo sacramental de una
realidad que nos supera, que no tiene riberas.
Desde ahí la Biblia cobra una actualidad inagotable. Su sentido se vierte en el corazón en
forma de Aacontecimiento espiritual@, acontecimiento de gracia. La comprensión de la Escritura
es la actualización permanente de la gracia de Pentecostés.
Estos significados, que no pueden ser acaparados por nadie, si la Biblia ha de ser manantial
inexhausto de la revelación de Dios, no son divagaciones caprichosas, artificios, a merced del
ingenio y sutileza de cada uno. En tal hipótesis, la Biblia tendría sentido en razón y proporción de
la agudeza de los intérpretes. Pero la Biblia tiene su sentido gratuito, desde dentro, y se da pro la
acción del Espíritu Santo a quien, con un corazón puro y humilde, se llega al texto como el
sediento a la fuente.

Añadimos una nota con referencia al escudriñamiento de las palabras. Lo mismo la tradición
judía que no pocos Padres y escritores espirituales, se complacen en desentrañar palabras. Dios
tampoco necesita esto, para comunicar su mensaje que llega a la inteligencia simplemente por la
vía de la fe y del amor. Una mala traducción de la Biblia puede ser vehículo de gracia sublime.
Un cristiano ignorante, aunque no interprete con exactitud las palabras, puede alcanzar de modo
sublime el sentido total de la Escritura, y especialmente de los Evangelios.
Con todo, es bueno aspirar a conocer el texto original. He aquí una confidencia muy
espontánea de Santa Teresita a su hermana, Madre Inés de Jesús, en el mes anterior a la muerte:

ASólo en el cielo veremos la verdad de todas las cosas. En la tierra es imposible. Por
ejemplo )no resulta triste ver, en la misma Sagrada Escritura, tantas diferencias de
traducción? Si yo hubiese sido sacerdote, habría aprendido el hebreo y el griego, y no me
habría contentado con el latín, y así habría podido conocer el verdadero sentido dictado
por el Espíritu Santo@.
(Últimas conversaciones, Sor Inés de Jesús, 4 de agosto de 1897).

6
CANONIZACIÓN
DEL BEATO FÉLIX DE NICOSIA

Roma, 23 de octubre de 2005


fin del Sínodo de Obispos
sobre la Eucaristía

San Francisco en el Cenáculo


Primera Admonitio de san Francisco,
partiendo de
Jn 14,6-9

gracia otorgada a toda la Iglesia.

Esta hoja que editamos como Alectio divina@ es el primer


momento espiritual del final del Sínodo de la Eucaristía,
vivido en tres semanas, del domingo 2 de octubre de 2005 al
domingo 23 de octubre, con el cual queda coronado y sellado
el Año de la Eucaristía,

Aclaraciones previas

S La Alectio divina@ toma un texto concreto de la Escritura y trata de profundizarlo bajo la guía
del Espíritu Santo, con un estilo que podría llamarse Asapiencial@, por alusión al don de la
Asapientia@ o sabiduría.
S En este párrafo de san Francisco no hay un texto solo para esa lectura divina de la Escritura,
sino que se nos brinda, como florilegio, un pequeño manojo de textos.
S Todo lo más, podría hablarse de Alectio divina@, si tomamos en consideración, la cita más
amplia, que es Jn 14,6-9, que, en el caso, es simple texto de arranque.
S Lo que da unidad a la Alectio@ y Ameditatio@ y Acontemplatio@ y Aoratio@ con asombro, e
incluso Aactio@ (praxis para la vida) - que todos esos matices pueden descubrirse en estos
breves párrafos - no es una cita precisa, concreta y exclusiva, sino una vivencia avalada por la

7
armonía interna de la Palabra. Francisco trasparece como modelo del oyente de la Palabra.
S Con estas advertencias previas, abordamos el texto, del que mana luz, consuelo... y vida. Lo
partimos en varias secciones, como simple ayuda externa; pero con la simple disposición no
queremos predisponer en una línea al orante, que ha de entrar del todo libre en su oración.

I. TEXTO (ADMONICIÓN 1)

Punto de arranque: Evocación del Cenáculo


1
Dice el Señor Jesús a sus discípulos: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie va
al Padre sino por mí.
2
Si me conocierais a mí, ciertamente conoceríais también a mi Padre; y desde ahora
lo conoceréis y lo habéis visto.
3
Le dice Felipe: Señor, muéstranos al Padre y nos basta.
4
Le dice Jesús: )Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me habéis
conocido? Felipe, el que me ve a mí, ve también a mi Padre (Jn 14,6-9).

Lectio de san Francisco: experiencia apostólica Aen el espíritu@ de la


Encarnación
5
El Padre habita en una luz inaccesible (cf. 1 Tim 6,16), y Dios es espíritu (Jn 4,24), y
a Dios nadie lo ha visto jamás (Jn 1,18).
6
Por eso no puede ser visto sino en el espíritu, porque el espíritu es el que vivifica; la
carne no aprovecha para nada (Jn 6,64).
7
Pero ni el Hijo, en lo que es igual al Padre, es visto por nadie de otra manera que el
Padre, de otra manera que el Espíritu Santo.
8
De donde todos los que vieron al Señor Jesús según la humanidad, y no vieron y
creyeron según el espíritu y la divinidad que él era el verdadero Hijo de Dios, se
condenaron [ver Observaciones luego].

Experiencia paralela del misterio en el tiempo de la Iglesia


9
Así también ahora, todos los que ven el sacramento, que se consagra por las
palabras del Señor sobre el altar por mano del sacerdote en forma de pan y vino, y
no ven y creen, según el espíritu y la divinidad, que sea verdaderamente el
santísimo cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo, se condenan,
10
como lo atestigua el mismo Altísimo, que dice: Esto es mi cuerpo y mi sangre del
nuevo testamento, [que será derramada por muchos] (cf. Mc 14,22.24);
11
y: Quien come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna (cf. Jn 6,55).
12
De donde el espíritu del Señor, que habita en sus fieles, es el que recibe el
santísimo cuerpo y sangre del Señor.
13
Todos los otros que no participan del mismo espíritu y se atreven a recibirlo, comen
y beben su condenación (cf. 1 Cor 11,29).

Exhortación: el hoy de la Eucaristía


14
De donde: Hijos de los hombres, )hasta cuándo seréis de pesado corazón? (Sal
4,3).

8
15
)Por qué no reconocéis la verdad y creéis en el Hijo de Dios? (cf. Jn 9,35).
16
Ved que diariamente se humilla (cf. Fil 2,8), como cuando desde el trono real (Sab
18,15) vino al útero de la Virgen;
17
diariamente viene a nosotros él mismo apareciendo humilde;
18
diariamente desciende del seno del Padre (cf. Jn 1,18) sobre el altar en las manos
del sacerdote.
19
Y como se mostró a los santos apóstoles en carne verdadera, así también ahora se
nos muestra a nosotros en el pan sagrado.
20
Y como ellos, con la mirada de su carne, sólo veían la carne de él, pero,
contemplándolo con ojos espirituales, creían que él era Dios,
21
así también nosotros, viendo el pan y el vino con los ojos corporales, veamos y
creamos firmemente que es su santísimo cuerpo y sangre vivo y verdadero.
22
Y de este modo siempre está el Señor con sus fieles, como él mismo dice: Ved que
yo estoy con vosotros hasta la consumación del siglo (cf. Mt 28,20).

II. LECTIO CONTEMPLATIVA, MÍSTICA Y ECLESIAL


DE FRANCISCO

Primeras preguntas
)Cómo nació este texto? )Cómo lo recogieron los primeros discípulos?
)Para quién iba dirigido?
)Acaso es el resumen de una conferencia espiritual a las Hermanas Pobres, uno de esos
coloquios que recuerda santa Clara?
Preguntas a las que no podemos responder. Pero esto, que podría ser iluminador para detalles,
no quita nada para que podamos afirmar:
S Que el contenido del texto ciertamente es de san Francisco.
S Y que estamos en el escrito de la más pura mística de san Francisco.

Un texto vivencial, contemplativo, místico


Los secretos de la vida nos envuelven la vida entera, los vivimos..., y, a lo mejor, ni los
decimos, - quizás, ni podemos - pero ya la misma vida, para quien intuye, es la predicación de ese
secreto inmanente y fluyente.
San Francisco es un hombre eucarístico. San Buenaventura dirá: ASu amor al sacramento del
cuerpo del Señor era un fuego que abrasaba todo su ser, sumergiéndose en sumo estupor al
contemplar tal condescendencia amorosa y un amor tan condescendiente. Comulgaba
frecuentemente y con tal devoción, que contagiaba su fervor a los demás, y al degustar la
suavidad del Cordero inmaculado, era muchas veces, como ebrio de espíritu, arrebatado en
éxtasis@ (Leyenda mayor 9,2).
Es de pensar que Francisco participaba en la Misa diaria; veremos en este documento que por
tres veces se habla del asombro ante ese Adía a día@ en que - se supone - se celebra la Eucaristía.
La misa diaria era uso de la fraternidad.
En La Verna el hermano Francisco estaba en un Aeremitorio@, y residía con el hermano León,

9
sacerdote, su confesor. El acontecimiento de la impresión de las Llagas acontece, estando
próxima la fiesta de la Santa Cruz (parece que Apróximo@ significa Aantes de@, no Adespués de@), y
Acierta mañana@ (San Buenaventura, LM 13,3). El acontecimiento no fue por la tarde, ni por la
noche; la Eucaristía se celebra por la mañana. Aquella mañana Francisco había participado en la
Eucaristía, celebrada por Asu compañero@. Este compañero confidente, en un momento anterior,
cuya fecha desconocemos, le había abierto, a petición de Francisco, el libro de los Evangelios
(LM 13,3). Es razonable suponer que este confidente sacerdote celebra, como es uso en los
lugares, la misa de cada día (ver CtaO 30-33). Aquella mañana en que Francisco recibe la Llagas
había participado en la Eucaristía; )había recibido el sacramento del cuerpo del Señor?, )había
caído en éxtasis..., como tantas veces? Las Llagas )son la vivencia de la Eucaristía, sacrificio
pascual de la muerte y resurrección del Señor? )Fueron las llagas vivencia de la acción de gracias
de la Eucaristía, como vemos en el Padre Pío, cuando las recibió, en el coro, ante el crucifijo,
dando gracias después de Misa, en aquella mañana del 20 de septiembre de 1918?
Nada de estos es históricamente demostrable, por hoy; pero todo esto es razonablemente
posible.
En todo caso, el texto que tenemos ante los ojos es un texto que brota de una vivencia mística
de la Eucaristía. Es propio del místico vivir en la profundidad, en la síntesis y en la unidad.
Francisco vive la Escritura en la armonía interna que le da el Espíritu: la lleva consigo (LM
11,1). Y desde esta clave de vida es desde donde interpretamos el mensaje que emana de este
texto de san Francisco, manojo de citas de la Escritura.

Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie va al Padre sino por mí.


El corazón de Francisco y de la vida franciscana no es la pobreza, no es la fraternidad, no es
la minoridad... Es tan solo algo tan simple y totalmente divino como es la relación filial con Dios
bajo el puro don de la gratuidad, de la alabanza y de la acción de gracias.
Por eso la primera Regla tiene, como capítulo culminante el capítulo XXII, AOración y acción
de gracias@. Esta oración es literalmente Aregla@, no un texto hermoso para completar la Regla,
una especie de apéndice espiritual. Es entraña de la Regla.
La espiritualidad de san Francisco es filial-trinitaria. El Hijo, como Hijo encarnado (Belén y
la Cruz) es la puerta, pero en el Hijo su explanación total es el Padre en el Espíritu. Y aquí nos
encontramos con esta frase evangélica. Nadie va al Padre, sino por Jesús.
Estamos en el centro de la Trinidad, en la pura esencia de la revelación.
Para ser humildemente franciscanos (o hijas de santa Clara) tenemos que perdernos sin miedo
y con una infinita dulzura en la Trinidad, conscientes de que el Padre, que nos acoge, va a ser
nuestra plenitud colmada.
Solo desde esta honda y personal experiencia trinitaria podemos vivir la pobreza, la
minoridad, la fraternidad, la solidaridad con el ser doliente. Dios es amor gratuito, amor
compartido, amor donado, amor ternura, amor esperanza. Dios es tan futuro como pasado. Dios
es la locura de todos mis deseos, el orden de todos mis pecados. Dios es mi Yo por él mismo
inventado y regalado. Dios es mi adoración, mi instante, mi vida fatigosa, mi eternidad dichosa.
Dios es Jesús a mi alcance. Dios es mi Espíritu escondido. Dios es la palabra más bella, la más
próxima y desconocida: amor. Dios es lo que yo anhelo, y, al alcanzarlo, lo que él mismo anhela
para sí, teniéndolo presente. Dios es la medida humana de la Encarnación, en la que Dios está.
Dios es su historia. Dios es la Trinidad indivisa en Jesús. Dios es el Amomento tránsito@ de mi
existencia, cuando toda la mentira de mi vida impotente será asumida en su infinita Verdad, que
no es otra cosa distinta de su puro y su infinito amor.
(Oh Dios!, tú eres mi Dios... (Y quede abierto mi asombro para festín de toda la eternidad.
10
Ese es el Dios revelado, el Dios de Jesús, el Dios que, por gracia, se ha concedido a
Francisco, el Dios de la Madre Iglesia.
La mismidad en el acceso al Padre, al Hijo y al Espíritu
Para alcanzar a Dios, es decir, para pasar a la realidad de Dios, que es realidad total y única,
para aprehender a Dios, para ver, contemplar..., de alguna manera poseer, entrar en comunión
viviente, es necesario el Espíritu.
Este es el hecho histórico de la Encarnación. Para alcanzar a Jesús, que es el Hijo, hay que
tener el Espíritu de Dios; para llegar al Padre hay que tener el Espíritu; para entrar en comunión
real y verdadera con el Espíritu, hay que tener el mismo Espíritu Santo. Para comulgar tiene que
comulgar el Espíritu, y en él comulgamos.

Los que veían, en el tiempo visible de la Encarnación, sin ser llevados por el espíritu, no
veían a Jesús
Realmente no lo veían. Podían mirar su rostro, tocar su cuerpo..., pero ni lo veían ni lo
tocaban, si no eran conducidos por el Espíritu. La hemorroisa tocó a Jesús; los que le
apretujaban, no tocaban a Jesús. AEstas viendo que la gente te oprime y preguntas: )Quién me ha
tocado?@ (Mc 5,31). La mujer tocó a Jesús, y por eso, Ase postró ante él@ (v. 33), y Jesús le dijo:
Atu fe te ha salvado@ (v. 34).

Damnati sunt: Son condenados o están condenados o están en condenación


Los que con el Espíritu no llegan a Jesús, se quedan donde están: en condenación.
Al leer estas expresiones - extremadamente simples y esquemáticas -, se podría pensar en la
condenación eterna del infierno.
No parece que este sea el planteamiento, aunque se deja entender que los que no vieron y
contemplaron según la divinidad, pasando más allá de la humanidad, sean culpables y aparezcan
aquí censurados y reprochados.
Es verdad igualmente que, en el modo de hablar de Jesús, los que no vieron ni contemplaron
- es decir, los que se cerraron y no quisieron ver ni contemplar a Dios presente en Jesús, reciben
el mismo veredicto: rechazaron, de hecho, existencialmente a Jesús, y rechazar a Jesús es
rechazar la salvación. Y a esto en los Evangelios llamamos Acondenación@, en el lenguaje bíblico
Ajuicio@.
En el Evangelio de san Juan leemos: ASi alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le
juzgo, porque no he venido para juzgar [condenar] al mundo, sino para salvar al mundo. El que
me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa
le juzgará el último día@ (Jn 12,47-48).
El texto de san Francisco - a nuestro entender - no alude a un hecho histórico: fueron
condenados o serán un día condenados; sino a un hecho teológico, a saber: Esta es la realidad: En
Jesús y solo en Jesús está la salvación que Dios da al mundo: él tiene Avida eterna@ (Jn 6,55), cosa
que ningún otro tiene ni puede dar; fuera de Jesús no hay salvación: si no hay salvación, lo que
hay es condenación. Estamos afirmando verdades sustanciales para el soporte de la vida cristiana.
No estamos diciendo ni lo que pasó, ni lo que pasará: eso solo lo sabe Dios.
Obsérvese que en la última edición de ALos escritos de Francisco y Clara@ (Editorial
Aránzazu, 20 ed. 2002) se modifica la traducción del versículo 8. En vez de Ase condenaron@
(pasado histórico), se dice: Aestán condenados@ (presente conceptual). Y algo semejante acontece
en la versión del versículo 9.

11
Realismo: Lo mismo que acontece en la época de la Encarnación durante la vida terrestre
de Jesús, acontece hoy, en el tiempo de la Iglesia, lo mismo..., lo mismo.
La época de la Encarnación en el mundo, con Jesús, Dios en medio del mundo, sigue
aconteciendo en la época de la Iglesia, hasta que el Señor vuelva, con el Sacramento del Cuerpo,
que es la Eucaristía.
Se puede comer la Eucaristía, sin comer el Cuerpo del Señor; se puede mirar la Hostia
sagrada sin ver al Señor; se puede beber el cáliz sin beber la Sangre de Cristo.
Quien así obrara, quedaría fuera de la salvación que emana de estos misterios. Y, como no ve
lo que debiera ver, es culpable, y, según criterio de san Pablo, es condenado. ACome y bebe su
propia condena [en el latín de san Francisco y en el latín del texto original de Corintios: iudicium
sibi manducat et bibit]@ (1Co 11,29).
No estamos ni en mejores ni en peores condiciones que los Acontemporáneos@ cronológicos de
Jesús. La carne no sirve para nada; el Atiempo@ también es carne. Francisco unifica el tiempo
salvífico de Dios que corresponde al tiempo de Jesús y el tiempo salvífico de Dios que correspon-
de al tiempo de la Iglesia hasta la vuelta del Señor. Estamos viviendo las mismas condiciones.
Estamos viviendo para siempre, hasta el cielo, la historia de Jesús con nosotros.

La clave es el Espíritu, o, más exactamente, el realismo del Espíritu


Solo por la puerta del Espíritu podemos pasar al Misterio concreto: el misterio de la figura-
persona concreta de Jesús, y el misterio de la figura visible del Sacramento del Cuerpo y de la
Sangre.
En los días de Jesús, la Amirada de la carne@ (intuitu carnis) terminaba Asolo en la carne@
(tantum eius carnem). La historia tropieza con la historia de Jesús, y ahí se queda: con la carne, y
el entendimiento también es Acarne@, solo podemos llegar a Jesús-carne, como un sujeto más de la
historia. Pero aquellos contemporáneos, con los ojos espirituales, creyendo, contemplaban a Dios
(sed ipsum Deum esse credebant oculis spiritualibus contemplantes). Hay que valorar
estas cuatro palabras:
- creer, credebant;
- Dios, que estaban ante Dios, Deum esse;
- ojos espirituales, oculis spiritualibus;
- contemplar, contemplantes.
He aquí, pues, la obra del Espíritu. No es que él cambie la realidad última, que es la que es,
sino que cambia nuestra realidad mediata, para que alcancemos en Jesús a Dios.
Así ocurre hoy con el Sacramento.
- Con los ojos corporales (oculis corporeis) vemos pan y vino (panem et vinum);
- pero allí mismo, de otra manera, con los ojos espirituales, es decir, con la fe (credamus
firmiter) arribamos al Asantissimum Corpus et Sanguinem vivum et verum@. Los atributos de vivo
y verdadero, en rigor, sólo se los puedo dar a Dios. En el sacramento, allí dentro, allí detrás de lo
visible, está el Viviente y el Verdadero: (solo él!, (todo él! (A él la gloria!
Y esta presencia y esta experiencia es hasta el final de los siglos, la experiencia sacramental
de la Iglesia.

Cada día (quotidie), hoy mismo: tres contemplaciones del mismo misterio eucarístico de
Dios con nosotros

12
Primera contemplación (versículo 16): Contemplación mariana (cristológico-mariana):
- quotidie humiliat se: alusión al himno paulino de Filipenses: humiliavit semetipsum factus
oboediens usque ad mortem, mortem autem crucis. La Eucaristía contiene el misterio pascual.
- quotidie a regalibus sedibus (cita de Sb 18,15): texto de la liturgia navideña. Cuando
reinaba el silencio vino la Palabra.
- venit in uterum Virginis. En la Eucaristía acontece el misterio del engendro virginal de
María.

Segunda contemplación (versículo 17): Contemplación cristológica:


- humilis. La Ahumilitas@ es la Aforma vitae@ de Jesús.
- apparens. Apareció entre nosotros, conversó con nosotros, la cotidianidad de Jesús en la
Eucaristía.

Tercera contemplación (versículo 18): el Padre.


Estamos en la contemplación joánica de la Encarnación (sinu Patris), que acontece
sacerdotalmente sobre el altar: super altare in manibus sacerdotis.

3
San Francisco en el Cenáculo
(continuación)

Cada día..., cada día..., cada día...


La triple contemplación del amor
Parece que la hoja anterior de ALectio divina@ tocó el corazón de las hermanas. Esto es lo que nos
invita a desglosar el contenido esquemático de la última página (p. 12), y más con la perspectiva de retiro
eucarístico (sábado 22 de octubre) y la conclusión del Sínodo de los Obispos y conclusión del Año
eucarístico (domingo, 23 de octubre).

Texto
16
Ved que diariamente se humilla (cf. Fil 2,8), como cuando desde el trono real (Sab
18,15) vino al útero de la Virgen;
17
diariamente viene a nosotros él mismo apareciendo humilde;
18
diariamente desciende del seno del Padre (cf. Jn 1,18) sobre el altar en las manos
del sacerdote.
16
Ecce, quotidie humiliat se (cfr. Phil 2,8), sicut quando a regalibus sedibus (Sap
18,15) venit in uterum Virginis;
17
quotidie venit ad nos ipse humilis apparens;
18
quotidie descendit de sinu Patris (cfr. Joa 1,18) super altare in manibus sacerdotis.

13
Tres veces

El número tres es el número preferido del corazón para insinuar múltiples afectos. Ese
Aquotidie, quotidie, quotidie@ es afectuoso, ponderativo, admirativo.
Francisco habla desde el asombro de la Eucaristía, con una admiración ante el amor tal que
desborda sus sentimientos.
Francisco habla, por otra parte, con una apremiante insistencia. Está diciendo a los hermanos
lo que nos va en la Eucaristía, que reflexionemos sobre esa invasión de amor, que supera todo
conocimiento. La ponderación es el recurso de la persona que queda como paralizada y casi en
trance de éxtasis: Cada día..., cada día.., cada día...

La Eucaristía es el misterio de la AKatábasis@ (descenso) de Dios en la Encarnación


Contemplemos, pues, la Eucaristía, como misterio de la Encarnación. Dios, al encarnarse,
hace un camino; es una camino de descenso, que los Padres griegos han definido con la palabra
Akatábasis@ (bajada; así como la Aanábasis@ significada subida).
Es la economía de la Encarnación. Advirtamos que Abajar@ no quiere decir Ahumillarse@. El
hacerse hombre para Dios no es humillante. Destruiríamos la sublimidad del amor de Dios,
gratuito, del todo donado y oblativo, si consideráramos que el ser hombre es indigno de Dios. Los
Padres no dijeron que la Encarnación fuera Ahumillación@ de Dios, sino el Amodo@ escogido para
encarnarse ese sí fue por la vía de la humillación, la muerte en cruz.
La hermosura del amor no queda empañada por ese movimiento descendente. Para el que ama
es igual de digno el bajar que el subir. El amor transfigura todas las cosas, porque las convierte
todas a su divina medida. Realmente el amor es un acto divino.
La Akatábasis@ pertenece a la Aeconomía@ divina, es decir, a la disposición de Dios, al modo de
obrar de Dios la Encarnación. Dentro de la Akatábasis@ de la Encarnación está el hecho de que el
Dios de la gloria habla a los hombres como humanos, al modo humano. Por medio de esta
Akatábasis@ nos ha llegado la Palabra, la Biblia, a nuestras manos.
Y Dios está permanentemente en este acto de katábasis de su propio ser; por eso, Dios, de su
propia naturaleza, es cercanía y acogida.
Dios es la proximidad absoluta hasta hacerse, en esta katábasis, intimidad esencial: intimior
intimo meo, más íntimo que lo íntimo de mí mismo, de mi intimidad.
Estamos, pues, en la katábasis de Jesús, y en esa katábasis de la Encarnación vamos a
contemplar la Eucaristía.
El Concilio ha hablado de esta con-descendencia de Dios, tratando del lenguaje que Dios usa
en la Sda. Escritura (Dei Verbum 13), y en nota (nota 11) menciona la palabra griega katábasis,
usada por los Padres.

Quotidie: La Eucaristía, encuentro, manjar, convite, Pascua... de cada día

Francisco queda asombrado ante el evento de cada día: quotidie, quotidie, quotidie. Y no
piensa sólo en el Ahoy@ de toda la Iglesia, porque en la Iglesia, en alguna parte, se celebra la
Eucaristía, sino que este quotidie está referido a la fraternidad.
La Misa para Francisco es, sin duda, el corazón de la fraternidad. AAmonesto, por eso, y
exhorto en el Señor a que en los lugares en que habitan los hermanos, se celebre sólo una misa al

14
día según la forma de la santa Iglesia@ (CtaO 30).
San Ambrosio, en el siglo IV ya adelantado, es el primer testigo de la Misa diaria. )Por qué la
Iglesia dio el paso de la Pascua semanal - el primer día de cada semana - a la celebración de
varios días a la semana, y finalmente a la celebración diaria, al quotidie? Sin duda que no por
razones utilitarias; sin duda que no tampoco por devocionalismo. Hay que buscar una verdadera
mística sacramental que justifique la Misa diaria, hoy directamente aconsejada por la Iglesia para
todos los religiosos, para todos los sacerdotes.
)Acaso porque el maná se recogía día a día (Ex 16,19-21)? )Acaso porque Jesús nos manda
pedir Ael Pan de cada día@, y la Iglesia ha interpretado que hay un pan espiritual de cada día,
porque los Padres han visto en la petición de Jesús el don de la Eucaristía?
)O acaso, simplemente, por un hecho primordial: que el amor busca la presencia incesante del
amado, la unión con él?

I
PRIMER QUOTIDIE:
QUOTIDIE HUMILIAT SE

La Eucaristía contemplada desde el Cántico de Filipenses


El núcleo de la cristología paulina está en el Himno de Filipenses y en aquella frase de 2Co
8,9: Asiendo rico por nosotros [vosotros] se hizo pobre@.
La distancia es infinita y la salva el amor. Al hacerse hombre, Jesús no consideró apetecible
quedarse con la gloria de Dios; la dejó a un lado. Por eso, el amor es el misterio recóndito de
Dios. El amor está en la pura divinidad de Dios. Esta especie de Adesdivinización@ de Dios, en su
esplendor glorioso es, precisamente, la patente divina del amor. El amor es aquello por lo cual
Dios, sin dejar de ser Dios, pasa a ser hombre, y el hombre, sin perder su naturaleza humana,
queda divinizado para la comunión con Dios. Por eso, el amor es el espíritu de Dios, el mismo
Espíritu Santo en persona.
No es indigno de Dios amar al hombre, pues el amor es la realización de Dios, la suprema
dignidad de Dios. Dios es Dios porque ama; si no amara, dejaría de ser Dios. Ni el perdón es
indigno de Dios, dado que el perdón es el amor supereminente: al perdonar uno lleva el amor al
extremo. El amor une en sí lo que parece contrario: la altura de Dios y la nada original del
hombre.
Insistamos en que el hombre es digno del amor de Dios, no por el hombre, sino porque el
esplendor del amor divino es siempre un más y más hasta lo infinito. Y por este argumento
interno, el pecador y todo desvalido, es digno del amor de Dios; no, evidentemente por el pecado
que rebaja y destroza, pero sí por el amor excesivo de Dios que dignifica a Dios mismo. Para
Dios lo excesivo es lo natural, pues en él no hay medida. Y el pecador es más digno de amor, a
gloria de Dios, porque el pecado es el detonante supremo de la divina misericordia.
La kénosis (el vaciamiento) es lo mismo que bajar de la Gloria, de la Forma de Dios, al
Ahumus@; al humus, que es la tierra (de humus viene humilis, humilde).

15
Jesús en la Eucaristía es el Dios de la Encarnación, el Dios-amor que ha bajado, el Dios de la
kénosis que va a ser el Dios de la exaltación: Apor eso, Dios lo exaltó...@ (Flp 2,9). En el cielo
Jesús eucarístico vive y reina como Dios exaltado; y ese Dios en gloria es el que ha bajado a la
Eucaristía. La Eucaristía, percibida como kénosis de Dios, es, simultáneamente, gloria del Hijo
exaltado. Ya eternamente no hay dos Jesús, sino uno solo, el que hoy vive y reina, que, oculto,
habita en el misterio dinámico de nuestra celebración y de nuestra adoración.

La Eucaristía contemplada como el acontecimiento navideño


Desde hace muchos siglos la Iglesia se ha servido para el misterio de Navidad de un texto
alegórico que habla del Silencio y la Palabra. El texto completo, que alude a las plagas de Egipto,
dice así:
ACuando un sosegado silencio todo lo envolvía y la noche se encontraba en la mitad de su
carrera, tu Palabra omnipotente, cual implacable guerrero, saltó del cielo, desde el trono real, en
medio de una tierra condenada al exterminio. Empuñando como afilada espada tu decreto
irrevocable, se detuvo y sembró la muerte por doquier; y tocaba el cielo mientras pisaba la tierra@
(Sb 18,14-16).
Dum medium silentium tenerent omnia,
et nox in suo cursu medium iter haberet,
omnipotens sermo tuus, Domine,
de caelis a regalibus sedibus venit (Sap 18,14-15).
(Introito de la misa del 30 de diciembre, día VI de la octava de Navidad). Son textos que
ciertamente ha escuchado Francisco.
En la adaptación al misterio se ha cortado el texto por la mitad, porque de ninguna manera se
quiere contemplar la Palabra encarnada que como guerrero fulgurante sale con su espada. Se
contemplan solamente estos elementos:
- el profundo silencio (en el medio del silencio, medium silentium: un silencio redondo y
denso, cuyo medio es su máxima densidad);
- la noche en la mitad de su carrera;
- la Palabra o Verbo de Dios,
- que deja la sede real,
- y sale al mundo.
La Palabra no va a ser guerrero; va a ser, más bien, como el Sol radiante, el Esposo que sale
de su alcoba.

El trono y el útero
Hemos de ver de dónde viene y adónde va. Viene del Trono real y va al útero de una Virgen.
Y, de nuevo, continuando los pensamientos anteriores, debemos afirmar: No es más digno el
trono regio del cielo que el útero de una jovencita de Nazaret, la Virgen María.
Acaso el acercarse espiritualmente al útero de esa doncella pudiera parecer imaginativamente
indecoroso; pero la pura y vera realidad es otra: el útero de María es digno Trono para el Rey.
La tradición de la Iglesia, sin argumentos históricos, pero sí con argumentos de otro orden
(que es la ontología espiritual, sacramental) ha visto ese útero de la doncella nazarena, que es
como el de las jóvenes de su raza, como morada del Espíritu Santo. Y los Padres y los concilios
(Concilio Vaticano II) ha visto que el parto verdadero de María no corrompió, no dañó, su
virginidad, sino que, por el contrario, la sacralizó: qui virginalem eius integritatem non minuit
sed sacravit (LG 57).
16
Pero san Francisco está contemplando, en adoración, la Eucaristía. Y eso dice que es el
misterio eucarístico de la Misa: la bajada del Verbo al seno de María.

La Virgen María, casa de la Eucaristía


La Virgen queda, pues, convertida en Casa del Verbo encarnado. Y Francisco dice que esto
acontece en la Eucaristía.
Pero la Virgen no está presente en la Eucaristía. Así es. Ahora bien, caro Christi, caro
Mariae: la carne de Cristo es la carne de María. Esta sentencia procede de san Agustín y se
refiere a la Encarnación. Nosotros podemos aplicarla a la Eucaristía.
María es
- la casa o palacio de Dios, el tabernáculo de Dios, la vestidura de Dios (Salutación de
Francisco a María), pues Adentro@ de ella está el Dios encarnado:
- Pero sucede que está todavía más adentro. El útero vital no es un simple cobijo de delicadas
paredes; es vida de vida del Hijo. Y esa vida se la ha dado la madre, María.
La Palabra encarnada ha llegado al útero de María. Y lo que aconteció en el instante de la
Encarnación se actualiza en el hoy de la Eucaristía.
Cada día el Espíritu Santo actúa para que en nuestra celebración acontezca el misterio de la
concepción y el parto, no porque se verifique entonces y ahí, sino porque el Verbo de Dios, que
se nos presenta, es el mismo que estuvo en el útero sagrado de la Virgen María.

I
SEGUNDO QUOTIDIE:
VENIT AD NOS IPSE HUMILIS APPARENS

Él mismo, humilde
El humilde. La humildad es forma del amor, y si el amor es eterno y no se consuma, ésa, que
es la humildad sustancial, perdura lo que el amor dura.
En el cielo no existe la humildad, dado que la humildad es figura del tiempo terrenal, la
condición histórica de la Encarnación. En el cielo la humildad será simplemente gloria, sin
envidia (lo cual es victoria total sobre el pecado), y la gloria no será otra cosa sino el esplendor
del amor.
Jesús no adopta dos figuras: la terrena y la posterrena. Jesús hoy en la Eucaristía, que es
remate de la Encarnación, habita Aen humildad@.
En la humildad vino; en la humildad viene.
También habremos de distinguir entre humilde y humillado. No siempre el humilde es el
humillado.
En nuestra experiencia espiritual sentimos que la soberbia es la expresión más dura del
pecado, y que está tan unida al fondo del ser que aparece hasta en las obras espirituales. Somos
soberbios desde dentro, y desde dentro brota la soberbia. La humildad es creación del Espíritu, y
Jesús la lleva consigo desde la concepción por el Espíritu. Es sencillamente humilde, sin más,
porque es Jesús. Y no podría ser que Jesús fuera soberbio, porque eso sería el destrozo de su
identidad.

Él mismo. En la Eucaristía Jesús es Aél mismo@, no otro. A(Es el Señor!@, dijo el discípulo a
quien Jesús amaba (Jn 21,7) junto a Tiberíades, y entonces Pedro se lanzó al agua.
17
Ese encuentro de que Jesús sea él y sólo él ha de llenar nuestro corazón de seguridad, de
grandeza y de paz. Él es él y Yo soy yo; pero, al encontrarme con él, mi Yo de alguna manera se
recubre con el suyo. Y entonces AYo soy yo en él@.
)Adónde aboca la unión espiritual y sacramental, que se da en el encuentro eucarístico?
Adonde Dios quiera. Francisco lo sabía. Por eso aconsejaba Aa todos mis hermanos sacerdotes
que son, y serán, y a los que desean ser sacerdotes del Altísimo@ (CtaO 14): ANada de vosotros
retengáis para vosotros mismos para que enteros os reciba el que todo entero se os entrega@ (CtaO
29).
Él parte de este principio: Aporque sólo El obra ahí como le place@ (CtaO 15; en más reciente
traducción: Apues solamente ahí obra como a él mismo le agrada@, Los escritos de Francisco y
Clara de Asís, de J. Herranz, J. Garrido, J.A. Guerra. Ed. Arantzazu).

Apparens

)De qué aparición está hablando san Francisco? )Es que en la Eucaristía hay una aparición de
Jesús? ADiariamente viene a nosotros él mismo apareciendo humilde@.
Jesús en las apariciones aparecía Afamiliar@, igual que si la vida nueva fuera la Aextensión@ de
la vida anterior. Con ello se quería mostrar que la vida de la Iglesia seguía siendo, sencillamente,
la Avida de Jesús@.
La humildad del protagonista de la Eucaristía no está en la poquedad de los signos ordinarios,
sino en ese Jesús que uno encuentra, cuando ha pasado por la fe y el Espíritu. )Con quién se
encuentra? Con el verdadero, no con otro.
El autor sagrado vio que la Sabiduría de Dios se había mostrado, había aparecido, en la Ley: ADespués apareció
en la tierra y conversó entre los hombres@ (Ba 3,32. En la Neo-Vulgata: APost haec super terram visa est et inter
homines conversata est@; anteriormente en la Vulgata: APost haec in terris visus est et cum hominibus
conversatus est@. Nota: ésta es una de las lecturas de la Vigilia Pascual).
Hay que ir más bien a las apariciones de Jesús, como nos las recuerda san Lucas,
recordando, de golpe, lo ocurrido en los cuarenta días que siguieron a la resurrección:
Aquibus et praebuit se ipsum vivum post passionem suam in multis argumentis per dies
quadraginta apparens eis et loquens de regno Dei@ (Hch 1,3).

Sí, también Jesús en la Eucaristía


- cada día
- viene
- y se nos aparece.
- y se nos aparece en humildad.
Todo esto acontece en humildad; él viene como el humilde.

TERCER QUOTIDIE:
QUOTIDIE DESCENDIT DE SINU PATRIS

Del seno del Padre


En la Escritura san Juan habla de Ael seno de Dios@ (Jn 1,18) y de Ael seno de Jesús@ (13,23;
18
que los traductores, por un pudor que no aceptamos, traducen por Aal lado de Jesús@; aparte, se
habla del Apecho@ y del Acostado@). El seno, pues, es la intimidad.
Jesús baja de la intimidad de Dios... )adónde? Al altar y a las manos del sacerdote.

Al altar y a las manos del sacerdote


Las manos del sacerdote - ya lo sabemos - no tocan a Dios, al Hijo de Dios encarnado, ahora
Eucaristía. Ya lo sabemos, por lo que antes nos ha enseñado san Francisco: los ojos no ven, las
manos no tocan; sólo el Espíritu nos adentra en la santa humanidad de Jesús, que es totalmente
concreta.
Las manos del sacerdote no tocan a Jesús, pero Jesús, sí, está en sus manos. El sacerdote, por
tanto, podrá tocarlo espiritualmente.
Y Jesús está sobre el altar y en las manos del sacerdote. Ahí está delante. Todos los pueden
experimentar, pues para todos ha bajado.

IV
EUCARISTÍA: LA SANTA HUMANIDAD DE JESÚS

Punto de convergencia de todo cuanto hemos expresado: la santa Humanidad de Jesús en la


Eucaristía por medio de la fe.
La Eucaristía nos lleva - como también dirá Francisco de la Palabra - a un punto único: la
santa Humanidad de Jesús.
Pero esto, si es concreto, como lo es, se traduce con otras palabras: la Eucaristía nos lleva a
los cristianos a la experiencia espiritual del cuerpo y de la historia de Jesús. Mi vida y la vida
de Jesús ya caminan juntas, porque el destino es el mismo.
Jesús y yo somos proyecto de Dios: de Dios venimos y a Dios vamos. Caminamos juntos y
hacemos familia; con todos los hombres hacemos familia.
Nada extraño que queramos llegar a esta experiencia justamente día a día...
La Eucaristía, misterio de intimidad, que quiere la paz y el tiempo necesario día a día...

AReleyendo el Magnificat
en perspectiva eucarística@
(Juan Pablo II, EE 58)

Una lectio divina eucarística del Magníficat

Esto nos lo ha enseñado el venerado Juan Pablo II en su encíclica Ecclesia de Eucharistia,


cuando en el capítulo final habla de En la escuela de María, mujer Aeucarística@. En el número
58 dice literalmente:

58. En la Eucaristía, la Iglesia se une plenamente a Cristo y a su sacrificio,


19
haciendo suyo el espíritu de María. Es una verdad que se puede profundizar
releyendo el Magnificat en perspectiva eucarística.
La Eucaristía, en efecto, como el canto de María, es ante todo alabanza y
acción de gracias. Cuando María exclama * mi alma engrandece al Señor, mi
espíritu exulta en Dios, mi Salvador +, lleva a Jesús en su seno. Alaba al Padre *
por + Jesús, pero también lo alaba * en + Jesús y * con + Jesús. Esto es
precisamente la verdadera * actitud eucarística +.

Al mismo tiempo, María rememora las maravillas que Dios ha hecho en la


historia de la salvación, según la promesa hecha a nuestros padres (cf. Lc 1, 55),
anunciando la que supera a todas ellas, la encarnación redentora.
En el Magnificat, en fin, está presente la tensión escatológica de la Eucaristía.
Cada vez que el Hijo de Dios se presenta bajo la * pobreza + de las especies
sacramentales, pan y vino, se pone en el mundo el germen de la nueva historia,
en la que se * derriba del trono a los poderosos + y se * enaltece a los humildes +
(cf. Lc 1, 52).
María canta el * cielo nuevo + y la * tierra nueva + que se anticipan en la
Eucaristía y, en cierto sentido, deja entrever su 'diseño' programático. Puesto
que el Magnificat expresa la espiritualidad de María, nada nos ayuda a vivir
mejor el Misterio eucarístico que esta espiritualidad. (La Eucaristía se nos ha
dado para que nuestra vida sea, como la de María, toda ella un magnificat!

Fray Gabriel Chávez de la Mora, OSB, de la Abadía del Tepeyac, expresa en la


viñeta adjunta el sentido de AEcclesia de Eucharistia 58", dibujo al que añadimos, como
expresión de poesía, una Adécima@.

20
María, pura alabanza,
que se eleva desde el seno,
oh Madre del gozo pleno,
eres liturgia y semblanza
de la Cena, nueva alianza.
Virgen de la Eucaristía,
oh dulce Virgen María,
al vuelo de tu canción
enséñanos la oración
de la Iglesia, día a día

Por Jesús, en Jesús, con Jesús .

Estamos en lo más puro de la esclavitud mariana, devoción que, desde su juventud - como él
lo ha confesado en sus escritos -, ha ungido el alma de Karol Woytila, luego Juan Pablo II. El que
se ha consagrado del todo a María, hace todo Por María, con María, en María y para María.
Pero en esta identificación con el alma de María, bajemos más al fondo. María es
espiritualmente Jesús; y en este momento de su vida, tras la concepción del Verbo, es
biológicamente Jesús.
En su misterio maternal, misterio que hunde sus raíces en la Trinidad, María se encuentra
dulcemente identificada con Jesús. Siendo ella, es Jesús, que en ella vive.
En Cristo Jesús (fórmula que en los escritos paulinos, al menos en los que se catalogaban
como tales, hasta hace unos decenios, aparece una 163 veces, bien sea en esta forma o en sus
variante: Aen él, en el Señor, en el cual...@) Es la clave de la espiritualidad paulina. Para Pablo la
vida es:
21
- ser en Jesús
- vivir en Jesús, y esto en toda clase de direcciones.
Su inmanencia en Jesús y la inmanencia de Jesús en él es la realidad que asume todas las
realidades; es lo más real de su vida. Desde esa realidad construye su apostolado y sus
esperanzas. La resurrección de los muertos, por ejemplo, para él es una evidencia, si acepto
previamente que Jesús muerto ha resucitado. Y de tal manera esto es así, que llega a decir: ASi no
hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó@ (1Co 15,13).
Esta vivencia pasa a ser, en la meditación espiritual del Papa, vivencia similar, por
participación, con María. Alaba al Padre * por + Jesús, pero también lo alaba * en + Jesús y * con
+ Jesús. Esto es precisamente la verdadera * actitud eucarística +.
Si el Señor nos da su gracia, podemos introducirnos en esta intimidad, y entonces, en la
Comunión alcanzamos esta experiencia de fusión, de circulación: Jesús, María, Sacramento y Yo.
Detengámonos en los tres matices. El primero es que María, hecha una cosa con Jesús en su
seno, alaba a Dios, su Salvador, por Jesús, esto es por mediación de Jesús. Para ella, como para
nosotros, Jesús es el final de la oración: Por Jesucristo, nuestro Señor. Es el único cauce por el
que sube y desciende la gracia del Padre. En la Sagrada Comunión ella está y ella desaparece en
ese Apor Jesús@, por Jesucristo nuestro Señor.
También María alaba a Dios con Jesús. Jesús es el sacerdote Alaudator@; Jesús, el oferente.
María se adhiere, y la ofrenda de María, como oración y como oblación, no es otra que la ofrenda
de Jesús: con Jesús.
Finalmente, es en Jesús, que es la forma simple de la vida, la forma como resumen de todo lo
demás. María, al ser Aen Jesús@, acepta que su personalidad quede asumida en la personalidad del
Hijo.
Estas consideraciones, obviamente, son de orden espiritual y místico, y solo la gracia del
Espíritu Santo les puede dar sentido y concreción en nuestra vida.

La interiorización psicológica de la comunión

Bien sabemos que la vida espiritual, siendo vida de fe, no está sometida al Apsicologismo@.
Sería error calibrar la calidad de nuestra fe por razón de las emociones que en nosotros produce
esa fe.
Y, con todo, la fe existe en el Yo concreto, que soy yo, y que tengo unos medios, y no otros,
de recepción del misterio y de percepción del mismo.
El misterio recae en la totalidad del Yo, y el Yo (que ciertamente es muy misterioso desde
cualquier punto de vista), es el sujeto bullente de la psicología. La psicología es nuestra riqueza
personal, y la meditación trabaja, conscientemente, el yo psicológico.
Aplicado este criterio a la recepción de la Eucaristía en al Comunión )qué resulta?
Que la Eucaristía, misterio transcendente y total que incide en el yo psicológico, requiere,
para ponerse cara a su interioridad, un medio adecuado, a saber:
- un tiempo adecuado (resultando, al parecer, insuficientes esos dos minutos que uno se puede
permitir en un silencio eucarístico de acción de gracias),
- clima externo adecuado: silencio, no música, recogimiento,
- clima interno derivado de la fe: la atención amorosa al Espíritu que es quien lleva nuestros
corazones.
Si el corazón se ha de impregnar de una presencia, este trance amoroso hemos de cultivarlo
con el mimo de dos enamorados.

22
La oración eucarística de María inserta en la historia de la salvación

La Eucaristía acontece en el punto culminante de la historia de la salvación, y María, en su


oración contemplativa que rememora esta historia, se sitúa en este punto de su Hijo, evocando la
promesa hecha a Abraham. La promesa hecha a Abraham
- fue promesa a Abraham,
- fue promesa a su descendencia,
- fue promesa para siempre.
Estamos en el Asiempre@ de Dios, que en Jesús adquiere su cumplimiento.
María no está en la promesa, sino en el cumplimiento, y la Eucaristía - la que nosotros
celebramos, la que, con otro signo, cantó María - no está en la Promesa, sino en el cumplimiento,
porque la Eucaristía es Ala nueva y eterna Alianza@.
Impulsados por María percibimos que nuestra oración es siempre oración histórica, porque
está narrando la historia de Dios, en esta hora culminante - la hora de Jesús - que nos ha tocado
vivir.

La anticipación de los acontecimientos escatológicos

Jesús nos ha mandado celebrar su Cena hasta su vuelta. Toda celebración eucarística está
abierta a la vuelta del Señor. Es la celebración suprema de la esperanza, como bien sabemos que
es la celebración suprema de la fe y del amor.
María nos introduce en el teatro dramático del fin, que ha pintado con fantasía, y con
omnímoda libertad imaginativa, el mismo Jesús.
La ofrenda del sacrificio está anunciando el fin.
La Gran Batalla, que la ha anunciado san Pablo y el Apocalipsis, una batalla de la que
sabemos previamente que va a ser ganada por el Cordero inmolado, la Gran Batalla que
convulsiona cielo y tierra (y que, de alguna manera, recoge todo el grupo dramático de los salmos
que piden a Dios el triunfo del bien sobre el mal), la oímos sonar como victoria en los labios de
María:
- el derrocamiento de los Poderosos,
- y, en su lugar, la exaltación de los Humildes.
María, en el misterio de su divina concepción, reconoce los sucesos finales de la historia, la
escatología que va a coronar la historia de salvación, esencialmente entreverada con la historia
humana. María es de los Ahumildes@, ha gemido, y ha sido exaltada sobre los ángeles.
Si estos versículos se han utilizado como versículos reivindicadores, y como versículos
principales de apoyo para la Teología de la Liberación, hemos de decir que, más bien, María,
lanzando su mirada hasta el fin, lo que canta es el triunfo escatológico en la Gran Batalla de su
Hijo.
La Eucaristía nos está anunciando sacramentalmente este mundo nuevo. El amor infinito que
ha irrumpido se transformará en la victoria del Hijo y en la creación del Mundo Nuevo y de la
Tierra Nueva. AEntonces el que estaba sentado en el trono dijo: Mira que hago un mundo nuevo@
(Ap 21,5)

Final meditativo

APuesto que el Magnificat expresa la espiritualidad de María, nada nos ayuda

23
a vivir mejor el Misterio eucarístico que esta espiritualidad. (La Eucaristía se nos
ha dado para que nuestra vida sea, como la de María, toda ella un Magnificat!@

5
La esencia de la lectio:
al Padre - por Cristo - en el Espíritu

I
ACLARACIONES SOBRE LA LECTIO

Evitar malentendidos: distinguir entre momentos y dimensiones internas de la lectio

1. La Lectio divina es un modo espiritual de acercarse a la Sagrada Escritura, y en ella a


Dios.
Ese Amodo@ puede hacer por un Amétodo@. Método (en griego Ameta-odos@) significa: según
camino, de acuerdo a un camino, con una camino.
Pero )cuál es ese camino?
El camino puede ser exterior e interior.

2. El camino exterior es la Atécnica@. La técnica de la lectio divina se desarrolla en diversos


momentos. Estos momentos se han formulado de distinta manera. Una manera concreta es ésta,
difundida en los volúmenes de:
GIORGIO ZEVINI Y PIER GIORDANO CABRA (editores), Lectio divina para cada día del año (15
volúmenes). Editorial verbo Divino, año 2000 y siguientes.

Después de invocar al Espíritu:


1. Lectio: Lee la Palabra de Dios.
2. Meditatio: Medita la Palabra de Dios.
3. Oratio: Ora la Palabra de Dios.
4. Contemplatio: Contempla la Palabra de Dios.
5. Actio: Actúa y conserva la Palabra de Dios.

Estos son los cinco momentos, o cinco pasos, expuestos en esta obra para recoger cada día las
lecturas de la misa.
Esto es un método, una técnica, un procedimiento, una pedagogía, un itinerario práctico.

Pero la esencia de la lectio divina no está ahí.


La esencia está en el encuentro del creyente con el Dios vivo y verdadero, operado por la
Palabra, que es sacramento de una presencia, y por la Palabra.

24
La esencia está en ese acontecimiento que tiene las tres dimensiones trinitarias, por cuanto
que en él actúa el Espíritu, el Hijo y el Padre.
Es igualmente válido emplear otro procedimiento para llegar a la misma realidad viva y
vivificante.
El protagonista de la lectio es Dios; y el receptor es el creyente que ora.

La esencia en el sacramento de la Palabra, que contiene la acción divina de la Trinidad

Tenemos que explicar qué es la Palabra como sacramento de una Presencia.

1. Todas las acciones de Jesús tiene un carácter sacramental:


- son acciones históricas, visibles y concretas;
- pero con un contenido interno que transciende a su ser histórico:
C Son Atranstemporales@: transcienden al tiempo concreto en que están realizada y llegan
hasta nosotros.
C Son Atransespaciales@: el espacio en que acontecieron no las confina de tal manera que
queden solo en él.
C Son Atransmateriales@: pues la materia mundana no puede recoger todo el contenido que
las embarga.

2. Los Apóstoles entregaron a las Comunidades la vida de Jesús (hechos y palabras) mediante
- la Predicación (revelación y normas de vida)
- y la Celebración.
Y esto es lo que permanece y se nos da por la acción pascual de Cristo, que actúa como
Evangelio eterno.
No nos admiremos de que el mismo Ahecho@ de la vida de Jesús se nos transmita con palabras
muy distintas, sean los Sinópticos quienes nos lo narren o sea Juan. No nos admire que los
evangelistas nos digan no sólo lo que Jesús dijo, sino lo que quiso decir, incluso lo que pudo
decir aunque no lo dijera..., porque, en definitiva, narran lo que Jesús está diciendo.
El aspecto sacramental de la vida de Jesús es un acontecimiento permanente, que está en la
Iglesia, y que se infunde
- en la Palabra
- y en la Celebración.
Palabra y Celebración componen una realidad inseparable.

Pero además en la intimidad invulnerable de cada cristiano - llamado cristiano porque está
injertado Aen Cristo@, porque es, por definición, un en Cristo Jesús, se opera el mismo
acontecimiento sacramental. El cristiano existe Aen Cristo y en la Iglesia@ y la Palabra acontece
en él como sacramento de una Presencia.
Yo ante Dios, cerrada la puerta, entro en contacto, comunicación y comunión de una
Presencia, que es Jesús mismo, plenitud de toda la revelación, Evangelio del Padre.

Y la Biblia, soporte de la lectio divina, se me convierte en una Presencia sacramental. Dentro


de esa Presencia sacramental, el Espíritu toma la iniciativa y guía la obra de Dios. La Palabra,
entonces adquiere una dimensión triple, que es la dimensión trinitaria.

La acción del eso, la acción del Hijo y la acción del Padre


25
1. El Espíritu es el orante
Según san Pablo (Rm 8,26-27):
- nosotros no sabemos, es decir, no podemos;
- Apero el Espíritu mismo intercede por nosotros [y en nosotros] con gemidos inefables
[inexpresables], y el que escruta los corazones [Dios Padre] conoce cuál es la aspiración del
Espíritu, y que su intercesión a favor de los santos es según Dios@.
Y entonces se alcanza la oración perfecta.
Una ilustración clara es lo que hemos visto en Lectio divina 2 y 3 sobre el Cuerpo de Cristo,
cuando Francisco pone al Espíritu como sujeto receptor del Cuerpo de Cristo en nosotros.

2. El Hijo, el misterio del Hijo, es el contenido revelado


Jesús, el Hijo, es la historia de Dios en el mundo, que tuvo su relato visible en la vida terrestre
del Señor. Hoy continúa la Ahistoria de Jesús@ desde el cielo, como Señor.
Jesús, si está vivo, es porque tiene historia, y esta historia se nos está revelando; mejor
dicho, se me está revelando hoy y a mí.

3. El Padre es la plenitud, la acogida, la corona de mi oración


En la oración, o encuentro, acontecimiento trinitario en mí, el Padre, que es origen, es la
culminación. El Padre es la paz, es la aprobación, es la seguridad, es el futuro; es el Todo, es el
descanso, es la unidad, es el transentido de todo, es el perdón y la perfección, es... mi Dios.
(Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo!

II
EL PREDICADOR CRISTIANO

San Agustín es el Predicador cristiano, y en la acción litúrgica, sin técnicas de lectio divina,
está inmerso en la Escritura y paseándose por ella, sobre el soporte de las palabras de un salmo,
con este espíritu sacramental y unitario que decimos.
Como muestra véase la Alectura eclesiástica@ suya que hemos escuchado hoy (segunda lectura
de maitines), miércoles de la semana XXXII del tiempo ordinario.

De los Sermones de san Agustín, obispo


(Sermón 21, 1-4: CCL 41, 276-278)

EL CORAZÓN DEL JUSTO SE GOZARA EN EL SEÑOR

El justo se alegra con el Señor, espera en él, y se felicitan los rectos de corazón. Esto es lo
que hemos cantado con la boca y el corazón. Tales son las palabras que dirige a Dios la mente y
la lengua del cristiano: El justo se alegra, no con el mundo, sino con el Señor. Amanece la luz
para el justo Cdice otro salmoC, y la alegría para los rectos de corazón. Te preguntarás el
porqué de esta alegría. En un salmo oyes: El justo se alegra con el Señor, y en otro: Sea el Señor
tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón.
)Qué se nos quiere inculcar? )Qué se nos da? )Qué se nos manda? )Qué se nos otorga? Que
nos alegremos con el Señor. )Quién puede alegrarse con algo que no ve? )O es que acaso vemos
al Señor? Esto es aún sólo una promesa. Porque mientras vivimos estamos desterrados lejos del
Señor y caminamos sin verlo, guiados por la fe. Guiados por la fe, no por la clara visión.
)Cuándo llegaremos a la clara visión? Cuando se cumpla lo que dice Juan: Queridos hermanos,
26
ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se
manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
Entonces será la alegría plena y perfecta, entonces el gozo completo, cuando ya no tendremos
por alimento la leche de la esperanza, sino el manjar sólido de la posesión. Con todo, también
ahora, antes de que esta posesión llegue a nosotros, antes de que nosotros lleguemos a esta
posesión, podemos alegrarnos ya con el Señor. Pues no es poca la alegría de la esperanza, que ha
de convertirse luego en posesión.
Ahora amamos en esperanza. Por esto dice el salmo que el justo se alegra con el Señor. Y
añade en seguida, porque no posee aún la clara visión: y espera en él.
Sin embargo, poseemos ya desde ahora las primicias del Espíritu, que son como un
acercamiento a aquel a quien amamos, como una previa gustación, aunque tenue, de lo que más
tarde hemos de comer y beber ávidamente.
)Cuál es la explicación de que nos alegremos con el
Señor, si él está lejos? Pero en realidad no está lejos. Tú eres el que hace que esté lejos.
Ámalo y se te acercará; ámalo y habitará en ti. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa
alguna. )Quieres saber en qué medida está en ti, si lo amas? Dios es amor.
Me dirás: *)Qué es el amor?+ El amor es el hecho mismo de amar. Ahora bien, )qué es lo que
amamos? El bien inefable, el bien benéfico, el bien creador de todo bien. Sea él tu delicia, ya que
de él has recibido todo lo que te deleita. Al decir esto, excluyo el pecado, ya que el pecado es lo
único que no has recibido de él. Fuera del pecado, todo lo demás que tienes lo has recibido de él.

III
EJERCICIO
(OH DIOS, TÚ ERES MI DIOS, POR TI MADRUGO!
Deus, Deus meus es tu, ad te de luce vigilo
(Salmo 62,2; salmo dominical)

NOTA. El mismo contenido pasa a ser método de oración; es decir, no avanzamos por cinco pasos (lectio, meditatio,
oratio, contemplatio, actio), sino que de repente vamos al centro, y puestos en el centro, rodeamos en espiral: 11 el
Espíritu, 21 el Hijo, 31 el Padre, y todo ello, según Dios lleve.

Primera órbita: El Espíritu en nosotros


Está orando el Espíritu. Está narrando ante el Padre una historia. Perdámonos en esa historia
que sólo el Espíritu sondea, posee y penetra.
Es la historia de la humanidad entera que gime ante Dios. El gemido no acaba de salir de
nosotros, pero el Espíritu sí lo ha escuchado, lo está escuchando, lo está consagrando para
llevarlo al Padre. Todo el devenir humano es un inmenso dolor, un inmenso anhelo, un inmenso
gemido. Ese caudal atraviesa la humanidad.
Yo mismo soy un gemido: de dolor y de amor. No me sé, no me entiendo; pero el Espíritu sí
me sabe.
Se trata de escuchar, en oración, los misteriosos gemidos del Espíritu.

Segunda órbita: El Hijo


En este anhelo palpita la vida del Hijo. )Quién es él? Jesús de Nazaret. Lo veo y lo
contemplo: Jesús, el Buscador de Dios, el Anhelante del Amor, el Abierto a la muerte en
búsqueda del hombre. Es él, y su identidad es única en el mundo.
27
Jesús en la cruz muere diciendo: Elí attáh, Ami Dios tú@: Tú eres mi Dios.
hT'0a; yliîae
(Y los circunstantes pensaron que llamaba a Elías).
En ese AMi Dios Tú@ está todo Jesús: su vida es del Padre. AYo y el Padre somos uno@ (Jn
10,30).

Tercera órbita: El Padre recoge todo


Reine la paz, reine el amor. En esta historia de sufrimiento y anhelo Dios está. Todo remata
en Él. Todo queda volcado en Él. Dios es firmeza.
Los anhelos fluyen y refluyen, y todos vienen a desembocar en Dios. El Padre se
responsabiliza de todo. Todo descansa en Él.

Meditatio vitae: Del sumo gozo y dolor de Cristo


El martirio de los cristianos
(Lucas 21, 5-28)

Hemos visto en el número anterior (Lectio divina 5: Las tres dimensiones de la oración cristiana)
cómo la Alectio divina@ se puede hacer colocándose el que medita en una perspectiva trinitaria:
- Primera órbita: El Espíritu en nosotros, quien activa la oración con gemidos inefables, según el
agrado del Padre.
- Segunda órbita: El Hijo, que, como revelación de Dios, es el misterio contemplado.
- Tercera órbita: El Padre recoge todo, remate de nuestra oración.
Sobre el criterio afirmado de que la Alectio divina@ no tiene de por sí un método único, veamos ahora
la Alectio@ como desarrollo de un mensaje cristiano unitario partiendo de un texto de la Escritura. Sería
una especie de Alectio divina temática@.
Desarrollamos dos puntos diversos, puestos en el título de esta hoja.

Meditatio vitae: Del sumo gozo y dolor de Cristo

Por tres días consecutivos en esta semana final del año eclesiástico (martes, miércoles, jueves)
leemos el Discurso de Jesús sobre Jerusalén, tomado de Lucas 21,5-28. Asumimos este
Discurso como la Meditación sobre la vida que hace Jesús.

I
LAS LÁGRIMAS QUE PRECEDEN

Un corazón doliente
El discurso de Jesús tiene estas características ambientales. No es un discurso repentino,
28
aunque, de pronto, en la redacción aparezca como un discurso ocasional, a propósito de unos
comentarios sobre las hermosas piedras y las ofrendas votivas que adornaban el templo.
Es un discurso de Semana Santa, fraguado en medio del dolor que embarga su alma, y está
enlazado con todos los sucesos que se van desarrollando esos días. Muy particularmente las
lágrimas de Jesús, en la bajada de Jerusalén, frente a las murallas de la ciudad, revelan el drama
que vive su corazón.
A esta escena sigue, tras la entrada triunfal, la expulsión de los vendedores (Lc 22,45-46), y
los discursos polémicos que llenan el capítulo 20 del mismo evangelista (autoridad de Jesús,
viñadores homicidas, tributo debido al César, resurrección de los muertos, hijo y señor de David,
juicio contra los escribas y fariseos); inmediatamente antes del Discurso sobre Jerusalén está la
escena de la viuda pobre que ha dado al Templo Atodo lo que tenía para vivir@ (21,4).
Jesús es un corazón doliente en este momento cimero de su vida. El dolor sangra en sus
palabras.

Las lágrimas
Las lágrimas de Jesús nos introducen en el umbral de su misterio. El Nuevo Testamento ha
presentado tres escenas de lágrimas de Jesús: Lloró cuando la muerte de su amigo Lázaro. AJesús
derramó lágrimas. Los judíos entonces decían: Mirad cómo le quería@ (Jn 11,35-36). Jesús
ofreció Aruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte@
(Hb 5,7), lágrimas que obviamente podemos interpretarlas de un llanto de Jesús en el Huerto de
los Olivos, donde su sudor cayó al suelo como gotas de sangre. A estas dos escenas de lágrimas
se une la que comentamos: AAl acercarse y ver la ciudad, lloró por ella@ (Lc 19,41).
Pero Jesús ha presenciado en su vida muchas lágrimas. En su nacimiento hubo lágrimas de
corazones desgarrados: AEs Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolase porque ya no
existen@ (Mt 2,18; Jr 31,15). Jesús vio llorar a la mujer que había perdido a su hijo único y lo
llevaban a enterrar: AAl verla, el Señor tuvo compasión de ella y le dijo: No llores@ (Lc 7,13). El
milagro de Jesús aparece más como el milagro para la madre que milagro para el hijo; milagro
por unas lágrimas de la piedad de aquel que en este Evangelio por vez primera es llamado Ael
Señor@.
Lágrimas de funeral también vio Jesús en la casa de Jairo: AObserva el alboroto: unos que
lloraban y otros que daban grandes alaridos@ (Mc 5,38). A aquella niña muerta Atodos la
lloraban y se lamentaban@ (Lc 8,52).
Vio llorar a mares, de ternura y agradecimiento, a la pecadora arrepentida, a aquella mujer
que con un frasco de alabastro de perfume, puesta detrás de los pies del maestro, Acomenzó a
llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba
sus pies y los ungía con el perfume@ (Lc 7,38). Jesús no cortó aquellas lágrimas, que habría sido
lo mismo que rechazar el perfume. Las lágrimas eran caudal de amor.
Jesús contempló lágrimas de dolor en el camino de su muerte. ALe seguía una gran multitud
del pueblo y de mujeres que se dolían y se lamentaban por él@ (Lc 23,27). Sin duda que Jesús
quedó muy conmovido y agradecido por aquellas lágrimas, pero Jesús llevaba por dentro otras
lágrimas que las expresó al decir: AHijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por
vosotras y por vuestros hijos@ (Lc 23,28).

In hac lacrimarum valle


Jesús tiene experiencia personal de lo que es la vida como Avalle de lágrimas@. Sus lágrimas lo
humanizan hasta ponerlo a ras de todos los mortales. Ha podido experimentar que el gozo y las
29
lágrimas son pan del hombre viandante, y ha podido ver en su propia carne que un hombre sin
lágrimas sería un hombre de otro planeta que no existió, de otra historia que nunca fue.
Pero sus lágrimas, sin dejar de ser nuestras, son lágrimas de Dios, y dan al drama humano
unas dimensiones que exceden toda experiencia.
Las lágrimas son indicio de que una membrana sutil se rompe, de que la impresión que nos
sobreviene es superior a la capacidad normal o habitual de nuestros sentimientos. Ahora bien, esa
capacidad normal o habitual es diversa según las personas y el estado en que se encuentran. Las
lágrimas de Jesús son las lágrimas de su santísima humanidad, en la cual está Dios en persona.
Revelan que Dios llora por el hombre, que la causa que las produce es proporcionada al dolor de
Dios y también a la ternura de Dios.
El Dios de las lágrimas no es otro que el Dios del gozo (Lc 15,7.10), y habrá que sondear los
sentimientos divinos para ver hasta qué grado el Dios infinito que se goza comparte hasta niveles
ignorados las lágrimas del drama humano.

II
EL DRAMA DE JESÚS ANTE EL MURO DEL TEMPLO
Y EL GOZO ÚLTIMO DE SU PERSONA

Nuestros hermanos hebreos frecuentan a diario el Muro Occidental del Templo y oran con
esperanza y acaso lloran en este también llamado AMuro de las Lamentaciones@. Todavía
permanecen en las bases piedras gigantescas de seis y ocho metros de largo de la construcción de
Herodes el Grande. En este Templo, en el interior del atrio, Jesús lloró. No lo dicen los
Evangelios, pero es patente que Jesús lloró en su corazón, cuando pronunció el dramático
vaticinio de la destrucción. Lloró como había lloraba algún día antes bajando del Monte de los
Olivos y contemplando la muralla oriental de la ciudad y junto a ella el Templo.

Estas piedras
Jesús contempla una hermosura, Adelicia de los ojos@. AHijo de hombre, voy a quitarte de
golpe el encanto de tus ojos. Pero tú no te lamentarás, no llorarás, no te saldrá una lágrima. (...)
Yo hablé al pueblo por la mañana, y por la tarde murió mi mujer. (...) Di a la casa de Israel: Así
dice el Señor Yavé: He decidido profanar mi santuario, orgullo de vuestra fuerza, encanto de
vuestros ojos, pasión de vuestras almas@ (Ez 24,16-21).
Cierto que para Jesús el Templo era el signo esplendente de la Alianza sagrada. Y ahora
Jesús, de una manera brutal - digamos con respeto - dice que de este Templo no va a quedar
piedra sobre piedra. )Cómo incide esto en su sensible corazón? Si hoy viéramos que la Basílica
de San Pedro y los Palacios del Vaticano quedan, de repente, arrasados y pulverizados por una
incursión terrorista, la Biblioteca, las obras de arte, tesoros de la humanidad..., )asumimos
semejante hipótesis, que haría repensar de nuevo, tras siglos y siglos, la figura del Papado en la
Iglesia? Teológicamente diríamos que da igual; pero la Iglesia jerárquica, renacida de las cenizas,
y en una extrema pobreza, tendría que sentarse a pensar con humildad: )Cómo debe ser mi
imagen en medio del mundo?
Trasladémonos al mundo espiritual de los judíos para escuchar esta Ablasfemia@ (así
conceptuada en el proceso) de labios de Jesús. Todo esto va a ser destruido...
Cualquiera puede entender que Jesús está anunciando no simplemente la pérdida de un bien
precioso, sino una hecatombe en el judaísmo. Por eso, de repente, el escenario de la destrucción
se mezcla con un escenario escatológico en que todo queda convulsionado.
30
El remate de su vida como fracaso
Su muerte violenta es presagio de la muerte violenta del Templo y de su pueblo. Jesús está
anunciando no una conversión, sino un fracaso.
Y ese fracaso de su pueblo ante Dios, el Dios único de la fe de Abraham, de Isaac y de Jacob,
es parte de su vida. Su vida termina abruptamente, brutalmente y no es coronada por lo que
podría pensarse que es el curso normal de la existencia que declina suavemente, habiendo
cumplido la propia misión. Este esquema no fue el esquema de la vida de Jesús. Jesús tuvo un fin
injusto y brutal. Su vida terminó en fracaso, no alcanzando, por los medios naturales, el objetivo
para la que estaba destinada.
En estas condiciones )habrá de quedar la vida de Jesús como pauta de la vida cristiana?
Se derrumba el Templo, pero )se derrumba también la conciencia de Jesús? )Por qué su vida,
fuera de lo que tendría que ser, ha de terminar humanamente en un fracaso?
Esto no lo ocurrió a Pablo, que fue martirizado, sí, pero a una edad avanzada. Ni le ocurrió tal
infortunio, tan rápido, a ninguno de los apóstoles. El primer decapitado fue Santiago, hermano de
Juan algún tiempo antes de la muerte de Herodes Agripa I (que muere en la primavera del año
44). (Nota: el protomártir cristiano es Esteban, hacia el año 33; la muerte de Jesús se piensa que
fue el año 30; muerte de Esteban en ese Aciclo@ de persecución que se ha desatado en los primeros
acontecimientos cristianos).

Penetrando en el alma de Jesús


El lector iluminado del Evangelio tiene que leer en una única vivencia:
- la destrucción del Templo, 40 años después de que fuera pronunciada la profecía (año 70 de
la Era cristiana);
- la propia muerte de Jesús, que va ligada internamente a la muerte de mi pueblo;
- los sucesos escatológicos que rematan la vida del pueblo de la Alianza;
- los sucesos escatológicos que terminan con este mundo para dar lugar al mundo que viene;
- y la venida gloriosa del Hijo del hombre.
Sin esta fusión mística de realidades, que habitan en el alma de Jesús, será difícil, o más bien
imposible, leer el texto que se nos brinda para estos tres días de la semana final del año
eclesiástico.
Caemos literalmente dentro del misterio de la vida de Jesús. Pero acaso desde aquí comience
a iluminarse poco a poco el misterio de nuestra vida, y de cierta manera análoga el misterio de
descomposición cristiana que contemplamos en ciertas áreas de nuestro panorama. También yo
puedo contemplar que mi vida está ante un muro que se va desmoronando... Es Ami realidad@ -
sea cual sea la realidad total de la Iglesia - y esa realidad mía necesita unas claves de
interpretación espiritual convincente, no evasiva.

El drama de Jesús: la vida de Jesús es dramática


El final no deseado, producto de una fuerza que se impone a la buena voluntad de los que
confían en Dios, hace que la corta vida de Jesús tenga un carácter dramático. Observamos que
Jesús no lo ha evitado; más bien, de alguna manera, lo ha provocado.
Observamos igualmente que Jesús funde su muerte con el destino de su pueblo, y su muerte
es la asunción del dolor de su propio pueblo.
La vida de Jesús )es dramática o es gozosa? )Cuáles son exactamente los componentes de su
espiritualidad, si así podemos hablar?

31
Habrá que afirmar, trayendo a este planteamiento la inspiración fundamental que inspira el ser
de Jesús, que
- Jesús agota, en su ser, el drama humano del fracaso,
- y que, simultáneamente, agota el gozo humano, por su unión con el Padre.
No se trata de un mitad y mitad de su vida, como si la mitad de ella fuera una consagración al
dolor y la otra mitad una consagración al gozo. Jesús habita en el sumo dolor y en el sumo gozo.
Esta va a ser la clave de la mística cristiana.
Pero esta doble vivencia tiene que tener un punto de unidad y de cohesión, y tal punto
supremo de cohesión no es dolor, sino el gozo como triunfo del amor. Es decir, ha sido grande
como el mar su dolor; pero ha sido mayor, como el cielo, el gozo que le ha embargado.

La Eucaristía, como misterio pascual, más allá del drama de dolor, y sello del triunfo de
Jesús
Jesús en la Última Cena entrega su vida en el misterio pascual, que se abalanza inminente y
que ya ha comenzado. Jesús acepta todo el drama, sin ahorrar una gota de dolor, pero, al mismo
tiempo, acepta el triunfo de Dios, que está escondido en su propia muerte voluntaria.
Y entrega a la Iglesia la Eucaristía como un secreto manantial de su gozo triunfal. La vida de
Jesús, cortada en la plenitud, no termina ahí, porque se hace Eucaristía, y en la Eucaristía Jesús
pascual concluye lo que en la vida no pudo hacer. La Eucaristía enraíza la persona de Jesús en el
mundo y es el logro de sí mismo. La Eucaristía es el misterio abierto a las dimensiones
desconocidas del misterio de Jesús.
Es el triunfo del amor, en espera de la vida inmortal. (Aleluya!

32
El martirio de los cristianos
(Sobre el Evangelio del miércoles de la misma semana:
Lc 21,12-19)

12 Sed ante haec omnia inicient vobis manus 12 * Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os
suas et persequentur tradentes in synagogas et perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles
custodias, et trahemini ad reges et praesides y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi
propter nomen meum; nombre;
13 continget autem vobis in testimonium. 13 esto os sucederá para que deis testimonio.
14 Ponite ergo in cordibus vestris non 14 Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar
praemeditari quemadmodum respondeatis; la defensa,
15 ego enim dabo vobis os et sapientiam, cui 15 porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría
non poterunt resistere vel contradicere omnes a la que no podrán resistir ni contradecir todos
adversarii vestri. vuestros adversarios.
16 Trademini autem et a parentibus et 16 Seréis entregados por padres, hermanos,
fratribus et cognatis et amicis, et morte parientes y amigos, y matarán a algunos de
afficient ex vobis, 17 et eritis odio omnibus vosotros,
propter nomen meum. 17 y seréis odiados de todos por causa de mi
18 Et capillus de capite vestro non peribit. nombre.
19 In patientia vestra possidebitis animas 18 Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza.
vestras. 19 Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras
almas.

Antes de esa hecatombe, que Jesús describe con rasgos apocalípticos, va a sobrevenir una
gran persecución. La persecución con los sufrimientos que comporta va afectar a todos; y de
entre todos habrá algunos mártires. )Cuál es la idea del martirio cristiano que de aquí
podemos extraer?

El deseo del martirio es uno de los temas fundamentales de la espiritualidad de san Francisco.
Véase: 1C 55-57; 2C 30 152; LM 9,5-6.9; 13,2; EP 48. En su caso, Dios suplió el martirio por las
Llagas: 1C 107; LM 9,9.
En este pasaje de la Escritura tenemos una teología del martirio que se origina de las mismas
palabras de Jesús, refrendadas por su ejemplo. He aquí algunos puntos principales.

1. En el centro del martirio está el Nombre de Jesús, expresión que sustituye la realidad del
Nombre de Dios. El Nombre de Dios es Dios mismo. El cristiano va a sufrir persecución y
martirio por motivo de Ael Nombre de Jesús@, la Persona de Jesús. No es simplemente Apor causa
de él@, sino de modo directo por Jesús en persona. El martirio es un homenaje a la persona de
Jesús.

2. Jesús se responsabiliza personalmente de estar presente en el martirio, porque va a ser él


quien va a dar Aboca y sabiduría@ (os et sapientiam) para hablar lo que haya que decir, de modo
contundente. En otro lugar el mismo san Lucas mencionará al Espíritu Santo: ACuando os lleven
a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os
33
defenderéis, o qué diréis, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que
conviene decir@ (Lc 12,11-12).

3. La palabra martirio la encontramos en labios de Jesús, cuando dice: Aesto os sucederá para
que deis testimonio@ (versículo 13: in testimonium, eis martyrion). Martirio es, por excelencia, el
testimonio en favor de Jesús, Hijo de Dios (el Nombre de Jesús) en circunstancias extremas que
llevan a la muerte. Los mismos padres, hermanos, familiares van a ser quienes lleven al discípulo
al martirio. El testigo, al aceptar dar su testimonio, se convierte, como testigo, en mártir.

4. Pero sólo algunos de vosotros son escogidos para el martirio con muerte. Esto es Ala
gracia del martirio@, que el Señor concede a algunos de en medio de la comunidad. Los mártires,
que muchas veces son fortuitos con respecto a toda la comunidad, son la primicia de la
comunidad ante Dios. Nadie merece esta gracia, sino aquel que es escogido por Dios de entre
aquellos a quienes ha dado también la gracia de Asufrir por su Nombre@ (gaudentes... quoniam
digni habiti sunt PRO NOMINE contumeliam pati: AEllos marcharon de la presencia del Sanedrín
contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el Nombre@. Hch 5,41).
Nuestros hermanos mártires merecen el sumo honor en la comunidad cristiana, pero todos, sin
excepción, debemos estar preparados para recibir esta gracia, si el Señor quiere dárnosla. El
testimonio (martyrion) de Jesús debemos darlo de modo completo, y dejar libremente su elección
para aquellos que el Señor quiera.

7
Pórtico de Adviento
(Aspiciens a longe)
I
DESDE UN SACRAMENTO DE BELLEZA Y ACCIÓN

Aspiciens a longe

En los antiguos usos monásticos se llamaba el primer domingo de Adviento Ad te levavi, por
el comienzo del Introito que suena así: AAd te levavi animam meam, Deus meus in te confido,
non erubescam. Neque irrideant me inimici mei, etenim universi qui exspectant te con confun-
dentur@ (Ps 24,1).
Se llamaba también Domingo Aspiciens a longe (Mirando de lejos), por el singular
responsorio del Oficio Nocturno, hoy Oficio de lectura.
Excelentes músicos han puesto música y órgano a este responsorio. Así el coral de Jacob
Handl (1550-1591), monje cisterciense, nacido en Eslovenia, muerto en Praga. Compuso AOpus
musicum@ (1577) con motetes latinos de textos litúrgicos para el curso del año litúrgico,
comenzando en el primer domingo de Adviento.
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El responsorio del Oficio de lectura, que sigue a la segunda lectura (lectura eclesiástica) dice
así:

Responsorio

R. He aquí que veo venir a lo lejos el poder de Dios y una niebla que cubre toda la tierra. * Id a
su encuentro y preguntadle: * *Dinos si tú eres el que esperamos, * el que ha de reinar en el
pueblo de Israel.+
V. Plebeyos y nobles, ricos y pobres,
R. Id a su encuentro y preguntadle:
V. Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como a un rebaño:
R. Dinos si tú eres el que esperamos.
V. (Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria.
R. El que ha de reinar en el pueblo de Israel.
V. He aquí que veo venir a lo lejos el poder de Dios y una niebla que cubre toda la tierra. * Id a
su encuentro y preguntadle: * *Dinos si tú eres el que esperamos, * el que ha de reinar en el
pueblo de Israel.+

Poesía, música y drama


La liturgia tiene entraña sacramental. Su ser, su contenido
S pertenece a un mundo de realidades divinas
S a las que accedemos desde la fe aquí en la tierra a través del signo. El signo es la
Aacción@, que puede expresarse de múltiple modos:
S el primero es la Palabra,
S el segundo es el canto,
S el tercero es la expresión corporal.
En todo ello se realiza la belleza: es bella la palabra, es bello el canto, es bella la expresión
corporal. Es bello el espacio, es bella la pintura, es bella... la Corona de Adviento.
Y más al fondo de todo, es bella la vida misma, como soporte del misterio.
Recientemente los capuchinos hemos hablado de la Abelleza de la minoridad@.

Es bella la oración. )Por qué es bella? Porque lo más bello del mundo creado es el amor,
como lo más bello de Dios es su propio amor, hasta poder decir: (Dios es amor!
La oración no es otra cosa que un encuentro de amor.
La Alectio divina@, que es lo que nos ocupa en estas reflexiones, es un encuentro de amor,
sobre la base de la Palabra. La Palabra gustada y paladeada como dulzura de Dios es el ejercicio
de la lectio divina.

)Cabría una Alectio drammatica@ de la Escritura?


El ser humano tiende a dramatizar sus pensamientos y a expresar sus vivencias íntimas con
todos los recursos de su ser.
Cabría, pues, una lectio:
- en una danza espiritual,
- en un canto de amor,
- en una armonía colectiva de unidad anhelante hacia Cristo.
De alguna forma lo sugieren la Alectio@ de los salmos. Y acaso sea una Alectio@ del corazón de
35
Francisco, juglar de Dios, cantor aunque fuera con dos palos cruzados.
Entremos en acción y hablemos a los montes y al mar (Salmo 113 A):
- )Qué te pase, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
)Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

Y contemplo el espectáculo con ojos penetrantes, que ven traspasando la realidad:


En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob,
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en manantiales de agua.

La creación entera pasa a ser oración por aquel que la santifica con su alabanza, que es el
hombre arraigado en Jesucristo.

Un diálogo espiritual
Desde nuestro corazón unificado por la acción misericordiosa de Dios, desde una sensibilidad
nueva, abierta por el Espíritu, desde un anhelo de amor que sale del pecho y llega a Dios,
podemos pasar al Adviento, dejando hablar a los deseos.
Nos situamos en la plataforma de la espera, que llena de segura esperanza, se llama
expectación. El Adviento abre las alas de la expectación, y no se califica tanto como día de
ayuno, sino como de espera anhelante al Esposo.
Ahora yo y mi comunidad, que es la Iglesia, entramos en diálogo con el que va a venir.

II
ESCENA LITÚRGICA DE ADVIENTO
(Texto del responsorio)

Escena

Nos situamos en el Antiguo Testamento, y contemplamos aquella Caravana de la Fe que ha


descrito la Carta a los Hebreos en el capítulo 11. AEn la fe murieron todos ellos, sin haber
conseguido el objeto de las promesas: viéndolas y saludándolas desde lejos y confesándose
extraños y forasteros sobre la tierra@ (v. 13: a longe eas aspicientes et salutantes)

Nos situamos entre aquellos mensajeros enviados por Juan Bautista, encarcelado, a Jesús: *
)Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro? + (Mt 11,3).

Nos situamos, más bien, en el hoy de la Iglesia, para preguntar al Pastor de Israel: A *Dinos si
tú eres el que esperamos, * el que ha de reinar en el pueblo de Israel.+ A

La Iglesia pregunta llena de admiración, de gozo y expectación

Muchas veces preguntamos lo que ya sabemos, porque queremos revivir el asombro y la


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exultación que nos ha producido el acontecimiento.
El día de Navidad preguntaremos: A)A quién habéis visto, pastores? Hablad, contádnoslo:
)quién ha aparecido en la tierra?@ (Laudes).
Y hasta podremos escuchar lo que ya sabemos antes de preguntarlo: AHemos visto al recién
nacido y a los coros de los ángeles alabando al Señor. (Aleluya!@ (En la misma antífona).

La Iglesia pasa la invitación


A la iglesia se le mandó salir a los caminos. Sale de sí misma - debe salir - y va a las plazas y
encrucijadas, y dice:
- APlebeyos y nobles, ricos y pobres, id a su encuentro y preguntadle: Pastor de Israel,
escucha, tú que guías a José como a un rebaño: Dinos si tú eres el que esperamos@.
La Iglesia me está invitando a mí mismo:
- a que salga
- a que vaya
- a que pregunte.

Mi vida es mi anhelo, y mi anhelo, ahora se hace una pregunta. No es solo mi pregunta; es la


pregunta de toda la humanidad.
La pregunta va entorno a la venida, que supone la esperanza total:
- el que ha de venir,
- el que esperamos.
Todo el Antiguo Testamento es esta pregunta, esta expectación, esta esperanza.

La magnitud de la esperanza
Nadie puede esperar a Dios, si Dios mismo no hubiese venido ya y se hubiera aposentado
para abrir dentro de nosotros lo que esperamos.
)Qué esperamos? Lo que no tenemos y, sin embargo, es lo más nuestro de nosotros mismos,
lo que nos puede dar la paz a nuestros deseos.
Belén fue la esperanza cumplida, pero el deseo insatisfecho que permanece está indicando
que todavía es más grande el resultado del don infinito que se nos dio. Aun teniéndolo todo,
queremos disfrutarlo del todo. Lo tenemos, sí, mas no lo podemos disfrutar del todo.
Por eso en Belén no se acaba la esperanza. Se enciende una llama que no se apagará nunca.
Muchos Advientos hemos celebrado, pero no se ha agotado el misterio del Adviento.
Dios está en sus palabras, pero se nos antoja que es siempre una novedad mayor que sus
palabras. Por eso, seguiremos celebrando el Adviento como anhelo, al mismo tiempo que
daremos gracias por el don otorgado.
El Adviento o Advenimiento es ya llegada (Parusía), igual que ANativitas@ y AEpiphaneia@
(Epifanía), pero el corazón no deja de anhelar, porque Dios, al darse, aumenta nuestros deseos.
Así, pues, saboreemos la pregunta del Adviento, porque es un ejercicio de amor que siempre
anhela. Si he sido hecho por Dios mismo, no me he de contentar con algo que sea menos que
Dios mismo.

Los tres nombres de nuestra esperanza

Mi interlocutor es Él mismo, y él tiene tres nombres:

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El que ha de venir, el esperado. Lo estamos diciendo. Mi vida es mi esperanza; tanto amo
cuanto espero; tanto espero cuanto anhelo. Mi vida eres tú, Jesús, y tú eres el ADios de los
deseos@.

El Rey de la gloria. A este Rey celeste (que enamoraba a Clara de Asís, nuestra hermana) la
Iglesia le abre sus puertas, y también el mundo entero. No solo le abre. Las puertas estallan:
A(Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas: va a entrar el rey de la gloria@.
El que viene no es otro que el mismo Hijo de Dios, el Rey de la gloria. El va a reinar y va a
hacer de la familia humana, familia de la Trinidad. Por eso al Rey de la gloria le podemos llamar
Rey de Israel, Ael que va a reinar en el pueblo de Israel@.

El pastor de Israel, que conduce a su rebaño. Aquí en la tierra el rey de la gloria va a ser el
pastor de Israel, nuestro pastor, mi pastor.
Él me va a conducir por todos los caminos de la vida, el mismo Hijo de Dios hecho ahora mi
pastor.
(Bendito seas! (Ven, Señor Jesús!

Cuautitlán Izcalli, miércoles, San Andrés Apóstol, 30 de nov. de 2005,


Visita del nuevo Obispo, Don Guillermo Ortiz Mondragón a nuestra Casa.

El Unigénito Dios, Confidente yNarrador de Dios


(Jn 1,18)
El poso que ha dejado la Navidad,
misterio de la Encarnación

Deum nemo vidit unquam;


unigénitus Deus,
qui est in sinum Patris,
ipse enarravit.
(Versión de la Nova Vulgata latina)

I
NADIE VIO JAMÁS A DIOS: EL ATODO OTRO@

1. Desde siempre sabe la Biblia que nadie pudo ver a Dios. De ahí el episodio de la plegaria
de Moisés en el monte: AEntonces dijo Moisés: *Déjame ver, por favor, tu gloria.+ El le contestó:
*Yo haré pasar ante tu vista toda mi bondad y pronunciaré delante de ti el nombre de Yahveh;
pues hago gracia a quien hago gracia y tengo misericordia con quien tengo misericordia.+ Y
añadió: *Pero mi rostro no podrás verlo; porque no puede verme el hombre y seguir viviendo.+
(Ex 33,18-20).
38
2. Nadie ha visto a Dios, nadie puede verlo, nadie lo ha de ver. Nadie ha visto la gloria de
Dios, nadie la visto el rostro de Dios. Y, sin embargo, Dios es lo más real de la realidad, la
existente más existente y consistente que existe, puesto que él es el Creador, y sin él nada sería
nada. Como creaturas hemos nacido de Dios, y, si algo somos, somos proyección de Dios. Pero
entre la creatura y su Creador hay que salvar un salto infinito.

3. Comprendemos, por eso, que en el mundo haya muchas religiones, y que las siga habiendo
hasta el fin del mundo. Si somos sensibles a las cosas del espíritu, topamos aquí con el problema
más lacerante que lleva la humanidad en su seno. Una porción de la humanidad, no grande, niega
a Dios, lo cual, en sí considerado, es el mayor pecado. El que niega a Dios se niega a sí mismo, y
rompe todas las bases de su ser. Es alguien que pretende retornar al vacío. Pero los que
confesamos a Dios, lo confesamos de muchas maneras distintas, y por eso desde milenios
nacieron múltiples religiones. )Cómo es posible que Dios, al crearnos, nos haya dejado en tal
desamparo? Parece que estamos mordiendo el absurdo más grande, una contradicción que nos
destruye a nosotros mismos. Creados por Dios (y sin saber quién es Dios!

4. Parece como si Dios hubiese fracasado en su intento: crear a un ser que nunca se va a
enterar de la verdadera identidad de aquel que lo ha creado. Yo camino en el mundo como
cristiano, confesando a Dios como Padre, como Hijo, como Espíritu Santo..., y la gran mayoría
de mis hermanos los hombres, que no conocen estas cosas, )es que han sido abandonado de su
Dios-verdad, a quien yo confieso como Padre y Creador...? El corazón queda traspasado por una
espada de dolor, al ver las múltiples religiones del mundo; y, al mismo tiempo, enternecido,
sospechando que ahí tiene que haber un misterio oculto, para reverenciemos todos los caminos
por los que las gentes de buena voluntad quieren alcanzar a Dios, mientras transcurre esta breve
vida.

5. Escribimos estos pensamientos dolorosos en el día en que comienza el Octavario por la


Unidad de los cristianos, deseo supremo de Jesús. Jesús no consiguió la unidad en el mundo
judío: recriminó a los guardianes de la Ley de la Alianza, rompió con ellos, prorrumpió duras
amenazas... Esto fue, sin duda, el dolor de su vida. Hubo de proceder así, para salvar el Amor de
Dios. Un ecumenismo de cortesía, que hubiera sido una violación del Amor y la Misericordia de
Dios, que él defendió, hubiera sido ofensivo a Dios, que es gracia y amor. Se entiende mejor que
el supremo deseo suyo fuera guardar la unidad entre los Suyos, los que el Padre le dio.

6. La situación antes descrita es la suprema indigencia del hombre: la falta del conocimiento
de Dios. Y si no hay conocimiento, no puede haber amor; o si el conocimiento es un
conocimiento deformado, el amor será como un aborto... )Se podrá llamar amor de Dios a esos
sentimientos que surgen del ser cuando Dios es un fetiche, o una divinidad como las que han
venerado los griegos? Esos dioses no son dignos de amor, aunque parezcan ser los rectores de la
tierra. Suprema indigencia el vivir en esa necesidad que lleva el hombre y que se abre a lo
infinito. )Estaremos los humanos en un formidable error..., cuando tratamos de abordar la
cuestión primera y fundante de la existencia: Quién es Dios? La mente no halla sosiego con estas
preguntas, y está invitando a un acto de suprema humildad.

7. Y si no conocemos a Dios )dónde está lo bueno, y dónde está lo malo? Porque lo bueno
tiene que ser aquello de acuerdo con Dios, y lo malo aquello en desacuerdo con Dios. Y de nuevo
el ser humano, lleno de admiración, es invitado a una inmensa humildad para apreciar las
39
opiniones de los que sinceramente buscan el rostro de Dios.

8. Dios es el Todo Otro, dicen los filósofos y teólogos, y no hay pensamiento humano, o
pensamiento inferior a él mismo, que pueda capturarlo. AAltissimu, onnipotente bon Signore, /
Tue so' le laude, la gloria e l'honore et onne benedictione. / Ad Te solo, Altissimo, se konfano, /
et nullu homo ène dignu te mentovare@. Ningún hombre es digno de hacer de ti mención... No
podemos nombrar a Dios, si no es para alabarlo y adorarlo.

9. No conocemos a Dios, porque no lo hemos visto, ni conocemos las cosas del ámbito
divino, porque no las hemos visto: ni hemos visto a Dios, ni a los ángeles, ni a los seres
bienaventurados. No conocimos la Gloria de Dios, la Morada de Dios, la Santidad de Dios...
Dios es AEl mismo@, capaz de llenar, por la sola adoración, las aspiraciones supremas del ser
humano, abierto a lo infinito.

II
UNIGÉNITUS DEUS

10. Dios tiene a su Unigénito. Toda la fecundidad divina se agota en un solo Hijo. En este
Único está todo el ser divino; Aen él reside corporalmente toda la plenitud de la divinidad@ (Col
2,9). Dios no puede tener dos hijos, porque ya ninguno de ellos seria el Dios exhaustivo. Además,
al ser el Hijo único, y ser yo Ahijo en el Hijo@, soy asumido en esa unicidad del Hijo de Dios. Y
Dios se derrama en mí con el amor propio hacia el Hijo único. Sí, yo entro en este misterio de la
unicidad del Hijo, para que mi relación con el Padre sea de tú a tú, como si no hubiera otro tú en
el mundo.

11. Nosotros confesamos, con la fe evangélica, que el Hijo es Todo Dios como Todo Dios es
el Padre. Y que al Padre sólo accedemos en el Hijo y por el Hijo. El Hijo, estando en el seno del
Padre, es todo el secreto de Dios. Y no hay nada recóndito del Padre que no esté en el Hijo. AYo y
el Padre somos uno@ (Jn 10,30).

12. Si hablamos del Hijo - revelación que rechazan todas las religiones que no sean la
cristiana - ya estamos diciendo que Dios, desde su más pura esencia, es donación. Eternamente es
Padre, y eternamente es Hijo. La filiación no es un acontecimiento de la historia íntima de Dios,
sino que es la realidad de Dios como tal en su más alto misterio. Dios es don de sí; si no lo fuera,
dejaría de ser Dios.

13. Aceptar al Hijo Unigénito ha de saciar nuestra contemplación. Contemplar a Dios es


contemplar la fecundidad divina. Dios es Vida, inmanente y transcendente, por ser eternamente
Hijo Unigénito.

III
IN SINUM PATRIS

14. El Hijo está eternamente cabe el Padre; está no Ain sinu patris@ (así traducía la Vulgata),
sino Ain sinum Patris@ (Nova Vulgata, respetando la preposición de acusativo), vuelto hacia el
40
Padre, y cobijado en el seno, encobijado y arrebujado. El Hijo, según esta imagen es:
- intimidad,
- diálogo
- comunicación recíproca.
En la Cena, el discípulo amado, que está Ain sinu Iesu@ (Jn 13,23) se recostará Asupra pectus
Iesu@ (v. 25). Nosotros en la tierra reproducimos la actitud intratrinitaria que mantenía el Hijo
Unigénito

15. La intimidad de Dios-Vida es todo el océano de ternura que nace del seno del Padre y se
vuelca en el Hijo. El Hijo, volcado al Padre, si se vuelca hacia nosotros, va a derramar toda la
ternura que él ha recibido en esa relación de intimidad, que es consustancial a su ser.

16. Estar Aen el seno hacia el Padre@ es la actitud del Hijo engendrado, y nos muestra esa
dependencia sustancial que constituye la realidad filial del Unigénito. El Unigénito existe en
cuanto ser del Padre y ser para el Padre.

17. In sinum Patris es toda la definición del Hijo como amor que nace del Padre. Es el
Amado, nombre adherido al ser del Hijo, y es, con el mismo título, el Amante.

IV
IPSE ENARRAVIT

18. Ya sale el Hijo del Padre, y, al salir, nos narra lo que hay en el Padre; incluso se precisará:
Atodo@ lo que hay en el Padre. ATodo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer@ (Jn
15,15). Jesús va a ser en el mundo el revelador del Padre, como testigo, Ael Testigo fiel@ (Ap 1,5).

19. Sólo Jesús ha podido ser el narrador de Dios. Sólo Jesús nos ha podido dar el
conocimiento Averdadero@ del ADios verdadero@; sólo Jesús ha podido decir que hay un Padre y
un Espíritu; sólo Jesús, muriendo y resucitando, ha podido anunciar que la Trinidad es la realidad
de Dios. )Y es que entonces el otro conocimiento de Dios que tienen nuestros hermanos, los
hombres, no es conocimiento Averdadero@ del ADios verdadero@? Sí, es conocimiento verdadero;
léase a San Pablo en Romanos 1,21: Ahabiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios,
ni le dieron gracias...@ Pero es como la aurora con respecto al sol: la aurora es luz del sol (no de
otra parte), pero no ha salido todavía el sol.

20. El conocimiento de Dios es lo que distingue al cristiano del no cristiano. Los cristianos
hemos conocido a Dios. Y en este sentido integral, los paganos no han conocido a Dios. Jesús,
Narrador de Dios, Explicador de Dios (Exégeta de Dios), nos hará entender que Dios, por su
Hijo, es el Confidente del hombre.

21. Ahora, desde Jesús, ya tengo a Dios como Palabra permanente de Dios en mi corazón. En
la tierra inicia el diálogo que se consumará en la eternidad. El Evangelio será para mí el Libro de
la Confidencia de Dios. Y una sola palabra del Libro herencia de Jesús será para mí el indicador
de mil otras palabras que allí están ocultas. El Evangelio es revelación de mil revelaciones,
porque la revelación jamás puede ser un libro, sino un acontecimiento de corazón a corazón, del
corazón de Dios al corazón del hombre por la única vía por la que se comunica el corazón, que es
41
el amor.

22. La grandeza de estos pensamientos divinos está en el hecho de que Jesús en la tierra es
hombre, siendo Dios, y su devenir humano, Asu carne@ (como dice Juan), es la ecuación total del
Dios de nuestra fe y nuestra confidencia. El discípulo amado atestigua:

Y la Palabra se hizo carne,


y puso su Morada entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria,
gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad (Jn 1,14).

La gloria del Padre, que nadie pudo ver, estaba toda ella en la vida humilde de Jesús, en la
Acarne@ del Hijo de María.

23. Y hoy ocurre lo mismo. Jesús Humano ha llenado la raza humana, y en todo hombre está
la gloria de Jesús para contemplarla, la gloria del Padre.

24. La gloria se contempla en el sacramento, porque la gloria de Dios los traspasa y los
inunda. Pero sepamos además que Dios es más grande que sus sacramentos, y que en la simple
meditación está la gloria de Dios, en el abrazo a un pobre, y también, también... en las religiones
que no han alcanzado el conocimiento verdadero del Dios verdadero. Dios es grande, Dios es
amor, su Gloria llena la tierra. Dios es mi Esperanza, Dios es mi Confidencia, Dios es mi Hoy.

9
Deus caritas est
(1Jn 4,16)
Primera encíclica de Benedicto XVI,
del 25 de diciembre de 2005,
Hecha pública hoy, 25 de enero de 2006

Primicias de esta carta encíclica

Saludamos con inmenso gozo la llegada de esta primera carta encíclica del Papa. Para comprenderla
la debemos leer íntegra y reflexionarla a fondo en cada uno de sus 42 números. Como primicia
ofrecemos una secuencia de la primera parte, que resulta realmente novedosa e iluminadora para la
inteligencia del misterio cristiano del amor. Es la primera vez que en una encíclica se ha hablado de este
modo. Este lenguaje habría sido escandaloso para un determinado modo de concebir la ascética
tradicional.
La palabra Aeros@ (de donde viene Aerótico@) no ha sido usada en el lenguaje de nuestra ascética.

42
El Señor nos oriente con su santo Espíritu para ver la hermosura del panorama que se nos brinda.
Al leer un documento, uno puede hacer sus propios subrayados, que, evidentemente, serán distintos de
los que otro hacen. Téngase muy en cuenta que la letra negrita que ponemos aquí, destacando algunas
frases o vocablos, no están en el texto original.

1. * DIOS ES AMOR, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él + (1 Jn


4, 16). Estas palabras de la Primera carta de Juan expresan con claridad meridiana el corazón de
la fe cristiana: la imagen cristiana de Dios y también la consiguiente imagen del hombre y de su
camino. Además, en este mismo versículo, Juan nos ofrece, por así decir, una formulación
sintética de la existencia cristiana: * Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y
hemos creído en él +. (...)

Por eso, en mi primera Encíclica deseo hablar del amor, del cual Dios nos colma, y que
nosotros debemos comunicar a los demás. Quedan así delineadas las dos grandes partes de esta
Carta, íntimamente relacionadas entre sí. La primera tendrá un carácter más especulativo, puesto
que en ella quisiera precisar Cal comienzo de mi pontificadoC algunos puntos esenciales sobre el
amor que Dios, de manera misteriosa y gratuita, ofrece al hombre y, a la vez, la relación
intrínseca de dicho amor con la realidad del amor humano. La segunda parte tendrá una índole
más concreta, pues tratará de cómo cumplir de manera eclesial el mandamiento del amor al
prójimo.

PRIMERA PARTE
LA UNIDAD DEL AMOR EN LA CREACIÓNY EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN

Un problema de lenguaje
2. El amor de Dios por nosotros es una cuestión fundamental para la vida y plantea
preguntas decisivas sobre quién es Dios y quiénes somos nosotros. A este respecto,
nos encontramos de entrada ante un problema de lenguaje. El término * amor + se ha
convertido hoy en una de las palabras más utilizadas y también de las que más se
abusa, a la cual damos acepciones totalmente diferentes. Aunque el tema de esta
Encíclica se concentra en la cuestión de la comprensión y la praxis del amor en la
Sagrada Escritura y en la Tradición de la Iglesia, no podemos hacer caso omiso del
significado que tiene este vocablo en las diversas culturas y en el lenguaje actual.
En primer lugar, recordemos el vasto campo semántico de la palabra * amor +: se
habla de amor a la patria, de amor por la profesión o el trabajo, de amor entre amigos,
entre padres e hijos, entre hermanos y familiares, del amor al prójimo y del amor a Dios.
Sin embargo, en toda esta multiplicidad de significados destaca, como arquetipo por
excelencia, el amor entre el hombre y la mujer, en el cual intervienen inseparablemente
el cuerpo y el alma, y en el que se le abre al ser humano una promesa de felicidad que
parece irresistible, en comparación del cual palidecen, a primera vista, todos los demás
tipos de amor. Se plantea, entonces, la pregunta: todas estas formas de amor )se
unifican al final, de algún modo, a pesar de la diversidad de sus manifestaciones,
siendo en último término uno solo, o se trata más bien de una misma palabra que
utilizamos para indicar realidades totalmente diferentes?

43
* Eros + y * agapé +, diferencia y unidad
3. Los antiguos griegos dieron el nombre de eros al amor entre hombre y mujer, que
no nace del pensamiento o la voluntad, sino que en cierto sentido se impone al ser
humano. Digamos de antemano que el Antiguo Testamento griego usa sólo dos veces
la palabra eros, mientras que el Nuevo Testamento nunca la emplea: de los tres
términos griegos relativos al amor Ceros, philia (amor de amistad) y agapéC, los
escritos neotestamentarios prefieren este último, que en el lenguaje griego estaba
dejado de lado.
El amor de amistad (philia), a su vez, es aceptado y profundizado en el Evangelio de
Juan para expresar la relación entre Jesús y sus discípulos. Este relegar la palabra
eros, junto con la nueva concepción del amor que se expresa con la palabra agapé,
denota sin duda algo esencial en la novedad del cristianismo, precisamente en su modo
de entender el amor. En la crítica al cristianismo que se ha desarrollado con creciente
radicalismo a partir de la Ilustración, esta novedad ha sido valorada de modo
absolutamente negativo. El cristianismo, según Friedrich Nietzsche, habría dado de
beber al eros un veneno, el cual, aunque no le llevó a la muerte, le hizo degenerar en
vicio.[1] El filósofo alemán expresó de este modo una apreciación muy difundida: la
Iglesia, con sus preceptos y prohibiciones, )no convierte acaso en amargo lo más
hermoso de la vida? )No pone quizás carteles de prohibición precisamente allí donde la
alegría, predispuesta en nosotros por el Creador, nos ofrece una felicidad que nos hace
pregustar algo de lo divino?

4. Pero, )es realmente así? El cristianismo, )ha destruido verdaderamente el


eros? Recordemos el mundo precristiano. Los griegos Csin duda análogamente a otras
culturasC consideraban el eros ante todo como un arrebato, una * locura divina + que
prevalece sobre la razón, que arranca al hombre de la limitación de su existencia y, en
este quedar estremecido por una potencia divina, le hace experimentar la dicha más
alta. De este modo, todas las demás potencias entre cielo y tierra parecen de segunda
importancia: * Omnia vincit amor +, dice Virgilio en las Bucólicas Cel amor todo lo
venceC, y añade: * et nos cedamus amori +, rindámonos también nosotros al amor.[2]
En el campo de las religiones, esta actitud se ha plasmado en los cultos de la fertilidad,
entre los que se encuentra la prostitución * sagrada + que se daba en muchos templos.
El eros se celebraba, pues, como fuerza divina, como comunión con la divinidad.
A esta forma de religión que, como una fuerte tentación, contrasta con la fe en el
único Dios, el Antiguo Testamento se opuso con máxima firmeza, combatiéndola como
perversión de la religiosidad. No obstante, en modo alguno rechazó con ello el eros
como tal, sino que declaró guerra a su desviación destructora, puesto que la falsa
divinización del eros que se produce en esos casos lo priva de su dignidad divina y lo
deshumaniza. En efecto, las prostitutas que en el templo debían proporcionar el
arrobamiento de lo divino, no son tratadas como seres humanos y personas, sino que
sirven sólo como instrumentos para suscitar la * locura divina +: en realidad, no son
diosas, sino personas humanas de las que se abusa. Por eso, el eros ebrio e
indisciplinado no es elevación, * éxtasis + hacia lo divino, sino caída, degradación del
hombre. Resulta así evidente que el eros necesita disciplina y purificación para dar al

44
hombre, no el placer de un instante, sino un modo de hacerle pregustar en cierta
manera lo más alto de su existencia, esa felicidad a la que tiende todo nuestro ser.

5. En estas rápidas consideraciones sobre el concepto de eros en la historia y


en la actualidad sobresalen claramente dos aspectos. Ante todo, que entre el amor
y lo divino existe una cierta relación: el amor promete infinidad, eternidad, una realidad
más grande y completamente distinta de nuestra existencia cotidiana. Pero, al mismo
tiempo, se constata que el camino para lograr esta meta no consiste simplemente en
dejarse dominar por el instinto. Hace falta una purificación y maduración, que incluyen
también la renuncia. Esto no es rechazar el eros ni * envenenarlo +, sino sanearlo para
que alcance su verdadera grandeza.
Esto depende ante todo de la constitución del ser humano, que está compuesto de
cuerpo y alma. El hombre es realmente él mismo cuando cuerpo y alma forman
una unidad íntima; el desafío del eros puede considerarse superado cuando se logra
esta unificación. Si el hombre pretendiera ser sólo espíritu y quisiera rechazar la carne
como si fuera una herencia meramente animal, espíritu y cuerpo perderían su dignidad.
Si, por el contrario, repudia el espíritu y por tanto considera la materia, el cuerpo, como
una realidad exclusiva, malogra igualmente su grandeza. El epicúreo Gassendi,
bromeando, se dirigió a Descartes con el saludo: * (Oh Alma! +. Y Descartes replicó: *
(Oh Carne! +.[3]
Pero ni la carne ni el espíritu aman: es el hombre, la persona, la que ama como
criatura unitaria, de la cual forman parte el cuerpo y el alma. Sólo cuando ambos
se funden verdaderamente en una unidad, el hombre es plenamente él mismo.
Únicamente de este modo el amor Cel erosC puede madurar hasta su verdadera
grandeza.

Hoy se reprocha a veces al cristianismo del pasado haber sido adversario de la corporeidad y,
de hecho, siempre se han dado tendencias de este tipo. Pero el modo de exaltar el cuerpo que hoy
constatamos resulta engañoso. El eros, degradado a puro * sexo +, se convierte en mercancía, en
simple * objeto + que se puede comprar y vender; más aún, el hombre mismo se transforma en
mercancía. En realidad, éste no es propiamente el gran sí del hombre a su cuerpo.
Por el contrario, de este modo considera el cuerpo y la sexualidad solamente como la parte
material de su ser, para emplearla y explotarla de modo calculador. Una parte, además, que no
aprecia como ámbito de su libertad, sino como algo que, a su manera, intenta convertir en
agradable e inocuo a la vez. En realidad, nos encontramos ante una degradación del cuerpo
humano, que ya no está integrado en el conjunto de la libertad de nuestra existencia, ni es
expresión viva de la totalidad de nuestro ser, sino que es relegado a lo puramente biológico. La
aparente exaltación del cuerpo puede convertirse muy pronto en odio a la corporeidad. La fe
cristiana, por el contrario, ha considerado siempre al hombre como uno en cuerpo y alma, en el
cual espíritu y materia se compenetran recíprocamente, adquiriendo ambos, precisamente así, una
nueva nobleza. Ciertamente, el eros quiere remontarnos * en éxtasis + hacia lo divino,
llevarnos más allá de nosotros mismos, pero precisamente por eso necesita seguir un
camino de ascesis, renuncia, purificación y recuperación.

45
6. )Cómo hemos de describir concretamente este camino de elevación y purificación? )Cómo
se debe vivir el amor para que se realice plenamente su promesa humana y divina? Una primera
indicación importante podemos encontrarla en uno de los libros del Antiguo Testamento bien
conocido por los místicos, el Cantar de los Cantares. Según la interpretación hoy predominante,
las poesías contenidas en este libro son originariamente cantos de amor, escritos quizás para una
fiesta nupcial israelita, en la que se debía exaltar el amor conyugal. En este contexto, es muy
instructivo que a lo largo del libro se encuentren dos términos diferentes para indicar el * amor +.
Primero, la palabra * dodim +, un plural que expresa el amor todavía inseguro, en un estadio de
búsqueda indeterminada. Esta palabra es reemplazada después por el término *ahabá+, que la
traducción griega del Antiguo Testamento denomina, con un vocablo de fonética similar,
*agapé+, el cual, como hemos visto, se convirtió en la expresión característica para la concepción
bíblica del amor. En oposición al amor indeterminado y aún en búsqueda, este vocablo expresa la
experiencia del amor que ahora ha llegado a ser verdaderamente descubrimiento del otro,
superando el carácter egoísta que predominaba claramente en la fase anterior. Ahora el amor es
ocuparse del otro y preocuparse por el otro. Ya no se busca a sí mismo, sumirse en la embriaguez
de la felicidad, sino que ansía más bien el bien del amado: se convierte en renuncia, está
dispuesto al sacrificio, más aún, lo busca.
El desarrollo del amor hacia sus más altas cotas y su más íntima pureza conlleva el que ahora
aspire a lo definitivo, y esto en un doble sentido: en cuanto implica exclusividad Csólo esta
personaC, y en el sentido del * para siempre +. El amor engloba la existencia entera y en todas sus
dimensiones, incluido también el tiempo. No podría ser de otra manera, puesto que su promesa
apunta a lo definitivo: el amor tiende a la eternidad. Ciertamente, el amor es *éxtasis+, pero no en
el sentido de arrebato momentáneo, sino como camino permanente, como un salir del yo cerrado
en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí y, precisamente de este modo, hacia el
reencuentro consigo mismo, más aún, hacia el descubrimiento de Dios: * El que pretenda
guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará + (Lc 17, 33), dice Jesús en una
sentencia suya que, con algunas variantes, se repite en los Evangelios (cf. Mt 10, 39; 16, 25; Mc
8, 35; Lc 9, 24; Jn 12, 25). Con estas palabras, Jesús describe su propio itinerario, que a través de
la cruz lo lleva a la resurrección: el camino del grano de trigo que cae en tierra y muere, dando
así fruto abundante. Describe también, partiendo de su sacrificio personal y del amor que en éste
llega a su plenitud, la esencia del amor y de la existencia humana en general.

7. Nuestras reflexiones sobre la esencia del amor, inicialmente bastante filosóficas, nos han
llevado por su propio dinamismo hasta la fe bíblica. Al comienzo se ha planteado la cuestión de
si, bajo los significados de la palabra amor, diferentes e incluso opuestos, subyace alguna unidad
profunda o, por el contrario, han de permanecer separados, uno paralelo al otro. Pero, sobre todo,
ha surgido la cuestión de si el mensaje sobre el amor que nos han transmitido la Biblia y la
Tradición de la Iglesia tiene algo que ver con la común experiencia humana del amor, o más bien
se opone a ella. A este propósito, nos hemos encontrado con las dos palabras fundamentales: eros
como término para el amor * mundano + y agapé como denominación del amor fundado en la fe y
plasmado por ella. Con frecuencia, ambas se contraponen, una como amor * ascendente +, y como
amor * descendente + la otra. Hay otras clasificaciones afines, como por ejemplo, la distinción
entre amor posesivo y amor oblativo (amor concupiscentiae B amor benevolentiae), al que a
veces se añade también el amor que tiende al propio provecho.
A menudo, en el debate filosófico y teológico, estas distinciones se han radicalizado hasta el

46
punto de contraponerse entre sí: lo típicamente cristiano sería el amor descendente, oblativo, el
agapé precisamente; la cultura no cristiana, por el contrario, sobre todo la griega, se
caracterizaría por el amor ascendente, vehemente y posesivo, es decir, el eros. Si se llevara al
extremo este antagonismo, la esencia del cristianismo quedaría desvinculada de las relaciones
vitales fundamentales de la existencia humana y constituiría un mundo del todo singular, que tal
vez podría considerarse admirable, pero netamente apartado del conjunto de la vida humana.
En realidad, eros y agapé Camor ascendente y amor descendenteC nunca llegan a
separarse completamente. Cuanto más encuentran ambos, aunque en diversa medida, la
justa unidad en la única realidad del amor, tanto mejor se realiza la verdadera esencia del
amor en general. Si bien el eros inicialmente es sobre todo vehemente, ascendente Cfascinación
por la gran promesa de felicidadC, al aproximarse la persona al otro se planteará cada vez menos
cuestiones sobre sí misma, para buscar cada vez más la felicidad del otro, se preocupará de él, se
entregará y deseará * ser para + el otro. Así, el momento del agapé se inserta en el eros inicial; de
otro modo, se desvirtúa y pierde también su propia naturaleza. Por otro lado, el hombre
tampoco puede vivir exclusivamente del amor oblativo, descendente. No puede dar
únicamente y siempre, también debe recibir. Quien quiere dar amor, debe a su vez recibirlo
como don. Es cierto Ccomo nos dice el SeñorC que el hombre puede convertirse en fuente de la
que manan ríos de agua viva (cf. Jn 7, 37-38). No obstante, para llegar a ser una fuente así, él
mismo ha de beber siempre de nuevo de la primera y originaria fuente que es Jesucristo, de cuyo
corazón traspasado brota el amor de Dios (cf. Jn 19, 34).

En la NARRACIÓN DE LA ESCALERA DE JACOB, los Padres han visto simbolizada de


varias maneras esta relación inseparable entre ascenso y descenso, entre el eros que busca a Dios
y el agapé que transmite el don recibido. En este texto bíblico se relata cómo el patriarca Jacob,
en sueños, vio una escalera apoyada en la piedra que le servía de cabezal, que llegaba hasta el
cielo y por la cual subían y bajaban los ángeles de Dios (cf. Gn 28, 12; Jn 1, 51). Impresiona
particularmente la interpretación que da el Papa Gregorio Magno de esta visión en su Regla
pastoral. El pastor bueno, dice, debe estar anclado en la contemplación. En efecto, sólo de este
modo le será posible captar las necesidades de los demás en lo más profundo de su ser, para
hacerlas suyas: * per pietatis viscera in se infirmitatem caeterorum transferant +.[4] En este
contexto, san Gregorio menciona a san Pablo, que fue arrebatado hasta el tercer cielo, hasta los
más grandes misterios de Dios y, precisamente por eso, al descender, es capaz de hacerse todo
para todos (cf. 2 Co 12, 2-4; 1 Co 9, 22). También pone el ejemplo de Moisés, que entra y sale
del tabernáculo, en diálogo con Dios, para poder de este modo, partiendo de Él, estar a
disposición de su pueblo. * Dentro [del tabernáculo] se extasía en la contemplación, fuera [del
tabernáculo] se ve apremiado por los asuntos de los afligidos: intus contemplationem rapitur,
foris infirmantium negotiis urgetur +.[5]

8. Hemos encontrado, pues, una primera respuesta, todavía más bien genérica, a las dos
preguntas formuladas antes: en el fondo, el * amor + es una única realidad, si bien con diversas
dimensiones; según los casos, una u otra puede destacar más. Pero cuando las dos dimensiones se
separan completamente una de otra, se produce una caricatura o, en todo caso, una forma
mermada del amor. También hemos visto sintéticamente que la fe bíblica no construye un mundo
paralelo o contrapuesto al fenómeno humano originario del amor, sino que asume a todo el
hombre, interviniendo en su búsqueda de amor para purificarla, abriéndole al mismo tiempo

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nuevas dimensiones. Esta novedad de la fe bíblica se manifiesta sobre todo en dos puntos que
merecen ser subrayados: la imagen de Dios y la imagen del hombre.

NOTAS

[1] Cf. Jenseits von Gut und Böse, IV, 168. [= Más allá del bien y del mal]
[2] X, 69.
[3] Cf. R. Descartes,Œuvres, ed. V. Cousin, vol. 12, París, 1824, pp. 95ss. [= Obras del filósofo René
Descartes].
[4] II, 5: SCh 381, 196. [Colección de ASources Chrétiennes@, Fuentes Cristianas]
[5] Ibíd., 198.

10
Dios es Ael@ amor
(1Jn 4,16)
En torno a la primera parte de la encíclica
ADeus caritas est@ de Benedicto XVI

I
UN TEXTO Y SUS MATICES

Texto de la Escritura
Deus caritas est,
et, qui manet in caritate,
in Deo manet,
et Deus in eo manet. (Traducción de la Nova Vulgata)

Deus caritas est,


et, qui manet in caritate,
in Deo manet,
et Deus in eo [ ]. (Traducción de la Neo Vulgata)

La diferencia entre una y otra traducción, la de antes (Vulgata), y la de ahora (Nova Vulgata),
es la inclusión o supresión del último verbo, el verbo Apermanecer@. Unos manuscritos griegos
tienen el verbo permanecer por tres veces, y a estos manuscritos se atiene la Nueva Vulgata; otros
tienen el verbo solamente dos veces, y a ellos seguía la Vulgata.
No menos importante es saber que en griego hay artículos y en latín no los hay. Si traducimos
palabra por palabra (una traducción bárbara) el texto griego, éste sonaría así:

48
AEl Dios amor es; y el que en el amor permanece, en el Dios permanece, y el Dios en él
permanece@.

En castellano el texto griego se puede traducir de dos formas:


Dios es amor, y el que permanece en el amor, permanece en Dios, y Dios en él permanece.
Dios es EL amor, y quien permanece en el amor [a saber: en Aeste@ amor], permanece en
Dios, y Dios en él permanece.
Nota: El Papa en la redacción alemana de la carta no ha puesto ADios es amor@ (Gott ist
Liebe), sino ADios es el amor@ (Gott is die Liebe), con artículo determinado.

Sentido global
Partiendo de un principio, a saber:
- que el amor existe, que es real, que no es ficción,
- y de que Dios es justamente ese amor que existe,
se quiere establecer el modo de estar en el amor mediante una inserción inmanente en él:
estar simplemente estando, permanecer permaneciendo, habitar habitando...

La equivalencia entre Dios y el Amor


Dios es Dios y no puede ser otra cosa que Dios. Cualquier cosa fuera de Dios ya no es Dios.
Aquí aparece el Amor como el predicado de Dios, no como un atributo entre otros tantos. De
alguna manera pertenece a la identidad de Dios. Y, con todo, no queremos definir
metafísicamente a Dios, porque estamos dentro de la revelación, y no en una búsqueda de ella.
En la revelación no hay metafísica. La frase no quiere ser una Adefinición@ de Dios, pero sí una
comprensión total de él. En la revelación hay solo presencia gratuita de Dios.
Dios es amor significa:
- Dios es presencia de amor; incluso, no es otra cosa que ésta.
- Dios es para el hombre Asiendo amor@.
- Dios es vida de amor, viviendo amor.
- Decir que ADios es amor@, en el fondo, es decir: ADios es el amor@, o ADios es el todo amor@,
y no hay otro amor capitalizado fuera de Dios. Dios es el vuelco del amor al mundo. Existe el
amor, porque existe Dios.
El amor, por eso, es creación e historia de amor; es el panorama de su vida vertida hacia
nosotros. Es el ámbito de su acción. No es su esencia recóndita, sino su derramamiento hacia
afuera, lo cual no podría acontecer si por dentro Dios no fuera amor. Es que la Asantidad@ de
Dios, es decir, la interioridad de Dios - aquello por lo cual Dios es Dios y no es sino Dios - no es
algo diferente de su amor.
El amor es su verdad o realidad operativa que se proyecta, habiéndonos perdido previamente
en el amor íntimo de Dios.
El amor es su historia íntima y personal contada afuera y contemplada por nosotros.
El amor es su propio corazón latiente.
El amor no es otra cosa que la revelación misma de Dios, el descubrimiento que Dios otorga
de sí mismo, la desvelación de su propia intimidad.
Así pues, Dios existe amando, y, si no amase, se destruiría a sí mismo y dejaría de ser lo que
es Dios-amor.
El lenguaje humano se rompe; sólo la adoración y el éxtasis le lleva al misterio mismo del
amor. Y no podemos distinguir a Dios de su acto infinito y permanente de amor, aunque, si bien

49
es verdad, al poner un verbo entre ADios@ y Aamor@, parece que intentamos separar dos realidades
que jamás existieron ni existirán separadas.
Acaso haya que hablar de las Aenergías divinas@ (con los Padres orientales) que fluyen de
Dios, sin dejar de ser Dios, sin separarse de Dios, como si el sol no fuera luz dejaría de ser sol.
Existe el amor, puesto que existe el Dios donado.
Y de un modo del todo concreto: Existe el amor, puesto que existe Jesús.
En suma, que el amor es la órbita expansiva de Dios, y su propio Ahábitat@. Y a esa morada
somos llamados, porque ADios es amor@, ADios es el amor@.

La triple Amanencia@ (manet) o Apermanencia inmanente@ del Amor donado


et, qui manet in caritate,
in Deo manet,
et Deus in eo manet.

)Qué será permanecer en la caridad? Es permanecer en la ligadura de Dios. La divinización


del ser está sustentada por el amor. Vivir en el amor, acaso en las extremidades del amor, es vivir
a lo divino. Vivir amando - que eso es permanecer en el amor - es el humanismo de nuestra
divinización.
Todo en la vida puede ser cobijado en el amor; todo en la vida está traspasado de Dios, si el
principio fontal es éste: que Dios es amor, que Dios es el amor e invade el mundo.
Aceptar este Aordo@ divino es permanecer en el amor.
Hablamos de Apermanecer@ que no es un acto exaltado y pasajero, sino una fibra y vibración
constante de existencia. Justamente para esto habíamos nacido. Nuestra naturaleza deiforme se
realiza en esta condición inherente al ser: el amor como proyecto, como realización, como meta
de todos nuestros logros.

Y de nuevo tenemos que deslizarnos del Aamor@ a ADios mismo@, según lo que antes hemos
anunciado, porque el amor por sí mismo nace de Dios y vuelve a Dios. La frontera de la
divinización, la raya de separación entre los actos de amor (o Apermanecer en el amor@) y ser
transformados en amor, perdidos en Dios, de donde el amor brota, es tan sutil, que parece ser
inexistente.
Permanecer en Dios, si entendemos por Dios la intimidad de Dios, es ya, de alguna manera,
ser yo mismo Dios transformado. Al fin, el hombre sin Dios es nada. Y con Dios, es Dios mismo,
porque habita en la intimidad de Dios.

La permanencia en la unidad del amor es alianza. Por ello, si es cierto que uno permanece en
Dios, igual de cierto es que Dios permanece en mí.
Pero esto es más sorprendente, porque yo, diminuta criatura, puedo cobijarme en Dios y
perderme en él, pero Dios, el infinito, no puede morar en mí, meterse dentro de mí, y permanecer
en mí. Pero sí puede, porque es Dios...
La alianza apunta a la fusión. El delirio del amor es la unidad; y la unidad es la última palabra
del amor, el silencio del amor, el amor callado, la paz del amor...

Vamos, pues, en esta vida, en conquista del amor, conquistados primero nosotros. El final de
la carrera será el amor puro, el amor sólo amor, para iniciar la vida eterna del amor. Amar será
ser yo, nacido de Dios y crecido eternamente en Dios, mi amor sustentante, mi amor suspirante,

50
mi amor de identidad.
He ahí el destino, mientras nos asomamos a la alianza del divino amor, que, como lo vamos a
ver, es el humano amor.

II
EL HUMANO AMOR DE LA CABEZA A LOS PIES,
PARA SER EL ÚNICO AMOR PERSONAL:
REENCUENTRO, ABRAZO Y FUSIÓN
DEL EROS Y LA AGAPE

El amor para ser humano, y, por tanto, para cuadrar con el amor divino, de donde nace, tiene
que ser:
- amor íntegro (que integre todas las fuerzas del ser),
- amor armónico (que integre todo en el orden y armonía que de dentro brota),
- amor exhausto (que agote toda la posibilidad de vida y amor que se ha otorgado
graciosamente al hombre),
- amor eterno (que dándose hoy en el tiempo, no sea ni instantáneo ni pasajero, sino amor
perdurable en el tiempo y más allá del tiempo cuanto la eternidad perdura).
Sobre la asunción del tiempo en el amor, para que el tiempo sea masa del amor o
prolongación de un interno instante, que arranca de la vida, escribe el Papa:
AEl amor engloba la existencia entera y en todas sus dimensiones, incluido también el
tiempo. No podría ser de otra manera, puesto que su promesa apunta a lo definitivo: el amor
tiende a la eternidad. Ciertamente, el amor es *éxtasis+, pero no en el sentido de arrebato
momentáneo, sino como camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia
su liberación en la entrega de sí y, precisamente de este modo, hacia el reencuentro consigo
mismo, más aún, hacia el descubrimiento de Dios: * El que pretenda guardarse su vida, la
perderá; y el que la pierda, la recobrará + (Lc 17, 33), dice Jesús en una sentencia suya que,
con algunas variantes, se repite en los Evangelios (cf. Mt 10, 39; 16, 25; Mc 8, 35; Lc 9, 24; Jn
12, 25). Con estas palabras, Jesús describe su propio itinerario, que a través de la cruz lo lleva
a la resurrección: el camino del grano de trigo que cae en tierra y muere, dando así fruto
abundante. Describe también, partiendo de su sacrificio personal y del amor que en éste llega a
su plenitud, la esencia del amor y de la existencia humana en general@ (Deus caritas est, 6).

Conviene insistir con clarividencia y fortaleza sobre el Eros que está en la base
sólida de la Agápe. De Aeros@ viene erótico, y lo erótico es pecado... Es un uso parcial
del contenido íntimo de la palabra eros.
Eros es la atracción polar del hombre a la mujer, de la mujer al hombre; la llamada
de los masculino a lo femenino, de lo femenino a lo masculino. Una expresión
ciertamente es el vigor sexual - fuente primaria de satisfacciones -, la brasa que se
enciende cuando el hombre apetece a la mujer y la mujer apetece al hombre. Y, con
todo, sin dejar de ser eso, el eros es la vocación femenina del hombre y la vocación
masculina de la mujer. El eros masculino no termina en un sexo, sino en una Apersona@, y el
eros femenino no termina tampoco en un sexo, sino en una persona. Los animales, en su
intercambio recíproco, no apetecen personas; los seres humanos sólo nos saciamos con las
personas. Y ni siquiera con las personas, porque toda persona, aunque no lo quiera, anuncia lo
que lleva dentro, que es Dios mismo, como única plenitud abierta del hombre y de la mujer.

51
Tenemos que purgarnos de un mal que ha existido y perdura: AHoy se reprocha a veces al
cristianismo del pasado haber sido adversario de la corporeidad y, de hecho, siempre
se han dado tendencias de este tipo@ (Deus caritas est, 5).

He aquí el programa de unión y armonía entre el Eros y Agápe que nos brinda el Papa:

AEn realidad, eros y agapé Camor ascendente y amor descendenteC nunca llegan a
separarse completamente. Cuanto más encuentran ambos, aunque en diversa medida, la justa
unidad en la única realidad del amor, tanto mejor se realiza la verdadera esencia del amor en
general. Si bien el eros inicialmente es sobre todo vehemente, ascendente Cfascinación por la
gran promesa de felicidadC, al aproximarse la persona al otro se planteará cada vez menos
cuestiones sobre sí misma, para buscar cada vez más la felicidad del otro, se preocupará de él, se
entregará y deseará * ser para + el otro.
Así, el momento del agapé se inserta en el eros inicial; de otro modo, se desvirtúa y pierde
también su propia naturaleza. Por otro lado, el hombre tampoco puede vivir exclusivamente del
amor oblativo, descendente. No puede dar únicamente y siempre, también debe recibir. Quien
quiere dar amor, debe a su vez recibirlo como don. Es cierto Ccomo nos dice el SeñorC que
el hombre puede convertirse en fuente de la que manan ríos de agua viva (cf. Jn 7, 37-38). No
obstante, para llegar a ser una fuente así, él mismo ha de beber siempre de nuevo de la primera y
originaria fuente que es Jesucristo, de cuyo corazón traspasado brota el amor de Dios (cf. Jn 19,
34).@ (Deus caritas est, 7).

***
(El amor! Es lo más fascinante de mi vida. Es, ni más ni menos, que mi vocación.

11
Dios en mí - yo en Dios
(1Jn 4,16)

En torno a la primera parte de la encíclica


ADeus caritas est@ de Benedicto XVI - Prosigue

I
EL QUE PERMANECE EN LA CARIDAD

Después del enunciado de que Dios es amor o ADios es el amor@, la frase que llega a nosotros
se compone de tres elementos:
1) El que permanece en el amor (qui manet in caritate).
2) En Dios permanece (in Deo manet).
3) Y Dios en él permanece (et Deus in eo manet).

52
APermanecer@ es simultáneamente dos cosas:
- Vivir sin interrupción, no vivir periódicamente;
- y vivir dentro, no al lado, ni fuera.

Permanecer en la caridad es vivir en el orden que ha generado el amor de Dios

Dios es amor, Dios es el amor. Al ser así y salir fuera de sí, Dios ha generado una red o tejido
de amor. Dios no puede ser otra cosa que
- amor activo,
- amor donado,
- amor envolvente.

En cambio, el demonio es el pecado incrustado, el pecado eternizado, el pecado que se


proyecta, que nos da horror el pensarlo. La mente se estrella frente a ello.

AVosotros sois de vuestro padre el diablo


y queréis cumplir los deseos de vuestro padre.
Este era homicida desde el principio,
y no se mantuvo en la verdad,
porque no hay verdad en él;
cuando dice la mentira,
dice lo que le sale de dentro,
porque es mentiroso y padre de la mentira@ (Jn 8,44).

Este retrato del diablo es la antítesis de lo que estamos diciendo:


Cuando dejó la verdad, pasó a ser diablo;
y desde entonces pasó a obrar con su nueva naturaleza; desde entonces es homicida. Siempre
que obra mata. Su acción, que procede de su naturaleza es matar.
Es lo mismo que el ladrón: AEl ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he
venido para que tengan vida y la tengan en abundancia@ (Jn 10,10).

El orden que el amor ha generado

Es el orden de la Encarnación:
- El orden de la Encarnación lo percibimos como orden revelado por Dios. La revelación no
es otra cosa que ADios dándose@.
- Es el Anuevo orden@ del mundo; el orden que ha divinizado toda la tierra. Es el orden de la
historia de Dios, que debemos descubrir. Jesús nos dijo: AMi Padre trabaja hasta ahora, y yo
también trabajo@ (Jn 5,17).
- Permanecer en el amor es hacer captado esa órbita divina de la actuación amorosa de Dios;
entrar en ella; y no separarse nunca de ella.
- Nunca lo olvidemos: el orden del amor es el orden del mundo. Esto lo sabemos por la
revelación, y los cristianos lo intuyen y lo viven: AEl amor mueve el sol y la estrellas@, dijo Dante
en la Divina Comedia.

Con otro lenguaje se puede decir que Apermanecer en el amor@ es lo mismo que permanecer
en la verdad, pues la Verdad no es sino la manifestación activa de Dios, que se ha descubierto en

53
la Encarnación y que tiene su exacto paradigma en la entrega de Jesús. Jesús pudo decir de sí
mismo que él es la verdad (Jn 14,6). El contenido último divino de la Verdad y del Amor se
identifican.

En el lenguaje de san Juan estas realidades se cubren perfectamente unas a otras, hasta el
punto de poder decir lo mismo intercambiando las palabras. Jesús afirma:

ADecía, pues, Jesús a los judíos que habían creído en él: Si os mantenéis en mi Palabra,
seréis verdaderamente mis discípulos,
y conoceréis la verdad
y la verdad os hará libres@ (Jn 8,31-32).

El Aorden de la verdad@, el Aorden del amor@ nos hará experimentar el disfrute de la libertad,
es decir, de la victoria sobre el pecado y del acceso confiado a Dios.
Objetivo y proyecto de vida: vivir día a día en el orden del amor, en el latido del amor

Todas las actividades de nuestra vida,


todos los momentos de nuestra existencia pueden quedar empalmados en Dios.
Es la divinización de nuestra vida. )Es esto posible?
Teológicamente sí.
Psicológicamente no.

Si analizamos nuestra estructura íntima, observamos que el ser es un tejido de misterio, que es
múltiple; que se compone de varias facultades activas, cada una de las cuales tiene su potencia y
su proyección.
El ser está llamado a la armonía no mediante la anulación de algunas zonas, sino mediante la
integración de todas ellas, en el modo y la medida que Dios lo otorgue.
Si la perfección del ser fuera el pensar, tendría que Areconventir@ todo en pensamiento, y el
objetivo nuestro sería Apensar@ siempre en una cosa, en este caso, en Dios.
Pero, por pensar en una sola cosa, uno puede autodestruirse, atrofiando otras facultades que
Dios nos ha dado, y que necesitan ser alimentadas.

El orden del amor no consiste en reducir todo al pensamiento, sino


- en poner todo el ser en órbita del amor,
- y adherirse a él,
- sin romper nunca esa adhesión.

La biología del cuerpo y del espíritu humano tiene sus centros particulares de desplazamiento,
aun conservando la adhesión esencial, firme y constante al centro motivador de todo.

El que está Aescuchando@ a una persona, encauza todo su caudal activo hacia la escucha y
entonces Adesconecta@ su atención específica de otro centro inmediato de interés.
El que Acome y conversa@ está en ello, y no escinde su ser con otra actividad: no piensa en ese
momento, en lo que va a hacer después, aunque sea muy importante. Destruiría su propio
psiquismo, que es obra del Creador.

54
II
ESE PERMANECE EN DIOS

Permanecer en Dios es estar en la vida propia de Dios

No hay mayor exaltación del hombre que ésta de morar en Dios, establemente en Dios, en la
altura de la divinidad. Este morar en Dios es la divinización de la vida, y el haber conferido a la
existencia humana el supremo grado del ser.

El permanecer en Dios nivela todas las vocaciones y les da a todas y cada una de ellas la
suprema categoría. Todos los Ahaceres@ y Aquehaceres@ de la tierra quedan relativizado frente a
uno solo: morar en Dios. Es la sublime vocación que asume a todas. Es la única vocación celeste,
ya introducida en la tierra.

En el cielo no hay jerarquías de constitución eclesiástica, porque la Iglesia toda pasa a ser
familia de Dios, y todos existimos como hijos de Dios, en un Acara a cara@ (1Co 13,12), que no
requiere ninguna mediación. Ese estado celestial es preanunciado en nuestro morar en Dios aquí
en la tierra. El amor disuelve barreras y hace la unidad y nos establece en nuestra propia
dignidad.
Sería rebajarse a sí mismo apetecer como destino superior otro distinto de este permanecer en
Dios, haber entrado en la intimidad de Dios.

Justamente la finalidad de la Iglesia en la tierra no es otra que ésta de llevarnos a Dios,


acercanos a Dios, introducirnos en Dios, adentrar en el océano infinito de la vida de Dios, que es
la donación de sí mismo a sus criaturas.
El Señor, en su misericordia, tiene que deshacer las escamas de nuestros ojos, para que
lleguemos a ver, con clarividencia divina, que ya aquí en esta tierra no alcanzo mayor dignidad
que ésta de permanecer en Dios, tomado en la red del amor.

Permanecer: Unidad, éxtasis y acción

Permanecer es quietud, en tanto que la vida es cronología, sucesión, multiplicidad y acción.


Permanecer es como el punto terminal del tiempo: estar quieto cuando todo ha pasado. Pero la
vida, por sí misma, es acción y tránsito. Y el hombre, en su limitación, no puede simultanear dos
acciones diferentes.
Si no aceptamos este principio, vivimos en pugna con nosotros mismos y experimentamos
una frustración íntima, que proviene de un desencaje. Esta disconformidad con nosotros mismos
amenaza con dañar nuestra propia identidad.
Todo ser creado es lo que es, Asiendo@ lo que es, comportándose según los ritmos dinámicos
insertos en su naturaleza.
Pues, siendo las cosas así, Dios llama a la unidad profunda del ser, y en esa unidad de fondo
se crea el anillo esponsal que nos une con la divinidad personal. (Eso es permanecer en él! Y
debemos experimentarlo en el grado en el que el Señor nos lo comunique, sin enfado con
nosotros mismos, sin enojo, más bien, con dulzura y paz.

55
III
Y DIOS EN ÉL PERMANECE: EL CIERRE DE LA ALIANZA

La unidad de Jesús y el Padre

El dos tiende a hacerse uno. La dualidad de Dios y el hombre, por el amor, termina en la
unidad.
Jesús dijo: AYo y el Padre somos uno@ (Jn 10,30). Estamos en el zenit de la vocación de Jesús
terrestre. La unidad con el Padre no es simple unidad afectiva, unidad de corazones, unidad de
proyecto de vida. En él es unidad intrínseca en el ser, hasta tener una sola Palabra, una sola
Acción, un solo Poder, que él, Jesús, lo percibe como obediencia.

La unidad por vía de la Alianza

En nosotros la unidad se hace por la vía de la Alianza. Es el proyecto de Dios, que atraviesa,
como un hilo de oro, todo el Antiguo Testamento: Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi
pueblo.
El primer término es él, de quien arranca la iniciativa. AMi Amado es mío y yo soy de mi
Amado@ (Cristo 2,16; 6,3).

La permanencia recíproca es inmanencia

Dios no puede morar en mí por una adhesión, que sería, aunque recóndito, un morar externo,
un morar Aapegado@. Dios, si mora en mí, es siendo en mí y estando en mí: morar intrínseco. Al
posesionarse él de esa manera, hace que yo mismo sea asumido en Dios por vía interior,
haciéndome suyo en él.
Las obras de Dios son de este género.

La oración de inmanencia

Situado dentro, yo tengo que orar ahí y desde ahí, desde la unidad de Dios, a la que he sido
gratuitamente y amorosamente llamado.
En la unidad del ser está la paz. En la unidad está la salida y el retorno. En la unidad está el
estar y en la unidad está el motor de toda acción.
Dios es eso: la misericordia unitiva, la ternura acogedora, la paz purificadora.
En esta unidad se juntan, se besan, se funden la grandeza de Dios, y la suma pequeñez mía. Y
esta suma pequeñez no es impedimento, sino lo contrario. Mi pequeñez es lo que fascina a Dios.
Mi pecado es lo que ha atraído su amor, pues de la nada me ha creado, sin mérito propio que yo
pudiera invocar, sin una riqueza que yo pudiera aportar. Su apasionada necesidad de amarme, a
mí, pecador e incluso ingrato, era el misterio infinito de su amor, que se ha desbordado.
He sido deificado en la unidad de Dios.

56
12
En la cima del ser.
Mi suprema vocación: permanecer en Dios
(Jn 4,16)
La declaración de que ADios es amor@ (o ADios es el amor@) y de que permanecer en esta
esfera del amor es el supremo logro del ser humano, puede llevarnos a una revolución mental,
que desencadena un nuevo estilo de vida, un nuevo modo de situarse en la realidad presente.
Acaso haya que operar primero un desmontaje y hasta un desmantelamiento de las categorías
que, de hecho, rigen nuestra vida y configuran nuestros modo de situarnos ante nosotros y ante
los demás. Tras este derrumbe puede nacer ese orden de realidades que procede de Dios y que
nos dan la verdadera postura.

I
CRÍTICA

Alguna configuraciones primarias


que definen nuestra situación
El ser humano se aprecia a sí mismo de un modo inmediato y vital, que es ciertamente
racional pero que es más que racional, porque está enraizado en mi propia esencia. Ese A)Quién
soy yo@ con su correspondiente respuesta, que se me aparece como evidencia.

10 En el orden básico de la creación, Yo soy hombre o mujer. Ya hasta me atrevo a pensar -


sin pensar - que ser hombre es ventaja, y, de algún modo, una condición superior.
20 En el orden de una iglesia objetivamente jerárquica, Yo soy sacerdote, dignidad divina la
mayor de la tierra, que permanece en el cielo. O: Yo no soy sacerdote ni nunca lo podré ser.
30 En el orden de la Iglesia-carisma: el ser consagrado (estado de perfección) o el no ser
consagrado.
40 Incluso en el orden que podríamos llamar de la Iglesia-Historia salutis: Hay personas
cualificadas en las sublimes realidades del Espíritu. Hay una selección de cristianos que en el
panorama celestial son los Asantos@. Como que nos hemos atrevido a pronunciarnos sobre lo que
acontece en el cielo, donde hay Bienaventurados que son Asantos@, y los demás son simplemente
Bienaventurados.
40 En el orden social, hay Aubicaciones@ según múltiples referencias, basadas en el dilema de
poder o no poder (esto es, influjo o no influjo); así
S Yo soy rico, y tengo este soberano poder.
S Yo soy rey, presidente, emperador..., y tengo el poder de mandar en el mundo.
S Yo soy sabio y tengo el poder de la ciencia frente a los ignorantes.
S Yo soy famoso y tengo el poder de la fama, el aprecio y el arrastre de las multitudes.

Esta tablero de alguna manera crea un Aorden de vida@ que invita a tener una escala de valores
personales y de valores que afirmamos frente a los demás, una escala de aspiraciones, e incluso,
lo más sutil, un modo y talante de verse uno a sí mismo, y de juzgar de la importancia o

57
insignificancia del propio ser en el conjunto. Por ejemplo: se puede pensar, y uno puede pensar
de sí, que el que descubre la electricidad o la penicilina es una gran bienhechor de la humanidad,
por el bien que ha aportado. Por contra, el que no ha aportado nada, por carecer de cualidades de
influjo, no es, en modo alguno, un bien hecho de la humanidad.

Frente a esta visión de esplendor y de influjo hay frases en el Evangelio que suscitan
interrogantes, como ésta: El que quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de
todos (Mc 9,35). Jesús sugiere, al parecer, que justamente este orden al revés debe ser el estatuto
prioritario de la Iglesia.
Si esto es así, habrá que recomponer la Iglesia con otros módulos, con otros juicios. Esa
Iglesia será una Iglesia desconocida para las apreciaciones mundanas.

Yo perdido en la inmensidad
Sin duda que, para trazar mi historia entre todos los seres humanos, tengo que asentarme
humildemente en estos puntales:
S Yo, frente a mi propio destino, - mío e invulnerable - soy el más importante de la hora
actual.
S Yo, frente a ese mismo destino, soy el centro de toda la historia desplegada en la
humanidad.
Esta afirmación soberana del Yo no es orgullo ni desacato, sino el primer atisbo de un Aorden
divino@ que sitúa a la creatura de cara a su Creador, proclamándole a Él como el Único, como la
Fuente de todo el ser de cada ser. Dios es el Absoluto personal, y todo otro ser - persona o cosa -
es relativo frente a él, un mero don otorgado como gracia, que, una vez concedido, Dios no se va
a arrepentir de su dádiva. El ser creado es dádiva del Creador, amor proyectado de Dios, que,
como Dios, no puede menos de amar benévolamente.
El retorno a Dios es el reencuentro conmigo mismo, y la suprema dignidad mayor que la cual
ni hay ni puede haber es entrar en comunión con Dios, configurada como triple capacidad:
- capacidad de recibir a Dios,
- capacidad de donarse a Dios,
- capacidad de disfrutar el ser Auno@ con Dios que me atrae.

II
DIOS DONADO

El hombre no es, no realiza su Aser@ sino Asiendo@ - o dicho con expresión bárbara - Asiendo
sido@. Yo Asoy@, porque alguien me está Ahaciendo ser@. Y yo Aexisto@ (ex-sisto, pasado desde
afuera a la escena de la creación), porque Alguien, que está detrás y dentro, me está haciendo
Asistar@ (o Asixtir@, - ex-sistir). Yo existo, estoy siendo puesto; porque Alguien me pone Aestoy@,
donde me presento con mi presencia.
Dios es mi impulso creador en todo momento, el lazo que me une de AÉl@ a Amí@.
Mi dignidad inherente a mi ser, mi caudal de realidad volcada hasta configurar un Yo, no soy
Yo - aunque me pertenezca a mí, y sea yo el único propietario, frente a cualquier otro -, mi
dignidad y mi caudal es AÉl en mí@.
Con razón aquel filósofo (Xabier Zubiri) definía al hombre: Ser hombre es una manera finita
de ser Dios.

58
Todos mis confines, todos mis perfiles, son proyección limitada del Dios infinito, proyección
que, al ser emparentada con Dios, me abren al Dios de infinita grandeza.

Yo soy, de alguna manera la concavidad de Dios, para que Dios tenga forma, figura,
resonancia, hermosura, verdad, amor... fuera de sí, sin abdicar a su infinita magnitud, que es su
Santidad pura, su ser ATodo Otro@ para cualquiera que sea menso que Dios, para todos, pues sólo
Dios es Dios. Yo soy, en el universo, el eco de Dios, o, incluso, la misma voz de Dios, el canto
de Dios, la sinfonía de Dios, la hermosura derramada del Dios viviente.
Nosotros humanos - como dijo Francisco en el Cántico de las Criaturas - no somos dignos de
mencionar a Dios, pues ya el mero pronunciar su nombre nos eleva a una categoría divina, por la
comunión en su ser.

El don no es, primero, el Adon recibido@, sino el Adon donado@, el don que se da. Ser, vivir,
respirar, amar... es estar en lluvia de divinidad; es estar contemplando el acontecimiento divino
que, arrancando del Dios recóndito y amoroso, pasa a la criatura.

Dios, en su inefable paradoja, es el Silencio para el hombre, la Palabra simple que el hombre
escucha y pronuncia. Dios es el engendro de mí que me reconozco en él, siempre donado,
siempre manando de su fascinante misterio.
Recordemos lo que Francisco decía, la Predicación soberana de Dios ante el universo
entero.

Tú eres el santo, Señor Dios único, el que haces maravillas (Sal 76,15).
Tú eres el fuerte,
tú eres el grande (cf. Sal 85,10),
tú eres el altísimo,
tú eres el rey omnipotente;
tú, Padre santo, rey del cielo y de la tierra (cf. Mt 11,25)
Tú eres trino y uno, Señor Dios de dioses (cf. Sal 135,2);
tú eres el bien, todo bien, sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero (cf. lTes 1,9).
Tú eres el amor, la caridad;
tú eres la sabiduría,
tú eres la humildad,
tú eres la paciencia (Sal 70,5),
tú eres la hermosura,
tú eres la mansedumbre;
tú eres la seguridad,
tú eres la quietud,
tú eres el gozo,
tú eres nuestra esperanza y alegría,
tú eres la justicia,
tú eres la templanza,
tú eres toda nuestra riqueza a saciedad.
Tú eres la hermosura,
tú eres la mansedumbre,
tú eres el protector (Sal 30,5),
tú eres nuestro custodio y defensor;

59
tú eres la fortaleza (cf. Sal 42,2), tú eres el refrigerio.
Tú eres nuestra esperanza,
tú eres nuestra fe,
tú eres nuestra caridad,
tú eres toda nuestra dulzura,
tú eres nuestra vida eterna, grande y admirable Señor, omnipotente Dios, misericordioso
Salvador.

Esta es la Teología del Tú, es decir, la Teología de la respuesta al don, la Teología de la


creatura frente al Creador, la Teología de la adoración y la gratitud - ápice de toda Teología - la
Teología de la Divinización Humana, por ser la Teología de la Encarnación, la Teología de la
Humanización de Dios, que se nos da en el ATú@ de nuestro lenguaje. Somos dignos de estar en tu
presencia, celebrando esta liturgia (Plegaria eucarística II).

III
EL ANOVUS ORDO@ QUE HA NACIDO DE DIOS

Dios es amor (Dios es el amor),


y quien permanece en este amor (donado),
permanece en el Dios (donante),
y Dios permanece en él (1Jn 4,16).

Salvar esta relación es la suprema realidad, dignidad y don que al hombre se concede, ya en
esta tierra, antes de pasar a la eternidad. Y frente a esta realidad todas las obras mencionadas o
inventables o deseables son subordinadas y relativas. Alcanzar la meta, ya ahora, es permanecer
en Dios, puesto que él nos ha asumido, para que en él permanezcamos.

Ser hombre o ser mujer es igual, porque en nada afecta a la donación de Dios a mí, ni a mi
capacidad de Apermanecer en él@. Es la misma ventaja de una condición u otra.

Ser sacerdote o ser laico es igual, porque en nada afecta a la donación plenaria que Dios ha
realizado en mí y a la capacidad de respuesta que se me otorga al hacerme el don. En la estructura
temporal de la Iglesia, hasta que el Señor vuelva, es necesario que haya sacerdotes, significantes
del único sacerdocio celeste de Cristo realizado al consumar su misterio pascual. Cuando él
retorne y nos sentemos en la Mesa del Reino, no habrá sacerdotes, porque él será el único
mediador de la gloria del Padre. Dios será todo en todos. Ser sacerdote es un designio de Dios
para el tiempo de la Iglesia.

Ser consagrado o Ano consagrado@ (ya consagrado en el bautismo), ser célibe por el Reino de
los cielos (que sólo pueden comprender aquellos a quienes se otorga) es igual, porque en nada
afecta a la donación gratuita que el Dios de amor, Creador, nos otorga como quiere. Y de hecho
llegará un día en que no se casarán ni ellos ni ellas - dice Jesús (Mc 12,25) - sino que serán
simplemente hijos de Dios, poseyendo la plenitud de su Padre.

Nuestra dignidad celeste nos la ha de conferir única y exclusivamente nuestra unión con
Dios, que será total en cada uno, personal, exclusiva y distinta en cada uno. No habrá otra
categoría que ésta.

60
Y esta unidad celeste se anticipa ya en esta tierra. Este es el Anovus ordo@ que la revelación
nos enseña.
No puede tener el hombre razonablemente mayor aspiración aquí que haber sido unido con
Dios por Dios mismo. Lo que se ha de cumplir en el cielo sin pecado, sin sombra de envidia, se
inicia aquí mismo. Mi vocación humana, aquí, nos es otra que ésta: quedar deificado, alcanzar,
por gracia, a Dios mismo.
Quien alcanza a Dios, se alcanza a sí mismo, y alcanza al hombre. Quien alcanza la
misericordia de Dios, alcanza el misterio de la Encarnación.
Yo para esto nací: para ser Dios en la tierra y serlo definitivamente cuando llegue la
consumación. No hay mayor humanismo, mayor humanización del hombre que Apermanecer en
Dios@, Apermanecer en el amor@.

13
Venerabilis Sacramenti exordium
(Oración super oblata
del primer Domingo de Cuaresma)

Instrucción sobre el sentido de la Cuaresma

Nuestra Cuaresma de 2006


El contenido de esta hoja ha sido preparado para los Seminaristas del Seminario Diocesano de
Cuautitlán, como parte de un retiro espiritual que se dará, D. m., mañana, jueves siguiente al
Miércoles de Ceniza. Esto explica la inclusión de los textos latinos.
Sobre la Cuaresma el autor ha escrito: El camino cuaresmal (Colección Emaús, 9). Barcelona,
Centro de Pastoral Litúrgica 1993. 70 pp. Pequeña obra de cierto valor pedagógico, que ha sido
traducido al italiano: Il Cammino Quaresimale (Libreria Editrice Vaticana 1996. 59 pp.) Y al
portuguiés: O Caminho Quaresmal (Col. Sinal, 15). Paulinas, Lisboa 2003. 79 pp.
La mejor celebración cuaresmal de una Comunidad de Hermanas Clarisas Capuchinas sería, a
mi modo de ver, el hacer un itinerario de las semanas cuaresmales todas juntas, basado en la
comunicación y diálogo espiritual de la reunión fraterna semanal, y recorriendo las etapas al
ritmo de la Palabra de Dios de cada domingo.

I
QUÉ ES SACRAMENTO

Misterio y Sacramento

Entremos en el lenguaje bíblico y veamos qué significa la palabra sacramento. Esta palabra
traduce normalmente el original griego de Amysterion@. Léase con atención estos pasajes.

Daniel
2,47 loquens ergo rex ait Daniheli vere Deus vester Deus deorum est et Dominus regum

61
et revelans mysteria quoniam potuisti aperire sacramentum hoc (to. musth,rion tou/to).
Equivalente a secreto.

Efesios
1,9 ut notum faceret nobis sacramentum voluntatis suae secundum bonum
placitum eius quod proposuit in eo.
3,3 quoniam secundum revelationem notum mihi factum est sacramentum sicut
supra scripsi in brevi.
3,9 et inluminare omnes quae sit dispensatio sacramenti absconditi a saeculis in
Deo qui omnia creavit
5,32 sacramentum hoc magnum est ego autem dico in Christo et in ecclesia.

1 Timoteo
3,16 et manifeste magnum est pietatis sacramentum quod manifestatum est in carne
iustificatum est in spiritu apparuit angelis praedicatum est gentibus creditum est in
mundo adsumptum est in gloria.

Apocalipsis (en sentido distinto del anterior, secreto)


1,20 sacramentum septem stellarum quas vidisti in dextera mea et septem candelabra
aurea septem stellae angeli sunt septem ecclesiarum et candelabra septem septem
ecclesiae sunt
17,7 et dixit mihi angelus quare miraris ego tibi dicam sacramentum mulieris et bestiae
quae portat eam quae habet capita septem et decem cornua

)Qué es, pues, sacramento? El sentido principal es éste:


- Es una realidad divina,
- oculta,
- que pertenece directamente a Dios,
- que Dios mismo manifiesta,
- y que en el Nuevo Testamento incluye todo el designio de Dios con su Hijo Jesucristo,
- que acontece para nosotros,
- y se nos revela para nosotros.

La Iglesia es el Sacramento de Dios, e incluye todos los otros sacramentos.


Nosotros hablaremos de los Siete Sacramentos, que son la forma particular de concretar el
Sacramento Universal de Salvación, que es la Iglesia.
Dentro de la realidad del Sacramento está la Historia de salvación; porque nada hace Dios
que no sea en sí mismo una Historia de salvación.

NOTA. Tendremos también presente que la palabra Mysterion podrá traducirse también por
mysterium, secreto revelado. El matiz es distinto.
Véase Jdt 2,2; Dn 2,19.27; Sir 22,22; Mc 4,11; Lc 8,10; Rm 11,25; 16,25; 1Co 2,2.7; Ef 3,4;
6,19; Col 1,26; 4,3; 2Ts 2,7; Tit 3,9; Ap 10,7; 17,5.

62
II
CUARESMA Y PASCUA, UNO SOLO SACRAMENTO

Qué es este Venerable Sacramento

Este Venerable Sacramento que iniciamos


1) Es el acontecimiento pascual de Cristo, que incluye
S muerte de Cristo,
S descendimiento al abismo (al lugar de la espera),
S resurrección,
S ascensión,
S venida del Espíritu Santo,
S Parusía de Jesús.

2) Que recoge los misterios anteriores de Cristo, originados por la Encarnación:


C todos los Apasos@ de la vida Jesús (por ejemplo, el bautismo, el desierto),
C todos los aspectos de la vida del Señor (el taumaturgo, el profeta, el maestro...).

3) Que acontece hoy en la Iglesia,


IX. en la cual habita todo la plenitud de Cristo,
X. en la cual late igualmente toda la historia humana y la esperanza de los hombre.

4) Y que se celebra hoy por los signos sacramentales (tiempos, ritos, palabras, signos...).

5) Y que en concreto el Venerable Sacramento que se comienza solemnemente en el primer


domingo de Pascua y se anticipa en el Miércoles de Ceniza abarca íntegramente, sin que se pueda
romper toda la Cuaresma y toda la Pascua.

El tiempo de Cuaresma y el tiempo de Pascua forman una unidad irrompible

No se pueden separar, como si fuesen cosas distintas, la Cuaresma y la Pascua.


Lo primero es la Pascua (y antes fue el Domingo), y de la Pascua nace la Cuaresma. Pero,
habiendo nacido la Cuaresma, ésta es inseparable de la Pascua.
El que da la unidad es el mismo protagonista de la Pascua y de la Cuaresma: Jesús, el Señor.
Según esto:
- Celebrar la Pascua es adherirse al triunfo del Señor.
- Celebrar la Cuaresma es adherirse al Desierto de Jesús, a la Pasión y Muerte del Señor.
Es bien evidente que en el centro de la Pascua está Jesús. Esto mismo tiene que hacérsenos
evidente cuando hablamos de la Cuaresma: el centro de la Cuaresma es Jesús. Y la gracia de la
Cuaresma nos viene del centro, que es Jesús.
Posiblemente estas consideraciones nos obligan a dar un viraje a nuestros puntos de vista: el
eje de la Cuaresma no es antropológico (el centro es el hombre), sino cristológico: Dios
manifiesta a su Hijo en Cuaresma y por medio de él nos llega la llama y la presencia del Padre.

63
III
CÓMO QUIERE PROYECTAR DIOS EN NUESTRA VIDA
ESTE VENERABLE SACRAMENTO

El Atiempo@ se convierte en sacramento

El Domingo, cada domingo del año, como Día del Señor, es un sacramento de la presencia y
de la actuación de Cristo en la Iglesia y en mi propia vida. El Domingo está penetrado de la
presencia de Jesús, el Señor, y de la actuación del Espíritu Santo.
Los 50 días de Pascua son todos juntos puestos en unidad Acomo un gran Domingo@
(expresión de san Atanasio).
Los 6 Domingos de Cuaresma en ningún momento dejan de ser Adías pascuales@, incluso
dentro de Cuaresma. Los domingos de Cuaresma son más importantes que los días feriales de
Cuaresma.
Y todos y cada uno de los días de Cuaresma, penetrados de la presencia de Cristo, quedan
santificados por la presencia del Espíritu, y son constituidos como días de Cristo, días en los
cuales vamos a pensar en el único Misterio de Cristo, diversificado a través de todos y cada uno
de Alos misterios de la vida del Señor@.
Todo el tiempo ha sido Asantificado@ y Aconsagrado@ por la presencia de Dios en el don del
Misterio de la Encarnación.

Las grandes celebraciones de Cuaresma son tres


Las grandes celebraciones de Cuaresma, en donde resplandecer la acción de Dios en la
Historia de la salvación de Dios hoy, son las siguientes:
VI. la Palabra, entregada, día a día, a nosotros como integrante esencial de la palabras de la
Biblia;
VII. la celebración de la Eucaristía, participando todo el pueblo santo de Dios, y
acercándose a la sagrada comunión,
VIII. la celebración del Perdón mediante el Asacramento@ de la penitencia o Reconciliación.
En estas tres celebraciones viene a torrentes a nuestros corazones la gracia del Señor
Los Aannua quadragesimalis exercitia sacramenti@
(los anuales ejercicios del Sacramento Cuaresmal)
(Oración colecta del primer Domingo de Cuaresma)

Los innumerables Aejercicios del sacramento cuaresmal@ giran en torno a tres núcleos: Ayuno
(penitencia), Oración, Limosna (caridad).

Ayuno
El Ayuno ha de tener un sentido místico, si queremos interpretarlo en su sentido sacramental:
Cómo Cristo ha de vencer en mí las esclavitudes que me atan al pecado. De este modo el Ayuno
no es tanto un ejercicio ascético (cómo superarme yo a mí mismo, venciendo mis malas
inclinaciones), sino un Aejercicio sacramental@: cómo Cristo ha de vencer en mí mis malas
inclinaciones.
Pero tampoco podremos olvidar la Lucha o Combate espiritual de la Cuaresma: AMilitia est

64
vita hominis super terram@ (Jb 7,1). Por eso el Miércoles de Ceniza incoamos los santos ayunos
de la milicia cristiana: ...militiae christianae sanctis incoare ieuiuniis (Oración colecta).

En esta zona entran otras muchas Amortificaciones@ (Amortificar@ quiere decir Adar muerte@),
pero siempre con la misma inspiración de raíz, siempre con la misma orientación de fondo. Jamás
puedo estar yo en el centro, porque eso sería egoísmo, sino que en el centro está Jesús. Así las
mortificaciones, aunque no nos trajeran ningún provecho, serían actos de oblación y amor a
Cristo.
Hay dos tipos de mortificaciones:
VI. Mortificaciones de Aprivaciones@.
VII. Mortificaciones de aflicciones.
Además, hay mortificaciones sutiles, que afectan a lo recóndito del corazón, y que no se ven
en el cuerpo:
S. Rectificación de amistades.
T. Victorias sobre el Yo de pecado, por la gracia y el triunfo de Cristo Redentor.

Oración
La oración es el ejercicio privilegiado del sacramento cuaresmal.
Jesús fue al desierto no a hacer penitencia, sino a orar. La oración en Jesús y desde Jesús es la
apertura al Padre por la acción del Espíritu Santo. Y la finalidad de la oración es alcanzar el
misterio de la filiación divina. Es así como debemos calibrar nuestra oración. Nuestra oración es
buena si pasa a la relación filial con Dios. Por el contrario, nuestra oración está Aanudada@, si no
pasa a la relación filial con Dios.
La oración es la suprema experiencia de libertad que puede tener el hombre, porque en la
oración uno se acerca a Dios como hijo, y halla la suprema identificación del hijo ante el Padre.

Limosna (la caridad)


Del mismo modo, la limosna o el ejercicio de las múltiples formas del amor cristiano lo
hacemos desde las entrañas de Cristo.
La caridad nos lleva a compartir el don supremo de la vida, que es el don del amor recibido.
Sólo el que se siente Aagraciado@, Agratificado@ (obsequiado gratis) es el que puede darse
gratuitamente al otro, considerándolo simpre como hermano. En este sentido la Cuaresma nos
pide una lectura muy atenta de la segunda parte de la encíclica de Benedicto XVI, Deus caritas
est.

14

Una frase del Evangelio cada día


Puntos para compartir en grupo

Mil formas y un solo objetivo

65
No nos hemos cansado de repetir que la lectio divina no tiene una técnica precisa, de tal
forma que quien no se atuviere a ella no esté en la verdadera lectio. Las referencias esenciales,
con un sistema u otro, son tres:
- La palabra de Dios en la Escritura, tomada no como objeto de estudio, como sacramento de
una Presencia.
- El Espíritu del Señor que obra con su Asanta operación@.
- El corazón humano que recibe la Palabra plantada.

En principio la lectio, que siempre será encuentro personal, se practica de modo individual.
Pero )no cabe una lectio divina colectiva? Sin duda. Aquí debemos matizar para saber qué busco:
- Si es lo que la Palabra de Dios me dice a mí, reunido con mis hermanos.
- O si es lo que la Palabra de Dios está diciendo a la Comunidad a través de lo que siento en
mi corazón o de lo que estamos compartiendo todos juntos.
Nunca se pierda el norte de la brújula: la oración, en soledad o en comunidad, es encuentro y
comunicación de corazón a corazón, y tiene una intimidad invulnerable.

El método de AUna frase del Evangelio cada día@

Tomar una frase del Evangelio al día, y precisamente del Evangelio del día, es sumamente
aconsejable. Precisemos el modo y talante con el que uno se acerca a AUna frase del Evangelio
cada día@.

Comunión con toda la Iglesia. En la Iglesia se ha establecido un Aordo@ de lecturas, indagando


con el sentir de los expertos (biblistas, liturgistas, teólogos y pastoralistas). El texto escogido
pasa a ser APan de la Palabra@ que alimenta a los hijos.
El texto escogido comienza a tener un valor sacramental: es un texto que unifica el corazón de
los cristianos. Millones de cristianos han recibido hoy el mensaje de Dios a través de este pasaje.
Dios está actuando en cada uno, según le place, con el soporte de este texto. Me uno a toda la
Iglesia, y soy uno de los participantes beneficiados en este Banquete de la Palabra.
Esta reverencia al texto del día como signo de comunión agrada a Dios, y mostrará en mí su
venida misericordiosa.

ADi una sola palabra@ (Mt 8,8: Sed tantum dic verbo) [Sino tan solo dilo de palabra;
equivalente: di una sola palabra]. Una sola palabra del Evangelio, por dos razones:
- porque, al caminar atentamente por el texto para escuchar lo que el Señor quería decirme, he
sentido que el Espíritu me ha llevado precisamente a esta palabra;
- y porque creo firmemente que una sola palabra de Dios
C puede crear un mundo y mil mundos, pues la creación se realiza con una sola palabra -
Ahágase@ y fue hecho -
C y que una sola palabra puede hacer el milagro de una conversión en la Iglesia, o puede
arrancar un apóstol (ASígueme@, y le siguió), o puede suscitar una vida nueva en mí.

AY mi criado quedará sano@ (et sanabitur puer meus). Para que la palabra del Señor pueda
sanar, tiene que penetrar en la médula del ser.
Este poder lo tiene la palabra de Dios, y no la palabra humana, aun siendo tan poderosa.
Según la misma Escritura, la Palabra de Dios tiene estas cualidades:

66
- es viva: vive y vivifica;
- es eficaz: creadora;
- es cortante y penetrante: espada de doble filo que penetra (no machete, que corta, pero no
penetra).
ACiertamente, es viva la Palabra de Dios y eficaz, y más cortante que espada alguna de dos
filos. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas; y escruta
los sentimientos y pensamientos del corazón. No hay para ella criatura invisible: todo está
desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de dar cuenta@ (Hb 4,12-13).

Esta operación de AUna frase del Evangelio cada día@


la he de sentir yo en mí

)Qué ha acontecido?
Primero. Que Aesa frase del Evangelio de cada día@ ha llenado mi alma de una clara luz, que
antes no percibía.
Esta luz es
- la luz de la evidencia espiritual: se ve, de modo inmediato, lo que antes no se veía.
- una luz derramada suavemente, como si me penetrara en el cuerpo, y, por eso, tengo una
sensación de bienestar.
Segundo. Esta frase del Evangelio ha producido en mi corazón una transformación, o siento
que lo está preparando para una transformación. Ha reblandecido una dureza, y siento que algo
nuevo se está gestando.
Doy testimonio: Dios está obrando en mí.

Tercero. Y el día a día, con constancia, tiene un valor añadido, que Dios ve con agrado:
- el valor de la fidelidad; es el amor fiel a la cita.
- el valor, en Cuaresma, del significado místico de los cuarenta días.

Este ejercicio paciente, a través de una Cuaresma; a través de una Pascua de 50 días, a través
de una rutina diaria nos abre a la sorpresa, y va cambiando poco a poco el talante de la existencia.
Nos da:
- el don de la escucha, al cual sigue el don de la penetración;
- el don de la sabiduría, que es la sintonía con Dios;
- el don de la nueva creatura.
El que permanece en la Palabra permanece en el amor, y sabemos que Ael que permanece en
el amor, permanece en Dios, y Dios en él permanece@ (Hojas de lectio divina anteriores)

Ejercicio para esta tarde


Ante todo, leeremos y comentaremos en grupo esta hojita.
Tomaré una frase del Evangelio del día, miércoles de la I semana de Cuaresma (Lc 11,29-32); la
rumiaré y compartiré con mis hermanas alguna sencilla comunicación del Espíritu.

67
15
Escuchadlo
(Del Evangelio de la Transfiguración,
Domingo II de Cuaresma)

I
PRIMERAS OBSERVACIONES SOBRE EL TEXTO

El Evangelio del Domingo II de Cuaresma


En el itinerario de Cuaresma en el primer Domingo contemplamos a Jesús en el desierto; en el
segundo a Jesús en el Monte de la Transfiguración. Ningún Evangelio dice que el Monte de la
Transfiguración fuera el Monte Tabor, nombre que aparece en un salmo. Bien pudo ser éste el
Amonte alto@ (Mt/Mc), y de hecho, en este, lugar de antiguos cultos cananeos, se venera el
santuario de la Transfiguración.
En este Evangelio (Mt 17,1-9; Mc 9,2-10; Lc 9,28-36), que según los ciclos A, B, C, se leerá
en una de estas tres versiones, nos encontramos con esta palabra central, que es la declaración del
Padre, expresada así:
Mateo Este es mi Hijo amado, en el que me complazco: Escuchad a él.
Marcos Este es mi Hijo amado: Escuchad a él.
Lucas Este es mi Hijo, el Elegido: a él escuchad.
En esta declaración hay estas coincidencias esenciales:
10 Jesús es presentado, por la voz que sale de la Nube como el Hijo de aquel que habla: habla
Dios, el Padre. El Hijo es el Agapetós (Mt/Mc). Agapetós, literalmente, significa: amado,
el amado; y, por lo tanto, el preferido, el escogido, el único. San Lucas dice Ael Elegido@.
Mateo añade una oración calificativa: Aen el que me complazco@.
20 Escuchad a él (Mt/Mc), que en san Lucas aparece con el orden a la inversa: a él escuchad.

Sentido de la palabra Aescuchad@


La palabra AEscuchad@ tiene su sentido obvio: oír, pero oír con atención, con acogida. Pues,
muy bien decimos en nuestro lenguaje, no es lo mismo Aoír@ que Aescuchar@. De ahí el dicho:
Estás oyendo, pero no me escuchas. Escuchar significa, por tanto, Aprestar atención@.
Pero inmediatamente nos acordamos de la gran proclamación de Israel, que introduce el
Decálogo: Shemá, Yishrael. La palabra AEscucha@ aparece muchas veces en la Biblia, pero el
texto principal es Dt 6,4, comienzo del Shemá.
Escucha es: obedece, pon tu alma y tu ser entero abierto ante Dios, para cumplir su voluntad
que él te manifiesta.

(Nota. En la tradición de la vida religiosa contemplativa, capuchina y no capuchina, ha


existido durante siglos la institución de la Aescucha@. La religiosa que iba al locutorio iba con una
Aescucha@, una veces como compañera de visita, otras veces, oculta a la vista de la persona
visitante. Esto se hacía, nadie lo duda, por un fin espiritual... La escucha, incluso, podía
comunicar a la Madre, sin que lo supiera la interesada, cosas Aescuchadas@ en la conversación...

68
Esto se hacía con un fin espiritual...
Esta situación, así admitida, )era realmente la forma más digna de tratar a una hija de Dios...?
Eran otros tiempos, y las cosas hay que comprenderlas en su tiempo, porque es una gran
injusticia juzgar las cosas del pasado con los criterios de hoy...
Argumento a medias, porque efectivamente, en otros tiempos, como en estos tiempos, había y
hay cosas buenas, malas, medianas; en otros tiempos y en este tiempo había y hay luz espiritual y
ceguedad espiritual; en otros tiempos y en este tiempo había y hay confianza y desconfianza; en
otros tiempos y en este tiempo había y hay formas de esclavitud y formas de libertad... Pero la
hija de Dios tenía la misma dignidad en otros tiempos que en este tiempo).

Sentido de la palabra Aa él@, puesta adelante o atrás del verbo de la frase


AÉl@ es Jesús. Con ello se declara:
- que Jesús tiene la misma autoridad que el Padre;
- que el Padre ha trasladado a su Hijo el ejercicio que al Padre le compete y nadie le niega.
San Juan lo dice con estas palabras: APorque el Padre no juzga a nadie, sino que todo juicio lo ha
entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre@ (Jn 5,22).

La gracia de la Transfiguración del Señor


La oración colecta del día dice así:

Deus, qui nobis dilectum Filium tuum audire praecepisti,


verbo tuo interius nos pascere digneris,
ut, spiritali purificato intuito,
gloriae tuae laetemur aspectu.
Desde que apareció el Misal, tras el Concilio (1970) y especialmente desde la edición del
Misal del Vaticano II del liturgista Pierre Jounel (1972), esta oración es la oración de entrada en
las clases de Sagrada Escritura. En la primera edición castellana del misal Romano se traducía
así:

Señor, Padre santo,


tú que nos has mandado escuchar a tu Hijo, el predilecto,
alégranos con el gozo interior de tu palabra;
y purificados por ella,
contemplaremos con mirada limpia la gloria de tus obras.

Alegría, Purificación y Contemplación eran las tres gracias que pedíamos como efecto de la
Palabra de Dios en la explicación de clase.
Esta traducción es una traducción exegética: en la misma traducción se está interpretando el
condensado texto latino. Podemos ahora volver sobre el contenido de esta oración como Alectio
divina@.

II
EL MANDATO DEL PADRE:
EL MANDATO DE ESCUCHAR AL HIJO
IPSUM AUDITE

69
El Padre nos ha dado un mandato: Escuchar al Hijo.
El Hijo, a su vez, nos dará un mandato: Amaos unos a otros como Yo os he amado.
La escucha, esto es, la fe contemplativa, y el amor van a ser la síntesis de toda nuestra vida
cristiana. Lo demás gira en torno a esto.
Nos conceda el Señor el don de la simplicidad interior en nuestra vida.

La escucha del Hijo es un mandato de vida


Escuchar al Hijo es el Amandato@ del Padre. Con ello se nos está diciendo que nuestra religión
es una religión del misterio de la paternidad y de la filiación. Se nos introduce en un misterio que
es trinitario.
La Nube es el Espíritu.
La Voz es el Padre.
El cuerpo de Jesús transfigurado es el Hijo.
En el ejercicio de nuestra fe entramos en la relación comunicativa de Padre, Hijo y Espíritu
Santo.
Es, por lo tanto, por esencia, una religión de intimidad; una religión, además, personalizadora.
Y todos los mandatos de vida están resumidos en éste.

Lectura patrística de hoy: Los Santos Padres han entendido toda la historia de la salvación
leyéndols con la presencia inmediata del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Podemos verlo con el texto patrístico de hoy (miércoles de la II semana de Cuaresma),


desmenuzado por líneas en su contenido.

EL PADRE Y EL ESPÍRITU DE DIOS


EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN

Historia de Salvación en sucesivas etapas


S En el principio, Dios modeló al hombre, movido por su munificencia;
S a los patriarcas los eligió con miras a su salvación;
S iba formando a su pueblo, enseñándole a seguir a Dios, a pesar de su rebeldía;
S preparaba a los profetas, haciendo que el hombre se fuera acostumbrando, aquí en la tierra, a
ser portador de su Espíritu y a gozar de la comunión con Dios; él, que de nadie necesita,
hacía entrar en su comunión a los que de él necesitan. Y, a la manera de un arquitecto, iba
esbozando, en favor de los que lo complacían, el edificio de la salvación:
S él mismo se constituyó en guía de los que en Egipto no veían,
S dio una LEY perfectamente ajustada a los que en el desierto estaban inquietos,
S otorgó en herencia la tierra prometida a los que llegaron a entrar en ella,
S mata el novillo cebado para los que vuelven al Padre y los viste con la túnica más rica.
Haciendo así que el género humano, de diversas maneras, vaya sintonizando con la salvación
futura.

Por esto Juan, en el Apocalipsis, dice: Su voz era como el estruendo de muchas aguas.
Realmente, son muchas las aguas del Espíritu de Dios, ya que es mucha la riqueza y grandeza del
Padre.

70
El VERBO DICTA LA LEY
Y, con su acción sobre todos los hombres, el Verbo comunicaba con liberalidad sus favores a los
que se le sometían, dictando una LEY apta y adecuada a cualquier condición.

Mediante esta LEY, ordenaba al pueblo


S la construcción del tabernáculo,
S la edificación del templo,
S la designación de los levitas, los sacrificios y oblaciones,
S las abluciones y todo el servicio cultual.
Él, ciertamente, no tenía necesidad de ninguna de estas cosas, ya que goza de la plenitud
de todo bien y, aun antes de que Moisés existiera, contenía en sí mismo todo olor de
suavidad y toda exhalación de agradable aroma;
C pero todo aquello era una constante llamada al Pueblo, inclinado siempre a la idolatría,
para exhortarlo a la perseverancia y al servicio de Dios;
C por las cosas secundarias lo llamaba a las cosas principales,
C es decir: por las cosas figuradas lo conducía a las verdaderas,
C por las cosas temporales lo conducía a las eternas,
C por las cosas carnales lo conducía a las espirituales,
C por las cosas terrenales lo conducía a las celestiales; como le fue dicho a Moisés: Te
ajustarás al modelo que te fue mostrado en la montaña.

Durante cuarenta días [estancia de Moisés en el Sinaí], en efecto,


S aprendió a retener las palabras de Dios,
S los caracteres celestiales,
S las imágenes espirituales y las figuras proféticas del futuro,
S como dice el apóstol san Pablo: Bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era
Cristo.
S Y añade también, refiriéndose a las antedichas prescripciones de la LEY: Todas estas
cosas les acontecían en figura y fueron escritas para escarmiento nuestro, a quienes nos
ha tocado vivir en la última de las edades.

Así, pues, a través de estas figuras,


S aprendían a temer a Dios y a perseverar en su servicio. De este modo, la LEY era para
ellos
S norma de vida y, al mismo tiempo,
S profecía de las cosas venideras.
(Contras las herejías, libro 4,14.2-3; 15,1)

Reflexión teológica
Los Santos Padre han llegado a ver la Biblia por dentro; la han leído sacramentalmente, como
lo está haciendo ahora san Ireneo, el mayor teólogo del pensamiento cristiano en el siglo II. En
esta lectura:
Toda la Biblia es un solo libro.
Toda la Biblia es historia de salvación.
No hay ningún libro suelto en al Biblia (por ejemplo, el libro de Job, que trata de un tema de

71
todos y cada uno de los hombres, de todas las épocas de la historia: el dolor que aflige al hombre,
el misterio insondable del dolor, que no tiene respuesta sino en el abandono de la fe). Este no es
un Alibro temático@, para teologizar sobre una realidad, sino que es una dimensión inherente a
toda la historia de la salvación.
Toda la Biblia alcanza su zenit en Cristo, en el misterio pascual.
Toda la Biblia anterior a Cristo es prefigurativa del
único Misterio de la Biblia.
Toda la Biblia es figurativa, en el sentido de que a través de todos los relatos se nos está
habituando al Espíritu, que como don de Dios, acontece en Jesucristo.
Toda la Biblia nos introduce en la realidad presente, donde se está dando desde Jesús y por
Jesús la riqueza sin fin de los dones divinos.

III
VERBO TUO INTERIUS NOS PASCERE DIGNERIS:
DÍGNATE APACENTARNOS INTERIORMENTE
CON TU PALABRA

El pasto de la palabra divina


La palabra de Dios es el pasto interior que alimenta al cristiano.
Ya sabemos que tenemos dos pastos: el pasto de la Palabra y el pasto de la Eucaristía. El que
nos da este Apasto@ espiritual es Jesús.
Es el trabajo que va haciendo el Padre día a día con nosotros. Recibimos vida cuando nos está
Apastando@ con su Palabra.
Pero, al mismo tiempo, este Averbo@ puede escribirse con mayúscula: AVerbo@. El Verbo de
Dios, Jesús, Verbo de Dios, nos está llevando a los pastos de Dios.
El Verbo de Dios, que había plasmado al Hombre en el Paraíso, ese mismo Verbo personal
nos apacienta y nos pasta a cada uno de nosotros en nuestra búsqueda de Dios.
En esta perspectiva es el Padre el que apacienta, el que nos da el alimento, y es el Verbo el
que apacienta; en todo, caso, es Dios mismo el que nos enseña y conduce. ASerán todos
enseñados por Dios@ (Jn 6,45; cf. Is 54,13).

Perspectivas de vida
La escucha de la Palabra de Dios va a ser, para todo lo largo del camino de mi vida:
- un acontecimiento interior,
- absolutamente personal e intransferible,
- donde voy a experimentar el palpitar de la vida de Dios,
- que se convierte en vida mía.
Experimentaré además que el pasto de la Palabra divina jamás se ha de gastar. Yo tengo para
pastar sin fin. Pensar que uno ya ha consumido un prado de esa propiedad, a la que he sido
introducido, es algo absurdo. Hasta la vuelta del Señor la Iglesia está pastando en los prados de la
palabra divina, y estará experimentando en su interior que Dios es inagotable.
La delicia de los pastos divinos es una riqueza que Dios nos la va a dar.

72
IV
EL CÓMO Y EL PARA QUÉ DEL PASTO DIVINO

El cómo: con la mirada espiritual purificada: spiritali purificato intuitu

Qué es la mirada purificada

Es la mirada nueva que da el Espíritu.


El fondo de nuestra vida tiene que ser purificado, y esto se consigue sólo si nos atrevemos a
mirarlo con unos nuevos ojos, los ojos limpios que limpian todo lo que tocan
Mirándonos así, ya nada vergonzante permanece dentro de nosotros.
Una extraña y sabia experiencia nos ocurre en la última sinceridad e intimidad del ser. No nos
atrevemos a manifestar ante los demás cómo somos. )Por qué? Porque la mirada del otro, que no
es limpia, no nos purifica. Tenemos vergüenza de que se nos conozca: cómo fuimos, cómo
somos, qué hicimos, qué hacemos.
Y, sin embargo, no nos da vergüenza de que esa misma realidad esté patente ante la mirada de
Dios. Su mirada no rechaza; su mirada purifica, santifica, pacifica.
Acontece frecuentísimamente que uno tiene que purificar toda su experiencia sexual de
infancia, de adolescencia, de juventud e incluso de edad adulta, y quizás mayor, ante la mirada
purísima de Jesús que no avergüenza, y, por el contrario, nos penetra de suavidad interior y de
paz.
Los que eran juzgados como Apecados@ ya no eran pecados vistos de otro modo; y, en todo
caso, aunque lo hubieran sido, quedan plenamente transfigurados...
Dejarse penetrar por la mirada de Jesús es la sanación perfecta del alma.
Sobre esto hay mucho que reflexionar personalmente y que hablar.
Un consejo: No nos humillemos para entrar nuestras intimidades; sólo cuando se han roto las
barreras y distancias, sólo cuando uno percibe certeramente que no soy juzgado ni tenido en
menos por el otro, sólo en esa suavidad y paz puedo entregar mi secreto, y hallar la luz y la paz
de Dios en la palabra compartida del hermano o de la hermana.

V
GLORIAE TUAE LAETEMUR ASPECTU:
EL PARA QUÉ

Nuestro destino, ya terrestre, está expresado con estas palabras: nos alegremos mirando el
aspecto (el rostro) de tu gloria.
Yo he nacido para una experiencia divina, que se me regala:
- exultación,
- rostro de Dios.

Vocacionalmente soy un contemplativo. La luz tabórica ha de bañar mi vida, y con la luz, la


unción de la alegría.
Estamos hablando de la experiencia de Cristo transfigurado que se brinda a todo cristiano,
según la manera y modo con que el Señor quiera comunicarse.
El Aicono de la Transfiguración@ ha sido tomado como Aicono@ de referencia y contemplación

73
para explicar la vida consagrada. Véase, en la exhortación apostólica Vita consecrata (25 marzo
1996) especialmente:
- 14. Icono de Cristo transfigurado.
- 15. AY se transfiguró delante de ellos@.
- 16. AEste es mi Hijo amado, en quien me complazco, escuchadle@.

16
El nido y el pájaro:
Tus altares, Rey mío y Dios mío
(Meditación en la Comunión
del Domingo III de Cuaresma)

Este miércoles de la tercera semana de Cuaresma (22 de marzo se cumplen 21 días de


Cuaresma, desde el Miércoles de Ceniza. Estamos en la mitad de la Cuaresma. Buena será una
meditación pausada de la gracia cuaresmal, mirando a Cristo. Lo hacemos de una manera
especial - poético/espiri-tual - tomando como base la antífona de Comunión del domingo de la II
semana, una pieza que se registra en los repertorios como Acanto de Cuaresma@. Gustémosla.

I
ANTÍFONA DE COMUNIÓN

Esta es la antífona que desde hace muchos siglos se canta en la Comunión en el Domingo III
de Cuaresma:
Passer invenit sibi domum, et turtur nidum, ubi reponat pullos suos: altaria tua, Domine
virtutum, Rex meus et Deus meus!
Beati qui habitant in domo tua,
in saeculum saeculi laudabunt te.
(La Nova Vulgata: in perpetuum laudabunt te).
AEl pájaro ha encontrado para sí una casa y la tórtola un nido en donde colocar sus polluelos:
Tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que habitan en tu casa; por los siglos de los siglos te alabarán@.
El texto está recogido del salmo 83 (84),4-5. Es una pieza notable en el tesoro del gregoriano,
un Acanto de Cuaresma@, recogido en los repertorios, y en la historia de la música litúrgica es
célebre el motete escrito en 1720 por Jean Philippe Rameau (1683-1764). (Puede obtenerse en
Internet, como specimen, la primera página de esta partitura polifónica de este gran maestro; p.e.,
en ACanticum novum@).
En la misa del III domingo de Cuaresma, como se consigna en las rúbricas del Misal, se hacen
los primeros escrutinios de quienes van a recibir los Sacramentos de la iniciación cristiana en la
Vigilia Pascual. El catecúmeno podrá aplicarse con especial deleite estos versículos del salmo y
precisamente en el momento de la sagrada Comunión. Al iniciado en la fe se le ofrece, en Cristo
Eucaristía, un nido espiritual.

74
Este salmo ha sido un texto preferido para expresar el consuelo de la vida religiosa como
morada para siempre, y, con frecuencia, se ha tomado algún versículo para la estampa
recordatorio de la profesión. El salmo comienza: Quam dilecta tabernacula tua, Domine
virtutum!

II
LAS AVECILLAS EN LA VIDA DE SAN FRANCISCO

Empezamos por los campos de la poesía espiritual. Hay que acercarse a las avecillas, tomar
un pájaro en la mano, acariciarlo... y comenzar a pensar, o, mejor, a vivir lo que sugiere el
pajarillo. La literatura franciscana es un lugar privilegiado. La imagen poética del salmo supone
que el orante ha tenido sensibilidad para emocionarse al ver un pajarillo, un gorrión...

La avecilla que vino a posarse en sus manos


San Francisco iba de paso, en una pequeña barca, por el lago de Rieti al eremitorio de
Greccio. El pescador le ofreció una avecilla de río para que se solazara en el Señor con ella.
Tomándola gozoso el bienaventurado Padre, la invitó mansamente, abiertas las manos, a marchar
en libertad. Pero como ella no quería irse, sino que se recostaba en las manos del Santo como si
estuviera en un nido pequeño, el Santo, con los ojos levantados, se sumergió en oración. Después
de mucho tiempo, vuelto en sí como quien viene de otro mundo, mandó con dulzura a la avecilla
que volviera sin temor a la libertad de antes. Con este permiso y una bendición marchó volando,
mostrando, con un ademán del cuerpo, una alegría especial (2Cel 167).

Cómo San Francisco domesticó unas tórtolas silvestres


Cierto muchacho había apresado un día muchas tórtolas y las llevaba a vender. Encontróse
con él San Francisco, que sentía especial ternura por los animales mansos, y, mirando las tórtolas
con ojos compasivos, dijo al muchacho: (Oye, buen muchacho; dame, por favor, esas aves tan
inocentes, que en la Sagrada Escritura representan a las almas castas, humildes y fieles, para que
no vengan a parar en manos crueles que les den muerte!
El muchacho, impulsado por Dios, le dio al punto todas a San Francisco, y él las recibió en el
seno y comenzó a hablar con ellas dulcemente: (Oh hermanas mías tórtolas, sencillas, inocentes y
castas! )Por qué os habéis dejado coger? Yo quiero ahora libraros de la muerte, y os haré nidos
para que os multipliquéis y deis fruto, conforme al mandato de vuestro Creador.
Y San Francisco les hizo nido a todas. Ellas se domesticaron, y comenzaron a poner huevos y
a empollar a la vista de los hermanos. Y vivían y alternaban familiarmente con San Francisco y
los demás hermanos como si fueran gallinas alimentadas siempre por ellos. Y no se marcharon
hasta que San Francisco les dio licencia para irse con su bendición. Al muchacho que se las
había dado dijo San Francisco: Hijo mío, tú llegarás a ser hermano menor en esta Orden y
servirás en gracia a Jesucristo. Y así sucedió: aquel joven se hizo religioso y vivió en la Orden
con grande santidad. En alabanza de Cristo. Amén.

Pero encontramos también otros episodios. Léase: Las avecillas que alimentó y cómo una de ellas pereció por
voraz (2Cel 47).

La Atortolica@ de San Juan de la Cruz y Alos pollicos@ del salmo 83,3

75
En el Cántico espiritual de San Juan de la Cruz - ACanciones entre el alma y el esposo@ -
conjunto de 40 canciones (estrofas en Aliras@, cinco versos cada estrofa), las canciones 34 y 35,
evocan la tórtola del Cantar de los cantares, y el Pájaro del salmo 83,3 y el Pájaro Solitario del
salmo 102. La explicación mística sobre la soledad que busca el alma para estar con su amado la
da el santo doctor en la explicación en prosa.

Esposo:
La blanca palomica
al arca con el ramo se ha tornado,
y ya la tortolica
al socio deseado
en las riberas verdes ha hallado.
En soledad vivía,
y en soledad ha puesto ya su nido,
y en soledad la guía
a solas su querido,
también en soledad de amor herido.

Alma de poeta
Insistimos en que hay que tener alma de poeta para entrar en ese misterioso parentesco que
une naturaleza, poesía y espiritualidad y mística, observando los seres pequeños. Bécquer escribe,
como apuntes personales, AEl libro de los gorriones: Colección de proyectos, argumentos, ideas y
planes de cosas diferentes que se concluirán o no según sople el viento@ (Madrid 1868).
El Pájaro Solitario (Apájaro sin pareja@ en el tejado, del salmo) es un tema de la literatura
espiritual. El sacerdote José Luis Martín Descalzo (1930-1991), próximo a la muerte, escribe
unos sonetos bellísimos con el título de Testamento del Pájaro Solitario. Verbo Divino 1991, 108
páginas. He aquí, puestos en un soneto fluido (4+4+3+3), los sentimientos de su alma
delicadísima.
Si fuera yo, si fuera yo, si fueraun pájaro de llama enamoradoun pájaro de luz tan
incendiadoque en el silencio de tu noche ardiera;si pudiera subirme, si pudieramuy más
allá de todo lo creadoy en la última rama de mi amado,pusiera el corazón y el alma
entera;si aún más alto, más alto y más volaraallí donde tu mano es agua claray no es
preciso mendigar consuelo,allí B(qué soledad!B yo me dejaradulcemente morir de tanto
cielo...
Gorriones y palomas en la Biblia
Los autores sagrados han meditado, estremecidos, contemplando pájaros
(gorriones), tórtolas, golondrinas y palomas.
ASoy como Pájaro Solitario en el tejado@ (Sal 102,7).
Jesús nos ha enseñado a mirar a los Apajarillos@: Mt 10,29.31; Lc 6.7.
De las tórtolas nos ha hablado con frecuencia el libro del Levítico como ofrenda del
sacrificio: la tórtola y el palomino. Nos lo recordará san Lucas (Lc 2,24).
A los profetas les gustaba mirar a las aves para entender las cosas de Dios: AHasta
la cigüeña en el cielo conoce su estación, y la tórtola, la golondrina o la grulla observan
la época de sus migraciones. Pero mi pueblo ignora el derecho de Yahveh@ (Jr 8,7).
Y lo mismo Isaías: AComo grulla, como golondrina chirrío, zureo como paloma. Se

76
consumen mis ojos de mirar hacia arriba. Yahveh, estoy oprimido, sal por mí@ (Is 38,14).
La paloma la encontramos en Noé (Gn 8), en el Cantar de los cantares (5 veces), en
los salmos (56,6; 57,1; 69,13), en Jeremías (48,28), en Oseas (7,11; 11,11); en el
Bautismo de Jesús (Mt 3,16; Mc 1,10; Lc 3,22; Jn 1,32).
Cuántas evocaciones pueden sugerirnos nuestras hermanas aves y avecillas.

Un poema de comunión
(Oh Jesús, casa divina
pan y vino en el festín!

1.El pájaro de los cielos


tiene casa para sí,
trigo en los campos de Dios,
y un nido para dormir,
el pájaro tiene canto,
alegría y frenesí.
(Oh Jesús, casa divina
pan y vino en el festín!

2. El pájaro rasga libre


caminos que nunca vi;
luz y pureza respira
y belleza en el jardín,
el pájaro sube y baja
con fuego de serafín.
(Oh Jesús, casa divina
pan y vino en el festín!

3. El pájaro en la tormenta
deja el vuelo saltarín,
y en casa se ha cobijado
bajo su pluma sutil;
y es un latido de amor
lo que le hace vivir.
(Oh Jesús, casa divina
pan y vino en el festín!

4. Son tus altares, Rey mío;


del cielo augusto el confín,
en la tierra mora Dios,
y yo a su casa acudí;
aquí me quedo llamado,
contigo por siempre aquí.
(Oh Jesús, casa divina
pan y vino en el festín!

5. Oh Jesús, del ya iniciado


vida con nuevo perfil,
oh Jesús, suave alimento,

77
dulzura para morir,
que toda mi vida sea
anhelo de amor a ti.
(Oh Jesús, casa divina
pan y vino en el festín!

(Poema escrito el domingo)

El Nido de Cuaresma, el Nido de la Pascua


Jesús es mi Nido; su templo es mi Nido; su serena compañía es mi nido.
Exactamente la misma libertad que ha tenido nuestro hermano Juan de la Cruz, para
interpretar el salmo 83,3 con un vuelo místico y hablarnos de la deleitosa soledad de
estar sólo con Jesús, exactamente la misma podemos tener nosotros para interpretar,
como voz del Espíritu Santo, lo que nos sugiere la antífona en relación con este
momento de Cuaresma en que nos encontramos, o con referencia a la Pascua, adonde
nos encaminamos; o con referencia al sentido mismo de la vida religiosa en la que uno
queda consagrado en la profesión; o en este momento de la Comunión, remanso de
paz en medio de los avatares de la vida.
)Dónde estoy? )Me encuentro en el dolor profundo? Jesús es mi nido y allí
descanso. )Dónde estoy? )En la agitación, aturdimiento y desamparo? )Dónde estoy,
yo, Pájaro Solitario en el tejado, pájaro sin una pareja de amor...? Jesús es mi nido y mi
descanso.
)Y en Pascua?
(Oh cuál quisiera, paloma,
libre soltarme a la altura,
y por tu peña horadada
hallar la casa segura,
y habitar donde el Amor
fue más fuerte que la tumba!
El gorrión de alegre vuelo
y la golondrina oscura
en nuestros techos hallaron
cálida casa a sus plumas:
así, Señor, tus altares,
tu cuerpo, amorosa cuna.

17
La Madre de Jesús desde aquella hora
(Jn 19,25-27)

PRIMERA PARTE
EN EL CALVARIO

78
I
LO QUE ESTÁ PASANDO EN TORNO A LA CRUZ

En la Anunciación a María,
25 marzo 2006, Obsequio personal

Texto juaneo (Jn 19,25-27)


Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás,
y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su
madre: *Mujer, ahí tienes a tu hijo.+ Luego dice al discípulo: *Ahí tienes a tu madre.+ Y desde
aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

Stabant autem iuxta crucem Iesu mater eius


et soror matris eius Maria Cleopae
et Maria Magdalene
Cum vidisset ergo Iesus matrem et discipulum stantem quem diligebat
dicit matri suae: Mulier ecce filius tuus
deinde dicit discipulo ecce mater tua et ex illa hora accepit eam discipulus in sua

La Cruz de Jesús
El lector contemplativo de los Evangelio puede quedarse quieto ante esta expresión: la Cruz
de Jesús. Bien sabemos que en en el Evangelio de Juan no hay Cireneo. Hemos visto a Jesús
tomando para sí la Cruz. (Con rigor filológico hay que decir: no Asu cruz@, la cruz de él, en
genitivo; sino, Apara sí la cruz@. Se trata de un Adativo@, dativus commodi, dativo de interés. La
expresión latina dice: Et baiulans sibi crucem).
Jesús abraza la cruz para sí como si la cruz fuera su amada. La toma y la acaricia. Es el don
nupcial que el Padre le ofrece. Ya ha dicho en el Huerto que va a beber filialmente el cáliz que el
Padre le ofrece. Decimos en el Vía Crucis:
Tomó Jesús la cruz cual don nupcial
que el Padre en este día le presenta;
y eternamente ya sellado Esposo,
será esposo de sangre de su Iglesia (II estación).
Ya sabemos que en el Gólgota hay otros dos crucificados, uno a la derecha y otro a la
izquierda y Jesús en medio; pero las cruces de estos crucificados no se destacan como tales. No
se dice de ellos que los bajaran de la cruz, ni antes se ha dicho que repartieran sus vestiduras.
Jesús ocupa el corazón de la escena.
La escena de la Cruz de Jesús nos invita a la veneración y a la paz. Notemos que en san Juan
no hay injurias en torno a Jesús, ni de parte de las autoridades o del pueblo que pasaba ni de parte
de los crucificados con él. La muerte va a ser en un remanso absoluto de serenidad y de paz.
La Cruz de Jesús y su cuerpo atravesado en la Cruz va a ser el manantial de la nueva vida.
Estamos ante un relato augusto, sencillo y sacramental. Tampoco en la muerte de Jesús hay
tinieblas sobre la tierra.
La Cruz de Jesús queda completada con el Titulum, el cual está Asobre [super, no supra] la
Cruz@ (Jn), o, ci no, como dice san Mateo: Aencima de la Cabeza de él@ (Mt 27,37" (distinto matiz
los otros), con un letrero escrito en tres lenguas: en Hebreo, que es la lengua santa de Dios, la

79
lengua de la Escritura; en Latín, que es la lengua oficial del Imperio Romano; y en Hebreo, sin
acotaciones.

La Cruz en el Lugar del Cráneo o Gólgota


Desde la tradición del Evangelio según san Marcos sabemos que ha sido importante el lugar
de la muerte del Señor. ALe conducen al lugar del Gólgota, que quiere decir: Calvario [lugar del
Cráneo]@ (Mc 15,22; de modo equivalente Mt 27,33; mientras que Lucas omite el nombre hebreo
y resalta sólo el nombre del lugar que entienden los lectores: ALlegados al lugar llamado Calvario
[Cráneo]@ (Lc 23,33).
Para los evangelistas el nombre ha sido significativo. Nada extraño que, luego, las tradiciones
judeo-cristianas se hayan desarrollado con libertad. En la actual Basílica del Santo Sepulcro -
para los Latinos - o de la Anástasis / Resurrección - para los Griegos - el Calvario está a unos
cinco metros de altitud sobre el piso; y debajo de la roca del calvario está la Caverna o Gruta de
Adán. Este habría sido el puesto en que Dios creó a Adán del polvo de la tierra; y en este murió y
está enterrado Adán. Su Cráneo ha sido santificado al caer sobre él la sangre del Cordero
sacrificado. Jesús muere en el Paraíso, donde murió Adán; y será también el monte Moria, el
lugar donde Abraham alzó el altar y puso a Isaac, atado como víctima inocente, en aras de la
obediencia.
Estamos en Jerusalén en el centro de la tierra.

Junto a la Cruz: el puesto de las mujeres


En el entorno de la Cruz hay testigos, pero Mateo, Marcos y Lucas dicen que están Aapo
makrothen@, Ade longe@ (Mc 15,40; Mt 27,55; Lc 23,49). San Juan, sin embargo, nos hace
contemplar la escena viendo a las mujeres Aal lado de@ la Cruz, quizás apegadas a la cruz. El
discípulo amado no está Aal lado@ de la cruz, sino que Aestá junto@, en el grupo.
Estas mujeres privilegiadas, y con ellas el discípulo amado, estaban junto a la Cruz de Jesús.
Es la Iglesia del amor la que está junto a Jesús. Es el momento de la creación de la Iglesia, de
la que se acaba de decir que no puede ser rasgada. La túnica del Cuerpo de Jesús, que es su
propia Comunidad, no puede ser rasgada, como no puede ser roto el Cuerpo del Señor.

II
YA HA LLEGADO LA HORA:
DEFINITIVAMENTE LA MUJER,
LA MADRE DE LOS DISCÍPULOS

La revelación culminante de Jesús en su hora

Las escenas de la cruz las leemos en esta realidad sacramental que vincula a nosotros, que hoy
estamos aquí, reunidos en Uno, y Jesús, que vive su Hora, y la Madre de Jesús, fruto de la misma
Hora.
En la vida pública de Jesús, según los tres Sinópticos, había habido un momento de
clarificación sobre el verdadero parentesco de Jesús: A)Quién es mi madre y quiénes son mis
hermanos?@ (Mt 12,46-50; Mc 3,31-35; Lc 8,19-21).
La función materna de Asu madre@ queda relativizada, incluso equiparada con la función que
se otorga a cada creyente. Todos los creyentes - su madre, sus hermanos, nosotros mismos -

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quedamos emplazados ante Jesús solo, ante el Padre, y no se habla de una primacía de unos sobre
otros. Lo único que cuenta es la capacidad de escucha de la palabra y la obediencia que debe
seguir a la escucha. Todos miramos, pues, a Jesús como la única referencia.

La nueva perspectiva

La perspectiva es completamente distinta en esta escena de la muerte de Jesús, según estos


puntos:
S Hay Aalguien@ que se distingue entre todos: la Madre de Jesús.
S Jesús traspasa a su Madre, de alguna manera, su propia función, a saber: los discípulos de
Jesús son confiados a la Madre de Jesús.
S La Madre de Jesús resplandece como Ala Mujer@: ésta es su función.
S Y, además, la Madre de Jesús va a ser la Madre de los discípulos-hijos.
S Creando una Comunidad recíproca en la vida y el amor.
S De esta manera queda definido, como acontecimiento de gracia y para siempre, el Astatus@
de la Madre en la Iglesia,
S pudiéndose perfilar netamente la Afunción mariana@ y la Afunción petrina@ en la Iglesia,
S para acceder a la primacía del amor, donde se juega toda la revelación de Dios.

Mujer
)Por qué María no tiene su nombre propio en el Evangelio de Juan? Acaso por la misma
razón por la que tampoco aparece el nombre de Juan. El nombre es recogido bajo la misión que
define a la persona.
María es Ala madre de Jesús@ (y no la Madre del Señor) en Caná y en la Cruz. A nosotros nos
suena de una adorable intimidad este título excelso y total: la madre de Jesús.
Es la Mujer, con una instintiva evocación de la Mujer del Génesis, Eva, la Madre de la vida,
la madre de los vivientes, como el costado abierto de Jesús nos evocará el costado de Adán, del
que nace su esposa y compañera. Del costado de Jesús nace la Iglesia-esposa.
Pero diríamos que María no es la Madre-Esposa del Señor (Madre y Esposa del Verbo, de J.
Scheeben). Es la Mujer, a quien solemnemente Pablo VI, le dada, al final de una sesión del
Concilio, el título audaz de AMadre de la Iglesia@ (Mater Ecclesiae). Con razón, porque María
aparece como Madre del hijo, el discípulo amado; de los hijos, los discípulos amados.
Como Mujer María es fuente de vida, de toda la vida.
Y su misión en la Iglesia será ser fuente viva de vida, la vida que Jesús mismo le comunica.
María es vida para la Iglesia; María es seno vivificante, manantial de toda vida.
Podemos invocarle como Madre de la vida.
Y la vida que yo tengo me viene de la Mujer, de la Madre de la vida.
(Cabe una evocación eucarística. Al hacer la Hostia santa de la Consagración, se pone,
mediante troquel, algún dibujo simple, y acaso unas pocas letras. Más de una vez, en la Hostia
que se va a consagrar, he podido ver: IN SINU MARIAE, en el seno de María).

La nueva misión que empieza en la Hora


La misión de María, que teológicamente está iniciada en la Encarnación, nace ahora, porque
ahora es la Hora. La Hora de Jesús es conjuntamente este tiempo desplegado:
- la muerte, exaltado en la Cruz,
- la resurrección y ascensión al cielo,

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- la donación del Espíritu,
- la existencia de la Iglesia en el tiempo.
La Hora de Jesús es el acontecimiento nuevo que le constituye a él en la gloria que tenía junto
al Padre, antes que el mundo fuese, y que ahora se muestra y se revela al mundo creyente.
María es el fruto de la Hora, el fruto que compendia toda la Hora de Jesús. Es la nueva
creación que empieza.
Es la iglesia en toda su pureza. Es la gloria de Dios; es la ternura de Dios; es el amor fiel de
Dios. Es el signo de Dios en la historia humana.

Una distinción: Pedro en la Iglesia


La función de María en la Iglesia es netamente distinta de la que le corresponde a Simón
Pedro.
ASimón Pedro@, que es ASimón, hijo de Juan@ (Jn 21,15) va a tener en la Iglesia una misión:
apacentar Amis corderos@, Amis ovejas@, quedando muy claro que AYo soy el buen Pastor@ (Jn
10,11.14), y que nadie, sino sólo Jesús, puede ser Ael buen Pastor@. Pedro nunca podrá ser Ael
buen Pastor@, sino el Apacentador de parte de Ael buen pastor@.
Pedro nunca podrá decir: Amis ovejas@, Ami rebaño@. Eso lo puede decir Jesús, no Pedro.
Este es el ministerio apostólico, y muy específicamente el Aministerio petrino@.

Pedro tiene sucesores. Cuando muera Pedro habrá otro a quien se asigne la misma sucesión de
Pedro, si bien el hecho de haber sido el primero, el testigo directo, le confiere un título especial.
Jesús no tiene sucesores - tiene, sí, representantes - ni tampoco María tiene sucesores.
Jesús es único, María es única. María se encuentra en Jesús, en la Hora de Jesús, y por propia
voluntad Jesús ha asociado a María; por tanto, también él se encuentra en ella.

Del paso de una exégesis histórico-pietista


a una exégesis sacramental

Los cristianos veneramos a María como nuestra madre espiritual, por ejemplo, en la Salve. Y
los autores piadosos se han apoyado en el texto de la muerte de Jesús que comentamos.
Ahora bien, los escritores piadosos, y los Papas cuando hablaban en su escritos de
exhortación espiritual, interpretaban así el texto de san Juan.
Los críticos iban, más bien, por otro camino. Preferían atener a lo que es el sentido literal:
Jesús moribundo piensa en su Madre, que va a quedar sola, y se la confía a los cuidados de Juan.
Juan acepta el ofrecimiento, Ay desde aquella hora la recogió en su casa: accepit eam in sua. El
otro sentido, el espiritual, sería un sentido derivado por nosotros, no el sentido intrínseco del
texto, aunque no se oponga a él.
La exégesis da un giro, cuando se percibe que el Evangelio de Juan es un Evangelio
Aespiritual@, Asacramental@, Asimbólico@.
Desde esta perspectiva, el sentido espiritual ya no es un sentido añadido, sino el sentido
intrínseco. Al evangelista no le interesa el acontecimiento biográfico personal de Juan y María,
sino que le interesa el mensaje que mediante esta escena se comunica a la Iglesia; por tanto, el
sentido espiritual es el sentido inmediato, literal, intrínseco.
María es declarada por Jesús como Madre de los discípulos, de sus discípulos..

Una etapa nueva en la Historia salutis de María: Encarnación y Hora de Jesús

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El designio de Dios sobre la familia humana se revela y se realiza como Historia de salvación,
de acuerdo al pensamiento de todos los autores del Nuevo Testamento, por ejemplo, Efesios 1,3-
10.
En Caná Jesús declara que ANo ha llegado mi hora@. Pero, al acceder a los ruegos de la Madre,
de alguna manera la adelanta. Lo que acontece en Caná, que es el don del vino nuevo, guardado
desde siempre (desde la creación del mundo, según una tradición judía) acontece ya ahora. El
poder de Dios traspasa tiempos cronológicos, y, si bien es cierto, que la Hora de Jesús, se inicia
en los Misterios de la culminación (la Cena y lo que sigue) el fruto de la Hora puede anticiparse a
este tiempo Asacramental@ en que estamos. El Asigno@ de Caná nos entrega este fruto, que se
anticipa proféticamente.
No nos extrañe que, al definirse la Concepción Inmaculada de María, se diga que esto
acontece en virtud de los méritos de la Pasión de Cristo, en virtud de una Aredención
antecedente@.
María inaugura en la Cruz su etapa definitiva hasta la vuelta del Señor
A partir de ahora María es Madre de los discípulos; antes no lo era.
La Iglesia, gestada en la predicación de Jesús, y pensada Aantes de la constitución del mundo@,
está arrancando ahora: nace del costado de Cristo y de su santa resurrección. Se alumbraba, es
cierto, con el nacimiento del Hijo de las entrañas de María, y, de hecho, si María es virgen en su
concepción, lo es por la resurrección del Hijo que lleva en sus entrañas.
Para todos los siglos María va a ser, por el Espíritu Santo y junto al Espíritu Santo, la Madre
de los discípulos. La Iglesia adquiere una dimensión mariana, que la envuelve.
Con esta nueva situación de María resplandece más la armonía del misterio:
- La Iglesia, que lleva el resplandor de la Trinidad,
- lleva el resplandor de María,
- que, por el misterio pascual de su Hijo, es revestida de nueva gloria por la Trinidad.

Sublimación
Esta forma de hablar de María parece que nos introduce en el camino de la fantasía espiritual
que podríamos llamar ASublimación@. )Qué es lo que es cierto en el misterio de María? )Cuál es
la norma de la fe? Porque habrá que buscar siempre un apoyo-raíz en la Escritura.
Efectivamente, si no hay un punto de apoyo en la Escritura, es imposible avanzar. Ese punto
de apoyo es
- un pasaje concreto que parece va sugiriendo el discurso;
- o la misma armonía interna de la fe que mana de la Escritura y que en coherencia nos invita
avanzar por el camino de la fe iluminada. La fe nunca es evidencia.
Toda nuestra reflexión, o meditación de fe, es un intento de proyectar la palabra de Jesús
sobre el campo de la misión de María, que se desprende del oficio que se le confía.
Pensamos que no estamos trabajando con el recurso de la Asublimación@, sino con el de la
APenetración@ o AIluminación@ del misterio.

No es Sublimación, sino Contemplación


El misterio amoroso de la Iglesia, expresamente retratado en la función de la Madre, es, al
mismo tiempo, el misterio contemplativo.
La contemplación no es otra cosa sino el asombro ante el amor, y la quietud que de ahí se

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derrama.
El ser de María se sustrae al análisis racional; y a la teología, si la Teología se define como
meditación Aracional@ del dato de la fe. Sería mejor abandonar estos conceptos, y pensar que
María es el reflejo del misterio contemplativo de la Iglesia.
Por eso, el acceso a la ciencia que llamamos AMariología@ tiene que acontecer por la vía de la
Contemplación, que supone la fe humilde y la purificación del corazón.

Maternidad mística de María con la Iglesia


Volvemos, de nuevo, a las palabras directas de Jesús: Mujer, ahí tienes a tu hijo.
)Quién es el hijo? El discípulo amado. Ahora bien, el discípulo amado no es Juan individuo,
sino Juan discípulo. Es la comunidad en cuanto discípulos de Jesús. No somos discípulos de
María, sino discípulos de Jesús.
Discípulos de Jesús bajo el cuidado materno de la Madre de Jesús.
La misión de María Amadre@ es
- hacernos más discípulos de Jesús,
- guardarnos en el discipulado de Jesús,
- todo ello bajo el signo del discípulo del amor.
Por lo mismo, la misión de María al cuidado es los discípulos es
- guardarnos en el amor inherente al discipulado,
- avivar este amor,
- hacer de la comunidad de discípulos de Jesús una comunidad en el discipulado del amor del
Señor.

María, pues, nos lleva al ápice de la revelación, que es el amor..

El amor, como la misión específica de María


María debe hacer una Comunidad de discípulos amados. Para esto se le concede, en la hora de
Jesús, la función de ser Madre.
El amor es la vida de la Iglesia. Si la madre es madre porque engendra vida, María es Madre
de los discípulos amados porque ella está engendrando y manteniendo en la Iglesia, por el
Espíritu, la vida del amor.
María, en la Hora de Jesús, en el trance definitivo de la Iglesia que se prepara para las Bodas
celestes con el Cordero es la que hermosea y prepara a la Esposa en el amor para el encuentro
nupcial con el Esposo.
Por otra parte, el amor es la hermosura del ser, la fuente secreta de la hermosura. Uno es bello
cuando ama, y siente en ese estado, la armonía acompasada de su corazón, que se le refleja en el
rostro.
María es justamente la que está dando a la Iglesia su específica hermosura, la hermosa del
amor recibido y respondido.

María cumple su misión en el silencio del Misterio


Ignacio de Antioquía, contemplando a Cristo, y hablando del Silencio (un gran concepto de la
Gnosis), dijo que ahora que calla es cuando más se manifiesta.
Conjuntamente y correlativamente lo mismo hemos de decir de María. María es Silencio en la
Iglesia, silencio envolvente del misterio, silencio membrana del misterio. Sin el silencio el

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misterio dejaría de ser misterio y sería una noticia que rápidamente se gasta.
María no son Amis palabras@, sino que está más allá de mis palabras. María no es mi creación
estética, o su presencia aposentada en mi creación estética: María está más allá de la estética.
María, que es como la brisa del Espíritu, que nos adentra en la caverna del encuentro, nos
lleva con su persona materna a la intimidad de Dios. María es la guardiana de la Trinidad, la
humilde Portera de la Trinidad.

La misión sacerdotal está al amparo de la Afunción petrina@, de distinto género e inferior a


la Afunción mariana@

Conviene decir una palabra comparando a la Madre de Jesús con el sacerdote.


María ni es sacerdote ni puede serlo, porque se le ha dado una función materna superior al ser
Sacerdote.
Ya parece (porque los Teólogos no acaban de calibrar los pensamientos) que tampoco la
mujer creyente puede serlo, por cuanto que la función de lo femenino en al Iglesia va en
prolongación del misterio mariano.
La función sacerdotal sirve a la función petrina en al Iglesia, función sacramental y
ministerial-sacramental.
Los sacramentos van en busca del amor, y es ahí donde habita el misterio de María. El amor,
como donación de vida divina, supera a los sacramentos, destinados a él. Y María está pensada,
formada y ministeriada por Dios como Madre del amor para el amor. María es función del amor
de Dios en la Iglesia, amor sin más, amor sin otro oficio, sin otra connotación que el amor
mismo. María es la Madre del amor, la Madre del amor Hermoso.

Madre e hijo, discípulo de Jesús: reciprocidad en el amor

La doble encomienda de Jesús, dirigiéndose primero a la Madre y luego al hijo, nos está
introduciendo en la dinámica de la Alianza. Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo; Mi
amado es para mí y yo para mi amado; Cenaré con él y él conmigo.
Esta reciprocidad en el amor que se establece por el acto testamentario de Jesús, que es acto
creador, por esta mirada de Jesús, que cubre en unidad Madre e hijo (el hijo estaba junto a la
Madre), esta reciprocidad nos está anunciando
- que el amor mutuo es incesante,
- y que este amor entra dentro de la experiencia sobrenatural de la Iglesia.
Jesús nos ha dicho: APermaneced en mí como yo en vosotros@ (Jn 15,4). El amor inmanente de
Jesús y el discípulo, según el amor inmanente de Jesús y el Padre, va a ser el modelo y pauta del
amor entre la Madre de Jesús y el hijo, discípulo de Jesús.
En la Iglesia este amor silencioso, sentido y vivido, es el aglutinante de la verdadera vida.

El acceso al misterio
María no es Auna santa@, la más radiante, del coro de los santos. Es sencillamente la Madre
creada por el Espíritu a la hora de la muerte del Hijo.
María aparece con los dos signos propios de la Mujer:
- El silencio en el misterio, reverbero de intimidad.
- El don de la maternidad virginal que se entregado a la misión del Hijo, para que la madre
potencial sea la madre real de cuantos se han acercado, a venerar la Eucaristía
La fe es la puerta de Todo el Misterio, y, una vez pasados adentro, el camino de la fe se

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convierte en el camino del amor para el acceso. La explicación, sí necesaria, no toca el misterio.
Desde la fe el amor entra en la Trinidad, hogar de María.

III
NUEVOS ECOS DE MEDITACIÓN

El remate de la obra de Jesús

Al terminar la escena de la Madre de Jesús y el Discípulo amado, el evangelista prosigue:


ADespués de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido...@ (19,28). Con esta expresión nos
está indicando que la acción que acaba de realizar Jesús era la obra culminante que faltaba para
su misión terrestre.
En distintas ocasiones apela Juan al conocimiento supremo de Jesús. Es especialmente
significativa, por las circunstancias que se dan, el comienzo de las escenas del Cenáculo: AAntes
de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al
Padre, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo@ (13,1).
María es la coronación de la obra de Jesús, y ha de permanecer así en el hoy permanente de
la Iglesia.

Plenitud que adquiere María en la Hora de Jesús

La Iglesia, cuando lee el Evangelio, lo lee en unidad y sincronía, y tiene libertad para mezclar
textos. Esto no quita que el Teólogo discierna autores, enfoques, tipos de teología. Para saber
cuál es la figura de María en el misterio de Jesús según san Juan, no tenemos que acudir a Lucas
(Anunciación; Visitación, donde está Ala Madre de mi Señor@; Pentecostés en Hechos) ni a los
Sinópticos (como anotamos, )Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?). Expliquemos a
Juan por Juan mismo.
María, al pie de la Cruz, llega a la plenitud de su misterio. No es necesario que sobrevenga el
Espíritu en Pentecostés. Jesús capacita a su Madre para quedar constituida como Madre de los
discípulos, que van a ser sus hijos. A partir de la palabra eficaz de Jesús la Iglesia ya no puede ser
identificada como sino Iglesia con la Madre de Jesús. Su misión perdurará para siempre.
Y, al morir Jesús, inclina la cabeza y entrega el Espíritu. El Atradidit spiritum@ algunos
exegetas lo quieren interpretar como Atradidit Spiritum@, al menos, como un inicio de la entrega
del Espíritu, que se va a verificar en la tarde de la resurrección.

La Iglesia viviente de este Evangelio

La Iglesia de Jesús tiene dos expresiones supremas: Pedro y el Discípulo amado. En ningún
momento hay en el Evangelio un conflicto entre los dos tipos de Iglesia, Pero hay signos patentes
de dos concepciones. Hay Iglesia con el signo de Pedro y hay Iglesia con el signo del Discípulo
amado.
El primero que ha sido mirado por Jesús ha sido un discípulo sin nombre (Juan en el sentir
implícito de todos) que estaba con Andrés (Jn 1,40), si bien desde el primer momento, al día
siguiente, Simón recibe el nombre de Pedro (1,42); el primero que ha sabido el secreto de la
traición, Arecostándose sobre el pecho de Jesús@ (Jn 13,25), ha sido el Discípulo amado, que lo ha
pasado a Pedro, según sugiere la acción; el primero que ha llegado al sepulcro ha sido el

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Discípulo amado, si bien, se detuvo Ay no entró@ (20,5); el primero que en Tiberíades vio al
Resucitado y dijo: A(Es el Señor!@ (21,7) fue el Discípulo amado, y entonces Pedro se lanzó al
agua.
Se perciben dos tipos de primacía. Una es la primacía clara, inequívoca de una misión en la
Iglesia (Pedro), otra es una primacía de la realidad última de la Iglesia, que es el amor (Juan). Son
dos símbolos mutuamente fundidos, que jamás se pueden separar.
También desde aquí se comprende que la forma de Iglesia que Juan nos entrega es una forma
marcadamente contemplativa. Jesús, el revelador, la autorrevelación de Dios (el único tema del
Evangelio), está inundado de gloria, y la fe es una visión de la gloria de Dios.
El Cuarto Evangelio, procedente de la Comunidad de Juan, se decanta por esta primacía
intrínseca del amor. La aparición de Jesús a María Magdalena es una evidencia resplandeciente.
La primera que vio al Señor fue aquella, a quien Jesús llamó: A(María!@ (20,16). Incluso - y esta
es la sorpresa suprema - antes de dejarse ver por el Padre, se deja ver por la mujer amante que ha
permanecido junto al cruz: ADeja de abrazarme, que todavía no he subido a mi Padre@ (20,17).
Jesús habita en el amor de su santa Iglesia, y no puede haber una realidad superior a esta. Las
funciones (los servicios ministeriales, signo de honor y servicio), ciertamente necesarias, no
pueden anular esta primacía amorosa, donde radica la más pura esencia de la Iglesia de Jesús.

María en el misterio del amor

María recibe su misión sublime para mantener la Iglesia en el amor. Ella va a ser el signo del
amor sobre la Iglesia, y su quehacer será el tener la Iglesia en el amor. María es la corona del
amor, con el Espíritu, para esta obra suprema de Dios.
Si penetramos en esta realidad primacial del amor, se nos facilita el camino para comprender
ciertos puntos de la controversia teológica. María ni es sacerdote..., ni puede serlo (tampoco Jesús
fue sacerdote en al tierra: Asi estuviera en al tierra ni siquiera sería sacerdote@ Hb 8,4), porque su
misión, en una paridad de gracia que Jesús le confiere, supera todo sacerdocio. Aceptado esto, no
es una promoción para la mujer el sacerdocio ministerial, porque su misión de amor, adherida
femeninamente a la misión de María, es de distinto género, pero (no es menor! (No intentamos
desarrollar esta ardua cuestión de la teología).

SEGUNDA PARTE

BIOGRAPHICA
A ti, Madre de Jesús,
clara e impenetrable como la luz,
con el deseo de conocerte;
a vosotras, mis hermanas capuchinas,
como herencia;
a mis hermanos
fr. Rufino María, marzo 2006

Consagración íntima y pública en la Iglesia del Discípulo amado

Una confidencia queda destrozada si deja de ser confidencia. Una confidencia es una palabra
íntima y pura del corazón, ofrecida como oblación de amor, que, entregada, queda fuera de

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comentario, pero que, recibida, aúna a las personas en el mismo camino. Es, por lo tanto, un acto
eclesial al honor de la gloria de Dios.
Una confidencia no es una curiosidad, y quedaría degradada si así se sintiera. Una confidencia
es una comunión de amor para caminar juntos en la misma dirección y destino.
Viene luego una confidencia... Parece de pronto, que sacar a flote nuestras confidencias
espirituales, es un atentado contra el Espíritu que dice a cada uno, en el momento preciso de vida,
lo que hay que hacer. Pero he aquí... que no lo es, si en el momento preciso en que pasaba la
Virgen por la celda de cada uno, nos arrodillamos ante su imagen, y con el lenguaje que a cada
quien le viniera, fuimos diciendo en voz alta nuestra consagración a María, mi consagración
personal, digna de ser escuchada sólo por la persona a quien va dirigida, por Ella. Y, con todo,
nuestro voto mariano, que era lo más íntimo de cada uno, fue escuchado por todos los hermanos
compañeros.
Fue una consagración con un contenido similar al que aquí se reproduce. Era un acto de
Iglesia; los compañeros dejaban de ser compañeros para convertirse en testigos de Iglesia.
Estábamos en la onda de Juan, de la Comunidad Juanea, cuando nos sentíamos consagrados por
Cristo Redentor a María...

Ad Iesum per Mariam: Un novicio


En el nombre del Padre, y del Hijo
y del Espíritu Santo. Amén.

Escúchame, oh María, benditísima por toda la eternidad, Madre amadísima, de cuyo amor y
fidelidad jamás he quedado defraudado, escúchame esto que en unión del bendito Jesús te escribo
de rodillas en este día de retiro.
Quisiera llorar de amor y gratitud. Oh Madre del corazón vengo a decirte que en unión del
dulce Jesús me he consagrado a Ti como esclavo de amor para toda mi vida y eternidad. Me
consagré el día último de mayo cuando Jesús estaba en mi Corazón, y ayer que la Sta. Madre la
Iglesia católica celebraba la fiesta de María Reina escribí la consagración que hoy te la voy a
decir delante de todos como testigos de esto que prometo cuando Te pasees como Reina por
nuestros claustros.
(((Soy todo tuyo, soy todo tuyo, soy todo tuyo!!! Y me consagro en este tiempo aunque siento
menos fervor y más ingratitudes; pero bien ves que me consagro para ser todo tuyo y no para
darme gusto a mí. Recibid, pues, oh Toda Amor mío, todo cuanto en el orden natural y
sobrenatural me pertenece. Os lo entrego con el mayor desinterés, amor y sencillez [que] puedo,
y todo esto del tiempo pasado, presente y venidero por toda la eternidad. Ay, Madre siempre, Tú
serás mi riqueza y mi suplemento ante la beatísima Trinidad. Os prometo llevar por mi parte mi
esclavitud con lógica férrea hasta [el] más mínimo detalle. Así no tengo más remedio que ser
santo y que confiar siempre, (oh dulces necesidades!
Oh María, oh María, yo soy el mayor enemigo de mi santificación; pero quiero
desentenderme de mí mismo y para siempre para siempre arrojarme en tu Corazón. Quiero
también que pues misericordia [misericordiosamente] Te has dignado inspirarme este tierno
afecto, quiero Madre mía poner toda mi vida a vuestro servicio: a viviros completamente y de
[sic] hacer que os vivan los demás.
Oh, )quién me dará subir a la montaña del amor? Oh María, Jesús pide almas que le amen y
(hay tantos fracasados! Oh Jesús amor, quiero ser loco de amor, desentendido de toda lógica
humana, guiado solamente por el Espíritu Santo que es vuestro espíritu y el de María.

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Vamos pues, Madre mía. Si yo soy fiel Vos me subiréis en vuestros brazos hasta la montaña
del amor. Esto es lo que ansía mi corazón: en vida y eternidad amar a la beatísima Trinidad
puramente para que más sea glorificado.
Oh María, Madre mía, Madre mía, POR VOS, CON VOS, Y EN VOS yo seré santo. Así sea,
así lo espero.
Fr. Rufino María de Alfaro,
ESCLAVO DE MARÍA

CONFESSIO ET RETRACTATIO

Bien podemos acudir a los grandes y perennes maestros de la Iglesia para orientar nuestra
propia vida. Viene a la mente Agustín (354-420), bautizado el 387, obispo de Hipona (396-430),
que escribe sus Confessiones, siendo obispo, hacia el año 400 y al final de su vida las
Retractationes [volver a tratar] o Reconsideraciones o Relecturas.
En línea menor, cada uno puede escribir su Confessio y su Retractatio.

Las Confesiones son la historia de su corazón; las Retractaciones, lo son de su mente; mientras que sus Cartas
dan evidencia de su actividad dentro de la Iglesia.
Las Confesiones (hacia el 400 D.C.) son, en el sentido bíblico de la palabra confíteor, no un reconocimiento o
una declaratoria, sino la alabanza de un alma que admira la obra de Dios dentro de sí misma. De todos los trabajos
del santo doctor, ninguno ha sido más leído y admirado universalmente, y ninguno ha provocado tantas lágrimas
curativas como éste. Muy difícilmente puede encontrarse en la literatura otro libro que pueda equipararse con éste en
lo referente al análisis penetrante de las más complejas impresiones del alma, a la sensación comunicativa, a la
elevación del sentimiento, o a la profundidad de sus visiones filosóficas.
Las Retractaciones (escritas hacia el final de su vida, 426-428) son una revisión en orden cronológico de los
trabajos del santo, donde se explican la motivación y la idea dominante de cada uno de ellos. Constituyen una
invaluable guía para captar la evolución del pensamiento de Agustín.
Las Cartas, que ascienden a 270 dentro de la colección Benedictina (53 de ellas corresponden a remitentes de
Agustín), son un tesoro de gran valor para profundizar en el conocimiento de su vida, de su influencia e, incluso, de
su doctrina. (Eugène Portalié).
Retractatio: Sub umbra Mariae
1. María ha sido Sombra, como Sombra en la Anunciación: el Espíritu Santo te cubrirá con
su Sombra; Sombra silenciosa, lluvia fecunda. Sombra, como la Nube de la Transfiguración. Y
una Nube los envolvió en su Sombra.
La Madre está, pues éste es su oficio; está y no reprocha; está y no pide balances; está
alentando, está contemplando. Está simplemente amando... Y, aunque yo no responda, la Madre
está, para que en cualquier momento, pueda volver la cabeza y decirle: APero... )estabas ahí,
Madre mía?@ y ella me responde: AEstoy, hijo mío. Nada tengo contra ti. Estoy amándote. Tú...
sigue. Estoy@.
Y en la soledad del corazón, por la noche y antes del alba, escucho:
2. Si yo no hubiera estado, tú no estarías donde estás: en un camino.
3. Se cambiarán las ideas; aprenderás teologías; te convencerás y harás convencer... Darán
vuelta los pensamientos y los sentimientos... Se agitarán los corazones, el tuyo..., hijo mío. Pero
Yo estoy, porque soy el corazón de la Iglesia. Soy el amor fiel...
4. Soy la Palabra que no se puede acabar de pronunciar. Los teólogos me pronuncian y sus
sabias palabras apenas si son el balbuceo de la Sabiduría de Dios, y todas sus dulzuras apenas si

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son un mero mover sus labios para sentir el paladeo del amor.
5. La vida, en su devenir, es cambio, y las aguas profundas han removido el Mar de la santa
Iglesia. Y tú cambias... pero yo estoy, porque la función del amor es estar. Ni hace falta que
entiendas.
6. La que estuvo cabe la Cruz, hijo mío, hoy está, y mientras tanto: Jesús, viendo a su Madre
y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su Madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego
dice al discípulo: Ahí tienes a tu Madre.
7. No quieras entender más.
Gracias, Madre
Oh Madre de Jesús junto al madero

Oh Madre de Jesús junto al madero,


Mujer de quien la vida nueva nace,
hoy quedas consagrada para siempre
a ser por el Espíritu la Madre.

Hay Madre para amar y ser amados,


que amar y solo amar es nuestro trance;
la Tierra del Amor es nuestra Iglesia,
eternamente amada por el Padre.

Que Pedro arrepentido lo recuerde:


de amor y solo amor se le hizo examen;
y sepa que su anillo y su cayado
los signos son de aquel amor de sangre.

Lo sepa el Sacerdote cuando sirve,


entiéndalo el Profeta cuando hable:
que pasan los carismas, solo queda
amor tan solo cuando todo acabe.

Oh Madre de la Cruz y la Verdad,


regalo del amor, latido amante,
Tú eres el Silencio que nos guarda,
que seas nuestra paz, oh Siempre Amable.

A Cristo, toda gracia, bendecimos,


que ha hecho con su Madre dulce enlace:
(Oh Cristo Redentor, bendito seas,
por darnos lo más tuyo como Madre!. Amén.

TERCERA PARTE
HIMNODIA

90
(Ilustración del Missale Romanum, 2002)

María envuelta en la Palabra

Señor cardenal; queridos hermanos

...Durante todos estos días mi mirada se dirigió necesariamente a esta


representación del anuncio a María. Lo que me fascinó fue ver que el arcángel Gabriel
tiene en la mano un rollo, que pienso que es el símbolo de la Escritura, de la palabra de
Dios. Y María está de rodillas dentro del rollo. María está en el rollo, es decir, vive en la
palabra de Dios, con toda su existencia vive dentro de la Palabra. Está como
impregnada de la Palabra. Así, todo su pensamiento, toda su voluntad y todas sus
acciones están impregnados y formados por la Palabra. Al habitar ella misma en la
Palabra, puede convertirse también en la "Morada" nueva de la Palabra en el mundo.
Señor cardenal, al final, silenciosamente, sólo con estas alusiones, nos guió por un
camino mariano. Este camino mariano nos llama a insertarnos en la palabra de Dios, a
poner nuestra vida dentro de la palabra de Dios, y a dejar que esta Palabra impregne
nuestro ser, para que después podamos ser testigos de la Palabra viva, de Cristo
mismo en nuestro tiempo.

(Bendicto XVI, al terminar los Ejercicios espirituales,


11 marzo 2006, predicados en la capilla Redemptoris Mater,
decorada toda ella con mosaico de icnografía de Oriente).

Himno en la Anunciación del Señor, 2006

Ya vino la Palabra, ya vino hasta la carne


y el Verbo se hizo hombre, mi Dios se hizo mi Esposo;
oh gloria del Dios vivo en este suelo nuestro
por Dios santificado: (que adore nuestro asombro!

Los labios del arcángel Palabra son del Padre


y adentro, en la Palabra, habita el Hijo hermoso;
los labios de María también son la Palabra:
el sí de su obediencia, que lo ha ofrecido todo.

Y es todo el corazón y el alma atravesada


hoguera incandescente y tálamo amoroso;
que sea su Palabra, que sea el Verbo santo,
que sea yo su esclava, que sea yo su voto.

Y el Verbo se hizo carne en vientre inmaculado;


(oh entrañas maternales de fruto generoso!,
(oh Día de los siglos, secreto hasta hoy guardado!

91
(oh Dios enamorado, oh Hombre venturoso!

Postrémonos humildes, de gracia saturados


en el celeste Anuncio que trae el pleno gozo:
(Oh Padre, gracia y gloria con tu hija predilecta,
a ti la bendición y el cántico amoroso! Amén.

(Métrica ínterna: 7+7)


María, la Madre de Jesús y de los discípulos

Oh Madre de Jesús junto al madero,


Mujer de quien la vida nueva nace,
hoy quedas consagrada para siempre
a ser por el Espíritu la Madre.

Hay Madre para amar y ser amados,


que amar y solo amar es nuestro trance;
la Tierra del Amor es nuestra Iglesia,
eternamente amada por el Padre.

Que Pedro arrepentido lo recuerde:


de amor y solo amor se le hizo examen;
y sepa que su anillo y su cayado
los signos son de aquel amor de sangre.

Lo sepa el Sacerdote cuando sirve,


entiéndalo el Profeta cuando hable:
que pasan los carismas, solo queda
amor tan solo cuando todo acabe.

Oh Madre de la Cruz y la Verdad,


regalo del amor, latido amante,
Tú eres el Silencio que nos guarda,
que seas nuestra paz, oh Siempre Amable.

A Cristo, toda gracia, bendecimos,


que ha hecho con su Madre dulce enlace:
(Oh Cristo Redentor, bendito seas,
por darnos lo más tuyo como Madre! Amén.

92
18
Lectio divina en la Pasión del Señor:
En aquel mismo amor: Ain illa caritate@
Por las cumbres del amor
I
GIRO DE LA CUARESMA EN EL DOMINGO V
Y SEMANA V

Día de desierto: día de Aencuentro@


El sábado 1 de abril de 2006, en que terminaba la semana IV de Cuaresma , se hizo en
esta Casa de Santa Verónica un retiro espiritual en forma de ADía de desierto@. Por la mañana, en
la homilía de la Misa, se trató de dar alguna orientación, basados en el texto mismo del Evangelio
(Jn 7,40-53). Allí, Jesús, motivo de discusión, aparecía para las personas bienintencionadas
- como el profeta,
- como el Mesías,
- como aquel de AJamás hombre alguno habló con habla este Hombre@.
Un desierto no es un vacío. Si vamos al desierto es para favorecer el encuentro. El encuentro
es el alma del desierto, el encuentro con Dios. Tratábamos, por lo tanto, de encontrarnos con
Jesús Viviente. Jesús - como lo hemos dicho desde el principio - es el protagonista de
Cuaresma, como es el protagonista de la Pascua.
Y la misma vida contemplativa, como tal, es un desierto: simplificación de las cosas, hasta
quedarnos, en lo posible, con lo esencial. Siendo un desierto es, por ello mismo:
- un encuentro,
- un intenso encuentro.

Domingo V: avanzando más adentro


La Cuaresma avanza de esta manera:
- con mayor intensidad,
- con mayor concentración,
- con la mirada más específica en Jesús doliente.
Tenemos que tomar conciencia de estos signos de la pedagogía de la Iglesia, caminando hacia
el Calvario y la Resurrección.
Antes de la renovación litúrgica que siguió al Concilio Vaticano II, las dos semanas finales de
Cuaresma eran las Semanas de Pasión:
I Semana de Pasión (V semana),
II Semana de Pasión (la semana VI, que es la semana Santa).
Ahora no hay más que una semana de Pasión, que es la Semana Santa. El Domingo de Ramos
es ADomingo de Ramos de la Pasión del Señor@ (Dominica in palmis de Passione Domini@. Los
días siguientes no se llaman Ade la Pasión del Señor@, sino ALunes de la semana Santa@ (popu-
larmente Lunes Santo), etc.
1. Se van haciendo los escrutinios de quienes, elegidos al principio de Cuaresma (Aelecti@) se

93
preparan para recibir los sacramentos de la iniciación en la noche pascual (Bautismo -
Confirmación - Eucaristía). Primer escrutinio el tercer domingo, segundo escrutinio el cuarto
domingo, tercer escrutinio el quinto domingo. (Si se hacen estos escrutinios hay Misas Rituales
para los mismos).
2. Se ha procedido, en este tiempo de Apurificación@ e Ailuminación@ a la entrega (Atraditio@)
de los documentos de la fe. Esta entrega pertenece a la iluminación.
Se ha entregado el Símbolo de la fe y se ha entregado la Oración del Señor. AEl Símbolo se
entrega en la semana que sigue al primer escrutinio; la Oración dominical después del tercero@
(Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos. RICA [1972] 53).
)Qué significan el Símbolo de la fe y la Oración del Señor como Ailuminación@? AEn el
Símbolo, en el que se recuerdan las grandezas y maravillas de Dios para la salvación de los
hombres, se inundan de fe y de gozo los ojos de los elegidos; en la Oración dominical, en cambio,
descubren más profundamente el espíritu de hijos, gracias al cual, llamarán Padre a Dios, sobre
todo durante la reunión eucarística@ (RICA 25,2).

Reflejos de la peculiaridad litúrgica de la Semana V de Cuaresma


Sobre esta línea de avance y progreso de la Cuaresma veamos las peculiaridades de esta
Semana V de Cuaresma.

1. Posibilidad de cubrir las imágenes. Dice el Misal Romano: ALa costumbre de cubrir las
cruces y las imágenes puede conservarse, a juicio de la Conferencia Episcopal. Las cruces
permanecen cubiertas hasta después de la celebración de la Pasión del Señor (Viernes Santo), y
las imágenes hasta el comienzo de la Vigilia pascual@.
2. En la Liturgia de las Horas se propone una himnodia distinta para esta semana, o, mejor,
para este nuevo tiempo. Hay que distinguir con delicadeza en qué se diferencia esta himno de
Pasión de la himnodia de la Cuaresma. No es fácil hacer tal distinción en los himnos castellanos
que estamos empleando en el libro oficial.
3. En la misma Liturgia de las Horas:
S Hay antífonas especiales para los días que se inician a partir del quinto domingo,
S Y hay otros elementos específicos, siendo especialmente de destacar las lecturas de
Laudes y de Vísperas.
4. En la celebración de la Eucaristía en la lectura continua de pasajes avanzados de San Juan,
donde aparece tan fuertemente la polémica de Jesús con los judíos.
5. A partir del domingo V se dice el Prefacio de la Pasión del Señor:
- el I en Semana Santa y en las Misas de los Misterios de la Cruz y de la Pasión del Señor;
- el II se puede decir el Lunes, Martes y Miércoles Santo.
6. El Viernes de la V semana de Cuaresma es Viernes de Dolores. Por ejemplo, en Tierra
Santa, en el Monte Calvario, junto al altar de la Crucifixión está el altar de la Dolorosa. Se
celebra solemnidad (con primeras Vísperas), Misa del Misal Romano o Misa propia con Gloria,
con secuencia Aad libitum@...
(Nota: En Jerusalén, en este Miércoles de la V semana de Cuaresma se celebra como solemnidad la
conmemoración del Vía Crucis, en el Lithóstrotos, con su misa propia: Is 53, 1-10CPs 68, 8-10.15-19C1Pet 2, 20b-
25CIo 19, 16-30).
El elemento más específico

94
El elemento más específico, es el desplazamiento y concentración que observamos en la
consideración del misterio. Semana enteramente cristológica. Los múltiples Atemas@ cuaresmales:
oración, limosna, ayuno, conversión, mandamientos... quedan desplazados, porque, a partir de
ahora, uno ocupa nuestra atención: la persona de Jesús sufriente.
Esto debe ser el centro de nuestra espiritualidad.
Hemos de prestar atención a este elenco de textos bíblicos, todos ellos cristológicos, que la
Iglesia nos brinda como textos de meditación para estos días. Toda nuestra atención tiene que ir
encauzada a la Pasión del Señor.

Meditación del misterio de la Pasión del Señor


en los texros cristológicos de Laudes y Vísperas
de la semana V de Cuaresma

Día Laudes Vísperas

Domingo Pascua del Señor Muerte de Jesús y profetas


Lv 23,4-7 Hch 13,26-30a

Lunes Cordero matadero Cristo murió por nosotros


Jr 11,19-20 Rm 5,8-9

Martes Mirarán Traspasado Cristo: sabiduría, justicia...


Za 12,10-11a 1Co 1,27b-30

Miércol. Siervo: salivazos Cristo: os amó se entregó


Is 50,5-7 Ef 4,32-5,2

Jueves Padeció la muerte Padeció fuera de la ciudad


Hb 2,9b-10 Hb 13,12-15

Viernes Siervo: sin aspecto. Seguir sus huellas


Is 52,13-15 1P 2,21b-24

Sábado Jesús tendiendo manos Vísperas del Domingo de la


Is 65,1b-3a Pasión del Señor - Ramos

Prosigue la misma meditación antes de entrar


en el Triduo Pascual

Domingo Hija de Sión Como arriba


RAMOS Za 9,9

Lunes Como arriba Como arriba


Santo

Martes Como arriba Como arriba


Santo

Miércol. Como arriba Como arriba


Santo

Jueves Como arriba Como arriba - Con las Vís-


Santo peras se inicia TRIDUO P.

95
II
CLAVE DE LECTURA Y CONTEMPLACIÓN

La oración colecta del Domingo V de Cuaresma como clave de lectura espiritual de estos
textos de la Escritura
La oración colecta del domingo V de Cuaresma nos puede dar la clave para nuestra
meditación y lectio divina de los textos de esta semana. El texto, bellamente traducido en la
versión de la Liturgia de las Horas, dice así:
Te pedimos, Señor [Dios nuestro]
que enciendas nuestros corazones en aquel mismo amor con que tu
Hijo ama el mundo
y que lo impulsó a entregarse a la muerte por salvarlo.

El texto corresponde al original latino que se expresa de esta manera


Quaesumus, Domine Deus noster,
ut in illa caritate,
qua Filius tuus diligens mundum
morti se tradidit,
inveniamur ipsi,
te opitulante, alacriter ambulantes.

Traducción rigurosa y cuasi-mecánica


Te rogamos, Señor Dios nuestro,
que en aquella caridad,
con la cual tu Hijo amando al mundo
a la muerte a sí mismo se entregó;
nos encontremos nosotros,
ayudándonos tú, fervorosamente caminando.

En el corazón de Francisco: la configuración de Cristo Crucificado

Al paso de estos pensamientos podemos captar cómo nos encontramos en el


corazón de nuestra espiritualidad franciscana. San Buenaventura nos da la fisonomía
espiritual de san Francisco con esta estampa de las Siete Apariciones de la Cruz, al
concluir el capítulo sobre ALas sagradas Llagas@.

AYa se ha cumplido verdaderamente aquella primera visión (10) en que


contemplaste cómo llegarías a ser caudillo en la milicia de Cristo y se te aseguró que
serías decorado con armas celestes selladas con la insignia de la cruz. Ya puede
tenerse por verdadera, sin ningún género de duda, aquella visión del Crucificado que
tuviste al principio de tu conversión (20: San Damián), y que traspasó tu alma con la
espada de una dolorosa compasión, así como también aquella voz que escuchaste,
procedente de la cruz como del trono sublime de Cristo y de su secreto propiciatorio,
según tú mismo lo afirmaste con tus sagradas palabras.
Ya también se puede creer y asegurar con certeza que no fueron puras visiones
imaginarias, sino verdaderas revelaciones del cielo, aquellos hechos acaecidos durante
el desarrollo de tu conversión: la cruz que el hermano Silvestre vio salir

96
prodigiosamente de tu boca (30); las espadas en forma de cruz que vio atravesar tu
cuerpo el santo hermano Pacífico (40), y tu misma aparición en figura de cruz elevada
en el aire cuando San Antonio predicaba acerca del título de la cruz (50) , conforme
a la visión tenida por el angélico varón
Ya por fin, hacia los últimos días de tu vida, el habérsete mostrado en una misma
visión la sublime imagen del Serafín y la humilde efigie del Crucificado (60), que te
abrasó en el interior y te signó al exterior (70) como a otro ángel que sube del oriente
para que lleves en ti el sello de Dios vivo: todo ello corrobora más y más la fe en las
cosas antes referidas y, a su vez, recibe de éstas un testimonio de su veracidad.
He aquí las siete maravillosas apariciones de la cruz de Cristo verificadas en ti
y en torno a tu persona y mostradas según el orden cronológico. A través de las
seis primeras, como por otras tantas gradas, llegaste a la séptima, donde hallarías
finalmente reposo. En efecto, la cruz de Cristo, que en los inicios de tu conversión te fue
propuesta y que tú asumiste; esa cruz que después a lo largo de tu existencia llevaste
continuamente en ti con una vida santísima y la mostraste para ejemplo de los demás,
deja entrever con tal claridad y certeza el hecho de haber tú alcanzado finalmente el
ápice de la perfección evangélica, que ninguna persona verdaderamente devota puede
rechazar esta demostración de la sabiduría cristiana esculpida en el polvo de tu carne,
ningún verdadero fiel la puede impugnar, ni despreciarla ninguno que sea
verdaderamente humilde, porque se trata de una demostración expresada por el mismo
Dios, y digna, por tanto, de ser plenamente aceptada@ (San Buenaventura, Legenda
13,10).

La oración que hacía san Francisco, en la cima de su vida, antes de recibir las
Llagas

Según Las Florecillas, san Francisco ora antes de recibir las llagas con una oración
que expresa este libro, y que trasladamos abajo. Es una oración compuesta por el
autor, pero que puede expresar los sentimientos de Francisco
Metidos en nuestra espiritualidad franciscana, nos puede ser útil examinar cómo han
narrado los primeros biógrafos la experiencia espiritual de Francisco identificado con
Cristo Crucificado.
El fundamento es el biógrafo y teólogo espiritual Tomás de Celano, y es san
Buenaventura el que intenta hacer una síntesis final. Las Florecillas (las
Consideraciones sobre las Llagas) van, en este aspecto, en la línea de la mística
bonaventuriana

La narración de Celano (Primera Vida, 1228)


94. Durante su permanencia en el eremitorio que, por el lugar en que está, toma el nombre
de Alverna, dos años antes de partir para el cielo tuvo Francisco una visión de Dios: vio a un
hombre que estaba sobre él; tenía seis alas, las manos extendidas y los pies juntos, y aparecía
clavado en una cruz. Dos alas se alzaban sobre su cabeza, otras dos se desplegaban para
volar, y con las otras dos cubría todo su cuerpo. Ante esta contemplación, el bienaventurado
siervo del Altísimo permanecía absorto en admiración, pero sin llegar a descifrar el significado
de la visión. Se sentía envuelto en la mirada benigna y benévola de aquel serafín de
inestimable belleza; esto le producía un gozo inmenso y una alegría fogosa; pero al mismo
tiempo le aterraba sobremanera el verlo clavado en la cruz y la acerbidad de su pasión. Se

97
levantó, por así decirlo, triste y alegre a un tiempo, alternándose en él sentimientos de fruición y
pesadumbre. Cavilaba con interés sobre el alcance de la visión, y su espíritu estaba muy
acongojado, queriendo averiguar su sentido. Mas, no sacando nada en claro y cuando su
corazón se sentía más preocupado por la novedad de la visión, comenzaron a aparecer en sus
manos y en sus pies las señales de los clavos, al modo que poco antes los había visto en el
hombre crucificado que estaba sobre sí.
95. Las manos y los pies se veían atravesados en su mismo centro por clavos, cuyas
cabezas sobresalían en la palma de las manos y en el empeine de los pies y cuyas puntas
aparecían a la parte opuesta. Estas señales eran redondas en la palma de la mano y alargadas
en el torso; se veía una carnosidad, como si fuera la punta de los clavos retorcida y remachada,
que sobresalía del resto de la carne. De igual modo estaban grabadas estas señales de los
clavos en los pies, de forma que destacaban del resto de la carne. Y en el costado derecho
[como en el crucifijo de San Damián], que parecía atravesado por una lanza, tenía una cicatriz
que muchas veces manaba, de suerte que túnica y calzones quedaban enrojecidos con aquella
sangre bendita.

Celano en la Segunda Vida (1246-1247) nos da información muy interesante en los nn. 135-
138 sobre el cuidado en ocultar las Llagas.
Los Tres Compañeros (carta de envío en 1246) tienen también un relato breve sobre la
Impresión de las Llagas (n. 69).

La narración de san Buenaventura (Legenda, 1262)


LM 13,1-3
Así, dos años antes de entregar su espíritu a Dios y tras haber sobrellevado tantos trabajos
y fatigas, fue conducido, bajo la guía de la divina Providencia, a un monte elevado y solitario
llamado Alverna. Allí dio comienzo a la cuaresma de ayuno que solía practicar en honor del
arcángel San Miguel, y de pronto se sintió rodeado más abundantemente que de ordinario con
la dulzura de la divina contemplación; e, inflamado en deseos más ardientes del cielo, comenzó
a experimentar en sí un mayor cúmulo de dones y gracias divinas. Se elevaba a lo alto no como
curioso escudriñador de la majestad divina, para ser oprimido por su gloria, sino como siervo
fiel y prudente, que investiga el beneplácito divino, al que deseaba vivamente conformarse en
todo.
2. Conoció por divina inspiración que, abriendo el libro de los santos evangelios, le
manifestaría Cristo lo que fuera más acepto a Dios en su persona y en todas sus cosas.
Después de una prolongada y fervorosa oración, hizo que su compañero, varón devoto y santo,
tomara del altar el libro sagrado de los evangelios y lo abriera tres veces en nombre de la santa
Trinidad. Y como en la triple apertura apareciera siempre la pasión del Señor, comprendió el
varón lleno de Dios que como había imitado a Cristo en las acciones de su vida, así también
debía configurarse con El en las aflicciones y dolores de la pasión antes de pasar de este
mundo.
Y aunque, por las muchas austeridades de su vida anterior y por haber llevado
continuamente la cruz del Señor, estaba ya muy debilitado en su cuerpo, no se intimidó en
absoluto, sino que se sintió aún más fuertemente animado para sufrir el martirio. En efecto, en
tal grado había prendido en él el incendio incontenible de amor hacia el buen Jesús hasta
convertirse en una gran llamarada de fuego, que las aguas torrenciales no serían capaces de
extinguir su caridad tan apasionada.
3. Elevándose, pues, a Dios a impulsos del ardor seráfico de sus deseos y transformado
por su tierna compasión en Aquel que a causa de su extremada caridad, quiso ser crucificado:
cierta mañana de un día próximo a la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, mientras oraba
en uno de los flancos del monte, vio bajar de lo mas alto del cielo a un serafín que tenía seis

98
alas tan ígneas como resplandecientes. En vuelo rapidísimo avanzó hacia el lugar donde se
encontraba el varón de Dios, deteniéndose en el aire. Apareció entonces entre las alas la efigie
de un hombre crucificado, cuyas manos y pies estaban extendidos a modo de cruz y clavados a
ella. Dos alas se alzaban sobre la cabeza, dos se extendían para volar y las otras dos restantes
cubrían todo su cuerpo.
Ante tal aparición quedó lleno de estupor el Santo y experimentó en su corazón un gozo
mezclado de dolor. Se alegraba, en efecto, con aquella graciosa mirada con que se veía
contemplado por Cristo bajo la imagen de un serafín; pero, al mismo tiempo, el verlo clavado a
la cruz era como una espada de dolor compasivo que atravesaba su alma.
Estaba sumamente admirado ante una visión tan misteriosa, sabiendo que el dolor de la
pasión de ningún modo podía avenirse con la dicha inmortal de un serafín. Por fin, el Señor le
dio a entender que aquella visión le había sido presentada así por la divina Providencia para
que el amigo de Cristo supiera de antemano que había de ser transformado totalmente en la
imagen de Cristo crucificado no por el martirio de la carne, sino por el incendio de su espíritu.
Así sucedió, porque al desaparecer la visión dejó en su corazón un ardor maravilloso, y no fue
menos maravillosa la efigie de las señales que imprimió en su carne.
Así, pues, al instante comenzaron a aparecer en sus manos y pies las señales de los clavos,
tal como lo había visto poco antes en la imagen del varón crucificado. Se veían las manos y los
pies atravesados en la mitad por los clavos, de tal modo que las cabezas de los clavos estaban
en la parte inferior de las manos y en la superior de los pies, mientras que las puntas de los
mismos se hallaban al lado contrario. Las cabezas de los clavos eran redondas y negras en las
manos y en los pies; las puntas aparecían alargadas, retorcidas y como remachadas, y,
sobresaliendo de la misma carne, rebasaban el resto de ella. Así, también el costado derecho -
como si hubiera sido traspasado por una lanza - escondía una roja cicatriz, de la cual manaba
frecuentemente sangre sagrada, empapando la túnica y los calzones.

La escenificación de Las Florecillas (siglo XIV), o, más bien, en Consideraciones sobre


las Llagas

CONSIDERACIÓN III
Aparición del serafín e impresión de las llagas a San Francisco

Llegó el día siguiente, o sea, el de la fiesta de la Cruz , y San Francisco muy de mañana,
antes de amanecer, se postró en oración delante de la puerta de su celda, con el rostro vuelto
hacia el oriente; y oraba de este modo:
Señor mío Jesucristo, dos gracias te pido me concedas antes de mi
muerte: la primera, que yo experimente en vida, en el alma y en el cuerpo,
aquel dolor que tú, dulce Jesús, soportaste en la hora de tu acerbísima
pasión; la segunda, que yo experimente en mi corazón, en la medida posible,
aquel amor sin medida en que tú, Hijo de Dios, ardías cuando te ofreciste a
sufrir tantos padecimientos por nosotros pecadores.
Y, permaneciendo por largo tiempo en esta plegaria, entendió que Dios le escucharía y que,
en cuanto es posible a una pura creatura, le sería concedido en breve experimentar dichas
cosas. Animado con esta promesa, comenzó San Francisco a contemplar con gran devoción la
pasión de Cristo y su infinita caridad. Y crecía tanto en él el fervor de la devoción, que se
transformaba totalmente en Jesús por el amor y por la compasión. Estando así inflamado en
esta contemplación, aquella misma mañana vio bajar del cielo un serafín con seis alas de fuego
resplandecientes.

99
El serafín se acercó a San Francisco en raudo vuelo tan próximo, que él podía observarlo
bien: vio claramente que presentaba la imagen de un hombre crucificado y que las alas estaban
dispuestas de tal manera, que dos de ellas se extendían sobre la cabeza, dos se desplegaban
para volar y las otras dos cubrían todo el cuerpo. Ante tal visión, San Francisco quedó
fuertemente turbado, al mismo tiempo que lleno de alegría, mezclada de dolor y de admiración.
Sentía grandísima alegría ante el gracioso aspecto de Cristo, que se le aparecía con tanta
familiaridad y que le miraba tan amorosamente; pero, por otro lado, al verlo clavado en la cruz,
experimentaba desmedido dolor de compasión. Luego, no cabía de admiración ante una visión
tan estupenda e insólita, pues sabía muy bien que la debilidad de la pasión no dice bien con la
inmortalidad de un espíritu seráfico.

III
EL SENTIDO DE LA ORACIÓN DE LA IGLESIA PARA MÍ

Sería una injuria a Cristo que yo, por compararme con Francisco de Asís, pensara que no soy
digno de participar en ese mismo amor que llevó a Jesús a entregarse a su Pasión, y que la Iglesia
me propone como plegaria para entrar en el espíritu de esta semana de Pasión.

In illa caritate
Cuando Pablo dice: Ay no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al
presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por
mí@ (Ga 2,20), está interpretando en clave de amor:
- tanto la obra de Jesús
- como los libros que nos hablan de esta obra.
Por eso Pablo continúa: ANo tengo por inútil la gracia de Dios, pues si por la ley se obtuviera
la justificación, entonces hubiese muerto Cristo en vano@ (v. 21).
El reconocimiento del amor, la recepción del amor, está implicando que yo mismo me pierda
en esa corriente de amor que se ha establecido.

Compartir el amor de Dios como amor único en mi vida


El hombre, peregrino en esta tierra, alcanza su supremo destino acá abajo cuando
- llega a Dios,
- lo acepta como Creador y Padre de este mundo, interesado por el hombre, del todo
vinculado a la historia humana, presente en ella, dador de sentido y conductor de la historia desde
su silencio,
- y entra en comunión total con ese Dios, sin ningún interés personal, sino pidiendo
simplemente que se haga la voluntad de Dios, que Dios sea todo en todos.
Este Dios de relación personal es el Dios de la Escritura, el Dios de la revelación, que no lo
alcanzó la Filosofía.

Hemos descubierto que el amor de Dios ha sido la causa suprema del compromiso de Dios
con el mundo, hasta el punto de entregar Dios a su propio Hijo por la vida del mundo. No nos
sirve una Teología Natural que nos diga: Dios es un ser purísimo y perfectísimo, que nada le
añade le quita el pecado o la fidelidad del hombre, puesto que la felicidad divina se cumple por sí
misma. El fracaso del hombre para nada puede turbar su felicidad inmutable. Nos rebelamos
contra esta teología: ASi he pecado, )en qué te afecta, Centinela de los hombres?@ (Jb 7,20). No

100
podemos compartir el racionalismo teológico del sabio que dice: A)Acaso puede un hombre ser
útil a Dios...? )Le importa a Shaddai que tengas razón?, )en qué le aprovecha tu honrada
conducta?@ (Jb 22,2-3). Ese Dios, suficiente en sí mismo, impasible, al que nada se le puede
añadir o quitar..., para quien es igual que yo me salve o me condene, no es ciertamente el Dios de
Jesús.
Por el contrario, el Dios entrañable ha desbordado su amor y su ternura por mí - hasta el punto
de que si soy su oveja descarriada, le valgo más que las otras 99 fieles -, ese Dios entrañable me
revela que el amor es el motor de todos sus actos.
Nos dice igualmente que el amor de Dios se ha manifestado en el amor de su Hijo.
Y ese Dios me revela
- que puedo entrar como receptor y colaborar en ese pleno amor de su Hijo,
- que puedo lograr una vida en el pleno amor de su Hijo,
- y que esta vocación de amor de su Hijo es, en definitiva, mi propia vocación.

Vivir esta revelación, con las consecuencias que Dios disponga para nosotros, para mí, es vivir lo más
hondo del espíritu de la liturgia en la celebración de la Pasión del Señor.

Hay una oración en la tradición franciscanas, para algunos editores en la misma colección de
los opúsculos de Francisco, que dice:
Absorbeat quaeso Domine
mentem meam, et cor meum
ignita et melliflua vis amoris tui
ab omnibus quae in mundo sunt;
ut amore amoris tui moriar,
qui pro amore amoris mei dignatus es mori. AMEN.
Que absorba, Señor, te suplico, mi mente y mi corazón, la encendida y meliflua fuerza de tu
amor, (desprendiéndome) de todo lo que hay en el mundo, para que muera por amor de tu amor,
ya que tú te dignaste morir por amor de mi amor. Amén.

19

Mistagogía de contemplación
Textos del Domingo de Pascua:
Marcos 16,6 y Col 3,3

Mistagogía para la contemplación del Resucitado

En el itinerario bautismal de los adultos (Ritual para la Iniciación Cristiana de Adultos:


RICA), la Cuaresma es tiempo de purificación y de iluminación. La Pascua, y especialmente la
primera semana, es tiempo de mistagogía. En griego Amystês@ es el iniciado (uno queda iniciado

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cuando recibe, en la noche pascual, los tres sacramentos de la iniciación: Bautismo,
Confirmación, Eucaristía), y Amyst-agogo@ (mistagogo) es el que conduce al iniciado. )Adónde
lo conduce? Lo conduce más y más hacia la interioridad del Misterio, en este caso hacia la
interioridad del Misterio de la Resurrección.
El Neó-fito (el Neo-nacido), incorporándose a la comunidad que lo ha recibido, signo de la
Madre Iglesia, va avanzando poco a poco en el gusto de los misterios, que antes eran extraños a
su mentalidad, y que ahora tienen que hacérsele Aconnaturales@, como algo perteneciente a su
nueva naturaleza.
Si la formación, de alguna manera, no se termina sino con la vida y por eso hablamos de
formación permanente, de modo análogo para el cristiano que ya ha recorrido todo el camino
que le ha llevado a Cristo, podemos hablar de mistagogía permanente.
En esta Pascua, y acudiendo a los textos bíblicos, podemos hablar de una mistagogía de la
contemplación, y para ello nos servimos, en este caso, de dos pasajes correspondientes a la
liturgia del Domingo de Pascua:

Marcos 15,6:
No os asustéis.
Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado;
ha resucitado, no está aquí.
Ved el lugar donde le pusieron.

Colosenses 3,3:
Porque habéis muerto,
y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios

I
EL CRUCIFICADO PASA A SER EL RESUCITADO

Mensaje del joven de la túnica blanca


En la tumba de Jesús hay un joven; lleva una túnica blanca; y está sentado a la derecha.
)Por qué es un joven (sin alas)? )Por qué lleva una túnica blanca? )Por qué precisamente a la
derecha?
No se trata de una composición escénica que nosotros hayamos creado; es una composición
que se nos da en el Evangelio, venida de otro lado, de donde Jesús vive.
Es joven, significando y transmitiendo hermosura y vida; y al mismo tiempo es una imagen
familiar. El joven puede transmitir un mensaje como un humano. En san Mateo la descripción es
distinta: Ael Ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima
de ella. Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve@.
El joven hermoso:
- Les quita el miedo.
- Les notifica lo que buscan.
- Les anuncia la nueva realidad.
- Les da una misión.
- Les promete el Aencuentro-visión@: allí le veréis.

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Los dos mundos: el Crucificado, el Resucitado
El primer mundo
El primer mundo es el mundo del Crucificado. El Crucificado es el que ellas habían
contemplado en la Cruz. El Crucificado es el que ellas habían visto descender de la Cruz El
Crucificado es el que le pidió a Pilato José de Arimatea. El Crucificado es el que vieron con
atención donde lo ponían. El Crucificado es aquel para quien ellas traen aromas.
En una palabra, el Crucificado es el ámbito de la experiencia humana, experiencia de amor y
de dolor. En el Crucificado se concentran nuestras múltiples experiencias.
Ellas van en busca de un Crucificado, no en busca de un Resucitado.

El paso del primer mundo al segundo mundo, el paso del Crucificado al Resucitado
El primer mundo ha pasado: ANo está aquí@.
Amanece el nuevo mundo: AHa resucitado@.
El paso al segundo mundo no lo puede producir ni significar ningún ser humano; es
revelación que viene de Dios.
Y el único paso es la fe, porque solamente la fe nos abre los ojos interiores para que
comprendamos que Jesús ya no pertenece a la experiencia empírica sino que está Aahí delante@ de
otra manera.

La verdad de la nueva realidad


El contemplativo es el que abre los ojos al infinito y poner su atención, incluso su afecto, en
la nueva realidad, que no se percibe sensorialmente pero que está ahí.
Habiendo dado este paso por la fe, ahora el núcleo que está ahí y que recoge la nueva realidad
de Jesús tiene que ser la realidad primaria de la vida. Según esto, mirando hacia donde el ángel
nos indica mirar, Jesús tiene que ser:
- La realidad primordial de mi vida, realidad fundante de mi ser desde Dios.
- El sentido de mi existencia.
- La verdad iluminada de mis días.
- La fuerza del combate para proyectar mi vida.
- El proyecto configurante de mi vida.
- Mi propio destino.
- Sencillamente, mi vocación.

Esta vocación cristiana, propia de todo bautizado, se concreta en el contemplativo o


contemplativa, en esta forma concreta: vivir mirando al Resucitado. Somos, por vocación,
Videntes del Resucitado.

Expresión en un himno litúrgico


Este modo de acceso a Jesús, lo expresamos en este poemas para la liturgia:

Oculto, mi Señor, es vocación:


estás ahí, tan suave y puramente,
estás, tu ser entero y verdadero,
estás resucitado, permanente.

103
Estás, pues eres vida que desborda,
estás, pues eres luz que nos envuelve;
estás, pues eres surco de mi historia.
estás, presencia dulce, toda y fuerte.
Estás, y estás marcando mi destino:
estarme yo mirándote de frente,
bebiéndome la savia de tu cruz,
llenándome de fuerza omnipotente.
Estás, persona y rumbo de los siglos,
y tu infinita luz es mi presente,
estás, y estando tú entiendo ahora
que es mi quehacer hacerte transparente.
El ángel de la túnica nos dice:
Aquí no está, miradle refulgente;
vosotros sed videntes de su luz,
de eterna luz seréis la eterna fuente.
(Oh Cristo, mi Señor, dulzura mía,
oh vida, y oh victoria de mi muerte;
a ti me lanzo y quedo consagrado,
que seas tú mi Dios eternamente!
(Oh cielo de los cielos, Dios Jesús,
oh Hijo de mujer, virginalmente,
oh Hermano nuestro, pura cercanía,
en ti me gozo, vive, reina, vence! Amén

II
YO MUERTO CON EL MUERTO;
YO VIVIENTE, OCULTO EN EL VIVIENTE

San Pablo nos lanza plenamente a una muerte mística para quedar establecido en esa obra
realidad mística, que es el haber resucitado.

MUERTE
El acontecimiento de la muerte de un contemplativo
La muerte sacramental
La experiencia de la propia muerte es hondísima, porque esta muerte acontece en las raíces
del ser, no en la periferia. Muerte es la desvinculación con el pecado.
Pablo nos está hablando de esta muerte sacramental, que se ha operado en la muerte de Cristo.
Esta realidad sacramental, que es aceptada por fe, no pasa, de por sí, a la esfera de la psicología;
no se analiza en el orden de la experiencia sensitiva Y, con todo, dado que el ser es uno,
experimentamos, de alguna manera, los reflejos de la Amuerte sacramental@ en la fenomenología
profunda del Yo. Los estados de conciencia de algún modo se acompasan con las realidades

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sobrenaturales producidas en lo recóndito del ser.

La experiencia de morir en la conciencia


La existencia interna del pecado es algo durísimo que nos acompaña, pese a haber fomentado
los más sublimes sentimientos de virtud. El pecado murió con la muerte de Cristo, y ya no existe
más; y, con todo, el pecado Avive@, porque emite sus radiaciones. Aunque uno haya sido
constituido como Abueno@ o, más bien, Asanto@ en la santidad de Cristo, experimenta como suyo
el mal, que está dentro, que actúa, que nos amenaza. Pedro, santificado por la presencia de Cristo,
llega a pecar, hasta el grado de negarlo. Estamos tocando el misterio del ser humano, cuyas
fronteras internas no se pueden deslindar. Ni hay ni puede haber un discurso de psicología que te
ponga en evidencia la línea precisa de la separación existente entre la santidad que habita en mí,
hasta hacerme radicalmente santo, y el pecado que de hecho está dentro, hasta poder llevarme al
homicidio.

)Un contemplativo Apecador?


Se diría que esta experiencia de que el pecado está dentro de nosotros nos debe quitar la
conciencia de que somos contemplativos. Esto es erróneo. Se puede ser contemplativo siendo
Apecador@. En efecto, el pecado radica en mí y la victoria sobre el pecado no es un acto de la
conquista personal, sino del triunfo exclusivo y total de la gracia.
Nosotros, en nuestro camino humano rumbo a la santidad y precisamente en este camino
contemplativo, quisiéramos dos cosas:
S la primera no ceder jamás a la aparición del pecado; ser los conquistadores del pecado
oculto que nos envuelve.
S Y la segunda, sentir que ya no asoma el pecado en el estrato profundo del alma: no
Asentir@, por ejemplo, la envidia (y no solamente no ceder ante la envidia).
La presencia del pecado en lo profundo la vamos a llevar hasta el final. La gracia de Dios
consistirá en ver la victoria de Cristo en mí, porque, en virtud de la conciencia personal, en que se
refleja todo cuanto acontece en lo profundo, observamos que no somos nosotros los que
triunfamos, sino pura y simplemente la gracia de Dios. Es gracia del contemplativo ver esta
victoria de modo sencillo, inmediato y directo.

El señorío de Cristo en el cuerpo y en el alma


El que se adhiere a Cristo va experimentando en el plano profundo vital de su ser una
transformación paulatina: el pecado va perdiendo terreno, la gracia va ganando el terreno que
antes ocupaba el pecado.
Por una vía de connaturalidad con las cosas divinas, pasamos de la cruda realidad del
pecado, que, aunque perdonado, y por lo tanto muerto, ejercía cierta esclavitud en nuestras
fuerzas vitales, agarrotadas, desorientadas, a la nueva realidad que trae el dominio de la gracia. El
que ha quedado subyugado por la gracia de Dios experimenta la ligereza en el nuevo modo de
caminar, dado que la gracia Aconnaturaliza@ las inclinaciones de pecado que el mismo pecado
había dejado dentro de nosotros mismos. Y por la gracia nos hacemos connaturalmente humildes,
puros, verdaderos, generosos..., que es cosa bien distinta del talante o propensión Anatural@ que
uno puede tener hacia esos modos de proceder.
Es la progresiva divinización (la Atheiosis@) de que han hablado los Padres griegos.

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La ascética que se deriva de la mística
A continuación, al hablarnos Pablo de la más pura vida mística (Vita vestra abscondita est
cum Christo in Deo), regresa a la ascética. Hemos muerto, y, sin embargo, Pablo nos propone una
tarea de Adar muerte@ (morti-ficare, mortificate ergo membra), exhortando de este modo:
5 Por tanto, mortificad vuestros miembros terrenos: fornicación, impureza, pasiones, malos
deseos y la codicia, que es una idolatría,
6 todo lo cual atrae la cólera de Dios sobre los rebeldes,
7 y que también vosotros practicasteis en otro tiempo, cuando vivíais entre ellas.
8 Mas ahora, desechad también vosotros todo esto: cólera, ira, maldad, maledicencia y palabras
groseras, lejos de vuestra boca.
9 No os mintáis unos a otros. Despojaos del hombre viejo con sus obras,
10 y revestíos del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto,
según la imagen de su Creador,
11 donde no hay griego y judío; circuncisión e incircuncisión; bárbaro, escita, esclavo, libre, sino
que Cristo es todo y en todos.

Lo peculiar de este párrafo es que se trata de una tarea mística.


La mortificación arranca, aquí, de una visión mística de la existencia. Me mortifico - doy
muerte a mi mundo de pecado - precisamente porque estoy vivo en Cristo Resucitado, el cual es
mi Vida. Desde esa Vida voy ganando la batalla contra la muerte.

VIDA
Y MISTAGOGÍA DE CONTEMPLACIÓN

Vita vestra abscondita est cum Christo in Deo


Nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Esta frase se ha empleado con frecuencia
para hablar del recogimiento interior, de la reconcentración, que debe tener un espiritual, y, en
especial, un contemplativo, de un cierto modo de ocultamiento al mundo.
Este sentido, en sí mismo verdadero, no es el sentido total de la frase, porque resulta que
Pablo la está escribiendo para los cristianos que están metidos en medio del mundo, no para
grupos selectos de cristianos, apartados de la vida corriente.
San Pablo nos está diciendo cómo el espiritual vive la realidad sacramental de su divinización
operada en Cristo, mediante su ascensión a Dios.

Una misma realidad en dos fases: realidad escondida y realidad manifestada

En la mística pascual que Pablo nos propone, como efecto del acontecimiento que se ha
realizado en Cristo, debemos tener clara Avidencia@, clarividencia, y clara conciencia de estas
verdades:

10 Ya no hay muerte.
20 Ya solo hay vida.
30 Ya no hay dos vidas; hay solo una vida: AChristus: vita vestra@ (v. 4). La vida de Cristo es mi
propia vida. Si me vivo, me tengo que vivir como Cristo.

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40 Esta única Avita Christi - vita mea@ la vivo ahora.
50 Y la misma, no otra, la viviré después.
60 Pero hay dos modos de manifestación, a saber:
S Ahora, existiendo, no es manifiesta Aen gloria@.
S Entonces sí, se manifestará en gloria.
70 La aparición definitiva de la única vida será conjunta y simultánea. Y la aparición o
despliegue de Cristo, será mi propia aparición o despliegue.
Cum Christus apparuerit,
vita vestra,
et vos apparebitis
cum ipso in gloria
(v. 4)

La gloria, resplandor de la vida de Cristo y mía


No se puede describir, definir, la vida de Cristo, en la cual hemos sido asociado por su santa
Resurrección. Pero hay una palabra sagrada del Antiguo y Nuevo Testamento para evocar la vida
de Dios: gloria.
El contemplativo es un ser inmerso en la gloria de Dios.
La gloria de Dios evoca, de pronto, su divina hermosura, y junto con su hermosura, su
beatitud. Al mismo tiempo la gloria significa la plenitud del ser; por lo tanto, todo cuanto tenga el
nombre de vida, toda obra fecunda de perfección.

El drama humano-divino del contemplativo (de la contemplativa)

La contemplación puede tener un rostro de paz, y puede presentar, por otro lado, un drama de
vida.
El contemplativo, la contemplativa, es, por naturaleza, esa persona que ha concentrado la vida
en lo esencial, dejando en la periferia otras cosas que son seriamente importantes por pertenecer a
la vida misma.
Al contemplativo se le puede mirar como una persona insaciable, muy distinto a una persona
evadida, enajenada de este mundo. Es insaciable, porque se encuentra en un estado purificación
permanente y nada de lo que experimenta le sacia.
No nos espante que el contemplativo, la contemplativa, sea una persona sufriente e iluminada.
No nos admire que el contemplativo, por ser contemplativo,
- experimente la Pasión, como dolorosa purificación de sus pecados, al mismo tiempo que
como asociación con Jesús a los pecados del mundo (sentido oblativo y expiatorio de los
sufrimientos),
- y que experimente, al mismo tiempo, el gozo sin límites del Resucitado, puesto que ha sido
asociado a la vida de Cristo.

***

En suma,
vayamos en la vida - en cuanto alcancemos - por el filo de la verdad;
el filo de la verdad es la humildad;
y por la humildad se alcanza la paz y la luz.

107
20

ALes mostró las manos y el costado@


Juan 20,20

Mistagogía para la contemplación del Resucitado


(prosigue)
Introducción:Un párrafo de la homilía de Benedicto XVI en la Vigilia Pascual

En este camino iniciado en la Alectio divina 19" queremos alcanzar a Jesús Resucitado como
experiencia personal (mía), real (inserta en el ámbito de la realidad), histórica (de hoy, de ahora), vital y
existencia (que penetre mi Yo vivo). Queremos a un Jesús - no una idea sino una persona, un Tú - con
quien yo pueda entrar en comunicación, no un ente imaginación, no un mero campo de pensamiento. O,
más bien, desplazando el protagonismo de mi persona a la suya, queremos que - puesto que Jesús
Resucitado existe - que su persona se apodere completamente de la mía, y que yo, entonces, quede
inmerso en su vida; que la vida de Jesús pase a ser vida, como decíamos comentando Col 3,3.
Esto nos invita a reflexionar sobre qué fue en realidad aquello de la resurrección, mencionado en los
Evangelios, como Aapariciones@ del Resucitado. Podemos pensar instintivamente, sin darnos cuenta, que
resucitar es tomar el cuerpo que antes vivía y ahora no vive; es decir, volver a la vida. Pero volver a la
vida sería una marcha atrás. Resucitar no puede ser volver a la vida, sino ir a la Vida. No puede ser
Arecuperar@, sino Aavanzar hasta el final@. Debemos pensar con el pensamiento, no hacer de la imaginación
pensamiento.
El Papa, Teólogo, se ha permitido en su homilía de la Noche Pascual, hacer una reflexión sobre estos
conceptos teológicos. Trasladamos amplios párrafos, porque tener claridad sobre este tema es necesario
para establecer una mística de resurrección.

AEn Pascua nos alegramos porque Cristo no se ha quedado en el sepulcro, su cuerpo no ha conocido la
corrupción; pertenece al mundo de los vivos, no al de los muertos; nos alegramos porque Él es --como proclamamos
en el rito del cirio pascual-- Alfa y al mismo tiempo Omega, y existe por tanto, no sólo ayer, sino también hoy y por
la eternidad (cf. Hebreos 13, 8). Pero, en cierto modo, vemos la resurrección tan fuera de nuestro horizonte, tan
extraña a todas nuestras experiencias, que, entrando en nosotros mismos, continuamos con la discusión de los
discípulos: )En qué consiste propiamente eso de *resucitar+? )Qué significa para nosotros? )Y para el mundo y la
historia en su conjunto? Un teólogo alemán dijo una vez con ironía que el milagro de un cadáver reanimado --si es
que eso hubiera ocurrido verdaderamente, algo en lo que no creía-- sería a fin de cuentas irrelevante para nosotros
porque, justamente, no nos concierne. En efecto, el que solamente una vez alguien haya sido reanimado, y nada más,
)de qué modo debería afectarnos? Pero la resurrección de Cristo es precisamente algo más, una cosa distinta. Es --si
podemos usar por una vez el lenguaje de la teoría de la evolución-- la mayor *mutación+, el salto más decisivo en
absoluto hacia una dimensión totalmente nueva, que se haya producido jamás en la larga historia de la vida y de sus
desarrollos: un salto de un orden completamente nuevo, que nos afecta y que atañe a toda la historia.
Por tanto, la discusión comenzada con los discípulos comprendería las siguientes preguntas: )Qué es lo que
sucedió allí? )Qué significa eso para nosotros, para el mundo en su conjunto y para mí personalmente? Ante todo:
)Qué sucedió? Jesús ya no está en el sepulcro. Está en una vida totalmente nueva. Pero, )cómo pudo ocurrir eso?
)Qué fuerzas han intervenido? Es decisivo que este hombre Jesús no estuviera solo, no fuera un Yo cerrado en sí
mismo. Él era uno con el Dios vivo, unido talmente a Él que formaba con Él una sola persona. Se encontraba, por así
decir, en un mismo abrazo con Aquél que es la vida misma, un abrazo no solamente emotivo, sino que abarcaba y
penetraba su ser. Su propia vida no era solamente suya, era una comunión existencial con Dios y un estar insertado
en Dios, y por eso no se le podía quitar realmente. Él pudo dejarse matar por amor, pero justamente así destruyó el
carácter definitivo de la muerte, porque en Él estaba presente el carácter definitivo de la vida. Él era una cosa sola

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con la vida indestructible, de manera que ésta brotó de nuevo a través de la muerte.

HIMNO PASCUAL SOBRE LA HOMILÍA DE BENEDICTO XVI

El salto hacia la vida Cristo ha dado,


y lleva en pos de sí la Historia entera,
y el hombre alcanza a Dios en este abrazo,
el hombre transformado y la materia.

Él pudo por amor morir exhausto,


y en él murió el pecado y la condena;
quedó solo el amor como victoria,
y solo es el amor la ruta abierta.

Ya todo se ha cumplido hermosamente,


y es Cristo el nuevo espacio en mi existencia;
y vivo aquí, mas vivo todo en él,
y es él mi viva fuente y savia fresca.

Que cante la Esperanza de la Fe,


la santa Caridad sea la dueña;
es Cristo el nuevo mundo, sólo Él,
es Cristo y solo Él, la nueva ofrenda.

Con blancas vestiduras bautismales


seamos comensales ya en la tierra;
es Pascua de la vida y la hermosura,
los cielos con nosotros la celebran.

(Que sea Cristo el canto indeficiente,


la voz de todos, pura, firme, excelsa:
el lazo del amor y la alabanza
que al Padre en el Espíritu se eleva! Amén.

I
JESÚS SE PRESENTÓ... LES MOSTRÓ...

Vino Jesús
Al atardecer de aquel primer día de la semana Jesús Ase presentó@ (Jn 20,1) en medio de sus
discípulos, estando cerradas las puertas, por miedo los judíos... La misma expresión de Ase
presentó@ para la segunda aparición a los discípulos (Jn 20,26). Se usa el verbo venir (que se
ha traducido por Apresentarse@), sin decir en qué forma vino. En cambio en Tiberíades se usa el
verbo Ase manifestó@ (21,1).

Lugar y presencia
)Dónde estamos? Se supone que en el mismo sitio de la Cena; pero de este particular nada

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dicen los Evangelios... Uno quisiera unir los Discursos de la Cena con lo que Jesús dice en sus
dos apariciones, ahora ausente Tomás, a los ocho días presente Tomás...
Quisiéramos unir, para entrar en el misterio:
- Cenáculo-Eucaristía
- Cenáculo-Confidencias de Iglesia
- Cenáculo-Sepulcro de un Muerto-Resucitado
- Cenáculo de un Resucitado que da un mensaje total

Es sugestivo pensar que esta aparición del Resucitado está aconteciendo en el lugar donde se
celebró al cena. Los Evangelios no nos suministran este dato. Lo que sí es cierto que nos
encontramos en el mismo lugar espiritual. Resurrección y Discursos del Cenáculo tenemos que
interpretarlos en la misma órbita de sentido.
La presencia de Jesús se obra por iniciativa directa de Jesús, no de otro modo. Bien podemos
decir que en la experiencia de su divina persona no somos nosotros los que vamos a él, sino es él
el que viene a nosotros.
Y lo mismo acontece hoy:
- No somos nosotros los que Aintencionalmente@, amorosamente, alcanzamos a Jesús.
- Es Jesús quien gratuitamente viene a nosotros. Y entonces se produce el encuentro.

Cómo puede venir Jesús a mi vida


Las puertas estaban Acerradas@ cuando vino Jesús; y no se abrieron para que pasara. En
nuestra experiencia intramundanal hay dos categorías necesarias para verificar una presencia, un
acontecimiento. Lo que ocurre, ocurre en un determinado sitio (espacio) y en un terminado
momento (tiempo). El cuerpo-persona para entrar en comunión con el cuerpo-persona necesitan
convenir en un mismo espacio y en un mismo tiempo.
Jesús Viviente Avino@ a sud discípulos como vida, que superaba el espacio.
Jesús Viviente puede acercarse a mí igualmente como vida, que no está circunscrita al
espacio. Y por la misma razón Jesús Viviente puede venir a mí sin estar circunscrito por el
tiempo.
Viene cuando el Yo y el Tú se juntan.

Está claro que este acontecimiento no es un milagro cualquiera del pasado, cuya realización
podría ser en el fondo indiferente para nosotros. Es un salto cualitativo en la historia de la
*evolución+ y de la vida en general hacia una nueva vida futura, hacia un mundo nuevo
que, partiendo de Cristo, entra ya continuamente en este mundo nuestro, lo transforma y lo
atrae hacia sí. Pero, )cómo ocurre esto? )Cómo puede llegar efectivamente este
acontecimiento hasta mí y atraer mi vida hacia Él y hacia lo alto? La respuesta, en un primer
momento quizás sorprendente pero completamente real, es la siguiente: dicho
acontecimiento me llega mediante la fe y el bautismo (Homilía del Papa).

Qué acontece en el AYo@ mío al ser asumido por el ATú@ de Jesús


El Tú personal de Jesús es su nueva vida, adquirida en la resurrección, cuando Aes constituido
Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos@
(Rm 1,2). Ese Tú pasa a mi Yo, me recoge en su espacio, me integra en sus posibilidades de vida.

Pienso que lo que ocurre en el Bautismo se puede aclarar más fácilmente para nosotros si

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nos fijamos en la parte final de la pequeña autobiografía espiritual que san Pablo nos ha
dejado en su Carta a los Gálatas. Concluye con las palabras que contienen también el
núcleo de dicha biografía: *Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí+ (2, 20).
Vivo, pero ya no soy yo. El yo mismo, la identidad esencial del hombre --de este hombre,
Pablo-- ha cambiado. Él todavía existe y ya no existe. Ha atravesado un *no+ y sigue encon-
trándose en este *no+: Yo, pero ya *no+ soy yo. Con estas palabras, Pablo no describe una
experiencia mística cualquiera, que tal vez podía habérsele concedido y, si acaso, podría
interesarnos desde el punto de vista histórico. No, esta frase es la expresión de lo que ha
ocurrido en el Bautismo. Se me quita el propio yo y es insertado en un nuevo sujeto más
grande. Así, pues, está de nuevo mi yo, pero precisamente transformado, bruñido, abierto
por la inserción en el otro, en el que adquiere su nuevo espacio de existencia. Pablo nos
explica lo mismo una vez más bajo otro aspecto cuando, en el tercer capítulo de la Carta a
los Gálatas, habla de la *promesa+ diciendo que ésta se dio en singular, a uno solo: a Cristo.
Sólo él lleva en sí toda la *promesa+. Pero, )qué sucede entonces con nosotros? Vosotros
habéis llegado a ser uno en Cristo, responde Pablo (cf. Gálatas 3, 28). No sólo una cosa,
sino uno, un único, un único sujeto nuevo. Esta liberación de nuestro yo de su aislamiento,
este encontrarse en un nuevo sujeto es un encontrarse en la inmensidad de Dios y ser
trasladados a una vida que ha salido ahora ya del contexto del *morir y devenir+ (Homilía del
Papa).

La resurrección de Jesús nos ha introducido en este estado permanente


La resurrección de Jesús no es un acontecimiento que Asucedió@ y Apasó@.
Ni es tampoco otro acontecimiento que este año se repite y el año que viene se volverá a
repetir. Una Arepetición@ es algo frustrante, porque nos dice que la cosa no se acaba de completar.
Así estudió la Carta a los Hebreos el sacerdocio del Antiguo Testamento (ver, p. ej. Hb 7,23.27).
Jesús ya no puede morir otra vez. No es que no quiera; es que ni siquiera puede, a no ser que
dejara de ser Dios. ASu muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es
un vivir para Dios@ (Rm 6,10). Así se expresa san Pablo hablando de la relación de Cristo
(muerte/resurrección) con el bautismo.

Por qué o para qué les Amostró@


El Evangelio nada dice de la finalidad de este mostrar las manos y el costado.
)Se trata de una prueba de identidad? El contexto no lo sugiere. La prueba de identidad no es
la verificación de que éste corresponde a aquel; todo lo más, y esto sí es aceptable, el mostrarse
es la nueva identidad que él ha adquirido, habiendo pasado por la muerte.
Se trata, más bien, de que Jesús muestra las manos y el costado:
- como donación y entrega,
- como fuente de un don espiritual.
En la aparición a los discípulos en Lucas Jesús muestra las manos y los pies (no el costado)
como prueba de verificación e identidad: A24,39. AMirad mis manos y mis pies; soy yo mismo.
Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo@ (Lc 24,39).

Lo que Dios mostró a Moisés;


lo que Jesús muestra a su Iglesia
Dios, que no podía ocultar sus intenciones a su siervo Abraham, como acto de confianza le
indicó lo que iba a hacer con Sodoma y Gomorra (Gn 18,17-18). Ahora, antes de morir Moisés,
cuando el pueblo está a punto de entrar en la tierra de Dios, el Señor se la muestra a Abraham.

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AMoisés subió de las Estepas de Moab al monte Nebo, cumbre del Pisgá, frente a Jericó, y
Yahveh le mostró la tierra entera: Galaad hasta Dan, todo Neftalí, la tierra de Efraím y de
Manasés, toda la tierra de Judá, hasta el mar Occidental, el Négueb, la vega del valle de Jericó,
ciudad de las palmeras, hasta Soar. Y Yahveh le dijo: * Esta es la tierra que bajo juramento
prometí a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia se la daré. Te dejo verla con tus
ojos, pero no pasarás a ella. + (Dt 34,1-4).

Jesús no había ocultado nada a sus discípulos: ANo os llamo ya siervos, porque el siervo no
sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre
os lo he dado a conocer@ (Jn 15,15).
Este mostrar de Jesús a sus discípulos es un Amostrarse@ y en el mostrarse está el entregarse.
En esta totalidad de manos y costado Jesús entrega a su Iglesia su nueva condición de
Resucitado, en la cual va a vivir la esposa.

Quizás estamos derivando hacia un sentido místico-mis-tagógico, no exigido en rigor por la


exégesis, pero el sentido simbólico, tan fuertemente cargado en el Evangelio de Juan, lo
posibilita.

El mostrar-donación
El anhelo de ver es el primer momento de un acto de oblación. ADéjame ver tu gloria@ es el
anhelo de Moisés en el Sinaí (Ex 33,18), gloria que luego es traducida como el Arostro de Dios@
(v. 20).
El ver el rostro, el talle, la figura es el deseo del amante, como suena en el Cantar de los
cantares (Cristo 2,14).
En la Cena Felipe hace eco a las palabras de Moisés, cuando dice a Jesús: ASeñor, muéstranos
al Padre y nos basta.@ (Jn 14,6). Jesús le responde: AEl que me ha visto a mí, ha visto al Padre.
)Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? (14,8).
Jesús se está mostrando, y con el rayo de la contemplación bien podemos considerar que este
mostrarse en esa totalidad que supone Amanos y costado@ es la donación total del ser de Jesús
Resucitado.

II
LAS MANOS Y EL COSTADO:
EL DON DE LA HUMANIDAD DE CRISTO A SU IGLESIA

El don de la santa Humanidad de Cristo, que el Padre ha entregado en el misterio de la


Encarnación, se nos otorga como don pascual el día de la resurrección.
Y esto es la matriz de toda la mística cristiana: la experiencia del cuerpo de Jesús Rso.

Una secuencia de expresiones


En este pasaje que estamos contemplando hay una secuencia de expresiones en este orden:
- Shalom.
- El mostrar las manos y el costado.
- La alegría de ver al Señor.
- Schalom.

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A... Se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: * La paz con vosotros. +
Dicho esto, les mostró las manos y el costado.
Los discípulos se alegraron de ver al Señor.
Jesús les dijo otra vez: * La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío. +
(Jn 20,19-21).
Y acto seguido Jesús, de nuevo, realiza otro acto simbólico que recuerda la creación inicial
del hombre: ADicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo@ (v. 22).

Sorprende que el Schalom se repita dos veces. El Schalom es el saludo de encuentro y el


saludo de despedida. Aquí nos parece estar en un sagrado rito de la liturgia. De hecho, la Iglesia
tomará esta repetición de saludo dentro del mismo acto litúrgico como inicio de partes distintas.
En la celebración de la Eucaristía el sacerdote desea la presencia del Señor:
- Al inicio.
- Al proclamar el Evangelio.
- Al iniciar la Plegaria eucarística.
- Al bendecir para cerrar la celebración.

Jesús en su Iglesia, en medio de la Trinidad


En la vida de Jesús, ni en Juan ni en los Sinópticos, encontramos el saludo Schalom al
comenzar una escena; sí en el Antiguo Testamento. En la resurrección lo encontramos tanto aquí
como en Mateo y Lucas:
AEn esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: *(Dios os guarde! + Y ellas, acercándose, se
asieron de sus pies y le adoraron.@ (Mt 28,9).
AEstaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: *La paz
con vosotros.+ A (Lc 24,36).
En Juan Jesús entra en conversación con María Magdalena, sin el saludo Schalom; Jesús
mismo será el Schalom de sus lágrimas.
La comunidad que recibe y acoge al Resucitado es como nuestra comunidad, cuando en la
celebración eucarística recibe el Schalom del Sacerdote. Con el saludo el sacerdote hace
transparente la figura del Resucitado. Todo lo que venga a continuación ha de ser digno de esa
presencia espiritual que ha comenzado a actuar.
Estamos en una escena litúrgica, una escena sagrada que a la comunidad cristiana, que lee
este pasaje, le puede traer ante los ojos el sentido mismo de sus propias celebraciones.

Estamos, además, en una escena Trinitaria. Jesús habla de Ael Padre@ y de Ael Espíritu Santo@,
y él mismo es el Hijo.
Es el Hijo donado, y diríamos que es el Esposo, y en su costado podemos contemplar el
nacimiento de su esposa.
La Trinidad se está abriendo y derramando en su Iglesia. Con Jesús Resucitado entramos en el
corazón de la Trinidad, y la Iglesia ha de sentirse totalmente impregnada en el amor de la
Trinidad, siendo el centro de la Trinidad Jesús, el Verbo Encarnado, Jesús Resucitado.

La paz, el Cuerpo y la Alegría


En este sacramento de resurrección la Iglesia recibe la comunicación de la Trinidad por el
Hijo, y esta donación se va a expresar, en un primer momento en este triple don:

113
- La Paz.
- El Cuerpo.
- La Alegría.
Después del segundo saludo, vendrá la coronación de los dones:
- El envío, en las mismas condiciones con que él ha sido enviado; envío, por lo tanto, que
prolonga la vida y presencia de la Trinidad en el mundo.
- Y el don del Espíritu, que es la plenitud de la vida divina, y que, por ello mismo, expulsa
todo el pecado del mundo.

La Paz y la Alegría nos hablan de lo ocurrido anteriormente en el Cenáculo, en la Última


Cena.
Jesús ha prometido la Paz y ahora la da. AOs dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la
da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde@ (Jn 15,27). La Iglesia queda establecida
en la Paz de Jesús, que no es otra que la Paz de la resurrección, y que tiende, de por sí a
traducirse, en la paz de los hermanos, paz que sólo puede conseguirse en la unidad de la fe.
Sobre la Alegría Jesús nos dijo en la Cena:
AEn verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis
tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste,
porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por
el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero
volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar@ (Jn
16,20-22).
La Alegría que Jesús promete, lo mismo que la Paz, es algo que le pertenece a él como Hijo.
Y nos la da en esta categoría. Es ASu@ Alegría la que pasa a ser nuestra Alegría, lo mismo que es
ASu@ paz (Mi paz os dejo, mi paz os doy) la que pasa a ser nuestra paz. (Pablo dirá: Él es nuestra
Paz Ef 2,14).
De esta mi alegría nos habla Jesús: Apara que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea
colmado@ (Jn 15,11); APero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí
mismos mi alegría colmada@ (17,13).
Estamos, pues, en esta visita de Jesús a su Iglesia, inicio de su presencia y asistencia
permanente, en el cumplimiento de la promesa de la alegría.

Las manos de Jesús


Jesús muestra en la venida a sus discípulos las manos y el costado. De las manos de Jesús no
se habla en el Evangelio de Juan: manos para imponerlas como bendición, manos para tocar a los
enfermos y sanarlos. Aquí son sus manos llagadas, que en Tiberíades no volverán a tener llagas.
Nos encontramos ante una realidad de experiencia espiritual, que los Evangelios la han
recogido de este modo, que marca una pauta para la Iglesia.
Las manos de Jesús pueden llegar hasta nosotros. Transcribimos a continuación dos páginas
esplendorosas de santa Teresa de Jesús, que nos ayudan a reflexionar sobre las posibilidades que
la gracia otorga para acceder a la santa Humanidad de Jesús.

La experiencia de santa Teresa de Jesús,


al haber visto las manos de Jesús
Estando un día en oración, quiso el Señor mostrarme solas las manos con tan grandísima
hermosura que no lo podría yo encarecer. Hízome gran temor, porque cualquier novedad me le

114
hace grande en los principios, de cualquiera merced sobrenatural que el Señor me haga. Desde a
pocos días vi también aquel divino rostro, que del todo me parece me dejó absorta. No podía yo
entender por qué el Señor se mostraba así poco a poco, pues después me había de hacer merced
de que yo le viese todo, hasta después que he entendido que me iba Su Majestad llevando
conforme a mi flaqueza natural. Sea bendito por siempre, porque tanta gloria junta, tan bajo y
ruin sujeto no la pudiera sufrir; y como quien esto sabía, iba el piadoso Señor disponiendo.
2. Parecerá a vuestra merced que no era menester mucho esfuerzo para ver unas manos y
rostro tan hermoso. Sonlo tanto los cuerpos glorificados, que la gloria que traen consigo ver cosa
tan sobrenatural hermosa, desatina; y así me hacía tanto temor, que toda me turbaba y alborotaba,
aunque después quedaba con certidumbre y seguridad y con tales efectos, que presto se perdía el
temor.
3. Un día de San Pablo, estando en misa, se me representó toda esta Humanidad
sacratísima como se pinta resucitado, con tanta hermosura y majestad como particularmente
escribí a vuestra merced cuando mucho me lo mandó, y hacíaseme harto de mal, porque no se
puede decir que no sea deshacerse; mas lo mejor que supe ya lo dije, y así no hay para qué
tornarlo a decir aquí2. Sólo digo que cuando otra cosa no hubiese para deleitar la vista en el cielo
sino la gran hermosura de los cuerpos glorificados es grandísima gloria, en especial ver la Huma-
nidad de Jesucristo Señor nuestro, aun acá que se muestra Su Majestad, conforme a lo que puede
sufrir nuestra miseria; )qué será adonde del todo se goza tal bien?
4. Esta visión, aunque es imaginaria, nunca la vi con los ojos corporales, ni ninguna, sino con
los ojos del alma.

... Mas el Señor se dio tanta prisa a hacerme esta merced y declarar esta verdad, que bien presto
se me quitó la duda de si era antojo, y después veo muy claro mi bobería; porque si estuviera
muchos años imaginando cómo figurar cosa tan hermosa no pudiera ni supiera, porque excede a
todo lo que acá se puede imaginar, aun sola la blancura y resplandor.
5. No es resplandor que deslumbre, sino una blancura suave, y el resplandor infuso, que da
deleite grandísimo a la vista y no la cansa, ni la claridad que se ve para ver esta hermosura tan
divina. Es una luz tan diferente de la de acá, que parece una cosa tan deslustrada la claridad del
sol que vemos en comparación de aquella claridad y luz que se representa a la vista, que no se
querrían abrir los ojos después. Es como ver un agua muy clara que corre sobre cristal y
reverbera en ello el sol, a una muy turbia y con gran nublado y corre por encima de la tierra, no
porque se representa sol, ni la luz es como la del sol; parece, en fin, luz natural y estotra cosa
artificial. Es luz que no tiene noche, sino que, como siempre es luz, no la turba nada. En fin, es de
suerte que, por gran entendimiento que una persona tuviese, en todos los días de su vida podría
imaginar cómo es. Y pónela Dios delante tan presto, que aún no hubiera lugar para abrir los ojos
si fuera menester abrirlos; mas no hace más estar abiertos que cerrados, cuando el Señor quiere;
que, aunque no queramos, se ve. No hay divertimiento que baste, ni hay poder resistir, ni basta
diligencia ni cuidado para ello. Esto tengo yo bien experimentado, como diré. (Libro de la
Vida, capítulo 28).

El costado del Señor


Jesús muestra las manos y el costado. La intuición de la Iglesia ha llegado hasta concretar la
santa humanidad de Jesús en la veneración a su divino Corazón. Estos pasajes evangélicos
proporcionan un seguro fundamento.
Es superfluo suponer que la vestidura del Señor fuera de esta forma o de otra para poder

115
mostrar su divino costado. El texto nos invita, sin más, a acceder a ese costado del que se ha
hablado en la Cena (allí se habla exactamente del Aseno@ y del Apecho@ del Señor), y en la Cruz,
donde contemplamos el costado rasgado, y el costado fuente de vida.
Para el cristiano el costado de Jesús recuerda el costado de Adán. El costado de Adán nació
Eva; del costado de Cristo nace la nueva humanidad esposa de Jesús.
La vida divina fluye de Jesús Resucitado, punto central y fontana de la Trinidad.
El costado abierto del Señor Resucitado es para nosotros la realidad y la plenitud de la
revelacion que se nos da en la Iglesia. Sea.
Nota. A este lectio divina únase el poema escrito el día después: Yo beso agradecido esas tus
manos (cántico de comunión sobre ALes mostró las manos y el costado@).

21
El amor, latido de Dios en el mundo

Lectio divina del versículo final de San Mateo:


Mateo 28,20b

Texto

El versículo final de San Mateo dice así:


kai. ivdou. evgw. meqV u`mw/n eivmi pa,saj ta.j h`me,raj e[wj
th/j suntelei,aj tou/ aivw/nojÅ

et ecce ego vobiscum sum omnibus diebus usque ad consummationem saeculi


Y he aquí que yo con vosotros estoy todos los días hasta la consumación del mundo.

Este versículo, o mejor segunda parte del versículo final del Evangelio de San Mateo,
podemos gustarlo, contemplarlo, asimilarlo en cuatro aspectos:
1) Yo estoy (verbo en presente).
2) Con vosotros.
3) Todos los días.
4) Hasta la consumación del mundo.
Propósito
Nuestro propósito es tomar como clave el amor de Dios para interpretar este versículo,
partiendo de una definición intuitiva del amor de Dios. )Qué es el amor de Dios? El amor de
Dios es el latido de Dios en el mundo.

I
EL AMOR, ANHELO Y PATRIMONIO

116
DE TODO CORAZÓN HUMANO
La clave primera

Para hablar del amor todo ser humano tiene una clave primera, inmediata y personal. Y ésta
es la experiencia del amor que uno siente como acontecimiento del ser, como lo más hermoso, lo
más importante que le ha pasado. Hay tres notas que se dan en esta intimidad personal del amor:
- Que el amor es acontecimiento: que el amor se impone. Una persona no se inventa el día - el
sereno o la tormenta -, está ahí. Yo amanezco, pero el día ya ha amanecido.
- Que el amor es experiencia, es decir, lo que acontece, acontece inviscerado en mí, con mi
plena connivencia, porque, al final, eso soy yo mismo. Lo que pasa en mí cuando amo, no pasa a
pesar de mí, sino, bien al contrario, eso es lo que yo más quiero.
- Que el amor es intuición. Metidos en el amor, aunque nuestra experiencia sea inicial, ya
sabemos, por un dinamismo interno, lo que es y tiene que ser el amor, dado que estamos gustado
la naturaleza del amor. Ciertamente que los matices, los perfiles, los grados... son muy distintos.
No todos piensan sobre el amor lo mismo, porque la capacidad amorosa no está lo mismo de
dispuesta. Hasta se diría, con una mirada muy superficial, que hay corazones incapaces de amar.
Esto, en rigor, no es verdad, porque todo corazón humano, mientras hablemos del ser humano,
será capaz de amar. La incapacidad de amar nos degradaría al reino animal. Con todo, hay tanta
diferencia entre un corazón y otro..., para acceder a las metas sublimes del amor...

Vivir para amar, viviendo amando


Estos pensamientos previos nos pueden ayudar mucho para enfocar la mirada a la promesa de
Jesús, entendida ésta desde la soberana categoría del amor.
Seguimos profundizando, pero, de entrada, establecemos este principio, en el que fácilmente
podremos convenir:
El sentido de la vida es: vivir para amar, y esto se alcanza viviendo amando. Vivir y amar se
funden en el mismo núcleo existencial de la vida.
AVivir para hacer@ es una fórmula secundaria. Este hacer puede interpretarse como Amisión@;
más bien, podemos comprender que justamente en el Ahacer@, si está correctamente ordenado,
está el acto del amor.
Yo Ahago@ y al hacer estoy amando. Por ejemplo, yo estoy escribiendo; si, al escribir, me
saliera de la esfera del amor, y pretendiera escribir para otra cosa diferente que eso que se deduce
del mismo acto (escribo para comunicar un conocimiento y estimular unos buenos deseos) estaría
falsificando mi vida y engañándome sutilmente a mí; lo cual sería grave perjuicio, aunque, de
pronto, por la vanidad, que es de por sí necia, no lo advirtiera... También, de hecho, uno puede
comer cosas agradables, que, en realidad, están minando su salud. Puedo fomentar vivencias
agradables al Yo egoísta y vanidoso..., que, de pronto, traen un contento, pero, en lo profundo,
están tratando de matar al Yo profundo, vidente y verdadero. Lo más verdadero de mí mismo está
en el fondo de mí, siempre poseído en la esencia del ser, pero nunca desarrollado del todo. A eso
aspiramos.

Los quince verbos del amor


El Canto Bello del Amor es el Canticum unum, es el Canticum novum que todo hombre, toda
mujer, lleva consigo, como tesoro escondido. Pablo, en el conocido pasaje de 1 Corintios 13,
vierte ese Cántico del amor que lleva dentro. Para decir lo que es el amor, lo contempla obrando
y dice no lo que es el amor, sino lo que hace el amor: ALa caridad es paciente, es servicial; la

117
caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se
irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo
excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.@ (1Co 13,4-7).
Pablo usa 15 verbos; podría usar 25 y 100..., y no acabaría, porque las operaciones del amor
son las operaciones de la misma vida como tal.
Pero este pasaje es malentendido cuando se lo interpreta, de modo romántico, como las
proezas del amor... Los esfuerzos, delirios y locuras del amor los ponemos en el amante, como
protagonista de su propia historia. Aquí, en cambio, estamos contemplando, en la inspiración
subyacente, el amor regalado. Este amor donado, que es el amor escatológico, que se nos ha
otorgado como fruto de Jesús, de su pasión, muerte y resurrección, es el amor protagonizado, en
lo más radical, por Dios mismo. Por eso no es un Aamor romántico@, sino un amor oblativo, que
procede de la iluminación que alguien ha experimentado. Sin esa iluminación que viene de
Cristo, no hay conciencia de amor cristiano.

El amor-presencia

Estos pensamientos de amor, soporte de nuestra exégesis, por este camino intuitivo se puede
prolongar sin fin. La fisonomía del amor puede ser descrita con mil palabras, como decimos; por
ejemplo,
El amor-espera.
El amor-presencia.
El amor-fusión.

Una faz del amor es el amor-espera o el amor-anhelo. El que ama abre, como una flor, su
corazón al anhelo. Lo que desea en el amor lo expresa en su rostro, pero, al mismo tiempo,
guarda en su corazón una palabra secreta. El amor no dice al amigo todo lo que le ama, porque
hay un Aalgo más@ que está dentro, como obsequio misterioso, o como palabra que el pudor
impide pronunciarla.
No se ha de medir el amor por las palabras, sino por algo que está más allá de las palabras,
porque el amor pertenece a la categoría del misterio, y también del misterio humano. Y en la
definición del misterio tenemos que aceptar que el misterio es inefable.
Por eso, el amor verdadero es anhelo del amor; el amor de verdad es amor anhelante.
He aquí, de repente, en verso roto, un poema de amor:

Oh, amada mía,


(cómo mi amor quisiera ser sorpresa!
Sorpresa para ti,
nunca proferida,
sorpresa que es la misma pureza de mi vida.
Oh, amada mía,
cómo mi amor anhela
ser palabra y ser silencio,
y que mi silencio sea,
el misterio mismo de mi verbo.
Oh, amada mía,
cómo mi amor suspira

118
por ser divina caricia
sobre tu piel y tu alma,
mas suave que la brisa,
mas sutil que tus bellos pensamientos.
Oh, amada mía,
cómo quisiera
ser simplemente ante ti,
cual presencia recóndita
que no ves y te acompaña.
Oh, amada mía,
cuál quisiera desde mis raíces
ser tu hora y tu almohada,
tu fuerza y tu dulzura,
yo, el más débil,
por ser el puro anhelo.
Oh, amada mía,
desde las fronteras de mis pecados,
y desde el fuego candor del Espíritu,
yo quisiera y yo quiero,
en unidad y armonía,
decirte en un susurro sin voz:
por gracia, por instinto y voluntad:
(yo te amo!

)Qué estamos diciendo...? )Acaso nada...? Acaso...Pero acaso, acaso, desde ahí se pueda
comenzar a entender: Jesús está presente, que equivale a decir: Jesús está amando.
Los intuitivos, sin menoscabo del rigor del pensamiento, han podido decir con Pascal en sus
Pensamientos: AEl corazón tiene razones que la razón no conoce@ (Le coeur a des raisons que la
raison ne connait pas, Pensées).
Este principio, que puede llevar a arbitrariedades fatales, a justificar lo injustificable, en sumo
rigor solo puede aplicarse a Dios, pues la Encarnación se sitúa en el corazón de Dios, al que no se
le pueden razones, porque el corazón de Dios tiene razones que nuestra corta razón no conoce.
)O no es así? Si pretendiéramos justificar la Encarnación desde nuestro mero entender, la
aniquilaríamos en sí misma: dejaría de ser la Encarnación del amor de Dios al hombre. El amor
es más grande; por eso el amor es digno de adoración.

El amor-presencia
La presencia es la primera categoría para saber a Dios. En efecto, Dios es vida, mas la vida es
para mí, siendo presencia. Es decir, Dios existe manifestándose.
En cierta ocasión oí, comentando lo que es la Eucaristía: AEl amor siempre encuentra el modo
de hacerse presente@, palabra llena de sabiduría y bella intuición de amor.
El regalo del amor es la presencia. Pero sepamos que la presencia no puede ser cautiva del
espacio ni del tiempo, pues la presencia es la comunión inmediata del ser.
En las categorías divinas de Dios Creador se ha disuelto el espacio y el tiempo para dar paso
al acto poderoso del amor de Dios. Dios, amando, está presente, y el Hijo de Dios Encarnado
garantiza su Encarnación hasta el final; por eso dice que está presente.

119
En nuestra in mediata percepción de presencia humana, captamos el sentido y valor de la
presencia. El estar presente acentúa simplemente el Aestar@. Esta simple estar
- es un acto de solidaridad,
- es un acto de fidelidad.
La presencia no es relaciona inmediatamente con la razón, ni con ninguna finalidad que sea
ajena al mero estar.
Estoy junto a ti, y no es para darte la razón, sino para algo superior: para estar.
Estoy junto a ti, y no he venido para reprocharte nada, sino para algo más simple: para estar.
Estoy junto a ti, para decirte mi amor que no lo puedo decir con palabras. Es más grande que
mis palabras, y justamente mi estar excede a la magnitud de las palabras. Estar en el amor es
comulgar juntos en un misterioso silencio, que es la acogida de lo inefable.

II
YO ESTOY

AYo estoy@, mejor que AYo estaré@


La frase correcta, en castellano y en griego, puede ponerse en presente o en futuro. El griego
ha escogido el presente; es mejor respetarlo: AYo estoy@.
Yo estoy se halla emparentado con el AYo soy@; de hecho es la misma palabra ser/estar en
griego y en latín. La mera filosofía nos dice que hay una relación intrínseca entre las dos
realidades; el estar no es sino Aser en el tiempo@. El ser puesto en el tiempo es estar. Pero en algún
Asitio@ o Alugar@ tiene que estar el ser. El ser por dentro es la esencia, el ser saliendo al tiempo es
la Aek-sistencia@.
El ser está donde actúa; por ello Dios está en todas partes, porque en todas partes actúa.

Las dos conclusiones del estar de Jesús


Arrancamos siempre del amor, y vemos que en esta presencia de Jesús se dan dos cosas o
realidades:
S El estar siendo. Jesús está, como acto de su ser, de su vida, de la Encarnación; Jesús
brinda su vida como estar. Estar es donación de su ser, es decir, de su vida.
S Jesús está mientras haya tiempo. Jesús está en su integridad, y, como el estar se refiere al
tiempo, estar en su integridad indica que está mientras dure el tiempo, siempre.

El estar amoroso
Toda la vida queda envuelva en amor por este estar de Jesús.
Téngase muy en cuenta que este estar no se refiere a la Eucaristía (aunque, en modo alguno,
se excluye) sino al estar en el sacramento de la Iglesia. El Concilio, apelando a un lenguaje
patrístico nos dice: ADel costado de Cristo, dormido en la cruz, nació el sacramento admirable de
la Iglesia entera@ (Sacrosanctum Concilium, 5)
La Iglesia es el sacramento primordial, el sacramento de los sacramentos, la realidad de la
presencia de Dios en la historia.

El estar del amante es la seguridad de la Iglesia amada


Por este Aestar de Jesús@ la Iglesia se siente amada, y basta la experiencia del amor divino para

120
que la Iglesia permanezca por los siglos.
Por el estar de Jesús la Iglesia entra en la intimidad divina, queda divinizada, y se funde el
sentir de Dios con el sentir de su esposa amada. En el Evangelio de Juan, en las intimidades de la
Cena, hallamos este acercamiento de la presencia inmanente de Dios, como realidad sustentante
de la Iglesia. Nos dice Jesús:

ASi alguno me ama,


guardará mi Palabra,
y mi Padre le amará,
y vendremos a él,
y haremos morada en él@ (Jn 14,23)

El estar junto a alguien reviste muchos matices. Está el guardaespaldas; está el defensor en el
tribunal; está sencillamente el amante.
Y el estar de Jesús admite múltiples matices. Nos agrada contemplar su estar como alguien
que ama.
Jesús, en la Cena, nos habla de la venida del Padre junto con su venida. Aquí el estar es para
quedarse, para hacer morada, para trasladar a la tierra la vida del cielo.
El estar inmanente de Jesús es la esencia de la Iglesia.

Una experiencia humana del simple estar amando, que anula toda dificultad
Hay dos personas que se aman. El pecado, que está al acecho, ha ensombrecido la relación.
Para recuperar, fortificado, el amor primero, que será nuevo amor, por ser amor renovado, parece
reclamar dos operaciones previas:
- la mutua clarificación;
- y el perdón.
La psicología humana profunda enseña que este planteamiento no es necesariamente así,
porque hay un modo superior, verdaderamente divino, de llegar al encuentro.
Si realmente hay amor, no extinguido, uno puede apelar directamente al amor, y el
reencuentro se produce en la acogida, que es la apertura del ser, del secreto de la persona.
Al darse el reencuentro se produce la ternura, como vivencia sabrosa y dulce del amor.
La ternura pide el silencio como ápice de todas las palabras.
Y en este reencuentro del amor
- sobran y estorban arrepentimientos,
- sobran y estorban aclaraciones,
porque el silencio acogedor lo ha purificado todo, lo ha iluminado todo, lo ha pacificado todo.
Quien ha tenido esta experiencia honda de vida abre los ojos a una realidad superior de
existencia, y confiesa que en la Iglesia lo principal es saber que él está con nosotros.

Con este estado espiritual, simple y místico, que describimos, en modo alguno nos oponemos
a la pedagogía de la claridad compartida, incluso con dolor, como proceso de crecimiento
personal y comunitario, que es la pedagogía normal que proponemos para el crecimiento de
nuestras comunidades y para la salida de situaciones en conflicto.
Nos referimos, más bien, a situación más pura y simple, muy dolorosa, que se da en la vida, y
que se resuelve, en el dolor, por el ejercicio del amor puro. Con estos hechos de existencia uno
aprende que el amor puro es la fuerza superior de la Iglesia, y que la suprema verdad que la

121
Iglesia experimenta es la verdad de saberse y sentirse amada.
Simplificación de una cuestión teológica: )infalibilidad o indefectibilidad?
En años recientes ha habido una cuestión teológica, debatida por los teólogos, y sacada a la
palestra por el ingenio agudo de Hans Küng. La pregunta es ésta: )Infalible o indefectible?
Parece que la pregunta sugiere que no hace falta dotar a la Iglesia de la infalibilidad (dogma
definido en el Vaticano I), sino que lo propio de la condición divina de la Iglesia sería el ser
indefectible.
Nos parece que desde un concepto previo al ser infalible o ser indefectible, el concepto del
simple Aestar@, el tema teológico queda enfocado. Jesús ha prometido su presencia, que es una
presencia de amor, y tal presencia - divina como entre nosotros no encontramos una realidad
similar - hace que la Iglesia se mantenga hasta la vuelta del Señor.
El conocimiento humano es fluctuante; la seguridad del amor no es fluctuante. Y el amor, no
la verdad, es la garantía de la Iglesia en su peregrinación.
Se nos responderá que en Dios seguridad, verdad y amor, todo es uno y equivalente. Y que si
la Iglesia es indefectible - cosa que no dudará ningún exegeta del Nuevo Testamento - por eso
mismo tiene que tener dentro de sí el don de la verdad, que es referencia absoluta de su ser.
Insistimos en que sólo el amor es creíble, que sólo el amor es el objeto último de la verdad de
la Iglesia. Otros planteamientos intelectuales al margen del amor serían salir fuera de órbita.
Afirmemos, pues, rotundamente:
La Iglesia es verdadera por que es amada.
La Iglesia siente seguridad sólo y en tanto en cuanto se siente amada, con el anhelo de
responder a ese amor. La Iglesia tiene que pronunciarse en problemas sumamente arduos del
pensamiento y comportamiento humano, en coro con toda la humanidad noble que piensa sobre
los problemas que afectan al destino humano. Y tiene que pronunciarse ya, porque el inhibirse es
causar zozobra en el corazón de sus hijos. No importa que haya que revisar y modificar las
posturas tomadas frente a la ciencia...
Nada puede temer la Iglesia, si mantiene pura su confianza depositada en Dios.

El antiguo salmo (Buen Pastor)

El mensaje que vamos transmitiendo, podemos leerlo, como intuición anterior, en los salmos;
así el salmo del Buen Pastor
Nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan (Salmo 23).

Ese Atú vas conmigo@ nos sitúa en la certeza de fe de esa compañía, Precisamente porque
sabemos que tú vas conmigo, desaparecen mis vacilaciones . El Aestar conmigo@, el Avenir a él@
son expresiones de la misma realidad. Y el Air conmigo@, que equivale al estar conmigo, disipa
todo miedo.

III
CON VOSOTROS, TODOS LOS DÍAS,
HASTA LA CONSUMACIÓN DE LOS SIGLOS

122
Con vosotros
El estar de Jesús termina en personas, no en otras realidades. Porque bien podemos afirmar
que la realidad de Jesús es personal. Nunca la relación es
- él y el objeto,
- él y algo tan sublime como la verdad, etc.
Una persona concreta vale más que todas las verdades sin persona. La verdad son las
personas, no las ideas. Y la salvaguarda de la Iglesia es la salvaguarda de las personas, no la
salvaguarda de las ideas.
Cada persona vale para Jesús más que todo el mundo de las ideas. En realidad, las ideas no
existen; las personas, sí.
Jesús es pastor de personas, no pastor de ideas;
Jesús es consolador de personas, no defensor de ideas.
Y todas nuestras ideas se amorizan cuando son vividas como vida, que es amor.
Jesús habita en las personas; no habita en las ideas, porque las ideas son Aentes@ volátiles, si
no se encuentran encarnadas en personas.

Vosotros soy Ayo mismo@


Tampoco el vosotros es una colectividad ideal. Vosotros es contigo..., y contigo... y contigo...
El Avosotros@ nace del Atú@, no el tú del vosotros. La presencia de Jesús es regalo personal,
que, siendo el don a toda su comunidad santa, es el don y el regalo compartido. La circuninsesión
de la Trinidad (perijóresis) Jesús la hacer vida circulatoria entre nosotros.
Yo me veo, por tanto, como vertiente terminal de la presencia de Jesús. Jesús está contigo, y
disfruto de ser Iglesia por al comunidad y comunión de mis hermanos.
La Iglesia es comunión, y la verdad nace del corazón de Cristo para ser compartida, comida
en comunión.

Todos los días


La cotidianeidad del amor es la heroicidad del amor; lo sabemos en la vida. Lo difícil del
amor no es dar salida, de golpe, al tremendo torrente del amor; lo difícil es amar en la rutina,
fuera del trance heroico del amor. El día a día, que compone la Arutina@, es la joya del amor. El
amar a poquitos, sin jamás retirarse, es el haber amado con todo el ser hasta la exhaustividad.
El día a día de Jesús es como el maná: la experiencia del amor al por menudo, que yo puedeo
encontrar siempre que vaya, ahora mismo por ejemplo, porque el amor que yo busco, él me ha
buscado a mí primero.
El estar, el amar todos los días es la prueba de la fidelidad; y con este amor-presencia
contamos. Toda duda y tortura, todo dolor se resuelve en el día a día del amor de Dios a su
criatura.

Hasta la consumación del mundo


El amor-presencia alcanza su destino en el mero darse, incluso en el anonimato. El mundo, en
cambio, tiene que avanzar hasta su consumación. )Cuándo y cómo será? Sólo Dios lo sabe.
Pero el amor de Dios está consumado hoy y ahora mismo. El Señor del Sábado, el Dueño de
la Historia nos lo ha prometido. Ese Dios siempre mayor, que habita en la Eucaristía, ese ha
cumplido mis designios.
Pero, mientras tanto, el amor llega a su ápice.

123
Por todo esto, el amor es el latido de Dios en el mundo.
Quien oye un latido, no se ponga a discurrir; simplemente escuche. Y, al escuchar, aprenderá
el espíritu de profecía pata llevar este mensaje a las hermanas.

HIMNO ECLESIAL DE LA PRESENCIA DE JESÚS,


SOBRE MATEO 28,20

Jesús es Salvador, amor presencia,


Jesús es la inmanencia de la Iglesia,
el sí que ha florecido ante Dios Padre:
Jesús es la callada y fiel respuesta.

Jesús está, y amando está a mi lado,


Jesús, seguridad que me sustenta,
silencio del amor, latido suave,
verdad del propio amor, suprema ciencia.
Tu amor es infalible, indefectible,
y en este amor está mi permanencia;
pasemos al amor, hermanos todos,
y hagamos del amor la dulce Cena.

Jesús, amor, el único y el fiel,


Jesús de mi bramido y mi querencia,
Jesús que por los siglos de los siglos
serás lo que ya fuiste, pura entrega.

A tu silencio acudo, enternecido,


a ti, que estás amando sin defensa,
y en tu silencio encuentro paz, ternura,
y la unidad humilde que nos llega.

Jesús, Hijo de Dios en Trinidad,


a ti consagración y reverencia,
(oh afán y anhelo puro de mis ojos,
contemplación y gozo de la Iglesia! Amén

22
Un lugar en el corazón de Jesús
Lectio divina del Lucas 8,1-3,
partiendo de una consideración del Papa

124
Punto de arranque
AOtros fueron elegidos personalmente por él y se convirtieron en sus apóstoles. Encontramos
también a personas, como María Magdalena y otras mujeres, que lo siguieron por su propia
iniciativa, solamente por amor, pero, al igual que el discípulo Juan, también ellas ocuparon un
lugar especial en su corazón.
Esos hombres y mujeres, que conocieron a través de Cristo el misterio de amor del Padre,
representan la multiplicidad de las vocaciones que desde siempre están presentes en la
Iglesia. El modelo de quienes están llamados a testimoniar de manera especial el amor de Dios es
María, la Madre de Jesús, asociada directamente, en su peregrinación de fe, al misterio de la
Encarnación y de la Redención@ (Del mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XLIII
Jornada Mundial de oración por las vocaciones, celebrada el domingo 7 de mayo de 2006,
fechado el documento el 5 de marzo de 2006).
Texto bíblico de referencia
AY sucedió a continuación que iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la
Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido
curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían
salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras
muchas que les servían con sus bienes@ (Lc 8,1-3).

Perspectiva y método
En este ejercicio de Alectio divina@, que admite incontables modalidades, la táctica de hoy es
ésta:
11 Partimos de un comentario espiritual que el Papa, hombre espiritual y penetrante teólogo,
hace de un texto de la Escritura. Este comentario nos ha impresionado, porque nos parece
que no se trata de una Aaplicación piadosa@, con cierto tinte sentimental, sino de una
penetración muy profunda y directa del texto, de una lectura sapiencial de la Escritura.
21 Del comentario del Papa nos remontamos al texto que lo ha provocado.
31 Y, situados en el texto, tratamos de penetrar el misterio por nosotros mismos.

I
EN TORNO AL PENSAMIENTO EVANGÉLICO DEL PAPA

Dos modalidades de vocación: Ser llamado y seguirle de propia iniciativa.

He aquí tres afirmaciones, glosando el texto que nos ha servido de punto de arranque:
1) Jesús no llamó a ninguna mujer.
2) Y, sin embargo, fue seguido por muchas mujeres.
3) Jesús aceptó ese seguimiento voluntario, y esa aceptación fue reputada como verdadera
vocación,
4) al igual que la vocación de Juan, el discípulo amado, que se recostó sobre el pecho del
Señor.

1) En efecto, Jesús no llamó a ninguna mujer. La única llamada, la única Avocación@ de los
Evangelios fue María. Hay, además, otra mujer Allamada@, vocacionada, la Magdalena, que en el

125
momento de la resurrección tiene el honor de ser Acomisionada@ por Jesús para llevar el anuncio y
la experiencia del Resucitado.
En efecto, allí acontece esto: AVete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro
Padre, a mi Dios y vuestro Dios@ (Jn 20,17)
Advertimos que la última vocación no es la llamada al servicio-jerarquía. La vocación es
dejarse seducir por Jesús, el Señor, y estar Aa la orden@. Ya se ve que la vocación es llegar a decir
en un cara a cara: Yo con él, y él conmigo.

2) Jesús, el Seductor, seduce, con los tirones del amor. De hecho Jesús ha creado en torno a sí
una red de amor, que ha cautivado a no pocos corazones. Ahí está María la Magdalena, que en
Cristo es la Seducida por su Señor, el modelo referencial de todas las Seducidas, de todos los
Seducidos.

3) La aceptación de Jesús es, por tanto, constituye entitativamente la verdadera vocación. Y


está aceptación nos da a entender que la vocación es simplemente esto: tener un lugar en el
corazón de Jesús. Lo demás será, a lo sumo, una Asub-vocación@, pero la vocación está más allá
de las Afunciones@ múltiples del amor.
4) De esta manera la vocación de la mujer sirviente de Jesús queda elevada a la misma
categoría del amor, donde se pierden las categorías y la Magdalena queda nivelada con Juan, el
discípulo amado.

II
RIMA
AL SON DE ESTOS LATIDOS
JUNTO AL PECHO DE JESÚS

1. Un puesto, Jesús,
un puesto en tu pecho:
que no a la derecha
yo busco un asiento,
ni un trono a la izquierda
tampoco deseo;
un puesto callado,
es ése mi anhelo.

2. Un puesto que nadie


contienda en tenerlo;
un sitio distinto
que tú me has dispuesto;
aquel que querías
es ése el que quiero,
un puesto llamado:
Jesús es mi encuentro.

126
3. Allí en tu costado
hogar de tu fuego,
en esa tu alcoba
de tus pensamientos,
allí donde penas
había y consuelos,
en el mar sin fondo
de tus sentimientos.

4. Allí donde se unen


el Hombre y el Verbo,
y donde la fe
hendía el misterio:
allí donde oías
el puro Evangelio
y donde aprendías
tu ser verdadero.

5. Un puesto, Jesús,
cual Juan, en tu pecho:
y allí sin retorno,
quedarme contento;
sentirme llamado
a ser tuyo entero,
saber que ése es
destino supremo.

6. A ti te consagro,
a ti me devuelvo,
lo que tú me diste
a ti te lo entrego:
que tus ojos sean
fulgor del sendero,
y tome palabras
de tus labios bellos.

7. Jesús de la paz,
feliz universo:
se junten en uno
como el alma y cuerpo,
lo que tú juntaste
formando el proyecto

127
de mi vocación:
la vid y el sarmiento.

III
AREPRESENTAN LA MULTIPLICIDAD DE LAS VOCACIONES QUE DESDE SIEMPRE ESTÁN
PRESENTES EN LA IGLESIA

Tres mujeres y otras muchas


Los nombres de las mujeres los da Lucas. Un nombre siempre es un toque de personalidad
propia, de consideración, de dignidad inviolable. Eran ellas:
- María, la Magdalena,
- Juana,
- Susana.
Tres personas seguramente muy distintas. María Magdalena que es Ala mujer entre las
mujeres@, salvada la Madre de Jesús, la Madre del Señor. Juana, casada con Cusa, un
administrador de Herodes Antipas, signo de que el mensaje se dejaba sentir en las altas esferas de
Israel.
Y Susana, la tercera, la encantadora Susana, de la que no sabemos otra cosa ni en los
Evangelios ni en las cartas de los Apóstoles ni en ningún otro testimonio nada de nada. Susana
representa el deseo de tantas mujeres que han hecho una oblación de amor para Jesús. En Susana
se ve el deseo cumplido: ser nadie, porque me basta ser de Jesús.
Es que el amor no tiene otra historia que el amor mismo. El amor, cuando existe, por sí
mismo es voz tonante, porque proclama, sin palabras lo que vive; pero, al mismo tiempo, el amor
es silencio y al que ama le basta con amar. Lo demás, si Dios quiere, como está en las manos de
Dios, vendrá cumpliendo el designio que Dios quiera.
El amor verdadero es un misterio de silencio.
Y Susana (la Azucena), nuestra amable Susana - )casada?, )o sin más esposo que su amor? -
es el símbolo del amor donado, del amor perdido en el Amor.

AConocieron a través de Cristo el misterio de amor del Padre@


Este es el Evangelio que aprendieron en el Aamor-servicio@, Aamor-silencio@: el amor del
Padre.
Y no hay que pensar en unas pláticas especiales. La presencia de Jesús es su mero amor
elocuente que habla del misterio más íntimo. Lo repitió Jesús cuando hablaba de los que no acaba
de dar el sí (véase Jn 5,36). El puso sus obras como voceros de su predicación. La unión entre
vida y obras era esencial y total, y las humildes mujeres del servicio tenían de continuo, tan
cercana a Jesús, la Cátedra del amor del Padre.
En el fondo, toda vocación termina aquí. Toda vocación es una acogida y recepción del amor
del Padre, que late en Jesús.

Inicio y paradigma de todas las vocaciones


La vida regulada y establecida comenzará con el paso del tiempo, en las circunstancias
concretas de la Iglesia. Pero aquí ya está anunciada. La vocación consagrada no es otra cosa que

128
entrar en la órbita de ese estar con Jesús y servir a Jesús, hasta el punto de que toda mi actividad
sea Jesús solo. Las Aseglares@ discípulas de Jesús no son el simple modelo de los institutos
Aseculares@; son, por esta proximidad de Jesús, por este sentido de la vida con Jesús, pura y
simplemente, modelo y referencia de cualquier tipo de vida consagrada.
Y esto por algo muy elemental: La vocación es JESÚS.

23
Lectio divina al día siguiente de
nuestro Encuentro Internacional de Capuchinas
(15-23 mayo 2006)

La familia de hermanos de Betania


Lc 10,38-42 y Jn 11,1-44; 12,1-11

I
MENSAJE DE ENTRADA:
BAJO EL SIGNO DE LA COMUNIÓN
Y DE NUEVA APERTURA A LA VIDA

La Palabra del Señor, gracia y ternura del Padre (una carta de Dios, como dijeron los Padres
de la Iglesia) llega a mi corazón de discípulo, en el momento personal que estoy viviendo, y en la
circunstancia que me envuelve y que es parte viva de mi ser.
En esta atmósfera, con este respiro, nos cobijamos hoy en la Palabra del Señor. Con la
sabiduría que el Señor, dueño de la Historia, nos dé, digamos, en síntesis, que ha pasado.

Hermanas
El título oficial y personal que ha recibido cada participante en el >gafet= de identificación, en
la puerta de su celda, en la tarjeta de su mesa de trabajo, en la lista de entregada ha sido el de
Hermana. Esto es un signo con su significado propio.

Las dos palabras dominantes


Las dos palabras dominantes, que asumen temas inferiores o derivados, han sido Comunión y
Constituciones. Tomemos conciencia.

Comunión (palabra bíblica), de donde viene, derivada, la Solidaridad (palabra de nuestra


cultura)

Para la comunión, clave espiritual para el Tercer Milenio, tenemos el texto central y matriz de
Juan Pablo II en la Novo Millennio Ineunte, n. 43.

129
)Cómo se ha verificado la Comunión? Pedido a la Santa Sede el permiso para dejar la
clausura..., para salir de la clausura ()? palabras, a mi parecer, teológicamente inexactas, y por lo
tanto incómodas: la hermana que sale del convento para atender a su hermana enferma, no deja la
clausura teológica, sino que se adentra más en ella, pues alcanza más íntimamente el corazón de
la fraternidad...), se han juntado hermanas clarisas-capuchinas y hermanas no clarisas pero sí
capuchinas (Suiza). Se han juntado presidentas de federación y no presidentas (por ejemplo,
Francia, Polonia, Sudáfrica). Un sentido de comunión teologal ha superado lo que, al presente,
transciende los cauces canónicos, que, por otra parte, son necesarios. No han estado presentes las
Hermanas de la Adoración Perpetua (India y otros país), cuyas Constituciones y exacto perfil
clariano desconocemos.
Los signos de comunión en el Señor han sido:
- La actuación concreta del hermano Ministro general, el cual, tras su intervención, ha
prometido una Carta sobre las Capuchinas, en ocasión de la solemnidad de Santa Clara.
- Las Comisiones de preparación, cuyo trabajo unas veces ha sido visible y otras invisible,
organización alentada por las hermanas presidentas.
- Las hermanas de la Casa, todas y cada una, que han gastado muchas horas en esta tarea
(superiora como coordinadora general y ejecutora solícita, secretaría con múltiples trabajos...).
- Las hermanas que acudieron al servicio.
- Las hermanas que acudieron de fuera para la fiesta de la noche del día 17.
- Las hermanas que han puesto, tras muchas horas de estudio, su inteligencia y su palabra al
servicio del Encuentro y de todas las hermanas de la Orden.
- Las hermanas que es imposible recordar..., y que - el Señor lo sabe - podrían estar en
primera línea. )Quién conoce las oraciones, las oblaciones ocultas, los sacrificios... que han
sustentado esta reunión?
- Y los hermanos que hemos puesto nuestro Agranito de arena@... o nuestro montón de trigo...
La reunión habría sido semimuda sin la voz de los cuatro traductores.
La Comunión ha tenido un eficaz soporte de Solidaridad Económica de parte de la Curia
general de Capuchinos y de otras personas. (Cuando después de un tiempo miré el sobre
entregado por mi conferencia..., - como por las demás - hice investigaciones para saber si había
sido un error..., o si era un donativo que me había dejado otra persona...).

Constituciones
De las Constituciones cabe
- una revisión Apuntual@ (a pesar de haber sido redactadas en 1986, tras el Derecho Canónico),
- o una revisión de fondo.
Se propicia una revisión a fondo, puesta en marcha por una Comisión Internacional. He aquí
algunos puntos:
- AConstituciones de las Monjas Clarisas Capuchinas@. Santa Clara, que habla habitualmente
de Amonasterio@ (21 veces en la Regla) ni una sola vez llama en ni en la Regla ni en otros escritos
a sus hermanas Amonjas@, sino siempre Ahermanas@ (60 veces en la Regla). )No comenzamos ya
con una falsificación...? (Observación que yo propuse).
- Hay una gran riqueza de espiritualidad clariana de estos años.
- Hay unos documentos preciosos de los Capuchinos que pueden enriquecer, como patrimonio
común, la norma de vida de las hermanas, puesto que somos partícipes de un solo carisma.
- Hay una espiritualidad de Comunión, que resuena en la palabra de Solidaridad con el
sentido de una familia universal, y Federación.
- Existe el Ecumenismo en la Iglesia, la Unidad de los creyentes, supremo deseo de Jesús, que

130
las Constituciones ignoran.
- La celebración del Misterio Cristiano, que es el Misterio pascual, que arranca de la Vigilia
Pascual, que tiene su expresión constante en la celebración del Domingo, Dies Domini, tiene que
penetrar mucho más el alma de las Constituciones.
- Y hasta se ha hablado de Ecología como armonía de la creación, de la promoción de Justicia
y paz.
- Y del carácter misionero de la clarisa capuchina...

Para la reflexión y para la historia

Las hermanas tendrán sus propias reflexiones al leer la Crónica: 28 páginas firmadas por
María de los Ángeles Moreno, Dulce María Sánchez y María Eugenia Cuaya, y la Hoja final de
las 12 AProposiciones generales@ aprobadas por las hermanas participantes.

Una perla escondida desde Grecia

En la isla de Syros (Grecia), gracia de la naturaleza en el Mar Egeo, hay una minúscula
fraternidad de Capuchinas, titulada con estas palabras de Jesús: AUt unum sint@. Fueron de Italia
cinco hermanas; la enfermedad hizo regresar a dos; al presente, se encuentran tres. Escriben a
esta Asamblea: AEste monasterio, único en nuestra Orden y también única presencia clariana en
toda la pequeña nación griega, es una realidad en el corazón de una Iglesia dolorosamente
dividida en sus miembros. Los católicos griegos son una minoría pequeñísima de la población@.
Son Auna comunidad contemplativa con la misión específica de orar por la unidad de los
cristianos@, iniciada el 25 de septiembre del año 2000. Quieren ser una comunidad
internacional..., y nos hacen un llamamiento. La causa de la Unidad merece nuestra oblación.

II
LOS PARADIGMAS EVANGÉLICOS O AICONOS@
DE LA VIDA CONSAGRADA

La Iglesia recibe la vida consagrada como Arevelación@ de Dios en al divina Escritura. El


paradigma de la vida consagrada no está supeditado a un texto. Arranca de una persona, que es la
persona misma de Jesús, proyectada, por otra parte, en la persona de María, figura de la Iglesia.

1. Partiendo de aquí, la vida consagrada puede expresarse mediante los tres votos de
obediencia, pobreza y castidad. Cada uno alude a una consagración total del ser. En este sentido,
teológicamente considerada la densidad de cada voto, hemos de decir que cada uno de ellos
apunta a
- una consagración total
- y una consagración irreversible.
Es decir, totalidad en el don que se entrega, totalidad en el tiempo para el que se entrega.
Por ello, los votos temporales expresan sólo analógicamente el sentido de la vida consagrada.

2. Podemos acudir a escenas particulares de los Evangelio para ver en ellas, de un modo
simbólico o sacramental, el compendio total del Evangelio por lo que respeta, en concreto, a
nuestra condición de fieles consagrados.

131
He aquí una serie de figuras-símbolo que pueden compendiar el sentido plenario de la vida
cristiana como vida e

C La Anunciación a María.
C La llamada del rico.
C Las dos hermanas de Betania
C Las Bienaventuranzas.
C El discipulado de los Doce.
C La descripción de la primitiva Comunidad de Jerusalén.
C La Transfiguración del Señor. Es la imagen sobre la que se construye la exhortación
apostólica Vita consecrata.
C El servicio y seguimiento de las mujeres (Con reflexiones finas y penetrantes ha visto el
Papa en este pasaje de Lc 8,1-3, - como vimos en la lectio divina anterior - el núcleo de lo
que, con el correr de los siglos, ha sido la vida consagrada, comunidades transparentes del
Evangelio).

Y se puede acudir también al Antiguo Testamento para ver allí Aiconos@ de vida consagrada.
La carta a los Hebreos vio a Melquisedec como símbolo anticipado de único e irrepetible
sacerdocio de Jesús.
C Podemos ver la Vida de Moisés como efigue de la vida cristiana hasta la contemplación.
Así lo expuso San Gregorio de Nisa: De vita Moyses.
C Podemos ver a Elías, con la tradición carmelitana.
C Podemos ver a Jeremías, célibe en aras de su consagración y profetismo.

En la forma actual como se van redactando los documentos de la Iglesia, la forma lógico-
escolástica ha sido reemplazada por esquemas bíblicos. No raramente los capítulos de los
documentos suelen estar formulado con expresiones bíblicas, para que la secuencia de lo que se
trata sea una especie de Alectio divina@ de la Escritura. Esto ha sido habitual en el pontificado de
Juan Pablo II. Ciertamente que se consigue que la savia de la Escritura pase más vital a la
exposición que se pretende.
Y este mismo proceder va ganando terrenos en la elaboración de otros textos de estudio, por
ejemplo:
C El camino de Emaús (en el plan desarrollada por la CLAR, y aplicado en México).
C O el icono del Samaritano en el Congreso mundial de vida consagrada... APasión por
Cristo, pasión por la humanidad@

Con razón una hermana capuchina puede tomar el Aparadigma@ de los tres hermanos de
Betania, con una lectio divina sapiencial de la Escritura.

III
UNA INTERPRETACIÓN DE LA VIDA CONSAGRADA
DESDE ALA FAMILIA DE BETANIA@

Lectio divina de una capuchina, Stefania Monti

La hermana Stefania Monti, que reside en un convento de montaña, Lagrimone, entra en la

132
vida religiosa (1975) capuchina después de haber obtenido la laurea con una tesis doctoral, una
investigación sobre el texto hebreo de la Biblia. Posteriormente ha tenido la oportunidad de
continuar un tiempo sus estudios en la Universidad Hebrea de Jerusalén.
He aquí una parte de su ponencia, que habrá que leer toda entera.

***

1.0 La familia de Betania

Como paradigma de nuestra vida deseo presentar aquí el paradigma de la casa de Betania, es
decir Marta, María y Lázaro. Subrayo algunas características y algunas consecuencias.

1.1 La primera característica es la de ser un grupo familiar cualquiera, de sencilla vida


cotidiana, no demasiado diferente de la de otras familias de la época, por lo tanto una
cotidianidad anónima. Anónima y no fácil, los tres hermanos comparten no sólo la tradición
religiosa de sus contemporáneos y vecinos, mas también la triste condición de encontrarse en un
país ocupado, sujeto a frecuentes pasos de la legión romana de la guarnición, que se preocupa de
alimentarse a costa de los habitantes con las consecuencias que todos podemos imaginar.
La condición de pobreza de la gente no está supuesta o pensada, ni la vida es idílica sólo
porque sea modesta y retirada, lejos, en apariencia, de los grandes acontecimientos. Provoca más
bien una solidaridad entre familias y un estilo de ayuda recíproca.
Mas quien, todavía hoy, vaya a Jerusalén sabe que a los pies de la cadena del Monte de los
Olivos, en el viejo camino que va hacia Jericó y el desierto, se encuentra un pueblo árabe que se
llama el-Azariye, se nota enseguida que este nombre recuerda el de Lázaro, pero lo singular de
este personaje tan importante en los relatos evangélicos es que nunca escuchamos su voz.
Pero es protagonista de un episodio cargado de consecuencias para Jesús y para él mismo, un
testimonio casi involuntario, pero muy costoso, basado únicamente en la amistad con Jesús y,
sobre todo, en el hecho que Jesús le amaba mucho.
Pienso que nuestro testimonio deba ser elocuente, mas sin demasiadas palabras, basado en
la vida en común, entre la gente, en estructuras modestas, con una amplia atestación de pobreza
y de compartir la situación común, sin buscar privilegios particulares, mas queriendo participar
del misterio de Jesús, sin descuentos.

1.2 La familia de Betania sin embargo es una familia especial.


Ninguno de los tres hermanos está casado - cosa bastante singular en ambiente hebraico -
mas, sobre todo, faltan el padre y la madre.
Esta familia está compuesta exclusivamente de hermano y hermanas en condición celibataria.
Son entonces todos adultos y responsables, aunque sea fácil pensar en una supremacía no
declarada de la hermana mayor ()Marta?).
Pero creo que el elemento significativo sea la ausencia de los padres, que se impone para
entender mejor cuáles sean las relaciones internas.
Por nuestra parte la elección de la fraternitas respecto a una relación de hijos /filial es
determinante para las relaciones comunitarias.
Las dos hermanas, por ejemplo, se presentan como figuras antagónicas y a un tiempo
recíprocas, como varias veces ocurre en los personajes dobles de Lucas5, que son sobre todo
dobles pedagógicos.
Si leemos el episodio de Lc 10,38-42, vemos cómo la tradición ha extraído conclusiones

133
incongruas respecto al texto.
Es bien conocido cómo en la diversidad entre las dos hermanas se haya visto una especie de
contraposición entre vida activa y vida contemplativa, retomando un esquema que ya venía
aplicado a Lea y Raquel6. En realidad conviene que emerja del texto más bien un clima y un
cuadro general, después algún detalle.

1.3 El clima es de hospitalidad y de acogida (Lc 10,38).


Jesús va a esta casa porque sabe que es bien acogido.
Si en el primer Testamento se habla varias veces de Dios que hospeda al hombre7, Lucas
bosqueja la hospitalidad de los cristianos y en particular de las mujeres en relación con Cristo y la
iglesia.
Esta hospitalidad, considerada virtud cristiana desde los escritos paulinos8, llega a ser un
elemento cualitativo de muchas Reglas, no para la de Clara9, aunque parece un elemento
imprescindible hoy en esta realidad atormentada y multiétnica.
Esta hospitalidad puede asumir muchos aspectos en nuestros monasterios, acogida de Dios
en nuestra historia no siempre fácil, descubriendo las huellas de su paso en las variadas
dificultades de hoy, acogida recíproca, atención al ecumenismo y a las relaciones
interreligiosas, atención a los pobres. En pocas palabras, es el ejercicio de la compasión, para
usar un término amado por la tradición oriental, que pone las bases de la fraternidad, la edifica
y la hace difusiva.
Podríamos preguntarnos si Jesús se encuentra bien en nuestra casa10, pero hay que
interrogarse a qué punto hemos llegado en aquella recíproca acogida que estimula las personas a
crecer y no se limita a dar un genérico consuelo.
Vemos ahora a las dos hermanas (Lázaro, si está presente, no habla).
Marta parece ser la dueña de la situación desde el punto de vista organizativo, es una
verdadera dueña de casa y como tal actúa.
María por su parte, como sabemos, se adecua a un rol no suyo.
AEstar sentados a los pies de@ alguien es un término técnico que indica el discipulado en
sentido estricto, reservado a los hombres (cf Lc 8,35).
El mismo Lucas nos ha hablado de mujeres en el seguimiento de Jesús ya desde Galilea (8,
1-3). Ellas le seguirán hasta la cruz (23,49 y paralelos) y el duelo fúnebre (23,55 y paralelos),
serán los primeros testigos de la resurrección (24,1-8 y paralelos).
A nadie, sin embargo, asigna un rol tan preciso como a María y, repito, un rol considerado
normalmente para/de hombre que en este caso no mortifica la feminidad del personaje, sino
muestra más bien especial sentido de discernimiento.
María no se contenta con ser lo que debería ser, o sea, la que hospeda y ayuda a la hermana en
la acogida más sencilla y directa de Jesús, escuchando lo que él dirá como todos y a la manera de
todos, mas elige escuchar, interrogar, dejarse cuestionar por el Maestro y Verbo de la vida.

1.4 También en Betania ocurre otro episodio significativo, aunque controvertido, sobre los
personajes y la colocación.
Sólo Juan (12,1-11)11 parece ubicarlo en las casas de los tres hermanos, poniendo como
protagonista a María, hermana de Marta y Lázaro, relacionando así este episodio con el anterior,
que tiene a Lázaro como involuntario protagonista (11,1-44).
No es este el momento de extenderse sobre las cuestiones críticas que aclararían ambiente y
personajes. Bastará notar que el episodio de Juan de alguna manera propone de nuevo los roles de
las personas que antes hemos ya visto.

134
Marta sirve (v.2), Lázaro es un comensal como siempre silencioso, María toma la iniciativa
que la connota como auténtica discípula y amiga de Jesús, en contraposición a Judas.
Parecería en esto desmentir su carácter contemplativo, en el sentido convencional del
término. De hecho muestra otro aspecto elevado de la hospitalidad, el del honor al huésped
ofrecido con largueza, material precioso y sin medida.
En breve, en el signo de la absoluta gratuidad, de la pietas, o, si queremos, de una cierta
locura o, más bien, de la auténtica bondad desinteresada.
Todos hemos soñado en cambiar el mundo, las situaciones e incluso también la comunidad.
Cuando se entiende la imposibilidad de hacerlo, como se sueña de adolescentes, es un signo de
madurez amar a una persona o a personas concretas. En particular, en nuestro caso, Jesús en la
inminencia de su trágica muerte. El texto sugiere que no es una equivocación donar todo, hasta el
derroche, para curar una destrucción tan próxima y dolorosa, por consiguiente el problema, en tal
caso, no es cambiar las situaciones, mas oponerse a la brutalidad con el amor12.
Se trata en efecto de un preparativo de muerte de signo opuesto al complot que va a llevar a la
muerte a Jesús; es, por el contrario, el signo de un amor generoso que no abandonará a Cristo en
ningún momento. Un gesto inútil, en un cierto aspecto, justo porque no cambia el curso de los
eventos ni inmediatos ni lejanos.
Los discípulos, o sólo Judas, según las redacciones, protestan contra una gratuidad que no
pueden entender.
De todo esto podríamos concluir que el verdadero discípulo aprende del Maestro sobre todo a
dar sin cálculos, mas volveremos eventualmente sobre este argumento después.

1.5 Falta considerar de cerca un episodio sobre Lázaro, el hermano que hasta ahora hemos
visto en el escenario de fondo como una sombra, reducido sólo al nombre.
Creo que este episodio toque en particular muy de cerca la realidad de los monasterios de
Europa, donde es más evidente la crisis numérica y de las fuerzas, y la condición de agonía.
Preciso que esta situación en Europa no toca sólo a nuestra Orden. Quien tenga suficiente
conocimiento también de realidades masculinas y femeninas más conocidas y prestigiosas que la
nuestra13, sabe que todas viven las mismas dificultades.
En esta parte de mi intervención cojo en gran medida un texto de p. Timothy Radcliffe14, ex
Maestro general de la Orden de Predicadores, con quienes tenemos una relación afectuosa, si
escuchamos (con el debido sentido histórico-crítico) lo que las Fuentes nos dicen sobre las
relaciones entre Francisco y Domingo.
La primera constatación necesaria es que Jesús deja morir a Lázaro, ni se preocupa de
mantenerle de todas maneras con vida, mas piensa sólo en la gloria de Dios (Jn 11,4.6).
Ya esto nos induce a preguntarnos si cuando pensamos en el futuro pensamos en la Gloria y
el Reino o nos preocupamos más bien de nuestro futuro personal, poniendo en la sombra una de
las características fundamentales de la vida religiosa, que es, de cualquiera manera, memoria
futuri, o sea, indica al pueblo de Dios lo que él mismo será15.
Jesús, no obstante, ama a Lázaro (Jn 11,3.5.33.35.38), el texto, normalmente tan avaro de
detalles sobre la vida privada del Señor, aquí es insistente, así que nos vemos inducidos a pensar,
aunque sea difícil, que haya un estrecho enlace entre la muerte del amigo y el cariño de Jesús.
Podemos de verdad ver las cosas de esta manera - la muerte como señal de amistad y de
amor- )o no estamos más bien espantadas de la secularización alcanzada por nosotras hasta la
general indiferencia y que en otros lugares está arrasando, y de cualquier manera está llegando?
Estoy convencida de que esta dinámica de muerte /amistad divina/gloria sea necesaria para
todos, en Europa estamos solamente anticipándola respecto a otras zonas del mundo.

135
Creo sea necesario, de este texto, aprender que ars vivendi y ars moriendi son estrechamente
conexas y que debemos disponernos a una comprensión sapiencial de nuestra vida, en la certeza
que este Afracaso@ que es nuestra muerte, como personas y como instituciones, es de todas
maneras para la gloria de Dios.
El discurso, a primera vista, afecta muy de cerca y con una cierta urgencia a nosotros
europeos. Considero pero que todas nosotras debemos enfrentarlo útilmente, en conjunto,
también quien por ahora no está afectado por este problema.
Esta conciencia no puede sino acentuar aquel clima de hospitalidad recíproca que sería
nuestro deber poder construir en nuestras comunidades, donde con frecuencia nos sentimos
aisladas porque cada una cuenta con los propios recursos o piensa en sus problemas personales,
en su trabajo, o en el hecho de tener a disposición, de cualquier manera, tiempo para vivir.

Jesús Allama@ de nuevo a Lázaro a la vida, después de la dura experiencia del sepulcro. Lo
coloca como signo poderoso de la gloria de Dios en lo profundo de la debilidad de la condición
humana. Lázaro, al fin y al cabo, vive una Pascua anticipada, hasta ser directamente implicado en
el complot para eliminar a Jesús por ser considerado un testigo incomodo (Jn 12,10). Todo esto
no está demasiado lejos de nuestra condición, porque también nosotros vivimos una pascua que
es tan sólo el typos de aquella última, estamos llamadas a un testimonio no siempre fácil,
ciertamente en contraste con el mundo, estamos vinculadas a un amor de Cristo hacia nosotros
que sin duda supera el nuestro para con él, en orden a la gloria del Padre.
La Orden, tanto aquí en México como en España, Polonia y en otros lugares, ha
experimentado la persecución y no me atrevo a hablar de este tema que conozco sin haberlo
vivido, mas pienso que un verdadero testigo debe esperarse de todo, aunque si de hecho muera en
su propia cama.
No se trata entonces para nosotras de esperar que este tiempo difícil termine lo más pronto
posible, mas de estar dispuestos a testimoniar la vida en el borde del sepulcro desde donde el
Señor nos está sacando.
Radcliffe, que les sugiero leer, invita a ver en esto el sentido de la vocación y de los mismos
votos religiosos.
Personalmente quisiera notar otro particular.
Lázaro no habla ni cuando sale del sepulcro.
Totalmente sorprendido por el amor de Jesús que le llama de nuevo a la vida, se expresa con
un silencio que no sabemos adjetivar: )asombrado?, )atónito?, )agradecido?, )alegre?
Llamado de nuevo a la vida, se mantiene como el personaje que ya era, una persona sin
particular importancia, portadora de un gran misterio, como somos nosotros todos.
Nosotros somos socialmente marginales por elección, en la medida en que pronunciamos los
votos religiosos, y hoy todavía lo somos más, frente a una realidad donde cuentan cosas
diversas de aquéllas que nosotros vivimos, y precisamente el poder, la plata o dinero, el éxito...
Sabemos estas cosas y no me extiendo en el tema.
Deberíamos descubrir aquí nuestro ser pauperes et minores sin prestigio, sin una voz que se
impone, libres para aceptar cualquier fracaso.
Éxito y prestigio son en efecto la peor forma de esclavitud y uno de los hilos conductores de
los grandes cuentos bíblicos es la quiebra de los grandes personajes de las Escrituras.

5 Véanse los dos hermanos de la parábola (15:11-32), y los dos ladrones crucifijos juntos a Jesús (23:39-43)
6 Raquel Ade los ojos bellos@ (Gn 29:17) sería justamente la vida contemplativa antes según la exégesis tradicional judaica,
después según aquella alegórica de los padres de la iglesia hasta la predicación aún reciente. Véase, por ejemplo. Ambrosio, in
Lucam, 7,85-86 e Sermo 103,2s

136
7 Como ejemplo, véase el salmo 23
8 Hb 13;2
9 Sería bueno, a lo mejor, investigar sobre las razones de este silencio
10 Juan Crisóstomo (Homilía sobre las estatuas, 2,5-6) considera un gran honor tener a Cristo como inquilino para disuadir a los
ricos de la especulación. El hecho que él sea huésped es mucho más significativo
11 Mc 14:1-9 coloca el episodio siempre en Betania, pero en casa de Simón el leproso, sin precisar que María forma parte de los
tres hermanos. Según algunos intérpretes Juan mezcla dos episodios distintos
12 Así en E. DREWERMANN, L=unzione di Gesù a Betania, en I1 messaggio delle donne, Il sapere dell=amore, Brescia,
2002/2, pp. 185-198
13 Personalmente estoy muy contenta de pertenecer a una Orden que en Italia es poco conocida y no goza de prestigio
14 Lazzaro, vieni fuori@ (Gv 11:43). Ai reIigiosi, in T. RADCLIFFE, Testimoni del Vangelo, Bose-Magnano, 2004, pp 213-236

IV
ANONIMATO, PROFECÍA, TESTIMONIO

La hermana Stefania (Estefanía, en castellano) tras esta exposición, en la que se van


insinuando los desafío, invita a la reflexión valiente para encarar la realidad de hoy y del futuro.
He aquí, de mi parte, una reflexión hecha oración (o aspiración de oración) bajo el signo de
tres palabras: anonimato, profecía, testimonio.

Señor Jesús, mi Señor Resucitado,


gloria, dulzura, paz,
a ti acudo con la sensación de ser llamado por ti,
desde el centro del misterio,
y ser conducido por el Espíritu.
Tú eres, ante el Padre, la victoria de mi pecado;
por eso en ti dilato mi corazón.
Yo he escogido un camino,
en fuerza de una llamada que en mi corazón he percibo.
Mi camino eres Tú,
camino, llegada y puerta del Padre.
El Tú de tu propio ser entero,
el Tú de ese Yo Resucitado
sea el ámbito vital de mi existencia.
La ciencia fortifica mi fe,
pero, al final, también la ciencia causa fatiga,
y sólo el amor callado
puede dar la paz que mi corazón ansía.
Acudo a ti desde las aguas bautismales
que brotaron de nuevo en su santa resurrección,
y ante tu rostro divino
presento la consagración de mi vida,
fruto de tus llagas.

)Qué anhelo en este camino azaroso de mis días?


Te anhelo a ti como Palabra final,
como amor volcado,
como carne divina que traspasa mi carne

137
y me abre bellamente a la esperanza.
En tres palabras te diré mi anhelo;
es verdad, aunque mis obras lo contradigan:
Anonimato, Profecía, Testimonio.
Yo también tengo una voz para decir lo que busco,
convertido a tu corazón.

Anónimo en el mundo,
para entrar en el corazón de tu Iglesia
y en la entraña del mundo como una savia nueva.
Todas las raíces pecaminosas están diciendo lo contrario,
porque yo quisiera ser la importancia,
aun a costa de desbancar a los demás.
Pero tú, Jesús mío,
eres la humildad recóndita de Dios.
Tú eres revelación y transparencia,
al unirte con quienes no tienen voz y transparencia.
Concédeme, Señor,
que en contra de todo mi ser,
de mis instintos maleados,
yo desee estar en la penumbra
Que mi silencio sea el espacio de tu amor
y la apertura a la amistad más grata.
Aleja de mi mente todo pensamiento insensato
de opinar que cuanto más alto sea mi puesto,
mayor será mi irradiación,
cuando tú nos invitas a ser
tu Yo anónimo en medio de los hermanos,
que son los hermanos de mi fe
y los hermanos del mundo entero.

Condúceme por el camino de la pureza interior,


que va unida al fuego del sufrimiento,
y puríficame de tal modo
que a la hora de hablar
sea la voz vibrante de tu Pascua.
Hazme, Señor, Profeta de tu Amor,
desprendido de toda atadura de soberbia y vanidad.
Que pueda hablar siempre con sabiduría y amor,
con claridad y juicio,
con misericordia y ternura.
Hazme, Señor, Profeta desde ti y para ti,
y experimente en la fibra de mis labios
el don de la libertad del corazón.

Y tú, Jesús, el Testigo fiel,


haz de mi vida Testimonio tuyo.

138
Pon en el fondo de mi ser
el ser nuevo de bautizado,
cuya lengua gustó la sal de la sabiduría,
y cuyo corazón quedó arrebatado por el amor de Dios.
Tú que, al nacer,
me entregaste la lámpara encendida,
la lámpara del testimonio,
hazme todo entero testimonio,
dame tu sello como autenticidad mía.

Que la pobreza amable,


al ser reencontrada en ti,
sean signo, unión y soporte
en los días que te plazca conservarlo.

María, presencia tenue como la brisa,


y fuerza potentísima,
que guardó tu Palabra en su corazón,
sea la gracia de mi vida,

Amén, Dios mío, Padre mío, Amén

***

Para mis hermanas capuchinas pido la contemplación,


pura y simplemente la contemplación.
No puede ir el saber contra el contemplar,
pero el saber sin el contemplar
es sal en los labios;
saber sin contemplar
es herida en el corazón.
Danos, oh Jesús misericordioso,
el verte a Ti, rostro del Padre,
y el entrar en tu corazón.
Fiat.

24
Claves de Benedicto XVI para la lectio divina
(Las homilías del Papa)

I
LAS HOMILÍAS DEL PAPA

Reiteradamente vamos diciendo que la lectio divina no tiene adscrita, por su propia

139
naturaleza, ninguna técnica. Se trata de un acercamiento a la Escritura en el Espíritu. El
Concilio, haciéndose eco de un pensamiento venido de Oriente, dice que hay que leer la Escritura
Acon el mismo Espíritu@ con que fue escrita. El objetivo es uno: el encuentro con Dios en el
sacramento de su Palabra; los caminos (en griego Met-Odos, meta odos, por medio del camino,
por el camino) son múltiples.
Al fin, el encuentro es personal. Por ello, mi lectio divina es la que a mí me inspira el Espíritu
en la Iglesia. Un análisis acariciado de las palabras del Papa en sus homilías, que han brotado de
la intimidad de su corazón, nos abre los ojos a la realidad de la lectio divina, hecha por un
cristiano, a quien Dios ha asignado un puesto del todo singular en la Iglesia.
Tal es el objetivo de esta lectio divina, número 24.
La palabra hablada o escrita del Papa reviste muchas modalidades, como puede verse en el
Asitio@ de Internet del Vaticano (vatican.va): Cartas, Cartas Apostólicas (Cartas Apostólicas
Amotu proprio@), Discursos (saludos, discursos propiamente dichos), Constituciones Apostólicas
(documentos de suprema autoridad), Encíclicas... La intervención directa y personal del Papa no
es lo mismo en unos documentos o en otros, como puede apreciarlo cualquier crítico (o quien
quiera analizar las )70/80.000? páginas del magisterio de Juan Pablo II)
Seguramente que lo más puro y personal de Benedicto XVI lo encontramos en su Encíclica
ADeus Caritas est@, en sus Homilías en medio de la Asamblea litúrgica, y desde el15 de marzo en
la serie de Catequesis en las audiencias de los miércoles, una vez que terminó las Catequesis
sobre los Salmos (que, como dijo, encontró en la mesa de Juan Pablo II), y en discursos escritos
para encuentros con personas y acontecimientos que están en al fibra de su corazón, como, por
ejemplo, todo cuanto se refiere al ecumenismo...

Cómo habla el Papa


Leyendo escritos del teólogo Ratzinger y homilías del actual Papa Benedicto XVI, )cómo
definiríamos la persona que trasparece en estas palabras? Lo definiríamos así:
Un hombre que está en la cultura de hoy.
Un sabio que habla Aprofundamente@.
Un escritor enamorado del lenguaje bello.
Un enamorado de las santas Escrituras.
Un Ahombre de Dios@ (Elías, Eliseo) que habla espiritualmente.
Quien así habla, no pudiendo nosotros dudar de la correspondencia de lenguaje y vida, bien
demuestra ser sencillamente Aun santo@.

Cuáles son las cualidades de las homilías como Alectio divina@ del Santo Padre
Hay tres cualidades básicas, que nos dan el secreto de las homilías de Benedicto XVI,
gestadas en oración:
10 Ir al texto, rigurosamente al texto original. (A veces se ha permitido citar los términos
originales del griego).
20 Por la puerta del texto pasar directamente al Misterio.
30 Vivir el misterio en el hoy y aquí que está viviendo la Iglesia, en esta comunidad
celebrante.

Sobre esta base podemos añadir:


40 Tener gran libertad para evitar todo formalismo y técnica en el desarrollo de su

140
exposición.
50 Manifestar un fino sentido por la simbología litúrgica como punto de encuentro y
revelación del misterio (el aspecto mistagógico del signo).

***
Personalmente tengo la sensación de que Benedicto XVI es un APadre de la Iglesia@ en su
modo de hablar y en la transmisión de la fe.
Igualmente pienso que uno, en la intimidad de su conciencia, puede tomar, bajo la
providencia de Dios, las homilías y otras palabras del Papa como mi dirección espiritual, que el
Señor me brinda, en el camino de la fe.

***
Transcribimos, como espécimen, cuatro homilías, de Jueves Santo a Pentecostés, las cuales
nos llevarían, con tiempo, a sabrosos comentarios. Nos tomamos la libertad de destacar con
negrita o cursiva frases o palabras, lo cual nos llevarán, en este aprendizaje de lectio divina, a
algunos comentarios.
II
CUATRO HOMILÍAS DE BENEDICTO XVI
(JUEVES SANTO, PASCUA, PENTECOSTÉS)

Jueves Santo: Misa Crismal


Basílica de San Pedro Jueves santo 13 de abril de 2006

Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,


queridos hermanos y hermanas:
El Jueves Santo es el día en el que el Señor encomendó a los Doce la tarea sacerdotal de
celebrar, con el pan y el vino, el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre hasta su regreso. Al
cordero pascual y a todos los sacrificios de la Antigua Alianza, le sustituye el don de su Cuerpo y
de su Sangre, el don de sí mismo. De este modo, el nuevo culto se fundamenta en el hecho de
que, ante todo, Dios nos ofrece un don, y nosotros, colmados por este don, nos hacemos suyos: la
creación vuelve al Creador. Y también así el sacerdocio se ha convertido en algo nuevo: ya no
es una cuestión de descendencia, sino que es algo que se sitúa en el misterio de Jesucristo.
Siempre es él quien da y nos eleva hacia él. Sólo él puede decir: *Esto es mi cuerpo - Esta es mi
sangre+. El misterio del sacerdocio de la Iglesia está en el hecho de que nosotros, míseros seres
humanos, en virtud del Sacramento, podemos hablar con su *yo+: *in persona Christi+. Quiere
ejercer su sacerdocio a través de nosotros. Este misterio conmovedor, que en toda celebración del
sacramento nos vuelve a tocar, lo recordamos de manera particular en el Jueves Santo. Para que
el ajetreo diario no marchite lo que es grande y misterioso, necesitamos este recuerdo específico,
necesitamos volver a aquella hora en la que Él puso sus manos sobre nosotros y nos hizo
partícipes de este misterio.
Por tanto, reflexionemos nuevamente en los signos con los que se nos ha entregado el
sacramento. En el centro está el gesto antiquísimo de la imposición de las manos, con el que él
tomó posesión de mí diciéndome: *Tú me perteneces+. Pero de este modo nos ha dicho también:
*Tú estás bajo la protección de mis manos. Tú estás bajo la protección de mi corazón. Tú estas
protegido bajo el hueco de mis manos y te encuentras en la inmensidad de mi amor. Estás en el
espacio de mis manos; dame las tuyas+.

141
Recordamos, además, que nuestras manos han quedado ungidas por el óleo, que es el signo
del Espíritu Santo y de su fuerza. )Por qué las manos? La mano del hombre es el instrumento de
su acción, es el símbolo de su capacidad para afrontar el mundo, para *tomarlo en la mano+. El
Señor nos ha impuesto las manos y ahora quiere nuestras manos para que, en el mundo, seamos
las suyas. Quiere que dejen de ser instrumentos que toman las cosas, los hombres, el mundo para
nosotros mismos, para someterlos a nuestra posesión, y que por el contrario transmitan su toque
divino, poniéndose al servicio de su amor. Quiere que sean instrumento de servicio y por tanto de
expresión de la misión de toda la persona que se convierte en su garante y que le transmite a los
hombres.
Si las manos del hombre representan simbólicamente sus facultades y, más en general, la
técnica como poder capaz de dominar el mundo, entonces las manos ungidas tienen que ser un
signo de su capacidad para dar, de la creatividad para plasmar el mundo con amor y para esto
tenemos necesidad sin duda del Espíritu Santo. En el Antiguo Testamento, la unción es signo de
asumir un servicio: el rey, el profeta, el sacerdote hace y entrega mucho más que aquello que
procede de sí mismo. En cierto sentido, queda expropiado de sí en virtud de un servicio, en el que
se pone a disposición de uno más grande que él. Si Jesús se presenta hoy en el Evangelio como el
Ungido de Dios, el Cristo, entonces esto quiere decir precisamente que actúa por misión del
Padre y en unidad con el Espíritu Santo y que, de este modo, entrega al mundo una nueva realeza,
un nuevo sacerdocio, una nueva manera de ser profeta, que no se busca a sí mismo, sino que vive
por aquel por quien el mundo ha sido creado. Pongamos hoy nuestras manos nuevamente a su
disposición y pidámosle que nos lleve siempre de la mano y que nos guíe.
En el gesto sacramental de la imposición de las manos por parte del obispo, el mismo Señor
nos impuso las manos. Este signo sacramental resume todo un recorrido existencial. En una
ocasión, como los primeros discípulos, nos encontramos con el Señor y escuchamos su palabra:
*(Sígueme!+. En un primer momento, quizá le seguimos de manera insegura, mirando hacia atrás
y preguntándonos si era éste realmente nuestro camino. Y en un determinado momento del
camino, quizá hemos hecho la experiencia de Pedro tras la pesca milagrosa, es decir, nos
asustamos por su grandeza, la grandeza de la tarea, y por nuestra pequeñez, que nos lleva a
echarnos para atrás: *(Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador!+ (Lucas 5, 8). Pero
después, con gran bondad, nos ha tomado de la mano, nos ha atraído hacia sí y nos ha dicho: *(No
tengas miedo! Estoy contigo. (No te dejo, y tú no me dejes!+. Y en más de una ocasión a cada uno
de nosotros quizá le ha sucedido lo que a Pedro, cuando al caminar sobre las aguas dirigiéndose
hacia el Señor de repente se dio cuenta de que el agua no le sostenía y de que estaba a punto de
hundirse. Y como Pedro hemos gritado: *Señor, (sálvame!+ (Mateo, 14, 30). Al ver la furia de los
elementos, )cómo podíamos atravesar las aguas estruendosas y espumosas del siglo pasado y del
milenio pasado? Pero, entonces, hemos dirigido la mirada hacia élY y él nos ha tomado de la
mano y nos ha dado un nuevo *peso específico+: la levedad que se deriva de la fe y que nos eleva
hacia lo alto. Y después nos da la mano que nos sostiene y nos lleva. Él nos sostiene. Volvamos a
dirigir siempre nuestra mirada hacia él y démosle la mano. Dejemos que su mano nos tome, y
entonces no nos hundiremos, sino que nos pondremos al servicio de la vida, que es más fuerte
que la muerte, y del amor que es más fuerte que el odio. La fe en Jesús, Hijo del Dios vivo, es el
medio por el que volvemos a dar la mano a Jesús y por el que nos toma de la mano y nos guía.
Una de mis oraciones preferidas es la petición que la liturgia pone en nuestros labios antes de
la Comunión: *Yno permitas que me separe de ti+. Pidámosle que no caigamos nunca fuera de la
comunión de su Cuerpo, de la comunión con el mismo Cristo, que no caigamos nunca fuera de
su misterio eucarístico. Pidámosle que no deje de llevarnos de la manoY

142
El Señor ha puesto su mano sobre nosotros. El significado de este gesto lo expresó con las
palabras: *No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he
llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer+ (Juan 15, 15).
No os llamo ya siervos, sino amigos: en estas palabras se podría ver ya la institución del
sacerdocio. El Señor nos hace amigos suyos: nos confía todo; se confía a sí mismo para que
podamos hablar con su *yo+ *in persona Christi capitis+. (Qué confianza! Verdaderamente se ha
puesto en nuestras manos. Los signos esenciales de la ordenación sacerdotal son en el fondo
manifestaciones de esa palabra: la imposición de las manos; la entrega del libro --de su palabra
que nos confía--, la entrega del cáliz con el que nos trasmite su misterio más profundo y personal.
De todo esto forma parte también el poder de absolver: nos hace partícipes de su conciencia
sobre la miseria del pecado y la oscuridad del mundo y pone en nuestras manos la lleve para
volver a abrir la puerta hacia la casa del Padre.
No os llamo ya siervos, sino amigos. Este es el significado profundo de ser sacerdote: ser
amigo de Jesucristo. Tenemos que comprometernos con esta amistad cada día. Amistad
significa comunión de pensamiento y de voluntad. En esta comunión con Jesús tenemos que
ejercitarnos, nos dice san Pablo en la Carta a los Filipenses (Cf. 2, 2-5). Y esta comunión de
pensamiento no es algo simplemente intelectual, sino que es también comunión de sentimientos y
de voluntad, y por tanto, de acción. Esto significa que tenemos que conocer a Jesús de una
manera cada vez más personal, escuchándole, viviendo junto a él, estando con él.
Escucharlo --en la *lectio divina+, es decir, leyendo la Sagrada Escritura, pero no de una
manera académica, sino espiritual; de este modo aprendemos a encontrar a Jesús presente
que nos habla. Tenemos que razonar y reflexionar sobre sus palabras y sobre su manera de
actuar ante él y con él. La lectura de la Sagrada Escritura es oración, tiene que ser oración,
tiene que surgir de la oración y llevar a la oración.
Los evangelistas nos dicen que el Señor se retiraba continuamente --durante noches enteras--
*a la montaña+ para rezar a solas. También nosotros tenemos necesidad de esta *montaña+: es la
altura interior que tenemos que escalar, la montaña de la oración. Sólo así se desarrolla la
amistad. Sólo así podemos desempeñar nuestro servicio sacerdotal, sólo así podemos llevar a
Cristo y su Evangelio a los hombres. El simple activismo puede ser incluso heroico. Pero el
actuar exterior, a fin de cuentas, queda sin fruto y pierde eficacia si no nace de la comunión
íntima con Cristo. El tiempo que dedicamos a esto es realmente tiempo de actividad pastoral, de
una actividad auténticamente pastoral. El sacerdote tiene que ser sobre todo un hombre de
oración. El mundo en su activismo frenético pierde con frecuencia la orientación. Su actuar y sus
capacidades se convierten en destructivas si desfallecen las fuerzas de la oración, de las que surge
el agua de la vida capaz de fecundar la tierra árida.
No os llamo ya siervos, sino amigos. El corazón del sacerdocio consiste en ser amigos de
Jesucristo. Sólo así podemos hablar verdaderamente *in persona Christi+, a pesar de que nuestra
lejanía interior de Cristo no puede comprometer la validez del Sacramento. Ser amigo de Jesús,
ser sacerdote, significa ser hombre de oración. De este modo le reconocemos y salimos de la
ignorancia de los siervos. De este modo aprendemos a vivir, a sufrir y a actuar con él y por él. La
amistad con Jesús es siempre por antonomasia amistad con los suyos. Sólo podemos ser amigos
de Jesús en la comunión con Cristo total, con la cabeza y el cuerpo; en la lozana vid de la Iglesia
animada por su Señor. Sólo en ella la Sagrada Escritura es, gracias al Señor, Palabra viva y
actual. Sin el sujeto viviente de la Iglesia que abarca las edades, la Biblia se fragmenta en
escritos que con frecuencia son heterogéneos y se convierte en un libro del pasado. Es
elocuente en el presente sólo allí donde está la *Presencia+, donde Cristo sigue haciéndose
nuestro contemporáneo: en el cuerpo de su Iglesia.

143
Ser sacerdote significa ser amigo de Jesucristo, y serlo cada vez más con toda nuestra
existencia. El mundo tiene necesidad de Dios, no de un dios cualquiera, sino del Dios de
Jesucristo, del Dios que se hizo carne y sangre, que nos amó hasta morir por nosotros, que
resucitó y creó en sí mismo un espacio para el hombre. Este Dios tiene que vivir en nosotros y
nosotros en él. Esta es nuestra llamada sacerdotal: sólo así nuestra acción de sacerdotes puede dar
fruto.
Quisiera concluir esta homilía con una palabra de Andrea Santoro, ese sacerdote de la
diócesis de Roma que fue asesinado en Trebisonda mientras rezaba; el cardenal Cè nos la
comunicó durante los ejercicios espirituales. La frase dice: *Estoy aquí para vivir entre esta gente
y permitir que Jesús lo haga prestándole mi carneY Sólo somos capaces de salvación ofreciendo
la propia carne. Hay que cargar con el mal del mundo y compartir el dolor, absorbiéndolo en la
propia carne hasta el final, como hizo Jesús+. Jesús asumió nuestra carne. Démosle nosotros la
nuestra, para que pueda venir al mundo y transformarlo. (Amén!
Nota. Con esta homilía habría que leer la que dirigió en la Misa del Domingo del Buen Pastor (7 de mayo), en la
que ordenó sacerdotes a un grupo de diáconos de la diócesis de Roma.

Jueves Santo: Misa in Cena Domini

Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;


queridos hermanos y hermanas:
"Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo"
(Jn 13, 1). Dios ama a su criatura, el hombre; lo ama también en su caída y no lo
abandona a sí mismo. Él ama hasta el fin. Lleva su amor hasta el final, hasta el
extremo: baja de su gloria divina. Se desprende de las vestiduras de su gloria divina y
se viste con ropa de esclavo. Baja hasta la extrema miseria de nuestra caída. Se
arrodilla ante nosotros y desempeña el servicio del esclavo; lava nuestros pies sucios,
para que podamos ser admitidos a la mesa de Dios, para hacernos dignos de sentarnos
a su mesa, algo que por nosotros mismos no podríamos ni deberíamos hacer jamás.

Dios no es un Dios lejano, demasiado distante y demasiado grande como para


ocuparse de nuestras bagatelas. Dado que es grande, puede interesarse también de
las cosas pequeñas. Dado que es grande, el alma del hombre, el hombre mismo,
creado por el amor eterno, no es algo pequeño, sino que es grande y digno de su
amor. La santidad de Dios no es sólo un poder incandescente, ante el cual debemos
alejarnos aterrorizados; es poder de amor y, por esto, es poder purificador y sanador.

Dios desciende y se hace esclavo; nos lava los pies para que podamos
sentarnos a su mesa. Así se revela todo el misterio de Jesucristo. Así resulta
manifiesto lo que significa redención. El baño con que nos lava es su amor dispuesto a
afrontar la muerte. Sólo el amor tiene la fuerza purificadora que nos limpia de nuestra
impureza y nos eleva a la altura de Dios. El baño que nos purifica es él mismo, que se
entrega totalmente a nosotros, desde lo más profundo de su sufrimiento y de su muerte.
Él es continuamente este amor que nos lava. En los sacramentos de la purificación -
el Bautismo y la Penitencia- él está continuamente arrodillado ante nuestros pies
y nos presta el servicio de esclavo, el servicio de la purificación; nos hace capaces de
Dios. Su amor es inagotable; llega realmente hasta el extremo.

144
"Vosotros estáis limpios, pero no todos", dice el Señor (Jn 13, 10). En esta frase se
revela el gran don de la purificación que él nos hace, porque desea estar a la mesa
juntamente con nosotros, de convertirse en nuestro alimento. "Pero no todos": existe el
misterio oscuro del rechazo, que con la historia de Judas se hace presente y debe
hacernos reflexionar precisamente en el Jueves santo, el día en que Jesús nos hace el
don de sí mismo. El amor del Señor no tiene límites, pero el hombre puede ponerle un
límite.
"Vosotros estáis limpios, pero no todos": )Qué es lo que hace impuro al hombre? Es
el rechazo del amor, el no querer ser amado, el no amar. Es la soberbia que cree que
no necesita purificación, que se cierra a la bondad salvadora de Dios. Es la soberbia
que no quiere confesar y reconocer que necesitamos purificación.

En Judas vemos con mayor claridad aún la naturaleza de este rechazo. Juzga a
Jesús según las categorías del poder y del éxito: para él sólo cuentan el poder y el
éxito; el amor no cuenta. Y es avaro: para él el dinero es más importante que la
comunión con Jesús, más importante que Dios y su amor. Así se transforma también en
un mentiroso, que hace doble juego y rompe con la verdad; uno que vive en la mentira y
así pierde el sentido de la verdad suprema, de Dios. De este modo se endurece, se
hace incapaz de conversión, del confiado retorno del hijo pródigo, y arruina su vida.

"Vosotros estáis limpios, pero no todos". El Señor hoy nos pone en guardia frente a
la autosuficiencia, que pone un límite a su amor ilimitado. Nos invita a imitar su
humildad, a tratar de vivirla, a dejarnos "contagiar" por ella. Nos invita -por más
perdidos que podamos sentirnos- a volver a casa y a permitir a su bondad purificadora
que nos levante y nos haga entrar en la comunión de la mesa con él, con Dios mismo.

Reflexionemos sobre otra frase de este inagotable pasaje evangélico: "Os he dado
ejemplo..." (Jn 13, 15); "También vosotros debéis lavaros los pies unos a otros" (Jn 13,
14). )En qué consiste el "lavarnos los pies unos a otros"? )Qué significa en concreto?
Cada obra buena hecha en favor del prójimo, especialmente en favor de los que sufren
y los que son poco apreciados, es un servicio como lavar los pies. El Señor nos invita a
bajar, a aprender la humildad y la valentía de la bondad; y también a estar
dispuestos a aceptar el rechazo, actuando a pesar de ello con bondad y
perseverando en ella.
Pero hay una dimensión aún más profunda. El Señor limpia nuestra impureza con la
fuerza purificadora de su bondad. Lavarnos los pies unos a otros significa sobre todo
perdonarnos continuamente unos a otros, volver a comenzar juntos siempre de nuevo,
aunque pueda parecer inútil. Significa purificarnos unos a otros soportándonos mutua-
mente y aceptando ser soportados por los demás; purificarnos unos a otros dándonos
recíprocamente la fuerza santificante de la palabra de Dios e introduciéndonos en el
Sacramento del amor divino.

El Señor nos purifica; por esto nos atrevemos a acercarnos a su mesa. Pidámosle
que nos conceda a todos la gracia de poder ser un día, para siempre, huéspedes del
banquete nupcial eterno. Amén.

145
Vigilia pascual

*)Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí, ha resucitado+ (Mc 16,


6). Así dijo el mensajero de Dios, vestido de blanco, a las mujeres que buscaban el
cuerpo de Jesús en el sepulcro. Y lo mismo nos dice también a nosotros el evangelista
en esta noche santa: Jesús no es un personaje del pasado. Él vive y, como ser
viviente, camina delante de nosotros; nos llama a seguirlo a Él, el viviente, y a encontrar
así también nosotros el camino de la vida.
*Ha resucitado..., no está aquí+. Cuando Jesús habló por primera vez a los
discípulos sobre la cruz y la resurrección, estos, mientras bajaban del monte de la
Transfiguración, se preguntaban qué querría decir eso de *resucitar de entre los
muertos+ (Mc 9, 10). En Pascua nos alegramos porque Cristo no ha quedado en el
sepulcro, su cuerpo no ha conocido la corrupción; pertenece al mundo de los vivos, no
al de los muertos; nos alegramos porque Él es Bcomo proclamamos en el rito del cirio
pascualB Alfa y al mismo tiempo Omega, y existe por tanto, no sólo ayer, sino también
hoy y por la eternidad (cf. Hb 13, 8). Pero, en cierto modo, vemos la resurrección tan
fuera de nuestro horizonte, tan extraña a todas nuestras experiencias, que, entrando en
nosotros mismos, continuamos con la discusión de los discípulos: )En qué consiste
propiamente eso de *resucitar+? )Qué significa para nosotros? )Y para el mundo y la
historia en su conjunto? Un teólogo alemán dijo una vez con ironía que el milagro de un
cadáver reanimado Bsi es que eso hubiera ocurrido verdaderamente, algo en lo que no
creíaB sería a fin de cuentas irrelevante para nosotros porque, justamente, no nos
concierne. En efecto, el que solamente una vez alguien haya sido reanimado, y nada
más, )de qué modo debería afectarnos? Pero la resurrección de Cristo es precisamente
algo más, una cosa distinta. Es Bsi podemos usar por una vez el lenguaje de la teoría
de la evoluciónB la mayor *mutación+, el salto más decisivo en absoluto hacia una
dimensión totalmente nueva, que se haya producido jamás en la larga historia de
la vida y de sus desarrollos: un salto de un orden completamente nuevo, que nos
afecta y que atañe a toda la historia.
Por tanto, la discusión comenzada con los discípulos comprendería las siguientes
preguntas: )Qué es lo que sucedió allí? )Qué significa eso para nosotros, para el
mundo en su conjunto y para mí personalmente? Ante todo: )Qué sucedió? Jesús ya
no está en el sepulcro. Está en una vida nueva del todo. Pero, )cómo pudo ocurrir eso?
)Qué fuerzas han intervenido? Es decisivo que este hombre Jesús no estuviera solo, no
fuera un Yo cerrado en sí mismo. Él era uno con el Dios vivo, unido talmente a Él que
formaba con Él una sola persona. Se encontraba, por así decir, en un mismo abrazo
con Aquél que es la vida misma, un abrazo no solamente emotivo, sino que abarcaba y
penetraba su ser. Su propia vida no era solamente suya, era una comunión existencial
con Dios y un estar insertado en Dios, y por eso no se le podía quitar realmente. Él
pudo dejarse matar por amor, pero justamente así destruyó el carácter definitivo de la
muerte, porque en Él estaba presente el carácter definitivo de la vida. Él era una cosa
sola con la vida indestructible, de manera que ésta brotó de nuevo a través de la
muerte. Expresemos una vez más lo mismo desde otro punto de vista.
Su muerte fue un acto de amor. En la última Cena, Él anticipó la muerte y la
transformó en el don de sí mismo. Su comunión existencial con Dios era
concretamente una comunión existencial con el amor de Dios, y este amor es la

146
verdadera potencia contra la muerte, es más fuerte que la muerte. La resurrección fue
como un estallido de luz, una explosión del amor que desató el vínculo hasta entonces
indisoluble del *morir y devenir+. Inauguró una nueva dimensión del ser, de la vida,
en la que también ha sido integrada la materia, de manera transformada, y a través de
la cual surge un mundo nuevo.
Está claro que este acontecimiento no es un milagro cualquiera del pasado, cuya
realización podría ser en el fondo indiferente para nosotros. Es un salto cualitativo en
la historia de la *evolución+ y de la vida en general hacia una nueva vida futura,
hacia un mundo nuevo que, partiendo de Cristo, entra ya continuamente en este mundo
nuestro, lo transforma y lo atrae hacia sí.
Pero, )cómo ocurre esto? )Cómo puede llegar efectivamente este acontecimiento
hasta mí y atraer mi vida hacia Él y hacia lo alto? La respuesta, en un primer momento
quizás sorprendente pero completamente real, es la siguiente: dicho acontecimiento
me llega mediante la fe y el bautismo. Por eso el Bautismo es parte de la Vigilia
pascual, como se subraya también en esta celebración con la administración de los
sacramentos de la iniciación cristiana a algunos adultos de diversos países. El
Bautismo significa precisamente que no es un asunto del pasado, sino un salto
cualitativo de la historia universal que llega hasta mí, tomándome para atraerme. El
Bautismo es algo muy diverso de un acto de socialización eclesial, de un ritual un poco
fuera de moda y complicado para acoger a las personas en la Iglesia. También es más
que una simple limpieza, una especie de purificación y embellecimiento del alma. Es
realmente muerte y resurrección, renacimiento, transformación en una nueva vida.
)Cómo lo podemos entender? Pienso que lo que ocurre en el Bautismo se puede
aclarar más fácilmente para nosotros si nos fijamos en la parte final de la pequeña
autobiografía espiritual que san Pablo nos ha dejado en su Carta a los Gálatas.
Concluye con las palabras que contienen también el núcleo de dicha biografía: *Vivo yo,
pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí+ (2, 20). Vivo, pero ya no soy yo. El yo
mismo, la identidad esencial del hombre Bde este hombre, PabloB ha cambiado. Él
todavía existe y ya no existe. Ha atravesado un *no+ y sigue encontrándose en este
*no+: Yo, pero *no+ más yo. Con estas palabras, Pablo no describe una experiencia
mística cualquiera, que tal vez podía habérsele concedido y, si acaso, podría
interesarnos desde el punto de vista histórico. No, esta frase es la expresión de lo que
ha ocurrido en el Bautismo. Se me quita el propio yo y es insertado en un nuevo
sujeto más grande. Así, pues, está de nuevo mi yo, pero precisamente transformado,
bruñido, abierto por la inserción en el otro, en el que adquiere su nuevo espacio de
existencia. Pablo nos explica lo mismo una vez más bajo otro aspecto cuando, en el
tercer capítulo de la Carta a los Gálatas, habla de la *promesa+ diciendo que ésta se dio
en singular, a uno solo: a Cristo. Sólo él lleva en sí toda la *promesa+.
Pero, )qué sucede entonces con nosotros? Vosotros habéis llegado a ser uno en
Cristo, responde Pablo (cf. Ga 3, 28). No sólo una cosa, sino uno, un único, un único
sujeto nuevo. Esta liberación de nuestro yo de su aislamiento, este encontrarse en un
nuevo sujeto es un encontrarse en la inmensidad de Dios y ser trasladados a una vida
que ha salido ahora ya del contexto del *morir y devenir+. El gran estallido de la
resurrección nos ha alcanzado en el Bautismo para atraernos.
Quedamos así asociados a una nueva dimensión de la vida en la que, en medio
de las tribulaciones de nuestro tiempo, estamos ya de algún modo inmersos. Vivir la

147
propia vida como un continuo entrar en este espacio abierto: éste es el sentido del ser
bautizado, del ser cristiano. Ésta es la alegría de la Vigilia pascual. La resurrección no
ha pasado, la resurrección nos ha alcanzado e impregnado. A ella, es decir al Señor
resucitado, nos sujetamos, y sabemos que también Él nos sostiene firmemente cuando
nuestras manos se debilitan. Nos agarramos a su mano, y así nos damos la mano
unos a otros, nos convertimos en un sujeto único y no solamente en una sola
cosa. YO, PERO NO MÁS YO: ésta es la fórmula de la existencia cristiana fundada en
el bautismo, la fórmula de la resurrección en el tiempo. Yo, pero no más yo: si vivimos
de este modo transformamos el mundo. Es la fórmula de contraste con todas las
ideologías de la violencia y el programa que se opone a la corrupción y a las
aspiraciones del poder y del poseer.
*Viviréis, porque yo sigo viviendo+, dice Jesús en el Evangelio de San Juan (14, 19)
a sus discípulos, es decir, a nosotros. Viviremos mediante la comunión existencial con
Él, por estar insertos en Él, que es la vida misma. La vida eterna, la inmortalidad
beatífica, no la tenemos por nosotros mismos ni en nosotros mismos, sino por una
relación, mediante la comunión existencial con Aquél que es la Verdad y el Amor y, por
tanto, es eterno, es Dios mismo. La mera indestructibilidad del alma, por sí sola, no
podría dar un sentido a una vida eterna, no podría hacerla una vida verdadera. La vida
nos llega del ser amados por Aquél que es la Vida; nos viene del vivir con Él y del amar
con Él. Yo, pero no más yo: ésta es la vía de la Cruz, la vía que *cruza+ una existencia
encerrada solamente en el yo, abriendo precisamente así el camino a la alegría
verdadera y duradera.
De este modo, llenos de gozo, podemos cantar con la Iglesia en el Exultet: *Exulten
por fin los coros de los ángeles... Goce también la tierra+. La resurrección es un
acontecimiento cósmico, que comprende cielo y tierra, y asocia el uno con la
otra. Y podemos proclamar también con el Exultet: *Cristo, tu hijo resucitado... brilla
sereno para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos+. Amén.

Misa de Pentecostés

(Queridos hermanos y hermanas!


En el día de Pentecostés, el Espíritu Santo descendió con potencia sobre los apóstoles; de este
modo comenzó la misión de la Iglesia en el mundo. Jesús mismo había preparado a los once para
esta misión al aparecérseles en varias ocasiones después de la resurrección (Cf. Hechos 1, 3).
Antes de la ascensión al Cielo, *les mandó que no se ausentasen de Jerusalén, sino que
aguardasen la Promesa del Padre+ (Cf. Hechos 1, 4-5); es decir, les pidió que se quedaran juntos
para prepararse a recibir el don del Espíritu Santo. Y ellos se reunieron en oración con María en
el Cenáculo, en espera de este acontecimiento prometido (Cf. Hechos 1, 14).
Permanecer juntos fue la condición que puso Jesús para acoger el don del Espíritu
Santo; el presupuesto de su concordia fue la oración prolongada. De este modo se nos ofrece una
formidable lección para cada comunidad cristiana. A veces se piensa que la eficacia misionera
depende principalmente de una programación atenta y de su sucesiva aplicación inteligente a
través de un compromiso concreto. Ciertamente el Señor pide nuestra colaboración, pero antes de
cualquier otra repuesta se necesita su iniciativa: su Espíritu es el verdadero protagonista de la
Iglesia. Las raíces de nuestro ser y de nuestro actuar están en el silencio sabio y providente de
Dios.

148
Las imágenes que utiliza san Lucas para indicar la irrupción del Espíritu Santo --el viento y el
fuego-- recuerdan al Sinaí, donde Dios se había revelado al pueblo de Israel y había concedido su
alianza (Cf. Éxodo 19,3 y siguientes). La fiesta del Sinaí, que Israel celebraba cincuenta días
después de la Pascua, era la fiesta del Pacto. Al hablar las lenguas de fuego (Cf. Hechos 2, 3), san
Lucas quiere representar Pentecostés como un nuevo Sinaí, como la fiesta del nuevo Pacto, en el
que la Alianza con Israel se extiende a todos los pueblos de la Tierra. La Iglesia es católica y
misionera desde su nacimiento. La universalidad de la salvación se manifiesta con la lista de las
numerosas etnias a las que pertenecen quienes escuchan el primer anuncio de los apóstoles (Cf.
Hechos 2, 9-11).
El Pueblo de Dios, que había encontrado en el Sinaí su primera configuración, se amplia hoy
hasta superar toda frontera de raza, cultura, espacio y tiempo. A diferencia de lo que sucedió con
la torre de Babel, cuando los hombres que querían construir con sus manos un camino hacia el
cielo habían acabado destruyendo su misma capacidad de comprenderse recíprocamente, en el
Pentecostés del Espíritu, con el don de las lenguas, muestra que su presencia une y transforma la
confusión en comunión. El orgullo y el egoísmo del hombre siempre crean divisiones, levantan
muros de indiferencia, de odio y de violencia. El Espíritu Santo, por el contrario, hace que los
corazones sean capaces de comprender las lenguas de todos, pues restablece el puente de la
auténtica comunicación entre la Tierra y el Cielo. El Espíritu Santo es el Amor.
Pero, )cómo es posible entrar en el misterio del Espíritu Santo? )Cómo se puede
comprender el secreto del Amor? El pasaje evangélico nos lleva hoy al Cenáculo, donde,
terminada la última Cena, una experiencia de desconcierto entristece a los apóstoles. El motivo es
que las palabras de Jesús suscitan interrogantes inquietantes: habla del odio del mundo hacia Él y
hacia los suyos, habla de una misteriosa partida suya y queda todavía mucho por decir, pero por
el momento los apóstoles no son capaces de cargar con el peso (Cf. Juan 16, 12). Para consolarles
les explica el significado de su partida: se irá, pero volverá, mientras tanto no les abandonará, no
les dejará huérfanos. Enviará el Consolador, el Espíritu del Padre, y será el Espíritu quien les
permita conocer que la obra de Cristo es obra de amor: amor de Él que se ha entregado, amor
del Padre que le ha dado.
Este es el misterio de Pentecostés: el Espíritu Santo ilumina el espíritu humano y, al revelar a
Cristo crucificado y resucitado, indica el camino para hacerse más semejantes a Él, es decir, ser
*expresión e instrumento del amor que proviene de Él+ (*Deus caritas est+, 33). Reunida junto a
María, como en su nacimiento, la Iglesia hoy implora: *Veni Sancte Spiritus!+ - *(Ven, Espíritu
Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor!+. Amén.

149
25
En torno a la celebración del
Sagrado Corazón de Jesús (este año, 23 de junio)

In finem dilexit eos


(Jn 13,1)
I
DEL AMOR Y DE LA AMISTAD QUE NACE DEL AMOR

1. Bien podemos decir del amor que es la palabra primera y última que cada ser humano
lleva dentro de sí.
Y es preciso que, para comprender con algún realismo el amor de Jesús, nos perdamos en la
evidencia del amor que dicta el corazón.
Desde el fondo del ser brota el amor como corriente de una agua o como estallido de luz que,
surgidos dentro, nadie los puede sofocar. Del amor hemos pensado todos, pues todos, en medio
del mundo, nos hemos encontrado como seres amantes. Pero ha habido en la historia voceros
esclarecidos en cuyo mensaje ha resonado la fuerza del amor que latía en todo ser humano como
vida. Al volver a pensar sobre el amor es bueno, como mera referen cia, volver los ojos a quienes,
primero que nosotros, han hablado del amor, por haberlo experimentado en carne propia o en la
intimidad del ser. Tal Platón en sus diálogos de El Banquete; tal Ciceron en su coloquio De
amicitia.
De Cicerón tenemos palabras lapidarias. Contra quienes Ainhumanamente@ piensan que la
amistad se debe a la necesidad de apoyo - y que no nace propiamente de la benevolencia y del
cariño (non benevolentiae neque caritatis) - y que por eso las mujercitas (mulierculae) buscan
por indigencia la fortaleza de las amistades, que los poderosos no necesitan, se desata
exclamando: O praeclaram sapientiam! Solem enim e mundo tollere videntur, qui
amicitiam e vita tollunt, qua nihil a dis inmortalibus melius habemus, nihil iucundius. A(Oh
preclara sabiduría...! (irónicamente). Parecen que quieren quitar el Sol de en medio del mundo,
los que de la vida quitan la amistad, nada mejor otorgado por los dioses inmortales, nada más
gozoso@ (De amicitia, 47). A...ego vos hortari possum ut amicitiam omnibus rebus humanis
anteponatis: Yo, pues, puedo exhortaros a que antepongáis la amistad a todas las cosas
humanas@. Y sigue: Anihil enim est tam naturae aptum, tam conveniens ad res vel secundas vel
adversas, pues nada es tan adecuado a la naturaleza, ni tan conveniente para toda circunstancia,
adversa o favorable@ (De amicitia, 17).
Cicerón halla la amistad no en algo exterior al ser humano, sino en la intimidad del ser; es
decir, el ser humano ha nacido para compartir el amor. Asienta el principio de que el amor debe
expandirse en amistad (amor in amicitia progredi, 36). La amistad pura y verdadera, la única, no
puede sustentarse en intereses ajenos a ella misma. Por eso le parece evidente que Alas verdaderas
amistades dificilísimamente [superlativo] (difficillime) se encuentran entre quienes se hallan
metidos entre honores o en cargos de gobierno (in re publica)@ (n. 64).

150
Cicerón (nacido en el 106 a. C., asesinado en el 43), no conocedor de la revelación, es
exponente singular de la nobleza del alma humana. Sus pensamientos sobre el amor y la amistad
bien pueden ser asumidos por una conciencia cristiana, que, aparte de lo que dijo Cicerón, tiene
mucho más que decir.

2. Hay preguntas que sale inevitablemente al encuentro de uno que se interesa


reflexivamente, en serio, sobre el amor, tratando de tomar conciencia para sí mismo o para
educación de los demás, que como yo deben transitar por los caminos del amor. Preguntas de
siempre, como éstas:
- El amor, por su propia naturaleza )es duradero como la vida? Con otras palabras: El amor
verdadero )es amor eterno, hasta el punto de que si uno dejar de amar es porque nunca amó de
verdad...?
- El amor derivado en amistad )puede ser amor universal o, por fuerza y experiencia, ha de
ser amor particular, centrado en pocas o una persona?
- El amor de sí se abre a la comunión, porque esta es su naturaleza; la comunión lleva a la
unidad. )Hasta dónde el amante y el amado se funden en la unidad del amor?

3. Pero, yendo a lo más profundo del amor: El amor )es la vida del ser, o simplemente un
aspecto de su vida integral?
Aquí empieza nuestro discurso. Pensamos que el amor es la vida misma del ser, hasta el punto
de que sólo se puede vivir en verdad amando. Esto quiere decir que la verdad suprema,
realización sustancial del ser, es el amor.
Podemos, pues, apuntar hacia esta definición: El amor es la realización pura e inmediata de la
vida en su estado superior, que es la vida racional.

4. La verdad y el amor son absolutos, pero nos inclinamos a decir que el amor precede a la
verdad, en el orden interno de la realidad, dado que el hombre vive la verdad como proyección y
meta de la fe.

5. Acudamos a la autoexperiencia del amor.


El amor nos da las dimensiones del ser; tanto uno es cuanto ama. Nace excede el amor; y el
amor es la raíz fontanal de la vida misma.
Sentimos el amor, primordialmente, como algo no enseñado, sino como algo aceptado en la
realidad de nuestra fe, y explicado como verdadero tratado de teología.
Así pues, hemos nacido para amar, y esta es la verdad primera que se impone por sí misma.

6. El amor es la raíz de la vida, la dimensión del ser, la inmanencia del ser.


La distinción que hacemos entre ser y amor es utititaria para nosotros, pero, al hacerla, nos
alejamos insensiblemente de la realidad. Puesto que el ser sólo Aes@ Asiendo@, y el amor, plasmado
en la esencia del ser, se verifica a sí, en el ser, amando.

7. Puntualizando, diremos estas afirmaciones:


1) Que el amor Aex se@, desde sí mismo, es eterno. El amor es total y para siempre. Tal es el
amor genuino.
2) Que el amor es donación, que por ser amor nada reclama; es gratuito.
3) Pero, por otra parte, siendo vida, en lógica de vida, el amor total pide la correspondencia
de otro amor total.

151
8. Entendiendo este carácter vocacional intrínseco del amor, nos topamos con el misterio
mismo que incluye todo ser humano, y que, como misterio, permanece tal y no se puede resolver.
En efecto, salta a los ojos en la introspección de sí mismo, al analizar el amor que está en mí -
como deseo mío, como inmanencia mía y como meta mía - que no podemos franquear sus
confines. Hacia adentro el amor está confinado por la barrera prisionera del pecado; hacia afuera,
hacia lo alto, está confinado porque el ímpetu del corazón que aspira a lo imposible: hacer de
cada encuentro dulce de amor con las personas una alianza de totalidad y perennida.

9. El amor tiende, de por sí, a una especie de rotura del corazón: las membranas del ser
resultan excesivamente pequeñas para quien siente que sus anhelos son más grandes que sus
posibilidades.
El amor tiende a absolutizar a la persona amada, a tirarse a sus pies y hacer la ofrenda del
todo viva. El amor concreto busca amar a una persona, Acon todo el corazón, con todas las
fuerzas, con todo el ser@. El amor, aun en el plano de una vivencia primaria del ser, crea una
especie de religión. El amor es adorante; y adora sin ser por ello esclavo.

10. El amor es tránsito de sí a la persona amada, es ruptura interior, es la Pascua del ser
para el cristiano que ha entendido la Pascua de Jesús. Es como un acto generativo, es la potencia
creadora del ser. Pero el hijo del amor no es algo distinto del amor, sino el amor mismo, ese Amás
amor@, que es Amás ser@, Amás vida@.
El amor, según esta visión, es trance, es la vida siempre amaneciendo, es la muerte siempre
muriendo, es el deseo siempre deseando, es la experiencia siempre viva nunca colmada; es la
irrupción de lo divino en lo humano..., (oh sumo poder y absoluta indigencia, tragedia y plenitud
del ser!
El amor se dice a sí mismo, sin acabar de decirse. El amor es el canto de la vida, sin terminar
de cantarse.

11. El amor lleva en su núcleo, por este anhelo inmanente de transcenderse, una especie de
locura. Los místicos, como nuestro hermano Buenaventura, podían observar que el amor es
excesivo: tienden al exceso de sí mismo; al excederse así mismo, rompe las barreras del ser.
Este movimiento del amor que quiere romper los límites impuestos por la razón para ser más,
no es Airracionabilidad@, sino atisbo de la condición divina de la criatura humana. Por ello, para
quien ha descubierto en sí mismo la Encarnación del Verbo (puesto que, al encarnarse Dios, toca
toda naturaleza humana), advierte y experimenta que el amor que no es místico, totalmente
impulsado por el Espíritu, es un amor que se ha quedado a medio camino. Se le había dado una
vocación divina de amor, y uno no acaba de salir de las fronteras humanas del ser. Por eso, el
amor tiende a la muerte, y la muerte será el obsequio supremo del amor, cuando el corazón no
retenga nada para sí, sino que se haya consumado en la donación sin reserva, porque en la muerte
ya no queda nada mío para mí.

12. Ya dijimos que el pecado es la fatal barrera del ser humano. El pecado, viviendo dentro,
nos da en rostro, y demoníacamente nos está diciendo que no podemos amar, que el amor es un
proyecto imposible del que hay que desistir, porque jamás desaparecerá de dentro la Aconcupis-
cencia@, el Afomes peccati@ (tendencia al pecado, virus del pecado) que nos habita.
Por eso, el amor, que se nos da en la revelación divina a quienes hemos conocidos a
Jesucristo, amor de Dios, al hombre, nos está anunciando que el amor es el milagro de Dios en

152
su criatura, que lo imposible se hace posible, que lo divino se hace mío.
Esta vocación humano-divina del amor es el empeño de nuestra vida: el objetivo y la
vocación del ser. Nada más dulce y nada más doloroso. El amor imprime una especie de tragedia
sagrada a la vida, y nos abre los ojos para comprender cómo el amor de Dios al hombre tuvo que
ser muerte de Dios. El amor del hombre a Dios, amor de todo amor, tiene que ser muerte del
hombre.

13. AEstás loco, Pablo; las muchas letras te hacen perder la cabeza. Pablo le contestó: No
estoy loco, excelentísimo Festo, sino que proclamo cosas verdaderas y sensatas. Bien enterado
está de estas cosas el Rey, ante quien hablo con valentía, pues no han pasado en un rincón.
)Crees, rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees...@ (Hch 26,24-26).
Es que el discurso del amor entre cristianos no es el coloquio de Cicerón - delicia de literatura
y alta expresión de noble sentimientos humanos - sino que es el discurso, la Poesía, siempre por
concluir, de lo que creemos que ha sucedido en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Y así, podemos perdernos en el mar océano del amor, con una singular encíclica entre las
manos: Deus caritas est.

II
DEL AMOR DE JESÚS, COMO EXPLICACIÓN DE SU MUERTE

Compendio de toda la fe

En la encíclica Miserentissimus Redemptor (1928) Pío XI había afirmado que la devoción


concreta al Corazón de Jesús podía tomarse:
- en el plano intelectual como compendio de toda la religión,
- en el plano vital como la norma perfecta de unión con Cristo. Sus palabras son éstas:
)No están acaso contenidos en esta forma de devoción el compendio de toda la
religión y aun la norma de vida más perfecta, puesto que constituye el medio más
suave de encaminar las almas al profundo conocimiento de Cristo Señor nuestro y el
medio más eficaz que las mueve a amarle con más ardor y a imitarle con mayor
fidelidad y eficacia?

Análisis ontológico del amor para explicar esta síntesis


En el corazón de Jesús nosotros vemos el punto de encuentro entre Dios y los hombres, que se
ha realizado en la Encarnación y en la Resurrección. Notémoslo:
- El amor descendente de Dios al hombre pasa por el corazón humano de Jesús. Él nos amó
primero, ha proclamado san Juan. AEn esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado
a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados@
(1Jn 4,10). El amor en la revelación - como tantas veces hemos repetido - no consiste tanto en
Aamar@ cuanto en Adejarse amar@.
- El amor ascendente del hombre a Dios - respuesta del amor al amor - pasa por el corazón
de Cristo.
Jesús, pues, es la clave perfecta del amor. Jesús es la realización de la fe, de la verdadera
religión. Jesús es la armonía de un proyecto que se ha realizado y se está realizando.

153
Análisis de los Atres amores@ que existen en el único amor de Jesús
El análisis Aontológico@ de la persona de Jesús, principios en que se fundamenta la encíclica
Haurietis acquas (15 mayo 1956), nos lleva a considerar que en el Auno@ Jesucristo hay tres
amores especificados, uno divino y dos humanos:
- Amor divino increado, común a la Trinidad.
- Amor humano Asobrenatural@, cuyo principio es la infusión de lo divino en lo humano, y éste
tiene dos modalidades:
a) La luz infusa que se regala al Aviador@: ese amor especial que suscitan los dones del
Espíritu Santo.
b) La luz infusa que se da al ser humano de los bienaventurados, y que es la visión
beatífica, de donde brota el amor correspondiente.
- Amor humano, en el despliegue de las facultades sensibles del ser humano, como cuando yo
digo: ATe quiero@, ATe amo@, declaración que sensiblemente se la puedo decir a la amada y se la
puedo decir a Dios.

14. (...) Por más que los Evangelistas y los demás escritores eclesiásticos no nos describan directamente
los varios efectos que en el ritmo pulsante del Corazón de nuestro Redentor, no menos vivo y sensible que
el nuestro, se debieron indudablemente a las diversas conmociones y afectos de su alma y a la ardentísima
caridad de su doble voluntad -divina y humana-, sin embargo, frecuentemente ponen de relieve su divino
amor y todos los demás afectos con él relacionados: el deseo, la alegría, la tristeza, el temor y la ira, según
se manifiestan en las expresiones de su mirada, palabras y actos. Y principalmente el rostro adorable de
nuestro Salvador, sin duda, debió aparecer como signo y casi como espejo fidelísimo de los afectos, que,
conmoviendo en varios modos su ánimo, a semejanza de olas que se entrechocan, llegaban a su Corazón
santísimo y determinaban sus latidos. A la verdad, vale también a propósito de Jesucristo, cuanto el
Doctor Angélico, amaestrado por la experiencia, observa en materia de psicología humana y de los
fenómenos de ella derivados: La turbación de la ira repercute en los miembros externos y principalmente
en aquellos en que se refleja más la influencia del corazón, como son los ojos, el semblante, la lengua
(Summa Theol. 1. 2.ae 48, 4)
15. Luego, con toda razón, es considerado el corazón del Verbo Encarnado como signo y principal
símbolo del triple amor con que el Divino Redentor ama continuamente al Eterno Padre y a todos los
hombres. Es, ante todo, símbolo del divino amor que en El es común con el Padre y el Espíritu Santo, y
que sólo en El, como Verbo Encarnado, se manifiesta por medio del caduco y frágil velo del cuerpo
humano, ya que en El habita toda la plenitud de la Divinidad corporalmente (Col 2,9). Además, el
Corazón de Cristo es símbolo de la ardentísima caridad que, infundida en su alma, constituye la preciosa
dote de su voluntad humana y cuyos actos son dirigidos e iluminados por una doble y perfectísima
ciencia, la beatífica y la infusa (Summa. theol. 3, 9, 1-3). Finalmente, y esto en modo más natural y
directo, el Corazón de Jesús es símbolo de su amor sensible, pues el Cuerpo de Jesucristo, plasmado en el
seno castísimo de la Virgen María por obra del Espíritu Santo, supera en perfección, y, por ende, en
capacidad perceptiva a todos los demás cuerpos humanos (54).
A los 50 años de la encíclica, Benedicto XVI, escribiendo al Prepósito General de la
Compañía, P. Peter Kolvenbach, dice:
El costado traspasado del Redentor es la fuente a la que nos invita a acudir la encíclica
Haurietis aquas: debemos recurrir a esta fuente para alcanzar el verdadero
conocimiento de Jesucristo y experimentar más a fondo su amor. Así podremos
comprender mejor lo que significa conocer en Jesucristo el amor de Dios,
experimentarlo teniendo puesta nuestra mirada en él, hasta vivir completamente de la

154
experiencia de su amor, para poderlo testimoniar después a los demás.
Otra perspectiva para comprender la Totalidad o Corazón de Cristo, muerto y resucitado
En la lectio divina anterior (núm. 24) tratamos las Claves de Benedicto XVI para la lectio
divina. Transcribimos cuatro homilías (Jueves Santo, Pascua, Pentecostés). La homilía de la
Vigilia Pascual es una homilía Ateológico-mística@, que nos puede servir de clave para una
comprensión totalitaria de Jesús. El Papa tratar de explicar, desde una Teología vital de hoy
(Historia de salvación y comprensión existencialista del ser):
- Qué es la Resurrección de Jesús, que me involucra a mí.
- y qué había sido su muerte.

1. La Resurrección no es una Areanimación@ de un cuerpo, que sería regreso a la vida anterior,


pasajera, y - por así decir - Avolveríamos a las andadas@. La Resurrección es penetrar en el fin con
la integridad de la vida.
Esta adhesión de Jesús a la Vida de Dios, latente siempre, ahora alcanza su consumación.
Mas no sólo en él como individuo, primer beneficiario, sino que nos atañe a nosotros, e
incluso al cosmos, definitivamente incorporado a Cristo por la autocomunicación de Dios en la
Encarnación.

2. Según esto )qué había sido la muerte de Jesús, entendida esta como oblación y verificación
de amor? Decimos nosotros: )Qué significa la frase de Juan que nos ocupa en esta lectio
divina: In finem dilexit eos? He aquí el esquema anterior, aplicado a la realidad de la Avida-
amor@, centro de nuestras reflexiones.
Su muerte fue un acto de amor. En la última Cena, Él anticipó la muerte y la transformó en el
don de sí mismo. Su comunión existencial con Dios era concretamente una comunión
existencial con el amor de Dios, y este amor es la verdadera potencia contra la muerte, es
más fuerte que la muerte. La resurrección fue como un estallido de luz, una explosión del
amor que desató el vínculo hasta entonces indisoluble del *morir y devenir+. Inauguró una
nueva dimensión del ser, de la vida, en la que también ha sido integrada la materia, de
manera transformada, y a través de la cual surge un mundo nuevo.
Está claro que este acontecimiento no es un milagro cualquiera del pasado, cuya realización
podría ser en el fondo indiferente para nosotros. Es un salto cualitativo en la historia de la
*evolución+ y de la vida en general hacia una nueva vida futura, hacia un mundo nuevo que,
partiendo de Cristo, entra ya continuamente en este mundo nuestro, lo transforma y lo atrae
hacia sí.

El punto de llegada es el mismo: el centro de la Persona de Jesús, su Corazón.


Quizás esta perspectiva podría ser más estimulante.

***
En resumen de todo: Jesús, el corazón de Jesús, es el amor del Padre, es la ternura de Dios, la
salvación de Dios.
Y su amor, justamente su amor, es la clave de su ser y la clave de la historia del mundo y del
proyecto en marcha de Dios sobre el mundo.
Perdámonos en el amor de Dios, manifestado en Jesucristo.

155
26
En esta hora de la Iglesia:
Hacia la V Conferencia del Episcopado
Latinoamericano y del Caribe (Brasil, mayo 2007)
Discípulos y misioneros de Jesús
para que nuestros pueblos en Él tengan vida.
AYo soy el Camino, la Verdad y la Vida@ (Jn 14,6)

I
SITUACIÓN PARA ESTA ALECTIO DIVINA@

La Alectio divina@ en esta ocasión


Nuestra Alectio divina@ de este miércoles (21 de junio de 2006) no se centra en un texto de la
Escritura, sino en un conjunto de textos evangélicos, que nos dan esta revelación: )Quién es un
discípulo de Jesús? Un discípulo de Jesús es
C uno que (ha encontrado a Jesús!,
C se ha dejado seducir por él,
C y se ha entregado sin reservas a él.
Si no se dan simultáneamente estas tres condiciones no hallamos a un discípulo genuino.
Para entrar en esta Acontemplación@ de la Escritura nos servimos de un documento que
pertenece a Esta Hora de la Iglesia en América, y que, por varias razones, tiene un valor
especial para nuestra vida. Es el documento para el encuentro de todos los obispos de América
Latina y del Caribe, con la participación del Papa, en mayo próximo en Brasil, en Aparecida.
Será la V Conferencia. Las anteriores fueron éstas:
1955 Río de Janeiro (antes del Concilio)
1968 Medellín: después del Concilio. PABLO VI.
1979 Puebla: JUAN PABLO II
1992 Santo Domingo. V Centenario de América. Juan Pablo II. (Canonización de San Ezequiel
Moreno, de mi pueblo de Alfaro, La Rioja, España).
2007 Aparecida, Brasil (Nossa Senhora da Conceição Aparecida, Patrona de Brasil).
BENEDICTO XVI. Seguirá la Misión Continental en América:
Los documentos de Medellín y Puebla han tenido una repercusión extraordinaria para definir
el perfil de la Iglesia en América Latina, para intentar una Iglesia a modo, estilo, manera y
medida de la Eclesiología del Vaticano II La próxima reunión, si se logra la verdadera
participación de todos, como se pretende, puede tener los mismos y mayores efectos.

Pastores y fieles meditando el Documento de participación


Para llevar a cabo este gran encuentro de la Iglesia en sus pastores, los obispos han preparado un documento de
estudio, que llaman ADocumento de participación@ y otro documento, prolongación del mismo, con el subtítulo de
AFichas de trabajo@ (18 fichas, primera edición, octubre 2005, 3.000 ejemplares), para que todo el pueblo de Dios
quede implicado en este trabajo y todos, sin excepción, puedan hacer llegar su voz, por las diócesis y las
conferencias episcopales respectivas.

156
De ambos documentos hay una edición del Episcopado Mexicano, y ambos se pueden Abajar@ de Internet. El
Obispo de esta diócesis, don Guillermo Ortiz Mondragón, tendrá una reunión de contemplativas en esta Casa, para
interesarnos en el tema.
El índice del ADocumento de participación@

I. EL ANHELO DE FELICIDAD, DE VERDAD, DE FRATERNIDAD Y DE PAZ (1-20)


d. Un anhelo universal (1-4)
b. A la luz de la revelación (5-20)

II DESDE LA LLEGADA DEL EVANGELIO A AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE


VIVIMOS NUESTRA FE CON GRATITUD (21-35)
a. Nuestros pueblos recibieron la bendición del encuentro con Jesucristo vivo (21-30)
b. Una Iglesia viva, fermentada por la experiencia de la gracia de Dios (31-35)

III. DISCÍPULOS Y MISIONEROS DE JESUCRISTO (36-93)


a. Por el encuentro con Jesucristo vivo, discípulos y misioneros suyos (39-43)
b. Discípulos de Jesucristo (44-65)
c. Discípulos en comunión eclesial (66-77)
d. Discípulos para la misión (78-93)

IV AL INICIO DEL TERCER MILENIO (94-158)


a. Vivimos en medio de los dolores de parto de una nueva época (94-111)
b. La globalización, un desafío para la Iglesia (112-123)
c. Las esperanzas y las tristezas de nuestros pueblos nos interpelan (124-139)
d. Los católicos y la Iglesia, también ante otros desafíos (140-158)

V. PARA QUE NUESTROS PUEBLOS EN ÉL TENGAN VIDA (159-174)


Anexo 1. Evoquemos a discípulos y misioneros Santos (175-195)
Anexo 2. Contenidos y metodología de la misión
Anexo 3. )Cómo ser discípulo de Cristo hoy?

Qué puede producir la lectura de este Documento


La lectura de este documento puede producir en nosotros dos cosas:
11 Un enardecimiento nuevo de amor y de pasión por Jesucristo.
21 Una nueva conciencia eclesial, conciliar, de estilo y pertenencia a la Iglesia.
Sobre este punto, penetrado el estilo y talante de este documento, podemos preguntarnos con
absoluta lealtad, sin darnos respuestas Apreconvencionales@:
En nuestro funcionamiento actual de Familia Capuchina Contemplativa, cuando se tratan
asuntos de interés común, )se tiene la conciencia de este estilo de Iglesia, de que todos (todas y
cada una de las hermanas) quedan implicadas, y todas pueden tener una voz que aportar, sin
pensar que es una deferencia o un favor que se les hace...?

II
EXPOSICIÓN EVANGÉLICA

157
Trasladamos una serie de números que pertenecen a la III parte del documento citado.

III. DISCÍPULOS Y MISIONEROS DE JESUCRISTO

36. Desde hace ya largos años nos acompañan las reflexiones sobre el tiempo que Dios nos ha
regalado como casa, como atmósfera, como parte de nosotros mismos y como desafío. Primero
tuvimos la intuición y luego la certeza de vivir y evangelizar en medio de un cambio formidable,
que comprendía las instituciones, las personas y las comunidades, las leyes y las costumbres, los
sentimientos y las ideas, las identidades y los valores. En Puebla de los Ángeles, hace 26 años,
recibimos la palabra orientadora de S.S. Juan Pablo II, que llamaba nuestra atención sobre la
verdad de Jesucristo, de la Iglesia y del hombre, y así sobre nuestra propia identidad como
obispos, sacerdotes y laicos, en el revuelto mundo eclesial y secular de aquel entonces en
América Latina y El Caribe.

37. Esa pregunta inquietante acerca de la identidad By con ella, de la plenitud de la


vocación y la misión cristianasB, vivida en medio de expectativas, de pobrezas y de adelantos
científicos y técnicos, como también de apertura al mundo, de corrientes culturales y de
enfrentamientos en el campo de los valores, no nos ha abandonado. Buscando mayor claridad, en
el CELAM reflexionamos primero sobre las >megatendencias= de nuestro tiempo 20 , y
posteriormente sobre el complejo y multifacético fenómeno de la globalización, como desafío a
la economía, la vida y la identidad de nuestros pueblos y a su Nueva Evangelización21 . Sobre
todo desde febrero del año pasado, también en Puebla de los Ángeles, nuestras reflexiones sobre
la V Conferencia General han puesto ante nuestros ojos el horizonte amplio de la realidad de
nuestro sub-continente, y de las fuerzas dinámicas que quieren configurarlo.

38. Ese horizonte, del cual trataremos más adelante (ver Capítulo IV), lleno de realidades nuevas,
de investigaciones asombrosas, de vacilaciones éticas, de sufrimientos y de búsquedas
esperanzadas, de nuevas propuestas religiosas, de inequidades, adicciones y corrupciones, pero
también de ansias de solidaridad, lleno de desafíos seculares, nos recuerda profecías de hombres
visionarios. Uno de ellos, Karl Rahner, decía que en el siglo XXI el cristiano o bien será un
místico, o no será. Pues bien, tanto la orientación pastoral de la Iglesia en América, que va al
encuentro de Jesucristo, como la voluntad de respon-der vigorosamente a los desafíos de nuestro
tiempo, y de extraer de la riqueza de nuestra fe todas sus potencialidades para tener una vida más
feliz y más plena, para comunicar a otros la Buena Noticia que da sentido a nuestra vida, y para
transformar el mundo y caminar en la esperanza hacia los cielos nuevos y la tierra nueva (cf. 2 P
3, 13; cf. Ap 21, 1-2), nos ha conducido al tema de nuestra próxima Conferencia General del
Episcopado latinoamericano y del Caribe: Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que
nuestros pueblos en Él tengan vida. BAYo soy el Camino, la Verdad y la Vida@B (Jn 14, 16)
Por eso, avancemos hacia este gran horizonte rico en cercanía de Jesús, en fidelidad a Él y en
voluntad de servir a nuestros pueblos.

a. POR EL ENCUENTRO CON JESUCRISTO VIVO, DISCÍPULOS Y MISIONEROS


SUYOS

39. El encuentro con Jesucristo es la raíz, la fuente y la cumbre de la vida de la Iglesia y el


fundamento del discipulado y de la misión. La Iglesia vive por ese encuentro y es la razón más
158
profunda de nuestra fe, de nuestra esperanza y de nuestra caridad. Con razón dice san Pablo:
ATodo lo considero pérdida al lado de la experiencia superior de haber conocido a Cristo, Jesús,
mi Señor@ (Flp 3, 8).

40. Cristo es y será siempre Ala verdadera novedad que supera todas las expectativas de la
humanidad@ (IM 1.4). Por el encuentro con Él, los seres humanos sabemos quiénes somos, de
dónde venimos y hacia dónde vamos. Y por eso, el mejor servicio que podemos hacer al mundo
contemporáneo es dar testimonio de Él y anunciarlo vivo, resucitado y presente, y que con su
Espíritu dirige la historia hacia el cumplimiento de sus promesas. De hecho, El núcleo esencial
de la gran herencia que nos deja el Jubileo [Y] es la contemplación del rostro de Cristo:
contemplado en sus coordenadas his-tóricas y en su misterio, acogido en su múltiple presencia
en la Iglesia y en el mundo, confesado como sentido de la historia y luz de nuestro ca-mino (NMI
15, 1).

41. En la Exhortación Apostólica Ecclesia in America el Papa Juan Pablo II nos señaló que Ael
encuentro con Jesucristo vivo@ (I) es el punto de partida de toda acción pastoral. En el hoy de
nuestra América (II), Él ilumina nuestra vida y todo trabajo evangelizador. Es así como la
preparación a la V Conferencia General es una ocasión propicia para hacer un profundo
discernimiento acerca de la calidad de nuestra vida, de las celebraciones litúrgicas, del trabajo
catequético, de la acción social y solidaria, preguntándonos si ellas conducen al encuentro vivo
con Jesús, si lo celebran, si lo prolongan y lo anuncian a quienes está lejos de Él o no lo conocen.
Podremos repasar nuestra vida personal y comunitaria a la luz de los encuentros con el Señor en
el Nuevo Testamento (n. 8s), que se prolongan en el tiempo de la Iglesia (n. 10). Recurramos a la
riqueza mariana de nuestros pueblos, para encontrar a Jesús (n. 11) y descubramos los lugares de
encuentro con Cristo (n. 12), conscientes de buscarlo para convertirnos en discípulos y
seguidores suyos.

42. El encuentro vital con el Señor nos introduce en las dimensiones más profundas de la
vida. Gracias a Él recibimos una nueva comprensión teológica de la persona humana, del
cosmos, de la historia, de la Iglesia y, por supuesto, del mismo Dios que se hace cercano y ac-
cesible en su misterio. Es el Splendor Veritatis que tanto marcó el Pontificado del Papa Juan
Pablo II, entendiendo la verdad no como un concepto, sino como el fruto de una nueva relación
con Dios, gracias a Jesús, nuestro Señor. Él es el ASí@ del Padre a todas sus promesas (cf. 2 Co 1,
15-20), es el Camino al cumplimiento de los anhelos más nobles que abriga nuestro ser. AÉl es
nuestra paz@ (Ef 2, 14).

43. La V Conferencia nos brinda una nueva oportunidad para reflexionar sobre la profundidad
de nuestro encuentro con Jesucristo vivo; y para preguntarnos en nuestras comunidades sobre
la transformación de nuestra vida que el Espíritu del Señor ha obrado en nosotros por el
encuentro con Jesús, sobre la coherencia de nuestra identidad católica y la autenticidad de nuestra
vida cristiana, y sobre la intensidad de nuestro ardor misionero, examinándonos si anunciamos y
damos testimonio de Aquel que es el Camino y la Vida a quienes están lejos de Él o aún no lo
conocen, si bien lo buscan.

b. DISCÍPULOS DE JESUCRISTO

44. Mientras mantenemos las grandes metas de las Conferencias Generales anteriores con
159
relación a la Nueva Evangelización, vemos necesario dar un paso más y llegar con profundidad a
la persona que se encuentra con el Señor, llegar al sujeto que responderá a los grandes
desafíos de nuestro tiempo. El término discípulo, de gran riqueza bíblica, nos abre el camino
evangélico y eclesial para llegar a ese sujeto que se encuentra con Je-sucristo vivo.

45. El discípulo de Cristo es alguien que ha recibido al Señor lleno de estupor. Como en
Belén, con María, José y los pastores, ha acogido al Hijo de Dios que se ha hecho pequeño y
servidor de todos, se ha acercado a su vida y ha entrado en ella. Por eso, vive contemplando su
rostro (ver NMI II) y asombrado por la venida de Dios a este mundo como nuestro hermano y
salvador, por las obras de las cuales es testigo, y por el don que no se habría atrevido a soñar:
participar de su vida y recibirlo como la sabiduría y la paz.

46. No es el discípulo quien escoge al Maestro. Siempre ha sido Jesús el que ha llamado al
discípulo y lo ha invitado a seguirle (cf. Mc 3, 13-19). La primera experiencia del discípulo
consiste en el llamado personal que le hace Jesús, y en la voluntad de seguirle que nace en él
y que lo mueve a dar su respuesta creyente y amorosa, que lo lleva a configurarse con Él.
Esta respuesta lo vincula inmediatamente a una comunidad de fieles, en la que discierne
luego cuál es su misión en la Iglesia y en la Sociedad.

47. En efecto, Jesucristo es el que elige y llama (cf. Lc 6, 12-13). El discípulo experimenta que
la elección manifiesta gratuitamente el amor de predilección de Dios. AÉl nos amó primero@ (1 Jn
4, 19). Esta elección amorosa da fuerzas al discípulo para que pueda seguir a Cristo, conformar
su vida con Él y ponerse a su servicio para la misión.

48. La invitación de Jesús es personal: AVen y sígueme@ (Lc 18, 22). A los suyos siempre los
llama por su nombre (cf. Jn 10, 4). Algunas veces ocurre de manera casi inmediata y se
manifiesta con más evidencia, pero la mayoría de las veces acontece a través de las media-ciones
eclesiales y de diversos acontecimientos de la vida, contemplados a la luz de la fe.

49. La elección y llamada de Cristo pide oídos de discípulo (cf. Is 50, 4), es decir, oídos atentos
para escuchar y prontos para obedecer. En una sociedad como la nuestra donde las consignas más
ruidosas van en una dirección opuesta a escuchar y obedecer, el llamado de Cristo es una
invitación a centrar toda nuestra atención en Él, y a pedirle de corazón al Señor como Samuel
AHabla, que tu siervo escucha@ (1 S 3,10), para percibir en lo pro-fundo de nuestros corazones la
llamada que nos invita a seguirlo.

50. A la elección y llamada de Jesucristo el discípulo responde con toda su vida. Se trata de una
respuesta de amor a una llamada de amor. Estamos AllamadosY a la perfección de la caridad@
(LG 40). Por eso la res-puesta está lejos de ser meramente intelectual. A la elección amorosa de
Jesús, el discípulo responde, por gracia de Dios, con la fidelidad hasta la cruz y el testimonio de
la Resurrección, al grado de estar dispuesto a dar la vida por los demás 22 . Por eso, el
seguimiento y el testimonio hasta dar la vida son dos aspectos esenciales de la res-puesta del
discípulo.

51. El discípulo entra en comunión de vida y de misión con Jesucristo. Es una relación tan
personal y estrecha, que Cristo la compara con la unión de los sarmientos a la vid (cf. Jn 15, 1-
17). Jesús llamó a los apóstoles Apara que estuvieran con Él@ (Mc 3, 14); para que así Atodos sean
160
uno lo mismo que lo somos tú y yo, Padre. Y que también ellos vivan unidos a nosotros@ (Jn 17,
21). Justamente en el amor de unos a otros se les reconocería como discípulos de Cristo (cf. Jn
13, 35). Además declara su amistad con ellos: AUstedes son mis amigos@ (Jn 15, 14). Con esta
profunda amistad de vida, Jesús también implica a Asus amigos@ en su propia misión (cf. Jn 17,
18) y los envía a anunciar el Evangelio a todos los pueblos.

52. Para que esa comunión con Él fuera cada vez más plena, Jesucristo se entregó a sus
discípulos como el Pan de vida eterna y los invitó en la Eucaristía a participar de su Pascua.
AComo el Padre que me envió posee la vida y yo vivo por Él, así también, el que me coma vivirá
por mí@ (Jn 6, 57). Estas palabras se constituyeron en una prueba para sus discípulos. Unos lo
abandonaron (cf. Jn 6, 66). Pero permanecieron como discípulos suyos los que creyeron en Él (cf.
Jn 6, 68). Para sus discípulos Jesucristo es el Pan de vida. Las primeras comunidades, fieles al
mandato del Señor, se caracterizaban precisamente porque Aparticipaban en la fracción del pan y
en las oraciones@ (Hch 2, 42).

53. Sus discípulos con frecuencia llaman Maestro al Señor. Le tienen una profunda admiración,
porque no les enseña como los fariseos, sino con sabiduría y autori-dad. Arde su corazón cuando
les explica las profecías y las parábolas. Además les enseña a vivir conforme a la voluntad del
Padre con confianza filial, encaminada a Aparticipar así en la gloriosa libertad de los hijos de
Dios@ (Rm 8, 21). De Él aprenden las bienaventuranzas, el camino de la Pascua y, en todo, la
sabiduría del Espíritu.

54. Como Buen Pastor Jesús precede a sus discípu-los y los incorpora a su camino. Ser
discípulo será entonces Air detrás de@ Jesús, para aprender su nuevo esti-lo de vivir y de trabajar,
de amar y de servir, y para adoptar su manera de pensar, de sentir y de actuar, al punto de
experimentar que Ano soy yo sino que es Cristo que vive en mí@. Este seguimiento incluye
necesariamente el camino de la cruz: AEl que no carga con su cruz y viene detrás de mí, no puede
ser mi discípulo@ (Lc 14, 27). Por eso, discípulo no es sinónimo de alumno. Discípulo dice
relación a una persona, en nuestro caso, a la persona de Jesucristo, cuyos pasos el discípulo sigue
sin reserva, por amor, asimilándose a su estilo de vida y a su proyecto. Éste es el fundamento de
la moral del discípulo.

55. Por lo tanto, la formación del discípulo de Jesucristo debe tener como meta la
identificación con Él hasta llegar a tener Alos sentimientos que corresponden a quienes están
unidos a Cristo Jesús@ (Flp 2, 5), como dice san Pablo. Al interior de esta progresiva y honda
identificación, el discípulo llega a un conocimiento y una experiencia cada vez más profunda de
su persona, y queda sobrecogido por el amor y la misión de Jesús, que hace suya.
Experimentando la estrecha amistad de Cristo y con la ayuda de su gracia, el discípulo avanza
por su camino de santidad, por el cual madura su identidad y su misión. Así el discípulo realiza
Ala plenitud de la vida cristiana y la perfección del amor@ (LG 40). Lo hace con la conciencia
cierta de ser un peregrino, un ciudadano del cielo (cf. Flp 3, 20; cf. Ef 2, 19), que anhelante busca
gozar para siempre de Aun cielo nuevo y una nueva tierra@ (Ap 21, 1).

56. Pero no podemos olvidar que ser discípulos de Jesús es ser discípulos de la Palabra, que
existía en el principio y estaba en Dios y era Dios. ATodo fue hecho por ella, y sin ella no se hizo
nada de cuanto llegó a existir@ (Jn 1, 1-3). Como discípulos, es decir, como verdaderos cristianos,

161
debemos estar muy atentos a permanecer fieles a esta línea de fondo: a vivir una fe que proviene
del Logos, de la Razón Creadora, y que está, por lo tanto, también abierta a todo lo que es
verdaderamente racional 23 , abierta a la naturaleza de todo lo creado y a los mejores caminos de
la humanidad.

57. Entre los primeros discípulos, Jesús escogió a Doce Apara que estuvieran con Él y para
enviarlos a predicar@ (Mc 3, 14). Los dones recibidos en Pentecostés impulsaron a los discípulos
al crecimiento de su fidelidad en el seguimiento del Maestro. Los Hechos de los Apóstoles nos
narran que los miembros de las primeras comunidades en Jerusalén Ase dedicaban con
perseverancia a escuchar la enseñanza de los apóstoles@ (Hch 2, 42). El secreto de su autoridad
moral como maestros By de la autoridad moral de los obispos, los sacerdotes, los diáconos y los
catequistasB residía precisamente en su disposición a servir como su Maestro y Señor (cf. Jn 13,
13-17) y en la transparencia de su relación con el Maestro y Pastor, del cual siguieron siendo
discípulos. Cuando los miembros del Pueblo de Dios se encuentran con ellos, quieren
experimentar que se hallan ante maestros-discípulos del Señor. Ésta es una dimensión
irrenunciable en la formación de los candidatos al sacerdocio y al diaconado.

75. En el camino del discipulado la vida consagrada tiene una misión insustituible. Es un Acamino de
especial seguimiento de Cristo, para dedicarse a Él con corazón indiviso@ y, dejándolo todo por Él, Aestar
40
con Él y ponerse, como Él, al servicio de Dios y de los 19 de junio de 2006 hombres@ . En la historia,
cuando sus comunidades han estado colmadas de los dones de Dios, sus miembros les han abierto camino
a incontables discípulos y misioneros de Jesucristo. Recordando el pasado, es grande la deuda de gratitud
hacia ellos de Latinoamérica y El Caribe: por la espiritualidad, el amor a los más necesitados y el celo
misionero con que han enriquecido a nuestros
pueblos . Pensando en el futuro podemos decir que la fecundidad de las orientaciones pastorales
41

de la próxima
V Conferencia General depende en buena medida del seguimiento de Jesús como discípulos y
misioneros suyos de los consagrados, lo que incluye el don gratuito de sí, su libertad para las
cosas de Dios, su espíritu de oración, de contemplación y de comunión, su amor preferente a los
pobres y afligidos. Sus miembros, con la diversidad de los carismas de sus institutos religiosos,
han recibido una especial vocación a la comunión, a la santidad y a la misión en toda la Iglesia.
Es fácil constatar el esfuerzo que realizan muchos obispos, religiosas y religiosos en las Iglesias
particulares, procurando una mayor comunión y colaboración cordial y efectiva. Sin embargo,
todavía estamos lejos de ser un reflejo verdadero de la unidad que ha querido el Señor entre sus
discípulos42. Por lo tanto, urge la tarea de construir la Iglesia como casa y escuela de comunión,
para ser testimonios auténticos de la nueva evangelización y vigoroso fermento el Evangelio en el
mundo. Sigue siendo de gran inspiración el itinerario que trazó el Papa Juan Pablo II en su carta a
los religiosos de América Latina:
a) seguir en la vanguardia misma de la predicación, dando siempre testimonio del Evangelio de
la salvación;
b) evangelizar a partir de una profunda experiencia de Dios;
c) mantener vivos los carismas de los fundadores;
d) evangelizar en estrecha colaboración con los obispos, sacerdotes y laicos, dando ejemplo de
renovada comunión;
e) estar en la vanguardia de la evangelización de las culturas;
f) responder a la necesidad de evangelizar más allá de nuestras fronteras43.
He aquí la lista de Santos de América Latina, que se nos propone en el Anexo 1 del Documento.
162
I. San Juan Diego (1474-1548).
II. Beato José de Anchieta, S.J. (1534-1597).
III. San Felipe de Jesús (1576-1597).
IV. Santo Toribio de Mogrovejo (1538-1606).
V. Santa Rosa de Lima (1586-1617).
VI. San Roque González (1576-1628).
VII. San Martín de Porres (1579-1639).
VIII. Santa Mariana de Jesús (1618-1645).
IX. San Pedro Claver (1584-1654).
X. San Pedro de Betancur (1626-1667).
XI. San Miguel Febres (1854-1910).
XII. Santa Teresa de los Andes (1900-1920).
XIII. San Alberto Hurtado, S.J. (1901-1952).

III
QUÉ ME ESTÁ PIDIENDO EL SEÑOR A MÍ
EN ESTA SITUACIÓN

La Iglesia necesita lucidez y generosidad. Para algunos es más necesaria la lucidez que la
generosidad. La generosidad existe; la lucidez... no siempre.
La lucidez y la generosidad han de ser dotes de nuestros gobernantes, de quienes dirigen el
rebaño de Dios.
Los santos han sido lúcidos y generosos, aunque no hayan sido expertos en análisis
sociográficos. Nosotros desde nuestros parámetros podemos analizar la sociedad en que vivía
Francisco - los expertos mejor que lo que pudiera hacerlo Francisco -, pero lo análisis no son
suficientes. Tienen que ir acompañados de la generosidad.
Los santos desde su situación concreta y muy limitada han tenido el don de la intuición. Y
esa intuición lúcida les ha bastado para darse a su tarea sin complicarse en ulteriores análisis y
estadísticas, como es uso en nuestros capítulos. Para ser santo, para dar a mis hermanos y a la
humanidad la aportación que enriquezca el patrimonio común, no es necesario que yo sea experto
en estas ciencias.
Mi vida es mi tiempo y Ami época@. Lo que hace falta es que yo responda, que yo toque fondo.
He de tener mucho cuidado en no teorizar.
Dios me pide fidelidad según las luces que él me dé. Y sus luces han de ser suficientes para la
misión que él me confía.
Es la hora de mi fidelidad. La vida se me presenta como una oferta generosa. No puedo tener
envidia de nadie; no puedo añorar otra cosa distinta de la que tengo. Puedo lanzarme con alma,
vida y corazón a hacer lo que con la gracia de Dios veo que es bueno a sus ojos. El resultado final
está solamente en sus manos.
Si realmente mi vida ha de ser fecunda en este momento mi entrega ha de ser sin medida o
cálculos tácticos de mi parte y sin condiciones, sin medianías. La luz aparecerá como el Señor
quiera.
Tengo que ofrecer, en particular:
- mi anonimato, no pretendiendo ningún protagonismo;
- y tengo que brindar mi colaboración sin aspirar a ser yo mismo testigo de mis resultados.

NOTA. Escribiendo estas cosas, nos llega la noticia del fallecimiento del carmelita P. Jesús Castellano (1941-
163
2006). Hoy (20/VII) se le hacen sus funerales AConsultor de siete dicasterios del Vaticano y autor de múltiples
publicaciones y conferencias tanto en Italia como en otros países, el padre Castellano era muy apreciado
en los ambientes religiosos y en los movimientos eclesiales por su competencia y disponibilidad.
Era consultor de la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe desde 1983, trabajó
estrechamente con el entonces prefecto, hoy Benedicto XVI. Miembro consultor también de la Oficina de
Celebraciones Litúrgicas del Papa, era colaborador del Maestro de Ceremonias pontificas, el arzobispo
Piero Marini. Habría cumplido 65 años el próximo 30 de julio. Falleció el día de la solemnidad de Corpus
Christi (jueves, 15 de junio)@ (Agencia Zenit). Falleció dando un paseo por Roma, antes de la procesión
del Corpus. El P. Jesús Castellano, que sin duda ha prestado voz a múltiples documentos de la Iglesia,
es, sin duda, un ejemplo de ese discípulo enamorado de Jesús que acabamos de describir.

27
In finem dilexit eos (Jn 13,1)
Continuación del número 25.
La novedad absoluta de la revelación
cristiana del amor que Dios nos tiene

Enfoque de esta Alectio divina@


Tratamos de penetrar en el sentido siempre profundo, siempre escondido de esta mera frase de la
Escritura: A...sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a
los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo@ (Jn 13,1). )Cuál es la realidad de ese amar
hasta el final?

Partimos de dos exposiciones:


- de un texto de Benedicto XVI, exponente de la sabiduría de la Iglesia, de la encíclica Deus caritas
est (de los números 9 y 10 de la encíclica),
- y de un texto de Aristóteles, egregio exponente de la sabiduría humana, de su Metafísica, aludido en
la misma encíclica, en la nota 6, sin transcribirlo.
Y de esta comparación empieza nuestra meditación contemplativa, que en modo alguno se termina
con estos pensamientos.
I
DOS TEXTOS PARA ARRANCAR,
PUESTOS EN CONTRASTE

Una página de Benedicto XVI, Deus caritas est


Del apartado titulado La novedad de la fe bíblica (nn. 9-11 de la encíclica) recogemos estos
dos párrafos:

A9. Ante todo, está la nueva imagen de Dios. En las culturas que circundan el mundo
de la Biblia, la imagen de dios y de los dioses, al fin y al cabo, queda poco clara y es
164
contradictoria en sí misma. En el camino de la fe bíblica, por el contrario, resulta cada
vez más claro y unívoco lo que se resume en las palabras de la oración fundamental de
Israel, la Shema: * Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno + (Dt 6, 4).
Existe un solo Dios, que es el Creador del cielo y de la tierra y, por tanto, también es el
Dios de todos los hombres. En esta puntualización hay dos elementos singulares: que
realmente todos los otros dioses no son Dios y que toda la realidad en la que vivimos se
remite a Dios, es creación suya. Ciertamente, la idea de una creación existe también en
otros lugares, pero sólo aquí queda absolutamente claro que no se trata de un dios
cualquiera, sino que el único Dios verdadero, Él mismo, es el autor de toda la realidad;
ésta proviene del poder de su Palabra creadora. Lo cual significa que estima a esta
criatura, precisamente porque ha sido Él quien la ha querido, quien la ha * hecho +. Y
así se pone de manifiesto el segundo elemento importante: este Dios ama al hombre.
La potencia divina a la cual ARISTÓTELES, en la cumbre de la filosofía griega, trató de
llegar a través de la reflexión, es ciertamente objeto de deseo y amor por parte de todo
ser Ccomo realidad amada, esta divinidad mueve el mundo[6]C, pero ella misma
[Dios, Suprema Potencia] no necesita nada y no ama, sólo es amada. El Dios único
en el que cree Israel, sin embargo, ama personalmente. Su amor, además, es un amor
de predilección: entre todos los pueblos, Él escoge a Israel y lo ama, aunque con el
objeto de salvar precisamente de este modo a toda la humanidad. Él ama, y este amor
suyo puede ser calificado sin duda como eros que, no obstante, es también totalmente
agapé[7]@.
[6] Cf. Metafísica, XII, 7. (Véase abajo)
[7] Cf. Pseudo Dionisio Areopagita, Los nombres de Dios, IV, 12-14: PG 3, 709-713, donde llama a
Dios eros y agapé al mismo tiempo.

A10.... El aspecto filosófico e histórico-religioso que se ha de subrayar en esta visión de la


Biblia es que, por un lado, nos encontramos ante una imagen estrictamente metafísica de Dios:
Dios es en absoluto la fuente originaria de cada ser; pero este principio creativo de todas las cosas
Cel Logos, la razón primordialC es al mismo tiempo un amante con toda la pasión de un
verdadero amor. Así, el eros es sumamente ennoblecido, pero también tan purificado que se
funde con el agapé. Por eso podemos comprender que la recepción del Cantar de los Cantares en
el canon de la Sagrada Escritura se haya justificado muy pronto, porque el sentido de sus cantos
de amor describen en el fondo la relación de Dios con el hombre y del hombre con Dios. De este
modo, tanto en la literatura cristiana como en la judía, el Cantar de los Cantares se ha convertido
en una fuente de conocimiento y de experiencia mística, en la cual se expresa la esencia de la fe
bíblica: se da ciertamente una unificación del hombre con Dios Csueño originario del hombreC,
pero esta unificación no es un fundirse juntos, un hundirse en el océano anónimo del Divino; es
una unidad que crea amor, en la que ambos CDios y el hombreC siguen siendo ellos mismos y,
sin embargo, se convierten en una sola cosa: * El que se une al Señor, es un espíritu con él +, dice
san Pablo (1 Co 6, 17)@ (Deus caritas est, n. 10, párrafo 2).

Una página de Aristóteles (384-322 a.C.).


en su Metafísica

Estamos en el Libro XII de su Metafísica de Aristóteles. En el apartado VI ha tratado sobre esto: Es


preciso que exista una esencia eterna, causa primera de todas las cosas. Transcribimos el VII, que versa
165
sobre: Del primer motor. De Dios. Aristóteles, tras la muerte de Sócrates (348/47), se hizo cargo de la
Academia de Atenas.
He aquí un texto de suyo árido por su alta especulación en torno a las esencias, un pasaje que
toca las profundidades del ser con el lenguaje de la ciencia.

Es posible que sea así, porque en otro caso sería preciso decir que todo proviene de la noche472, de la
confusión primitiva473, del no-ser474: éstas son dificultades que pueden resolverse. Hay algo que se mueve
con el movimiento continuo, el cual es el movimiento circular. No sólo lo prueba el razonamiento, sino el
hecho mismo. De aquí se sigue que el primer cielo debe ser eterno475. Hay también algo que mueve
eternamente, y como hay tres clases de seres, lo que es movido, lo que mueve, y el término medio entre lo
que es movido y lo que mueve, es un ser que mueve sin ser movido, ser eterno, esencia pura y actualidad
pura.
He aquí cómo mueve. Lo deseable y lo inteligible mueven sin ser movidos, y lo primero deseable es
idéntico a lo primero inteligible. Porque el objeto del deseo es lo que parece bello, y el objeto primero de
la voluntad es lo que es bello. Nosotros deseamos una cosa porque nos parece buena, y no nos parece mal
porque la deseamos: el principio aquí es el pensamiento. Ahora bien; el pensamiento es puesto en
movimiento por lo inteligible, y el orden de lo deseable es inteligible en sí y por sí; y en este orden la
esencia ocupa el primer lugar; y entre las esencias, la primera es la esencia simple y actual. Pero lo uno y
lo simple no son la misma cosa: lo uno designa una medida común a muchos seres; lo simple es una
propiedad del mismo ser476.
De esta manera lo bello en sí y lo deseable en sí entran ambos en el orden de lo inteligible; y lo que es
primero es siempre excelente, ya absolutamente, ya relativamente. La verdadera causa final reside en los
seres inmóviles, como lo muestra la distinción establecida entre las causas finales, porque hay la causa
absoluta y la que no es absoluta. El ser inmóvil mueve con objeto del amor, y lo que él mueve imprime el
movimiento a todo lo demás. Luego en todo ser que se mueve hay posibilidad de cambio. Si el
movimiento de traslación es el primer movimiento, y este movimiento existe en acto, el ser que es movido
puede mudar, si no en cuanto a la esencia, por lo menos en cuanto al lugar. Pero desde el momento en que
hay un ser que mueve, permaneciendo él inmóvil, aun cuando exista en acto, este ser no es susceptible de
ningún cambio. En efecto, el cambio primero es el movimiento de traslación, y el primero de los
movimientos de traslación es el movimiento circular. El ser que imprime este movimiento es el motor
inmóvil. El motor inmóvil es, pues, un ser necesario, y en tanto que necesario, es el bien, y por consi-
guiente un principio, porque hay varias acepciones de la palabra necesario: hay la necesidad violenta, la
que coarta nuestra inclinación natural; después la necesidad, que es la condición del bien; y por último lo
necesario, que es lo que es absolutamente de tal manera y no es susceptible de ser de otra477.
Tal es el principio de que penden el cielo y toda la naturaleza. Sólo por poco tiempo podemos gozar de
la felicidad perfecta. Él la posee eternamente, lo cual es imposible para nosotros478. El goce para él es su
acción misma. Porque son acciones, son la vigilia, la sensación, el pensamiento, nuestros mayores goces;
la esperanza y el recuerdo sólo son goces a causa de su relación con éstos. Ahora bien; el pensamiento en
sí es el pensamiento de lo que es en sí mejor, y el pensamiento por excelencia es el pensamiento de lo que
es bien por excelencia. La inteligencia se piensa a sí misma abarcando lo inteligible, porque se hace
inteligible con este contacto, con este pensar. Hay, por lo tanto, identidad entre la inteligencia y lo
inteligible, porque la facultad de percibir lo inteligible y la esencia constituye la inteligencia, y la
actualidad de la inteligencia es la posesión de lo inteligible. Este carácter divino, al parecer, de la
inteligencia se encuentra, por tanto, en el más alto grado de la inteligencia divina, y la contemplación es el
goce supremo y la soberana felicidad.
Si Dios goza eternamente de esta felicidad, que nosotros sólo conocemos por instantes, es
digno de nuestra admiración, y más digno aún si su felicidad es mayor. Y su felicidad es
mayor seguramente. La vida reside en él, porque la acción de la inteligencia es una vida, y
Dios es la actualidad misma de la inteligencia; esta actualidad tomada en sí, tal es su vida

166
perfecta y eterna. Y así decimos que Dios es un animal eterno, perfecto. La vida y la
duración continua y eterna pertenecen, por tanto, a Dios, porque este mismo es Dios.
Los que creen, con los pitagóricos y Espeusipo, que el primer principio no es lo bello y el bien por
excelencia, porque los principios de las plantas y de los animales son causas, mientras que lo bello y lo
perfecto sólo se encuentra en lo que proviene de las causas479, tales filósofos no tienen una opinión
fundada, porque la semilla proviene de seres perfectos que son anteriores a ella, y el principio no es la
semilla, sino el ser perfecto; así puede decirse que el hombre es anterior al semen, no sin duda el hombre
que ha nacido del semen, sino aquel de donde él proviene.

Es evidente, conforme con lo que acabamos de decir, que hay una esencia eterna, inmóvil y distinta de
los objetos sensibles. Queda demostrado igualmente que esta esencia no puede tener ninguna extensión,
que no tiene partes y es indivisible. Ella mueve, en efecto, durante un tiempo infinito. Y nada que sea
finito puede tener una potencia infinita. Toda extensión es finita o infinita; por consiguiente, esta esencia
no puede tener una extensión finita; y, por otra parte, no tiene una extensión infinita, porque no hay
absolutamente extensión infinita480. Además, finalmente, ella no admite modificación ni alteración, porque
todos los movimientos son posteriores al movimiento en el espacio.

Tales son los caracteres manifiestos de la esencia de que se trata.


Notas de este texto en la edición
ARISTÓTELES, Metafísica. (Dividida en 14 libros). Edición digital basada en la edición de Miguel Candel, Madrid,
Espasa Calpe, 1997. Traducción de Patricio de AZCÁRATE CORRAL.
472 Opinión de los teólogos.
473 Opinión de Anaxágoras.
474 Opinión de los atomistas
475 Véase más adelante el cap. VIII, de este libro.
476 Aristóteles explica incidentalmente cómo su esencia simple se distingue de la unidad primitiva de los
platonianos.
477 Véase lib. V, 5.
478 *Toda la vida de los dioses inmortales es una felicidad; los hombres no conocen la felicidad sino en tanto que
hay en sus facultades algo que les es común con los dioses. Pero ningún otro animal, fuera del hombre, goza de
la felicidad en la vida, porque ningún otro animal tiene con los dioses esta comunidad de naturaleza.+ Aristót.,
Moral. a Nicómaco, X, 8.
479 Scilicet Pythagoricis non ut Platoni placuerat primum omnium principium bonum ipsum, bonum per se esse, sed contra, in uno numerorum
fonte et omnium principio, impar et par, finitum et infinitum, bonum denique et malum, quasi unum idemque conflata conjungi; contraria
non nisi in rerum natura prodire. De Speusippo, utrum contraria e primo rerum principio prorsus excluserit, an, in eo quoque Pythagóricos
secutus, conjunserit, nihil Aristóteles. Versimillimum tamen idem Speusippo ac Pythagoricis qubius semina, unde initium habent, pulchri
bonique cause suni. RAVAISSON, Speusipp, III, págs. 7 y 8. -En lugar de Espeusipo, muchos traductores de Temistio escriben por error
Leucipo.
480 No debe concluirse de este argumento, como observa M. RAVAISSON, Ensayo, t. 1, pág. 567, nota, que en el
pensamiento de Aristóteles, el primer motor debe tener un poder infinito, sino que, por lo contrario, necesitaría
tener poder si tuviese extensión, pero sólo en este caso. El poder sólo pertenece a lo que existe, como el alma, en
una materia, y por consiguiente en una extensión.

II
EL DIOS DE LOS PROFETAS:
OSEAS (SIGLO VIII, DEL TIEMPO DE ISAÍAS)

Compárese las páginas anteriores con esta página de un Dios Aapasionado@ que se enfurece,
que amenaza, que se arrepiente, y que, al fin, no castiga, Aporque soy Dios, no hombre@, el

167
pensamiento Aperfecto@ de Aristóteles con el sentir de la Biblia de un Dios interesado por el
hombre hasta la pasión y la convulsión.
1 Cuando Israel era niño, yo le amé,
y de Egipto llamé a mi hijo.
2 Cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí:
a los Baales sacrificaban,
y a los ídolos ofrecían incienso.
3 Yo enseñé a Efraím a caminar,
tomándole por los brazos,
pero ellos no conocieron
que yo cuidaba de ellos.
4 Con cuerdas humanas los atraía,
con lazos de amor,
y era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla,
me inclinaba hacia él y le daba de comer.
5 Pues volverá al país de Egipto,
y Asur será su rey,
porque se han negado a convertirse.
6 Hará estragos la espada en sus ciudades,
aniquilará sus cerrojos y devorará,
por sus perversos planes.

7 Mi pueblo está acostumbrado a apostatar de mí;


cuando invocan a lo alto,
nadie los levanta [texto corrompido]
8 )Cómo voy a dejarte, Efraím,
cómo entregarte, Israel?
)Voy a dejarte como a Admá,
y hacerte semejante a Seboyim?
Mi corazón está en mí trastornado,
y a la vez se estremecen mis entrañas.
9 No daré curso al ardor de mi cólera,
no volveré a destruir a Efraím,
porque soy Dios, no hombre;
en medio de ti yo soy el Santo,
y no vendré con ira.

A este Dios, que es el Dios de la Alianza, el Dios del Pentateuco - (Dios de Abraham, Dios de
Isaac, Dios de Jacob! - a este Dios sí se puede rezar.

La cinco vías de la existencia de Dios en Santo Tomás recogen lo mejor de la Filosofía para
llegar desde el mundo hasta Dios. Este Dios para el santo Doctor va a ser el Dios de la Fe, porque
no hay dos dioses. Pero la mera Filosofía como tal no nos lleva a la experiencia tierna de Dios
que me ama.

Primera vía: Todas cosas tienen causa; no podemos llevar el proceso al infinito; por tanto,
168
Dios es la Causa Primera.
Segunda vía: Lo que se mueve es movido; y así sucesivamente. Dios es el Motor no movido.
Tercera vía: Toda causa causada es subordinada a otra; no se puede prolongar hasta lo
infinito. Luego Dios es la Causa Incausada.
Cuarta vía: Toda perfección graduada es una perfección participada. Dios es el Primer y
Máximo Ente, la Perfección en sí, la Perfección Perfecta (valga la redundancia).
Quinta vía: Todo ser es ordenado a un fin, y este, a su vez, se ordena a otro. Dios es el
Supremo Director del Universo, el Fin en sí mismo.

Si Dios fuera Asolo eso@ (que, por otra parte, siendo Aeso@ es Todo) )le podremos rezar a ese
Dios? Yo )qué le importo? )Es que pasa algo porque yo vuelva a la nada o porque yo sea
eternamente desgraciado?
Para ese Dios... (no pasa nada!
Si la cosa fuera de este modo, cerremos la Biblia; es toda ella una pura fantasía, es un
narcótico para engañarnos

III
EL ESTALLIDO DEL AMOR DE DIOS:
IN FINEM DILEXIT EOS
EL AMOR ES LA COMUNIÓN VOLUNTARIA DE DIOS
CON SU CRIATURA

Pequeñas clasificaciones
Apenas comenzamos a conocer un poco del amor - misterio total del destino humano -
empiezan a aparecer algunas clasificaciones, pequeños retratos del amor, que, de sí, no puede ser
sino uno y total. La revelación del amor se da en la confluencia del descubrimiento de una nueva
imagen de Dios y de una nueva imagen del hombre.
- Amor de concupiscencia (no precisamente de concupiscencia carnal): te amo, porque amarte
me resulta una bocado apetitoso, me reporta ventajas (materiales, espirituales...). Si no tuviera
tales ventajas, no te amaría. Es el amor ventajoso, el amor concupiscente, hambriento, deseante,
de dones.
- Amor de benevolencia: Amo porque, al amarte, me entrego: te quiero por ti, por tu bien.
Crítica al amor de benevolencia, amor de Abien querer@. Todo amor, por puro que sea, lleva
amor de concupiscencia: porque, al amarte a ti, y entregarme a ti, me amo a mí, puesto que, por
medio de ti, me realizo yo, me favorezco a mí; despliego mi entrega, alcanzo mi plenitud. En
suma, no dejo de amarme a mí, cuando te amo a ti; aun en el caso de que el amor no pase a ser
correspondido.
- Amor de amistad es el amor recíproco, el amor correspondido. Y a esto inclina la naturaleza
íntima y ordenada del amor.

Amor unitario y total


Si partimos de una antropología del ser, y específicamente de una antropología revelada, el
movimiento del amor implica estas referencias.
1. Amor del ser entero. Quien ama ha de amar del todo. El amor es gratuito, pero, en sí

169
mismo, es la operación más rentable y más útil del ser humano; porque nada dignifica,
engrandece y enriquece al hombre como el amor. La plena gratuidad es la plena rentabilidad.
2. Este amor profundo y entero es amor de éros y amor de agápe. El ser humano es
indivisible, y no se puede decir que uno ama con una parte del ser y deja de amar con la otra, si
bien es cierto, que la dirección o preeminencia salta a los ojos.

170
3. El amor es oblativo. No hay amor sin un don. El que, al amar, no da algo, no tiene amor
verdadero, sino que el amor permanece en la zona efímera de los sentimientos. Pero el Aúnico@
don válido del amor es el don de uno mismo. Y en todo amor hay presencia de este don único.
Uno puede dar su tiempo, ofrecer su casa, brindar su sabiduría... Si, al dar estos dones, no se está
dando a sí mismo, no está amando. Por tanto, amar es darse.
4. Los dos exponentes máximos del amor que toman al ser humano en su raíces son estos:
- amar a los enemigos, dado que los enemigos, Aen cuanto enemigos@ no son amables, sino
odiables;
- amar hasta donar la vida, remate de todo los dones.
Son las dos expresiones límites del amor, que en Jesús se han juntado en una: Adar la vida@ y
Apor los enemigos@.
Entonces se opera el último milagro del amor: el enemigo pasa a ser amigo (si bien nunca
haya habido Aamistad@ como relación recíproca, porq ue, si te amo, es porque para mí eres
digno de mi amor, y, por ello, ya eres deseable).

Teología escondida
Al leer a San Juan, tenemos la sensación de que debajo de sus frases sencillas, de sus
recomendaciones simples, hay una síntesis de teología escondida. Por ejemplo, cuando san Juan,
como resumen de existencia, dice: Amémonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Que el
amor venga de Dios, o que el que ama ha nacido de Dios... supone que uno previamente ha
quedado perdido en el amor de Dios, y que está hablando desde unas síntesis vitales que en él ya
se han operado.
He aquí, pues, una frase total de san Juan:
A Queridos, amémonos unos a otros,
ya que el amor es de Dios,
y todo el que ama ha nacido de Dios
y conoce a Dios@ (1Jn 4,7).

La insidia más sutil de la vida espiritual


La insidia más sutil de la vida espiritual consiste en no percatarse de que la teología es vana si
no pasa a ser vivencia de amor en el que va buscando a Dios.
Está claro que Aristóteles no da el tránsito al amor de Dios.
Una Ateología bíblica@, una Ateología especulativa@, una Ateología mística@ no son, de sí sola,
el paso al amor de Dios. Una Ateología del misterio pascual@, de Jesús muerto y resucitado, como
hoy llena los manuales no da, de pro sí, el paso al amor.
Sólo ama el que sufre el martirio del amor, y el que goza la dulzura del amor en Jesús
Resucitado.

La teología, de sí, es especulación - labor de la mente -; cierto que es un grado superior y


esencialmente distinto por el punto de partida de la especulación de Aristóteles, pero, como
teología, es especulación, en tanto que el amor es la encarnación real de Dios, la pasión real de
Dios, la resurrección real de Dios.
En los santos con Ateología más baja@, muchas veces con Ateología inferior@ se ha llegado a la
vivencia del amor-martirio, amor-alianza, amor-expiación.
Y téngalo yo muy sabido: que la última teología no me la puede hacer nadie; me la tengo que
hacer yo mismo.
171
Jesús, el amor exhaustivo
ANos amó hasta el fin@ quiere decir: Nos amó hasta el volcado total del amor, que alcanza el
Ano va más@ del amor. Y lo que resplandece en Jesucristo es la pauta revelada del amor, donde se
queman todas las distinciones del amor. La revelación del amor no es otra cosa que la revelación
misma de Dios: el agotamiento de Dios en su amor, la Trinidad en amor.
Pues la revelación del amor, o del don de Dios, no es otra cosa que la revelación misma del
misterio de la Trinidad. La Trinidad consuma el amor divino
Dios es amor, no es sino amor, y la revelación total se contiene en este simple enunciado:
Dios es amor.
Y sé que también es verdad a la inversa:
El amor es Dios.

IV
SOLILOQUIO DE AMOR

Dios mío, desde mi infinita distancia, que tú la conviertes en cercanía e intimidad, considero
la trayectoria de mi vida.
Si busco algo que no seas tú, me desvío de mi trabajo, y la experiencia profunda es el fracaso,
por muchos que sean los aplausos. AMagnus es, domine, et laudabilis valde...
...et tamen laudare te vult homo, aliqua portio creaturae tuae. Tu excitas, ut laudare te delectet,
quia fecisti nos ad te et inquietum est cor nostrum, donec requiescat in te@ (San Agustín,
Confesiones lib I, cap. 1).
Rectifica mi vida, apacienta mi corazón, para que vea y cumpla mi vocación, que es el amor,
tú amando.
La vocación del Ser es amar. Ninguna puede supeditarse a esa, que las abarca todas, y las
corona todas. Si he amado, he alcanzado la plenitud del Ser. Si no he amado, me he privado de lo
más bello y verdadero de mi vida. Si he odiado he roto el Ser, pues nadie ha nacido para odiar,
sino todos, engendrados por el Amor de Dios, hemos nacido para el amor: para amar y ser
amados. El amor, luego, nos abrirá las puertas de la eternidad. El amor ni tiene medida, puesto
que el amor surge para el todo; ni tiene figura, porque el amor tienen tantos rostros como la vida
misma. Pero sí tiene concretez y tiempo. No se puede amar en lo vago, sino en lo particular. Se
ama, amando a éste, a ésta; se ama hoy ante esto y esto. Mañana habrá otro desafío de amor.

Yo confieso que el único amor exhaustivo es la irrupción de Dios en el mundo. Al


descubrirlo, he visto que la única forma vocacional de amar del Ser, es amar como Dios nos ha
amando.
Dios se hizo visible en la encarnación, tangible, audible, experimentable..., en la Encarnación.
Mas no existe la Encarnación sin la Pasión, Muerte, Resurrección, Ascensión y envío del
Espíritu, porque el misterio de Dios para el hombre.
Yo descubro que la Trinidad es el amor recóndito manifestado a su criatura, a mí. Pero la
Trinidad era antes de que yo lo supiera. La Trinidad es la explosión de Dios dentro de sí mismo,
y este rompimiento de Dios en sí está clamando que el Ser es amor, es muerte y renacimiento, es
donación de sí. No hay otro Dios que el Dios activo y donado, hasta el punto de que, aunque lo

172
ignorásemos, no se puede concebir la esencia divina sino como derramamiento de amor.
El amor no es atributo, sino esencia de su Ser, naturaleza personal de Dios. San Ireneo
escribió: ALa gloria de Dios es que el hombre viva@, pero añadió en la misma frase: Ay la vida del
hombre consiste en la visión de Dios@.
Dios es amor, y el hombre es el depositario de ese amor, del divino amor.
(Oh Dios, haz que yo sea tu digno tesorero, el tesorero de tu amor, el Amante de tu amor, el
profeta de tu amor, el Esposo de tu amor!
Haz que mi palabra sea la medida de mi pensamiento, y que mi pensamiento sea la irrupción
de tu amor. Haz que Verdad y Caridad se fundan en mí en la misma realidad, porque tú eres la
Verdad, tú eres el Amor.
Anteayer (lunes de la sem. XII, ciblo B) leíamos que en Oficio de lectura que Jerusalén, por la
intervención de Dios, será
CIVITAS VERITATIS
MONS SANCTITATIS
(Za 8,1).
Sea.
Haga yo en torno a mí una Civitas veritatis, un Mons sanctitatis, pero sea yo el primer vidente
del amor de Dios, el primer sentiente de su Historia conmigo. Que mi vida no sea un engaño para
mí.
Que piense que el pensar no es amar, pero que sepa que si me he dejado avasallar por la Vida
del Amor, única vida de Dios, y la he vivenciado en mí, entonces sí el mero pensar..., y el reír y
el sufrir..., será amor de Dios en mí, vida mía divinizada en el Dios único y verdadero.
Amén.

28 fin
El salmo del reposo
Salmo 91 (90)
Qui habitat in protectione Altissimi

Al final está el Indice del curso 2005-2006

Este es un salmo que se ha puesto en la liturgia como salmo Atípico@ para Completas, última
oración del día, incluso pasada la media noche (IGLH 84).
Un salmo que aparece dos veces en el Evangelio:
- En las tentaciones de Jesús, puesto en boca del diablo: Ay le dice: * Si eres Hijo de Dios,
tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para
que no tropiece tu pie en piedra alguna. +@ (Mt 4,6, citando el versículo 11).
- En labios de Jesús: AEl les dijo: * Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os
he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada
os podrá hacer daño...@ (Lc 10,18-19).
Los planteamientos críticos en torno al salmo (origen, discusión sobre sentido exacto de cada
173
palabra...) pueden verse en el que se considera el mejor comentario de los Salmos: Hans-Joachim
KRAUS, Los Salmos, 2 vol. Ediciones Sígueme, Salmanca. 1995.

I
TEXTO DE LA NOVA VULGATA
PSALMUS 91 (90)

1 Qui habitat in protectione Altissimi,


sub umbra Omnipotentis commorabitur.
2 Dicet Domino: A Refugium meum
et fortitudo mea, Deus meus, sperabo in eum @.

3 Quoniam ipse liberabit te de laqueo venantium


et a verbo maligno.
4 Alis suis obumbrabit tibi,
et sub pennas eius confugies;
scutum et lorica veritas eius.
5 Non timebis a timore nocturno,
a sagitta volante in die,
6 a peste perambulante in tenebris,
ab exterminio vastante in meridie.

7 Cadent a latere tuo mille


et decem milia a dextris tuis;
ad te autem non appropinquabit.
8 Verumtamen oculis tuis considerabis
et retributionem peccatorum videbis.
9 Quoniam tu es, Domine, refugium meum.
Altissimum posuisti habitaculum tuum.
10 Non accedet ad te malum,
et flagellum non appropinquabit tabernaculo tuo,
11 quoniam angelis suis mandabit de te,
ut custodiant te in omnibus viis tuis.

12 In manibus portabunt te,ne forte offendas ad lapidem pedem tuum.


13 Super aspidem et basiliscum ambulabis
et conculcabis leonem et draconem.

Oráculo divino
4 QUONIAM MIHI ADHAESIT, LIBERABO EUM;
SUSCIPIAM EUM, QUONIAM COGNOVIT NOMEN MEUM.
15 CLAMABIT AD ME, ET EGO EXAUDIAM EUM;
CUM IPSO SUM IN TRIBULATIONE;
ERIPIAM EUM ET GLORIFICABO EUM.
16 LONGITUDINE DIERUM REPLEBO EUM
ET OSTENDAM ILLI SALUTARE MEUM.
174
II
ELEVACIONES ESPIRITUALES

Claves últimas de inteligencia


- En modo alguno podemos despreciar las claves científicas (Sizt im Leben, Apuesto en la
vida@, por ejemplo), que investigan los exegetas. Pero cuando se baja al detalle, surgen mil dudas.
- Nos situamos en la Aorbita del amor de Dios@, tal como lo hemos anunciado en las últimas
hojas de lectio divina; expresadas, en particular, en la lectio divina 25 y 27. Vamos, pues, a leer
eclesialmente el salmo desde la órbita del Dios del Universo, de mi Creador que,
simultáneamente, es mi Padre.
- Nos situamos en ese momento del fin del día, cuando toda la vida, en resumen, se queda
quieta, en paz y seguridad, y el ser entero es ofrecido a Dios como una oblación de amor.
- Una circunstancia especial. Acogemos este salmo en la circunstancia especial de que el día
10 de julio, fiesta de santa Verónica concluye el Bienio de Teología, iniciado el 18 de abril del
año 2004. Desde esta perspectiva el salmo suena en nuestros oídos con un sentido conclusivo y
programático: como conclusivo, poniendo remate y corona con un Diploma de Teología
esforzado a la labor de este tiempo; como programático, dejando nuestra vida en manos de Dios,
bajo el signo de la confianza total, sabiendo que la confianza humilde e inquebrantable es la
única profecía de nuestra vida.
Iremos desgranando el salmo, tomando frases y palabras que puedan servir de evocación
espiritual de las inspiraciones libres del Espíritu.

Habitar al amparo del Altísimo


Las dos primeras frases del salmo las traduce el latín (Vulgata y Nova Vulgata) y el griego
(los LXX) como una frase completa y cerrada en sí mismo:
El que vive al amparo del Altísimo (>Elyón),
morará bajo la sombra de Shadday (el Omnipotente, traducido por la Vulgata y LXX como
ADios del cielo@).

Uno se pregunta: )Quién es el que vive en ese ámbito o zona espiritual que se llama el
amparo del Altísimo? Acaso el Aconsagrado@. La persona que ha hecho de Dios su vida, como la
había hecho el que presta su servicio en el Templo, puede tener la seguridad de que vive bajo la
sombra del Omnipotente.
Pero todo israelita, todo creyente, puede sentir como suya esta situación. Mi ámbito vital es
Dios; vivo bajo el amparo del Altísimo.
Llamarle al Dios Yahweh >Elyón, y llamarle Shaday, pueden ser evocaciones de la teología
cananea. En todo caso Israel se reconoce ahí: también para mí - dice el israelita - mi Dios
Yahweh es el Altísimo, es el Omnipotente.
La confesión total del creyente en la plena fe de los mayores
El orante confiesa cuatro cosas, reafirmándose en al fe su pueblo. Están dichas de modo
directo y confesional:
1) Tú eres mi refugio.
2) Tú eres mi fortaleza.

175
3) Tú eres mi Dios.
4) En fi confiaré.
La primera palabra (mahaséh) se emplea en la Biblia para indicar:
Refugio, reparo, amparo, asilo, cobijo, cobertizo, cubier-ta, abrigo, albergue;
baluarte, barricada, defensa, fortaleza;
guarida, madriguera (Diccionario Bíblico Hebreo Español, SCHÖKEL, Trotta, Madrid 1994).
Y hay otros muchos sinónimos en el campo militar.
La segunda palabra (metsudáh), aparte de Apresa@ y Atrampa@, significa, en su segunda
acepción, fortaleza, alcázar, torreón, refugio.

)Quién es, pues, mi Dios para mí? )Es mi seguridad? Dicho con una expresión u otra, la
experiencia terminal es ésta: Dios es mi seguridad. Lo afirman tantas veces los salmos.
Si Dios no fuese mi seguridad, sería ficción que yo dijera ADios-mío@. Yo no puedo llamar a
Dios Ami Dios@, si en él no tuviera toda mi confianza.
A esta profesión de fe sigue un voto:
En él confiaré. La versión litúrgica traduce Aad sensum@ Confío en ti. La razón es porque no
ha considerado una sola frase las dos primeras líneas.
La confianza en Dios, mejor, mi confianza en Dios, no puede tener límites si la razón que
sustenta esta confianza no son mis méritos, sino su amor y su fidelidad. Puedo confiar en Dios
tanto cuanto es su amor para mí, y su amor no tiene límite. Por ello, mi confianza en Dios no
puede tener límites. Esta es la consigna de mi fe en mi vida: Confiaré sin medida, puesto que él
me ama sin medida, y ha confiado en mí sin medida.

Un Sabio y Profeta me va narrando la acción de Dios


Sólo puede hablar de Dios quien ha experimentado a Dios, quien ha visto a Dios. San Juan
nos dijo: AA Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha
contado@ (Jn 1,18). Con ello nos manifestaba una verdad absoluta: solo Jesús ha sido el revelador
total.
Pero la fe anterior de Israel es válida, porque es verdadera revelación del verdadero Dios.
Con estilo didáctico-sapiencial, que en el fondo podemos verlo como el latido de un profeta,
vamos narrando el comportamiento de Dios con aquel que confía en él. Lo que para otro fue una
experiencia de algo acontecido, para mí será la profecía de mi vida todavía no escrita.

Son las promesas de la seguridad de Dios para mi vida. Detengámonos en un versículo, el


versículo 4.

Las alas de Dios, el escudo y armadura de Dios: veritas eius


Alis suis obumbrabit tibi,
et sub pennas eius confugies;
scutum et lorica veritas eius.
(La Vulgata traducía: scuto circundabit te veritas eius).

Te cubrirá con sus alas,


bajo sus plumas te refugiarás:
su brazo es escudo y armadura (Versión litúrgica español)
* la sua fedeltà [veritas] ti sarà scudo e corazza (Versión litúrgica italiana).
176
* escudo y armadura es su fidelidad (Biblia de Jerusalén).

(Qué cosa más tierna y entrañable que verse bajo las alas de Dios! Así nos habló Jesús,
retratándose a sí mismo como la gallina que cobija bajo sus alas a los polluelos. A(Jerusalén,
Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. (Cuántas veces he
querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido!@ (Lc
13,34).
H.-J. KRAUS comenta: ALas alas de los querubines [del arca] son símbolo de la esfera de
protección en la que el deus praesens acoge al desvalido@ (p. 234).

(Qué cosa más reconfortante que verse protegido como por escudo y armadura por la Verdad
de Dios, es decir, por la fidelidad amorosa de Dios! Jesús, el Verbo carne, está Aplenum gratiae et
veritatis@: lleno de gracia y de verdad (Jn 1,14).

AEl demonio meridiano@ (v. 6)


Como una anotación ilustrativa añadimos una explicación que se refiere al versículo 6, que la
Vulgata traducía
a negotio perambulante in tenebris,
ab incurso et daemonio meridiano.
Y la Nova Vulgata lo traduce de este modo:
a peste perambulante in tenebris,
ab exterminio vastante in meridie,
que es el sentido dando en la versión litúrgica: A...ni la peste que se desliza en las tinieblas, / ni la
epidemia que devasta a mediodía@.
Los libros ascéticos hablaban antes del demonio meridiano, el demonio del mediodía (ya
Casiano ca 360-435, Institutiones, Lib. X, sobre la Aacidia@), aplicándolo, a veces, a la tentación
sexual propia de la mitad de la vida. He aquí un texto tomado al azar con un Abuscador@ de
Internet.
AUn padre que es un hombre normal, con un corazón bueno pero con sueños de grandeza, (de esos
que todos alguna vez tenemos), y que los alimenta con sus amigos de viejas hazañas. )Quién no
necesita sentirse útil para alguien, alguna vez? Un hombre que ya no es tan joven pero que le gustaría
serlo, y sin darse cuenta, se deja llevar por ese demonio meridiano y más por tonto que por malo,
acaba coqueteando con alguna jovencilla rubia, posiblemente...@ (Artículo de Nieves García en el que
reflexiona sobre la cinta Los increíbles y el valor de la familia).
El Ademonio meridiano@ ha dado abundante literatura en la Edad Media.
También las antiguas Constituciones Capuchinas (1536 a 1968) hablaban del demonio
meridiano, pero en otro sentido: AGuárdense los hermanos del demonio meridiano, que se
transforma en ángel de luz (alusión a 2Co 11,14). Y esto sucede cuando el mundo, por tenernos
devoción, nos aplaude y nos festeja dándonos de sus riquezas. Esto ha causado frecuentemente
muchos males en al religión@ (Const. de 1536, ed. de Fidel Elizondo, Estudios Franciscanos
83,1982, 143-252; véase n. 62).

El oráculo divino, remate del salmo


Podríamos hablar de las ocho promesas divinas, que, en el fondo, no son más que una: Dios
conmigo, (Dios me ama!, Dios no me puede abandonar:

177
S liberabo eum: lo libraré.
S suscipiam eum: lo protegeré.
S et ego exaudiam eum: lo escucharé.
S cum ipso sum in tribulatione: con él estaré en la tribulación.
S eripiam eum: lo defenderé
S et glorificabo eum: lo glorificaré.
S Longitudine dierum replebo eum: lo saciaré de largos días.
S et ostendam illi salutare meum: y le haré ver mi salvación.

Realmente la vida es muy agitada, y el dolor tiene mil caras diferentes en este Avalle de
lágrimas@.
Este Dios, que no es el sublime Dios de Aristóteles (lo veíamos en la lectio divina anterior),
es el Dios totalmente volcado a mí por amor. Lo puedo experimentar como seguridad, como
ternura, como confidencia... Como confidencia hasta el punto de que yo conozco el Nombre de
Dios, la intimidad de Dios.
Este Dios, mi redentor, que me muestra su salvación, es el Dios que me glorifica incluso ya
en esta vida. Lo glorificaré. San Pablo lo ha experimentado así en la historia de salvación: APues
a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para
que fuera él el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también los
justificó; a los que justificó, a ésos también los glorificó. Ante esto )qué diremos? Si Dios está
por nosotros )quién contra nosotros?@ (Rm 8,29-31).

ÍNDICE DE
LECTIO DIVINA 2005-2006

1. Una Alectio divina@ espontánea de Benedicto XVI al iniciar con Tercia el Sínodo de Obispos (3
de octubre de 2005). Sobre 2 Corintios 13,14. (Lectio brevis de Tercia los lunes feriales del
tiempo ordinario de la III semana)
2. San Francisco en el Cenáculo al concluir Tercia el Sínodo de Obispos (2-23 de octubre de
2005)
3. San Francisco en el Cenáculo (continuación): Cada día..., cada día..., cada día... La triple
contemplación del amor
4. AReleyendo el Magnificat en perspectiva eucarística@ (Juan Pablo II, EE 58).
5. La esencia de la lectio: al Padre - por Cristo - en el Espíritu
6. Meditatio vitae: Del sumo gozo y dolor de Cristo El martirio de los cristianos (Lucas 21, 5-
28)
7. Pórtico de Adviento (Aspiciens a longe)
8. El Unigénito Dios, Confidente y Narrador de Dios (Jn 1,18) El poso que ha dejado la
Navidad, misterio de la Encarnación.
9. Deus caritas est (1Jn 4,16) Primera encíclica de Benedicto XVI, del 25 de diciembre de 2005,
hecha pública hoy, 25 de enero de 2006
10. Dios es Ael@ amor (1Jn 4,16). En torno a la primera parte de la encíclica ADeus caritas est@
de Benedicto XVI.
178
11. Dios en mí - yo en Dios. (1Jn 4,16) En torno a la primera parte de la encíclica ADeus caritas
est@ de Benedicto XVI - Prosigue
12. En la cima del ser. Mi suprema vocación: permanecer en Dios (Jn 4,16)
13. Instrucción sobre el sentido de la Cuaresma: Venerabilis Sacramenti exordium (Oración
super oblata del primer Domingo de Cuaresma).
14. Puntos para compartir en grupo Una frase del Evangelio cada día.
15. Escuchadlo (Del Evangelio de la Transfiguración, Domingo II de Cuaresma).
16. El nido y el pájaro: Tus altares, Rey mío y Dios mío. (Meditación en la Comunión del
Domingo III de Cuaresma).
17. En la Anunciación a María, 25 marzo 2006, Obsequio personal. La Madre de Jesús desde
aquella hora (Jn 19,25-27)
18. Lectio divina en la Pasión del Señor: En aquel mismo amor: Ain illa caritate@ Por las
cumbres del amor.
19. Mistagogía de contemplación. Textos del Domingo de Pascua: Marcos 16,6 y Col 3,3.
20. ALes mostró las manos y el costado@ (Juan 20,20). Mistagogía para la contemplación del
Resucitado (prosigue) .
21. El amor, latido de Dios en el mundo. Lectio divina del versículo final de San Mateo: Mateo
28,20b22.
22. Un lugar en el corazón de Jesús. Lectio divina del Lucas 8,1-3,partiendo de una
consideración del Papa.
23. Lectio divina al día siguiente de nuestro Encuentro Internacional de Capuchinas (15-23
mayo 2006). La familia de hermanos de Betania (Lc 10,38-42 y Jn 11,1-44; 12,1-11).
24. Claves de Benedicto XVI para la Alectio divina@.(Las homilías del Papa).
25. En torno a la celebración del Sagrado Corazón de Jesús (este año, 23 de junio). In finem
dilexit eos.(Jn 13,1).
26. En esta hora de la Iglesia: Hacia la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del
Caribe (Brasil, mayo 2007). Discípulos y misioneros de Jesús para que nuestros pueblos
en Él tengan vida. AYo soy el Camino, la Verdad y la Vida@ (Jn 14,6)27 In finem dilexit eos
(Jn 13,1) Continuación del número 25. La novedad absoluta de la revelación cristiana del
amor que Dios nos tiene.
27. In finem dilexit eos (Jn 13,1). Continuación del número 25. La novedad absoluta de la
revelación cristiana del amor que Dios nos tiene.
28. El salmo del reposo. Salmo 91. Qui habitat in protectione Altissimi

LOS ORIGINALES DE ESTAS HOJAS DE ALECTIO DIVINA@


Y OTROS PAPELES SEMEJANTES
QUEDAN EN LA SECRETARÍA DE ESTA CASA DE FORMACIÓN
SANTA VERÓNICA
PARA SERVICIO DE TODA HERMANA CAPUCHINA
QUE QUIERA PEDIRLOS.

4 de julio de 2006
fr. Rufino María Grández, OFMCap.

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