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ESTABLECIENDO LAS PRIORIDADES

Pastor: César Castellanos

Cuando Dios me habló acerca del ministerio, ese mismo día me dio el orden de
prioridades que debía tener. Me dijo:

El número uno en tu vida debe ser Dios. Muchos creen en Dios pero no viven
enamorados de Él. Lo que el Señor me estaba enseñando era que yo debía vivir
enamorado de Él. Creer en Dios no es suficiente, los demonios creen en Él y tiemblan.
Dios quiere que le amemos con toda nuestra mente, alma y fuerzas, que desde el
instante que nuestros ojos se abren cada mañana le digamos que estamos
enamorados de Él. Desea que en cada respiración sintamos su presencia, anhela que
podamos tener una intimidad estrecha con Él, y no me estoy refiriendo a la
religiosidad, sino a una relación profunda con el Espíritu de Dios. Muchos por causa de
la religiosidad no han logrado obtener una relación fluída con el Espíritu Santo.

En segundo lugar, tu vida es muy importante, porque es el canal a través del cual
fluye mi Espíritu. Uno debe cuidar mucho de su cuerpo, su mente, sus emociones, sus
sentimientos y de todo su ser. Porque somos el instrumento, el arma en las manos de
Dios y Él necesita una herramienta santificada para poderla usarla.

En tercer lugar, tu familia debe ser modelo. Dios me enseñó que no podía tener
cualquier clase de familia, sino la mejor familia del mundo. Esto implicaba que yo debía
amar con todo mi corazón a mi esposa, a mis hijas y ser un ejemplo para ellas. Sobre
todo, darles siempre el lugar más importante, aún aquel que le daba al ministerio.

Cuando celebramos el día del padre, mi tercera hija me escribió una nota que decía:
“Papi, te doy gracias porque siempre hemos tenido un lugar muy importante en tu
corazón. Gracias por poner a tu familia antes que a la iglesia; si tienes que dejar
cualquier actividad por nosotras, tú lo haces. Gracias por la manera en que nos has
enseñado pues tú y mi madre son un ejemplo para cada una de nosotras”. Aunque
nosotros como líderes cristianos tenemos la gran responsabilidad de alcanzar las
naciones de la tierra con el evangelio de Jesucristo, a veces nos olvidamos que
tenemos una familia, y ¿de qué le sirve a usted que personas de otras naciones se
salven si su familia se ha perdido?”
Recuerdo cuando Dios enfatizó esta enseñanza en mi vida. Recién estábamos
comenzando la obra en Miami, en aquel momento la iglesia tendría unas doscientas
personas. Un domingo llegué a la reunión a las diez de la mañana y habían llegado
unas pocas personas, solo unas 30. Yo estaba por comenzar a incomodarme un poco,
pues estoy acostumbrado a ver grandes multitudes. Estando allí a punto de
desesperarme, comencé a adorar al Señor. Al levantar mi mirada observé: Mi hija
Lorena estaba dirigiendo la alabanza, mi hija Manuela y Sara dirigiendo las danzas, mi
hija Johanna estaba ministrando a unos jóvenes. En ese momento sentí la presencia
del Señor y vi la bendición que era que mi familia estuviese allí, y le dije: “Gracias
Señor, porque si no hubiese una persona más en este lugar, si sólo fueran mis hijas
estaría satisfecho. Te doy gracias porque cada una de ellas vale más que cientos de
miles de personas”. Aquella mañana le agradecí al Señor porque mi familia le sirve.
Querido amigo, Dios les ha confiado la primera célula, su familia. Si usted no puede
salvar su familia, cómo le va a confiar las naciones. Dios anhela traer restauración a las
familias. ¿Por qué los pastores se divorcian en Estados Unidos? Porque la familia no
está ocupando un lugar primordial dentro del ministerio. Volvamos al original, a lo que
nos enseñó el Señor y démosle a la familia el lugar que merece.
En cuarto lugar el ministerio.Aunque la familia está antes que el ministerio, es
importante enter que la familia que formamos debe ser motivada primeramente con
nuestro ejemplo, para que ella luego se desarrolle también ministerialmente. Sé que
en estos tiempos postreros Dios está trayendo un gran despertar espiritual en familias
enteras, donde a diferencia del pasado, éstas no se conforman con sólo ser miembros
pasivos de sus comunidades, sino que hay una gran pasión y anhelo en todos ellos por
extender la obra de Dios.

Por último está el trabajo secular. Estas prioridades tienen un orden muy diferente
a como muchos las administran, pues ponen el trabajo no sólo en primer lugar sino
que también en segundo y tercero. Algunos para poder cumplir con sus obligaciones
tienen tres empleos y esto les absorbe todo el tiempo, sólo pueden dedicarle pocos
minutos a su familia y a Dios lo ponen en último lugar. Debemos entender que el
trabajo es importante, pero cuando éste ocupa el primer lugar produce una fuerte
descompensación espiritual, familiar, física y ministerial.