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«Sobre la contratransferencia»
de Annie Reich
Traducción de Ma Victoria Ortega Aguilar

El acto de comprender la producción del paciente en el análisis y la capacidad para responderle con
habilidad no se basa solamente en conclusiones lógicas. A menudo el analista puede observar que la comprensión
del material aparece de modo repentino como si proviniera del interior de su propia mente. Repentinamente el
material confuso e incomprensible cobra sentido. Repentinamente los elementos desconexos se transforman en
gestalt.
También de modo repentino el analista obtiene una evidencia íntima acerca de cuál debe ser su
interpretación y cómo ésta debería ser dada.
Este tipo de comprensión es vivida como algo que se experimenta casi pasivamente, "sucede", no es el
resultado de un proceso activo de pensamiento, como la solución de un problema matemático. Parece obvio que
este tipo de comprensión (insight) del problema del paciente se alcanza a través del propio inconsciente del
analista. Es como si una parcial y efímera identificación con el paciente hubiera tenido lugar. La evidencia de lo que
está sucediendo en el inconsciente del paciente, se basa entonces en el conocimiento de lo que está sucediendo en
la propia mente del analista. Pero esta identificación tiene que ser efímera. El analista debe ser capaz de regresar a
una posición externalizada para ser capaz de realizar una evaluación objetiva de lo que acaba de sentir desde su
interior.
De toda formas, la herramienta para la comprensión es el propio inconsciente del analista. Cuando Freud
aconseja que el analista debería escuchar con una atención flotante y libre tiene en mente esto exactamente. El
material debería ser absorbido por el propio inconsciente del analista. No debería haber ningún punto de censura o
de eliminación consciente a través de los intentos del analista de un pensamiento racional. Este tipo de escucha
deberá garantizar la habilidad del analista para recordar, sin esfuerzos, aquellas partes del material previo del
paciente que conectan con, o sirven para, explicar los nuevos elementos que están presentes.
Son evidentes los riesgos que pueden producirse. Si el analista tiene alguna razón para estar preocupado,
para ser incapaz de asociar libremente, de retraerse de ciertos asuntos, o si es incapaz de identificarse con el
paciente, os¡ se identifica tanto que no puede separarse otra vez del paciente (por mencionar sólo algunas de las
posibles dificultades), se verá incapaz de escuchar sin esfuerzo, de recordar, de comprender y de responder
correctamente.
Además, hay más cometidos para el analista. Tiene que ser el objeto de la transferencia del paciente. Tiene
que ser la pantalla en la que el paciente pueda proyectar sus objetos infantiles, hacia quien pueda reaccionar con
emociones e impulsos infantiles, o con defensas contra estos. El analista debe permanecer neutral para hacer
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posible esta transferencia. El no debe responder a la emoción del paciente en la misma moneda. Debe ser capaz de
tolerar el amor, la agresión, la adulación, la tentación, la seducción...etc, sin parcialidad, prejuicios ni disgustos. No
es, en efecto, una tarea fácil ser capaz de, por un lado, sentirse tan profundamente dentro de otra persona como el
analista debe sentirse para poder comprender y, al mismo tiempo, no ser involucrado. Sin tener conciencia de su
propio inconsciente, sus propios modos de resolver conflictos, esto es, sin estar él mismo analizado, el analista no
seria capaz de estar a la altura de estos requerimientos tan difíciles.
Ser neutral en la relación con el paciente, permanecer como pantalla no implica por supuesto que el
analista no se relacione en absoluto con el paciente. Se espera de él que se interese por el paciente, que tenga la
voluntad de ayudarle. El paciente puede gustarle o no. En tanto que estas actitudes son conscientes, no tienen
todavía nada que ver con la contratransferencia. Si estos sentimientos crecen en intensidad podemos estar
ciertamente seguros de que los sentimientos inconscientes del analista, su propia transferencia hacia el paciente
(la contratransferencia) están mezcladas. La antipatía es a menudo una reacción ante un paciente cuando no lo
comprendemos, o puede estar basada en una real y más profunda contratransferencia.
Un interés grande y particularmente sexual puede más a menudo ser entendido también como
contratransferencia. Volveremos a tocar este punto. Una situación en la que el analista se enamora realmente del
paciente no es frecuente. En tales casos la situación no es viable y el paciente debe ser enviado a otro analista.
De este modo, la contratransferencia abarca los efectos de las propias necesidades y conflictos -46-

inconscientes del analista sobre su comprensión y su técnica. En estos casos el paciente representa para el analista
un objeto del pasado hacia el que son proyectados sentimientos y deseos pasados, justo como s+ esto sucediera en
la situación transferencia¡ del paciente con el analista. El factor causal para que esto suceda puede ser algo en la
personalidad del paciente, o en el material que trae, o algo en la situación analítica en sí. Esto es la
contratransferencia propiamente dicha.
Anteriormente al Grupo de Estudio Psicoanalítico de Praga de 1.938, en que estábamos el Dr. O. Fenichel y
yo, y antes de que el Dr. Fenichel hiciera su artículo titulado "Las implicaciones del análisis didáctico"
(mimeografiado por el Instituto Topeka del psicoanálisis), la concepción de contratransferencia estaba
incomprendida en su más amplio sentido. Incluíamos bajo este apartado todas las expresiones del uso del análisis
para el acting-out del analista. Hablamos de acting-out siempre que la actividad del análisis tiene un significado
inconsciente para el analista. Entonces su respuesta al paciente, frecuentemente su manejo total de la situación
analítica, estará motivada por tendencias inconscientes ocultas. Aunque en estos casos los pacientes
frecuentemente no son objetos reales hacia los que se transfiere algo, sino solamente puras herramientas por
medio de las cuales se satisfacen algunas necesidades del analista tales como aliviar ansiedad o vencer
sentimientos de culpa, tenemos que usar el término contratransferencia. Nos parece aconsejable ya que este tipo
de comportamiento está tan frecuentemente mezclado con los efectos de la verdadera contratransferencia, que es
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demasiado esquemático separar los dos grupos. Las cosas más simples en el sentido propio de contratransferencia
son aquellas que ocurren repentinamente bajo circunstancias especificas y con pacientes concretos; estos son, por
así decirlo, manifestaciones agudas de la contratransferencia. Os doy un simple ejemplo que me fue contado
recientemente: Un analista estaba enfermo, con dolor, pero capaz de continuar trabajando con la ayuda de
grandes cantidades de analgésicos. Una de sus pacientes eligió este momento para acusar al analista de
descuidarla, de no dedicarle suficiente tiempo, etc. Las quejas venían derivadas de la persistencia de una demanda
oral agresiva individual. El analista se enfadó mucho con la paciente y tuvo grandes dificultades para reprimir la
expresión de su furia. Lo que había estado sucediendo es obvio. El analista se tomó a mal el que la paciente fuera
capaz de hacerle estas demandas agresivas de atención mientras que él, el analista, se encontraba en una situación
que habría justificado tales demandas, pero tuvo que controlarse. Las demandas inexpresadas entonces tienen
relación con material más profundo que es irrelevante con respecto a esto.
El analista está aquí en una situación especial en la que su equilibrio mental se encuentra perturbado por la
enfermedad. En esta condición, no puede tolerar la paciente que, como un espejo, refleja sus propios impulsos
reprimidos. La reacción contratransferencial se basa en una identificación con la paciente. Identificaciones de este
tipo constituyen una de las formas más frecuentes de contratransferencia.
Otro ejemplo es un joven analista que aún no ha terminado con su propio entrenamiento, se siente
molesto con uno de sus pacientes y siente deseos de deshacerse de él. ¿Por qué? El paciente ha expresado
tendencias homosexuales que el analista no está inclinado a reconocer en él mismo. Otra vez aquí el paciente es
reflejo de algo que resulta intolerable. Los fenómenos de contratransferencia no siempre son modos de
defenderse contra los impulsos, como en estos últimos ejemplos, sino que pueden ser simples impulsos derivados.
Recuerdo el caso de un colega que vino para un segundo análisis porque tenía tendencia a enamorarse de
pacientes jóvenes y atractivas. El análisis reveló que él no estaba realmente interesado en estas mujeres sino en su
identificación con ellas: quería ser amado por el analista y de esta manera gratificar sus fantasías homosexuales
que en su primer análisis habían permanecido sin analizar.
El interés sexual por el paciente, que podría ser llamado la más simple y directa manifestación de la
contratransferencia, es aquí el resultado de una identificación con el paciente. Esto es lo más típico. Muchas de las
tan llamadas "simples" manifestaciones de este tipo son construidas después de este modelo. Los pacientes no son
realmente los objetos de impulsos profundos, sino que reflejan los impulsos del analista como si fueran realizados.
Pero la identificación no es el único peligro. En otras ocasiones, por ejemplo, uno se enfrenta con reacciones
contratransferenciales que están provocadas por el contenido especifico del material del paciente. Por ejemplo
cierto material de un paciente fue entendido por el analista como una representación de la escena primaria. Cada
vez que el paciente tocaba el tema el analista reaccionaba con la reacción defensiva que había desarrollado en la
situación crítica de la infancia: se adormilaba y tenía dificultad para concentrarse y recordar.
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Algunas veces las perturbaciones son de una naturaleza más general, no dependen de ninguna situación
particular del analista ni de material especial. Es la situación analítica en sí y algunos aspectos especiales de la
relación con el paciente lo que hace que el analista se vea perturbado por manifestaciones de contratransferencia.
Por ejemplo, una inclinación a aceptar las resistencias del paciente sin analizarlas posteriormente, un sentimiento
de incapacidad para atacar o analizarlas, estaba basado, en dos casos que observé en el análisis, en una
identificación inconsciente con el paciente simplemente porque estaba en posición de paciente. El analista
expresaba en esta identificación un deseo masoquista pasivo(en un caso homosexual, en el otro, una mujer
analista, uno predominantemente masoquista), de cambiar el lugar con el paciente y estar en la posición pasiva.
Ambos estaban tentados de -47- dejarse ser acosados y maltratados por el paciente. En ambos casos ser un paciente
era una fantasía infantil. Tales manifestaciones, por supuesto, no constituyen fenómenos aislados sino que reflejan
las permanentes dificultades neuróticas del analista. En algunas ocasiones las dificultades en la contratransferencia
son sólo experiencias de un problema general de carácter del analista. Por ejemplo, agresiones inconscientes
pueden hacer que el analista sea excesivamente conciliador, que dude y que sea incapaz de ser firme cuando es
necesario. Sentimientos inconscientes de culpa pueden ser expresados como aburrimiento o impaciencia. Estas
actitudes representan serios obstáculos para el analista.
Otro ejemplo de este tipo es una actitud paranoide que hace que el analista vea la paja en el ojo ajeno para
no ver la viga en el propio. Esto puede degenerar en una proyección completa de sus propios contenidos o puede
permanecer dando al analista una capacidad extraordinaria para desarrollar un sentido del olfato, por así decirlo,
para estos contenidos particulares. Él no las inventa en sus pacientes pero es capaz de desenterrarlas incluso si
existen en mínima cantidad. Obviamente la situación analítica es un campo fértil para tal conducta. Este
mecanismo puede originalmente haber motivado incluso el interés en el análisis. A menudo, sin embargo, la
situación analítica no es el único campo de batalla para estas fuerzas, que se extienden también a otros campos de
la vida. Esta actitud ya no puede ser considerada como un puro fenómeno de contratransferencia propiamente
dicha. Pertenece más bien al grupo de los acting-out, del que hablé anteriormente y del que me gustaría brindar
sólo un ejemplo: Un analista tenía la necesidad de demostrar que él no tenia miedo del inconsciente, de sus
propios impulsos inconscientes. Esto lo conducía a una compulsión de entender el inconsciente intelectualmente,
como si dijera "Oh, yo sé y comprendo todo eso, no tengo miedo." Esto provocó una tendencia a preservar una
distancia de seguridad hacia el inconsciente del paciente, prestándole una ayuda para mantener un aislamiento
intelectual, e indujo al analista a pasar por alto los mecanismos de defensa del paciente como aislamientos. El
propano de este acting-out era, por supuesto, liberar la ansiedad del analista. Estos mecanismos tienen un doble
filo. Trabajan sólo por un cierto tiempo y tienden a venirse abajo cuando la ansiedad es demasiada. El analista,
asustado ante este posible fracaso, se sobresalta ante cualquier emergente emocional o acceso de ansiedad del
paciente y elude cualquier cosa que pudiera ayudar al paciente a alcanzar estados emocionales más profundos.
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Bajo tales condiciones es importante no identificarse él con el paciente en absoluto o, al menos, sólo con las
resistencias, las cuales no son entonces reconocidas como tales sino que son vistas sólo de modo superficial,
interfiriendo seriamente con los cometidos del analista.
La mala relación del analista con su propio inconsciente puede llevar a una duda constante de la veracidad
de las expresiones del inconsciente. Tales dudas son a veces sobrecompensadas con un extraordinario énfasis que
se pone sobre cada pequeño trozo de material inconsciente que puede ser reconocido. Se dan entonces
interpretaciones profundas a modo compensatorio para salvar las dudas del analista, antes de que el paciente esté
preparado para ellas. En otros casos he visto una gran aprensión a las interpretaciones.
Me abstendré de dar más ejemplos de acting-out por no sobrecargar al lector con demasiados detalles.
Pero hay un grupo más que debe ser mencionado. Aquí el analista abusa del análisis para obtener gratificaciones
narcisistas para si mismo.
Una forma específica de este tipo puede ser llamada el toque de Midas. Es como si cualquier cosa que
tocara el analista se convirtiera en oro. Es un curador mágico. Él devuelve la potencia y anula la castración. Sus
interpretaciones son regalos mágicos. Sus pacientes se convierten en genios sólo porque son sus pacientes. Es
evidente cuán grande es la gratificación que un analista puede obtener con esta actitud y cuán peligrosa es. Puede
conducir fácilmente a evaluaciones irreales del paciente, a incapacidad para observar con sensatez, a una excesiva
ambición terapéutica y a hostilidad contra el paciente cuando falla y no le da al analista la gratificación narcisista de
haber sido curado por él. En general, el lento y engorroso proceso del análisis exige mucho de la paciencia y el
equilibrio narcisista del analista. Es obvio lo perjudicial que puede llegar a ser si este equilibrio es inestable, esto es,
si el analista depende de sus pacientes para su abastecimiento narcisista.
Referente a éstas hay actitudes que uno puede llamar pedagógicas. El analista se siente tentado a realizar
los deseos infantiles frustrados de sus pacientes y de este modo enseñarles que el mundo no es tan terrible como
ellos asumieron de pequeños. De esta manera la ansiedad se resuelve, la tranquilidad es dada, en lugar de analizar
realmente la ansiedad. El pasado psicoterapéutico con el cual llegan muchos de nuestros estudiantes recientes a su
entrenamiento analítico presenta frecuentemente tendencias de este tipo. Recuerdo el caso de un colega, por
ejemplo, que respondía constantemente todas las cuestiones que le hacía un paciente acerca de su propia vida
privada. El analista era incapaz de tolerar que una situación de frustración saliese a la luz, lo que habría llevado al
análisis de la situación en la niñez. En su lugar, él tenia que gratificar y tranquilizar al paciente. Era como si le
estuviera diciendo al paciente "Yo no te estoy tratando como tú fuiste tratado, eso -los malos tratos- fueron tus
padres", lo que significa: "Yo no te estoy tratando como me trataron mis padres o mi anterior analista. Estoy
curando lo que ellos dañaron". Algunas veces actitudes pedagógicas como esta pueden subyacer bajo el signo
contrario: "Te trataré como yo fui -48- tratado. Te haré lo que a mí me hicieron". Aquí algo que fue vivido
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pasivamente se transforma en algo que se hace activamente a otra persona. Esto es una de las forma más efectivas
de descargar ansiedad.
No voy a seguir enumerando y describiendo aquí cómo la variedad de perturbaciones posibles del análisis
es un colector de la totalidad de la psicopatología de las neurosis incluidos los trastornos del carácter. En todos los
tipos de conducta en los que la actividad del análisis se usa para extraños propósitos inconscientes, en su mayoría
encaminadas a mantener el equilibrio interno del analista, el paciente, como ya mencioné con anterioridad, no es
un objeto real sino que sólo es usado como herramienta fortuita para solucionar situaciones de conflicto.
Fenichel ha acuñado un término específico para describir esta situación: el paciente es utilizado como un
testigo al que el analista tiene que probar, por ejemplo, que él puede dominar el inconsciente o que él no tiene
motivos para sentirse culpable.
Permítanme que me pare aquí y eche un vistazo hacia atrás. He dado muchos ejemplos tanto de tipos
permanentes como agudos. Esto puede ser debido al material de¡ que yo dispongo, que, después de todo, fue
dado ampliamente por los analistas que venían a analizarse a cuenta de alguna dificultad, pero yo estoy inclinada a
creer que de ello la mayoría de las dificultades en la contratransferencia son de tipo permanente. Es obvio que las
agudas se enfrentan con más facilidad que las otras. Muy a menudo un poco de autoanálisis puede revelar qué
está pasando y brindar una completa solución al conflicto. Las formas permanentes y más generalizadas son
consecuencias de dificultades profundas de la personalidad del analista para las que sólo hay una solución:
completar el análisis. Freud en "Análisis terminable e interminable" aconseja que el analista, tras unos años de
práctica, debería volver al análisis, incluso cuando las dificultades con las que tiene que luchar no son tan serias
como las descritas. Esto es algo que nosotros deberíamos tener en mente.
Las dos formas de manifestaciones de la contratransferencia podrían compararse con síntomas histéricos
incidentales en contraste con permanentes distorsiones de carácter. La tentativa de mantener separadas estas dos
formas de contratransferencia es, por supuesto, esquemática. Como ya dije antes, están comunicadas entre sí.
Sería imposible dar una descripción completa y una clasificación ni tan siquiera de las formas más
frecuentes de la contratransferencia. Esto supondría un estudio de la psicopatología del analista. Estamos más
preocupados por el efecto que estos mecanismos psicológicos tienen en la técnica analítica. Casi todos los
fenómenos mencionados interferirán en la habilidad del analista para entender, responder, manejar al paciente,
interpretar adecuadamente. Pero, por otro lado, el talento y la psicopatología suelen ser dos caras de lo mismo; un
insignificante cambio en catexis puede transformar un mecanismo inconsciente del analista desde una salida de
sus propios conflictos a una valiosa sublimación. Por otra parte, lo que es una condición preliminar para su interés
psicológico y su pericia puede degenerar en un actinq-out.
Me parece aconsejable alcanzar una compresión más estrecha acerca de las condiciones bajo las cuales
estos elementos inconscientes constituyen realmente una base para un adecuado o incluso sobresaliente
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funcionamiento, y cuándo sirven para interferir o al menos complicar la tarea del análisis. Dijimos antes que el
inconsciente del analista es su herramienta. La disponibilidad y la facultad de usar su propio inconsciente en este
sentido, obviamente debe tener alguna motivación profunda en la composición psicológica del analista.
El análisis de estos motivos más profundos que, como ya dijimos, son las bases necesarias para el interés
del analista, nos conducen nuevamente hacia impulsos inconscientes que fueron sublimados en talento
psicológico. Algunas veces este origen personal del interés del analista en su trabajo es discernible claramente
incluso sin análisis. Sé, por ejemplo, de un número de analistas que después de varios años de trabajo, están
todavía fascinados porque se les permite curiosear en los secretos de otra gente (esto es, son voyeurs, satisfacen
así su propia curiosidad infantil). Sorprendentemente, esto es considerado por muchos analistas como un requisito
esencial para el análisis, pero esta curiosidad tiene que ser de una naturaleza especial. Debe estar desexualizada. Si
estuviera aún en relación con la excitación sexual interferiría inevitablemente en el funcionamiento del analista.
Debe estar, además, separada de los objetos originales, y debe ser usada en el interés en comprender la psicología
y sus estudios. En este sentido el proceso en su totalidad se eleva por encima del original nivel del conflicto.
Doy aquí un fragmento del material clínico del análisis de un analista, que arroja alguna luz sobre el
trasfondo psicológico de tal sublimación, y permite una compresión algo más profunda de su estructura. El ejemplo
que he elegido es el de una persona que era capaz, exitosa y que obtenía buenos resultados terapéuticos. La
contratransferencia en este caso, a pesar de tener un origen bastante patológico era, podría decirse, domesticada
y utilizada en beneficio del trabajo. Me limitaré a unos pocos elementos importantes.
Una de las facultades especiales de este analista era su buena capacidad de observación, su habilidad para
captar pequeñas particularidades del comportamiento de los pacientes y comprenderlo correctamente como
expresiones de un conflicto inconsciente. Estaba profundamente interesado en su trabajo.
La génesis de su interés psicológico podría ser reconstruida en análisis como sigue: El Dr. X, desde su
temprana infancia, y sin quererlo, era una y otra vez testigo de las luchas violentas en el desgraciado -49-

matrimonio de sus padres, las cuales le asustaban y producían en él el deseo de reconciliarles; todo este daño era
incomprendido por el niño como una escena primordial sádica. El padre, fuerte y poderoso pero intelectualmente
inferior a la madre, estaba " tearing pieces out of mother” (rompiendo violentamente, destrozando hacia fuera a
la madre). Ella se quejaba siempre de que deseaba evitar sus (dice él) aproximaciones afectivas. El niño sentía a
esta madre restante castrada, enferma, quejosa, y al mismo tiempo excesivamente ambiciosa, y demandando
recompensa de las propias deficiencias de su hijo, el cual tenia que transformarse en algo magnífico para rellenar
las necesidades narcisistas de ella. Demasiado asustado para identificarse con el padre en sus actividades sádicas,
el chico se identificó bastante pronto con la madre y se sintió pasivo y castrado como ella. Un ligero ataque de
poliomielitis en plena fase edipica contribuyo a hacer más profunda esta identificación con la madre. Empezó a
observar su propio cuerpo con la misma ansiedad que había sido observado por la madre, buscando signos de la
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enfermedad. Empezaba ahora a luchar con cualquier chispa de masculinidad, vigor y perfección, que contradijera
su conocimiento interior de su pasividad y de su miedo a la castración. En una regresión parcial comenzó a
interesarse por sus funciones anales, siguiendo a su madre, quien, excesivamente ansiosa, observaba las heces del
hijo en un afán de darle grandes alabanzas cuando era satisfecha. Él ahora se sobrevaloraba tal y como su madre lo
había hecho. En aquel tiempo apareció una fantasía peculiar: él es uno con su madre, como si ambos formaran un
solo cuerpo. Él es, así, la parte más preciosa "de ella", esto es, el pene de ella. Siendo magnifico, tal y como ella
quiere que sea todo su cuerpo, se convierte en un gran pene y así la libra de su castración. Ambos juntos están
completos.
Esta fantasía es la base de su tendencia a la autoobservación, que desde entonces sigue existiendo. En esta
autoobservación él desempeña dos papeles. Se identifica con la madre ansiosa y castrada que lo observa, y al
mismo tiempo se exhibe a si mismo para gratificarla. Este juego narcisista se convierte ahora en una nueva fuente
de autogratificación. Él está orgulloso de su habilidad para observar, de su inteligencia y de sus conocimientos. Sus
pensamientos son producciones mentales de las cuales está tan orgulloso como de sus procesos anales. En este
sentido reconstruye lo que su madre ha perdido. Mediante la autoobservación cura la castración de la madre de un
modo mágico.
Cuando él tenía nueve años nació su único hermano. Esto fue la realización de su deseo de un niño propio
que ya había empezado a destacar en conexión con su interés anal. Desarrolla entonces un interés materna¡ en el
niño, y logra desplazar el interés por su propio cuerpo hacia el niño, y en adelante, hacia otros objetos externos. La
autoobservación se torna en observación de otra gente, y de este modo el juego original, él y su madre, es
reconstruido en proyecciones hacia objetos externos, volviéndose altruista y objetivo. Supera así el necesario
escalón preliminar en el camino hacia la sublimación. Además, se puede apreciar ahora otro desarrollo importante.
Su interés en el hermano pequeño se transforma en un interés psicológico. Recuerda una escena en la que el
pequeño, que no tenia aún dos años de edad, tuvo una rabieta, y se tragó la madera de un mueble. El hermano
mayor, preocupado por la intensidad de la reacción del pequeño, se preguntaba qué hacer. De este modo el
interés que en un principio tenía que ver con lo puramente psicológico se vuelve ahora hacia las experiencias
emocionales.
El interés psicológico de ahora en adelante desempeñará un importante papel en su vida. La decisión de
estudiar medicina y de elegir el psicoanálisis parecen una consecuencia natural de este interés.
Puede concentrar una sublimación estable de sus peculiares esfuerzos. Puede ahora continuar observando
no a sí mismo sino a otra gente. Puede desenterrar sus defectos ocultos y sus signos de castración y usar la técnica
analítica para remediarlo. Tiene un talento especial para comprender el inconsciente de otras personas y sus
resistencias ocultas. En la relación con los pacientes revive su original juego con la madre. Curando a los pacientes
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él mismo se cura y la castración de su madre queda anulada. El paciente curado lo representa a si mismo como un
maravilloso falo que ha vuelto a la madre.
El obvia la gran fuerza narcisista que subyace en ser un buen analista. En esta nueva posición, como un
magnifico analista, representa su más profundo yo ideal como realizado; es una madre fálica.
En un nivel superior, el paciente también representa su hijo, su hermano pequeño, al que quería
comprender para educarlo y ayudarlo.
Las facultades de este analista se basan originalmente en una patología narcisista. Que esté interesado en
un paciente se debe a una proyección de su propio autointerés, pero lo que él observa permanece objetivo y no
representa una proyección de experiencias internas y de fantasías. Esta facultad para observar de modo objetivo
tiene que ver con el hecho de que el Dr. X., a pesar de las inestables fronteras entre él y su madre, había obtenido
una cálida y afectiva relación con ella, y era capaz de relaciones reales con objetos libidinales.
Él ve lo que hay allí y no lo que está dentro de él, aunque su interés por ver y su habilidad para comprender
se basan en su preocupación por sus deficiencias y las de su madre; aunque en lo más profundo quiere ser un
curador mágico, es capaz de contenerse a sí mismo, y asumir el lento proceso de interpretar resistencias, remover
defensas y desenterrar el inconsciente. Se puede decir de este modo que aunque su necesidad de comprender es
el resultado de una fijación patológica a la madre, él ha conseguido -50- sublimar estas necesidades infantiles en
verdadero interés psicológico. Que él desee comprender y curar se debe al pasado. Lo que él entiende, y cómo
intenta curar, se basa en la realidad objetiva. Esto es esencial y representa la diferencia entre acting-out y
sublimación verdadera.
Sé que presentando este breve material clínico no estoy siendo del todo acertada para poder dar luz sobre
los prerrequisitos de esta conclusión. El problema de que una sublimación tenga éxito o no depende de una larga
lista de factores económicos, y estos van más allá de esta discusión. Esto es un problema que, por cierto, no es en
modo alguno específico de este tipo de sublimación.
El deseo de cura y el interés psicológico pueden ser vestigios en este material de construcciones infantiles
específicas. No me siento autorizada a dar por sentado que el deseo de curar esté basado en una situación
conflictiva similar. Una investigación mayor del origen de ese interés en la psicología, y el curar en un sentido más
amplio, sería un desafío.
Lo que nos interesa aquí son las similitudes y las diferencias entre la sublimación que funciona bien y de los
ya mencionados tipos de acting-out. En ambos se realizan profundas necesidades personales. Pero mientras en la
sublimación la realización se consigue a través de una desexualización, esta transformación no tiene lugar en las
formas patológicas de la contratransferencia.
El doble filo de tales sublimaciones es evidente; la intensidad del interés, la especial facultad de
comprender conducen a una alta calidad de trabajo, pero cualquier perturbación del equilibrio psíquico
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puede producir una ruptura de la sublimación, y la satisfacción de necesidades personales se puede
convertir en algo demasiado importante, perturbando la objetividad en la relación con el paciente.
Lo que me gustaría señalar es que en este caso de funcionamiento imperturbado, el interés
psicológico se basa en una compleja contratransferencia que es desexualizada y sublimada, mientras
que en los ejemplos patológicos el conflicto permanece en su situación original y la situación analitica se
usa para descargar los impulsos subyacentes, para defenderse contra ellos o para demostrar que no ha
ocurrido ningún daño como consecuencia de esto.
Quizás podríamos obtener la siguiente conclusión: la contratransferencia es un prerrequisito
necesario en el análisis si no existe el talento suficiente y el interés está ausente. Pero tiene que
permanecer en la sombra, oculta. Puede ser compensada con el papel que el apego a la madre juega en
la elección objetiva normal del hombre adulto. El amor fue aprendido de la madre, cierto rasgo en el
objeto adulto puede conducir a ella, pero normalmente el objeto puede ser visto en su carácter real y
como tal. Una persona neurótica lleva el objeto absolutamente para su madre o sufre porque ella no es
su madre.
En el funcionamiento analítico normal encontramos vestigios del significado inconsciente original
del análisis, mientras el neurótico todavía no entiende adecuadamente el análisis bajo la influencia de
sus fantasías inconscientes y reacciona en función a esto.