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Quiero perdonar pero…

Autor: Howard Andruejol Fecha de Publicación: 20/04/2005 10:09

…encuentro muy difícil poner en práctica esta verdad cuando se trata de alguien que me
ha ofendido seriamente. Resulta que uno de mis mejores amigos me traicionó al contar a
otras (muchas) personas un secreto que le había confiado. Le hablé al respecto y me dijo
que no lo hizo con la intención de ofenderme, simplemente no pensó que fuera algo tan
grave. Para mí, sí lo es; y cuando me dijo que le perdonara, no supe qué responder.
Quiero hacerlo, pero no quiero ser hipócrita de decirlo con mi boca y guardar
resentimiento. Ahora me pregunto si realmente es posible esto.

Un amigo me contó una vez que una de sus frases célebres favoritas era acerca del
perdón: "el perdón es la fragancia que aquella flor deja en el talón que la machuca".
Esta me parece una descripción muy buena acerca de cuán difícil y doloroso puede ser
perdonar a alguien, y por supuesto, también me hace pensar en lo grato que es ser
perdonados. Para Dios, esta disciplina es de mucha estima. Por un lado, él mismo la ha
practicado con nosotros, y por el otro, espera que la ejerzamos cada vez que sea
necesario. Así, en la Biblia, él nos da pautas para saber cómo perdonar y mantener
relaciones saludables con los demás.

5 lecciones importantes acerca del perdón en Colosenses.

1. El perdón exige un sacrificio. Todos sabemos cuán difícil es perdonar,


principalmente cuando nosotros no hemos tenido culpa en un problema; somos los
ofendidos, las víctimas. No obstante, mantenernos en esa condición no solamente es
inútil para resolver el problema, sino que contradice el modelo de Dios. Nosotros
teníamos una gran deuda (culpa) delante de Dios. Nosotros, sus enemigos, no podíamos
hacer nada para alcanzar su perdón; como ofensores no teníamos esperanza. Pero Cristo,
por medio de un sacrificio (esfuerzo doloroso, incómodo, vergonzoso, mortal) decidió
hacer algo al respecto (1:14). Tal vez el paso que vas a tener que dar para perdonar a
alguien va a significar "la muerte" en algún aspecto de tu vida. ¿Estás dispuesto(a) a
atravesar por esa vía dolorosa?

2. El perdón persigue la reconciliación. Uno de los propósitos por el cual Dios


decidió perdonarnos de nuestra maldad (de nuestra traición) fue establecer nuevamente
con nosotros una relación de amistad (1:20-22). Es decir, sería demasiado superficial
decir "te perdono" si no permitimos ser nuevamente amigos. Claro, después de una
ofensa todas las relaciones se deterioran y nunca volverán a ser iguales, ¡es probable
que sean mejores! Recuerda siempre dar una oportunidad más; da siempre a la otra
persona "el beneficio de la duda" (o sea, cuando no tengas seguridad si la otra persona
es sincera o no, si te miente o no, si te falló o no, trata de escoger la opción que más le
convenga a la otra persona).

3. Debemos seguir el modelo de Cristo. ¿Qué adjetivos describen mejor el perdón


de Cristo por nosotros? ¿Cómo te sientes al saber que has recibido ese perdón? Ahora
no solamente somos receptores de esa gran noticia, sino también portadores. Tenemos
un ejemplo vivo de la manera en que debemos vivir el perdón (3:13). Casi podemos
decir que no tenemos excusa para mantener la enemistad con otra persona. Si nosotros
comprendemos cuán sorprendente es el perdón de Dios para nosotros, nuestro corazón
deberá ser quebrantado y procurar con "entrañable misericordia" (3:12) hacer lo mismo.

4. Perdonar es anular el acta. Mucho se pregunta si al perdonar podemos olvidar,


anular los recuerdos. Personalmente pienso que esto no es posible (me es muy fácil
olvidar las cosas que no quiero olvidar, pero muy difícil olvidar las que quiero olvidar).
Más bien, aunque recuerde los incidentes pasados, el perdón es eliminar las evidencias y
la condenación por esos actos (2:13,14). Es decir, aunque yo tenga en mi memoria lo
que alguien hizo para ofenderme, ya no tengo "un acta" que le condene; ya le considero
"no culpable" y sin evidencias de su falta. No hay pena, condena, castigo por aquello.
Es probable que todavía vengan ciertos recuerdos y algunos sentimientos contrarios por
aquella persona; deberás lidiar con eso. Pero lo que no puede ver es condenación si hay
perdón.

5. Compórtate como verdadero(a) hijo(a) de Dios. Una de las grandes diferencias


entre aquellos que tenemos un compromiso fiel con Dios debe ser nuestro carácter,
nuestra forma de pensar, hablar y actuar. No se trata simplemente de cambios externos
en nuestra conducta, sino de cambios que nacen de un corazón trastornado por el amor
de Dios. Así, una nueva perspectiva en cuanto a nuestra relación con los demás
constituye una marca que nos distingue (3:7,8). ¡Qué contradictorio es que digamos ser
cristianos y mantenemos odio y rencor en nuestro corazón! Estoy convencido que, a
pesar de lo difícil que pueda ser perdonar a alguien con toda sinceridad, olvidar el "acta
contraria" y mantener una actitud como la de Cristo, hay muy pocas otras cosas que
puedan comunicar un testimonio tan poderoso. ¿Cómo crees que impactará la vida de
otras personas el hecho que tú les perdones "de la manera que Cristo os perdonó"?

Uno de los desafíos más grandes en la vida cristiana es la habilidad de tomar decisiones
fundamentados en nuestro entendimiento de la Palabra de Dios y no en nuestras
emociones. Muchas veces tenemos que escoger cosas que no tenemos ganas de hacer,
pero sabemos que son lo correcto, lo que agrada a Dios. El perdón que regales
gratuitamente a tus amigos cae muy bien en esta categoría de decisiones. Dedica un
tiempo para orar por aquellos que te han ofendido; ora que los sentimientos que tienes
hacia ellos sean sanados por la gracia y que tu actitud esté saturada de santidad.
Recuerda que esta es la voluntad de Dios (Efesios 4:1-3).

¡Que cada día tus relaciones sean bendecidas por Dios!