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Informe de Lectura Nº 4 “Nacionalismo y Construcción de la nacionalidad; Las naciones nacen no se

Informe de Lectura Nº 4

“Nacionalismo y Construcción de la nacionalidad; Las naciones nacen no se construyen”

Seminario de Magíster, ¿Consecuencias del posmodernismo? Nuevos debates

Universidad Nacional Andrés bello. Magíster en Historia. Profesor: M. Elisa Fernández. Doctor en Historia. Alumno: José Luis Riquelme Salazar

Santiago, julio del 2010.

“Nacionalismo y Construcción de la nacionalidad; Las naciones nacen no se construyen”.

La nacionalidad como elemento ordenador del mundo moderno debe de ser uno de los conceptos más estudiados en los dos últimos siglos en el seno de las ciencias humanas, y si en gran parte de la centuria que recién ha concluido pareció que se desgastaba y perdía importancia ante la emergencia y aparente nacimiento de un gran orden mundial impuesto a partir de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, hoy a dos décadas de su derrumbe ha demostrado estar en plena vigencia y seguir siendo un elemento cohesionador de las sociedades contemporáneas. “¿Debió ser previsto todo esto? En 1983, yo escribí que la Unión Soviética era “tanto el legado de los Estados prenacionales dinásticos del siglo XIX como la precursora de un orden internacionalista del siglo XXI”. Pero, habiendo seguido las explosiones nacionalistas que destruyeron los vastos reinos políglotas y poliétnicos que fueron gobernados desde Viena, Londres, Constantinopla, París y Madrid, yo no pude ver que la fila continuaba al menos hasta Moscú.” 1 Benedict Anderson es muy claro en esta apreciación, ya que construir una gran nación sustentada por una ideología atenta contra el sentido de pertenencia y principalmente de diferencia con respecto al otro que tienen los ciudadanos de las naciones que van siendo subyugadas a partir, por ejemplo de la intromisión de la URSS en la Europa del Este. Pero, ¿Qué es nacionalidad, nación y nacionalismo?, ¿Qué hace que tantas personas estén dispuestas a matar e incluso a morir en su nombre?, ¿De donde nace este sentimiento de pertenencia tan profundo? Dar una respuesta de manera satisfactoria a estas interrogantes, es de gran dificultad, ya que estas son múltiples y escasamente coincidentes en sus conclusiones finales. Dentro del marco de las diversas interpretaciones, relativas a la temática del nacionalismo y la construcción de la nacionalidad las conclusiones aportadas por Benedict Anderson parecen ser de las más minuciosas y esclarecedoras para dilucidar la problemática de la nacionalidad en sus diversas manifestaciones. Para este autor ha sido muy complejo obtener una definición operativa del concepto nación debido a que este presenta tres grandes paradojas:

“1)La modernidad objetiva de las naciones a la vista del historiador, frente a su antigüedad subjetiva a la vista de los nacionalistas” 2 . Este pasado inmemorial habría sido creado como

una manera de mantener la cohesión de la “idea nación” entre los ciudadanos y que estos se sintiesen todos herederos de él. Es así como se enseña, aun, en las escuelas chilenas que “somos todos portadores de la indómita sangre araucana”, emulando a un pueblo que fue aplastado por el Estado Chileno y al cual, inclusive, el gobierno de José Miguel Carrera había transformado en símbolo de la nueva nación en la denominada Patria Vieja, algo paradójico si se piensa que los Mapuches de la Araucanía se sintieron más cercanos al bando realista que al patriota.

“2)La universalidad formal de la nacionalidad como un concepto sociocultural –, frente a la particularidad irremediable de sus manifestaciones concretas ” ... “3)El poder “político” de los nacionalismos, frente a su pobreza y aun incoherencia

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filosófica” 4 . El nacionalismo no tiene un sustento teórico aportado por algún gran pensador, a diferencia del liberalismo o del marxismo. Aun, así, de estos tres “ismos” es el único que no

  • 1 Anderson, Benedict. “Comunidades imaginadas: reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo”. México, D.F., Fondo de Cultura Económica, 1993, p. 11.

  • 2 Ibíd, p. 22.

  • 3 Ibíd, p. 22.

  • 4 Ibíd, p. 22.

ha colapsado en algún momento desde su advenimiento, esto tal vez se deba, a que, al no poseer una doctrina que lo modele, el nacionalismo se ha constituido como un ente maleable y acomodable a los nuevos tiempos. Anderson define a la nación como “Una comunidad políticamente imaginada como inherentemente limitada y soberana” 5 , a lo que agrega; “Es imaginada porque aun los miembros de la nación más pequeña no conocerán jamás a la mayoría de sus compatriotas,

no los verán ni oirán siquiera hablar de ellos, pero en la mente de cada uno vive la imagen de su comunión” 6 , además se concibe como nación soberana en contraposición al sistema absolutista que la precedía, en la cual la soberanía era atribución del monarca, que la ejercía sobre sus súbditos y su territorio. Por último la nación se imagina a sí misma como comunidad, pese a la desigualdad y la explotación que existe entre muchos de sus habitantes. Resulta impresionante observar en un conflicto armado como fue la guerra de Malvinas a comienzos de la década de 1980, como tanto adherentes a la Dictadura Argentina como detractores partían al frente en nombre de la nación. Entonces cabe preguntar; ¿De donde emano este apego e identificación tan grande por algo imaginado hace poco más de dos siglos? En un primer acercamiento se podría creer que la “idea nación” nace en forma coincidente con la ascensión de la burguesía al poder político al finalizar el siglo XVIII, en los comienzos de lo que Eric Howsbawm ha llamado el siglo diecinueve largo, como un instrumento de esta clase social para perpetuar y reproducir su poder, pero para Anderson el origen de esta concepción es bastante anterior y esta supeditada a tres grandes factores que son: La fragmentación de la comunidad religiosa, El decaimiento del reino dinástico y la aparición del capitalismo impreso.

“No hay emblemas de la cultura moderna del nacionalismo más imponentes que los

cenotafios y las tumbas de los soldados desconocidos” 7 , en esta aseveración, el nexo existente entre la imaginería religiosa y la nacionalista queda al descubierto. Ningún otro “ismo” se preocupa de la muerte ni de la inmortalidad, no existe el “espíritu marxista” o el “alma liberal”, pero es muy recurrente escuchar discursos, noticias o conversaciones que apelan en forma emocionada al “espíritu de la nación” o a el “alma nacional”. La imaginería religiosa establece en los hombres una continuidad, con respecto a la vida terrenal, que es representada por la existencia de un “mas allá”. La imaginería nacionalista crea su propia continuidad establecida por la creencia arraigada entre los ciudadanos de la existencia de un pasado inmemorial y el seguro advenimiento de un futuro ilimitado, en este sentido, “La magia del nacionalismo es la conversión del azar en destino” 8 . Las comunidades religiosas se constituyen a partir de cuatro grandes sistemas religiosos como son el budismo, el islamismo, el cristianismo y el confucianismo, todos ellos poseedores de una lengua sagrada que no es del uso común de todos los mortales. En este sentido el gran poder del Papado, de los altos dignatarios e incluso del bajo clero europeo radicaba en el manejo del lenguaje y de la escritura de “Dios”, de esta forma, se constituían en los intermediarios entre el cielo y la tierra, siendo una especie de traductores que transmitían en latín, a “Dios”, lo que los feligreses le comentaban en lengua vernácula. De esta manera todo lo ajeno a la comunidad religiosa a la cual un sujeto pertenecía, representaba el mal. Este argumento fue hecho propio por el Nacionalismo al extrapolar esta

  • 5 Anderson, Benedict. “Op. cit”, p. 23.

  • 6 Ibíd, p. 23.

  • 7 Ibíd, p. 26.

  • 8 Ibíd, p. 29.

división del mundo, que era un reflejo de las concepciones del “mas allá”, entre bien y mal. Antes se escuchaba “ir y combatid al infiel”, hoy un personaje como lo es G. Bush llama a los estadounidenses a “luchar contra el eje del mal”, es decir que el “espíritu de guerra santa” se ha mantenido intacto hasta hoy. La concepción del “nuestro” como la encarnación del bien y del “otro” como la encarnación del mal es una herencia del imaginario de la comunidad religiosa. La comunidad religiosa comenzara su desintegración debido a dos grandes motivos. El primero de ellos es consecuencia del ensanchamiento de los horizontes del hombre, a raíz del descubrimiento de nuevos mundos a partir del siglo XV, lo que hizo más evidente el espíritu de diferenciación con el “otro”, no es lo mismo el civilizado español con el salvaje indígena, aunque los dos sean cristianos. La otra razón que provoco la fragmentación de la comunidad religiosa fue la aparición del capitalismo impreso, lo que trajo una baja en la escritura del latín a cambio de una profusión de la publicación de libros en lengua vernácula. “En una palabra, la caída del latín era ejemplo de un proceso más amplio en el que las comunidades sagradas, integradas por antiguas lenguas sagradas, gradualmente se fragmentaban, pluralizaban y territorializaban”. 9 Por otra parte en la medida que se difundía el cristianismo, aunque parezca contradictorio, también propiciaba su disgregación y diferenciación, en lo que podría ser un “protogermen” de las iglesias nacionales; “El cristiano asumió su forma universal a través de una mirada de especificaciones y particularidades: este relieve, esa ventana, este sermón, ese cuento, este drama moralizante, esa reliquia. Mientras el clero transeuropeo que leía el latín era un elemento esencial de la estructuración de la imaginación cristiana, la mediación de sus concepciones ante las masas analfabetas, mediante creaciones visuales y auditivas, siempre personales y particulares, no era menos vital”. 10 En este contexto las concepciones religiosas adquirían diferentes matices y variaban según la comunidad que la profesara. En lo que concierne al Reino Dinástico su legitimidad radicaba en su origen divino y sus mecanismos de expansión eran fundamentalmente la guerra y la política sexual. Por esta misma razón a los súbditos no les importaba mayormente el origen de sus gobernantes, puesto que estos pertenecían a su misma comunidad religiosa y el que gobernasen era también voluntad divina. Por ejemplo en Inglaterra, “Resulta característico el hecho de que no ha habido una dinastía “inglesa” reinante en Londres desde el siglo XI (si acaso)” 11 . Después de la Revolución francesa la mayoría de las monarquías se convertirán lentamente en un símbolo de la nación, en su calidad de instituciones con un pasado sagrado e inmemorial, ambas cualidades muy requeridas en la configuración y reproducción del nacionalismo. ¡Tal vez! la perdida de la figura del Rey, halla sido una problemática bastante importante para los nacientes Estados Latinoamericanos, su carácter sagrado otorgaba cohesión y también, porque no decirlo, sumisión. De hecho los primeros gobernantes del Chile independiente gobernaron bajo la figura del Director Supremo, cargo que tenía atribuciones casi monárquicas. Por esta misma razón, fue urgente para los nuevos Estados Americanos la creación de símbolos patrios que dieran identidad a la nación. Ya se ha establecido la importancia, que para Anderson, tuvo la comunidad religiosa y el reino dinástico en la conformación de las naciones, “Sin embargo, sería miope la concepción

9 Anderson, Benedict. “Op. cit”, p. 39.

  • 10 Ibíd, p. 44.

  • 11 Ibíd, p. 41.

de las comunidades de naciones imaginadas como algo que simplemente surgió de las comunidades religiosas y los reinos dinásticos para sustituirlos” 12 . En el seno de la comunidad religiosa resulta imposible para el imaginario de la misma, la concepción de una noción muy habitual para el hombre contemporáneo como es, el “mientras tanto”, de manera tal que la idea de simultaneidad, de lo que le ocurre al “sujeto ajeno a mi entorno más cercano”, se constituía en una forma de percepción que era exclusiva de “Dios”. Esto se debía a la existencia de una idea arraigada, al interior del imaginario de la comunidad” de estar viviendo el final de los tiempos como una consecuencia de la creencia de que todo lo que la Biblia dice es profético y parece, también, ya haber ocurrido, en este sentido el pasado es la sombra del futuro y no existe cabida para el presente. Solo con la aparición del capitalismo de imprenta comenzó una transformación vital para la creación de la concepción de simultaneidad. “Podrá entenderse mejor la importancia de esta transformación, para el surgimiento de la comunidad imaginada de la nación si consideramos la estructura básica de dos formas de la imaginación que florecieron en el siglo XVIII: la novela y el periódico. Estas formas proveyeron los medios técnicos necesarios para la “representación” de la clase de comunidad imaginada que es la nación” 13 . Imposible no mencionar aspectos novedosos que dan cuenta de la creación de la idea de simultaneidad en novelas modernas como lo es la obra magna de Cervantes “El ingenioso hidalgo, don Quijote de la Mancha”, como por ejemplo la narración del combate entre “el caballero de la triste figura” y el vizcaíno, en donde en medio de la confrontación la escena es congelada para dar referencias sobre la vida de este último, y de esta manera crear un nexo entre los dos personajes, además de jugar con el tiempo y el espacio de un modo, antes, insospechado. Otra virtud de los autores de novelas consiste en concebir, en la forma de una “comunidad imaginada” a todos los personajes del mundo que da vida a su relato, esta atribución antes exclusiva de la divinidad, es traspasada a los lectores de las novelas. A fines del siglo XVIII y comienzos de la centuria decimonónica cobran vida las primeras novelas nacionalistas, en las cuales las referencias a los lugares, paisajes, olores, climas y caracterización de los personajes de dichas obras narrativas están presentes en el imaginario colectivo de los lectores de la comunidad a la cual pertenece el autor, un ejemplo típico en Chile son las obras de Alberto Blest Gana. Si la aparición de la novela fue un hecho significativo y exponencialmente importante en la conformación de la “idea nación”, ¡que decir del periódico!; En la portada de estos están ilustrados imágenes de sujetos y lugares, que sin la existencia de este medio, no habrían tenido jamás ni la más mínima de las conexiones. En “El Mercurio” del día domingo 11 de julio de 2010 aparecen en sus portadas las siguientes noticias: “Intenso temporal deja a la Región de Aysén bajo metro y medio de nieve”, “Lluvia amenaza el eclipse en Isla de Pascua”, “El reencuentro de Felipe Camiroaga y Karen Doggenweiler” 14 . ¿Que tienen que ver entre sí los sujetos que protagonizan dichas noticias? Que pese a la distancia de miles de kilómetros que los separan y los diferentes problemas que los aquejan en ese día, son todos chilenos, comparten una misma nacionalidad. Tan impresionante es la influencia del periódico que en cierta manera ha venido a llenar espacios dejados por antiguos ritos religiosos en concordancia con esto “Hegel observó que los periódicos sirven al hombre moderno como un sustituto de las plegarias matutinas. La

  • 12 Anderson, Benedict. “Op. cit”, p. 43.

  • 13 Ibíd, pp. 46, 47.

  • 14 El Mercurio, Santiago de Chile, Domingo 11 de julio de 2010.

ceremonia se realiza en una intimidad silenciosa, en el cubil del cerebro. Pero cada comunicante está consciente de que la ceremonia está siendo repetida simultáneamente por miles (o millones) de otras personas en cuya existencia confía, aunque no tenga la menor

noción de su identidad” 15 , ahora cabe preguntarse ¿Qué creencias querían arraigar los redactores de estos periódicos? y ¿Quiénes eran los que podían leerlos? Al responder estas interrogantes queda al descubierto lo nocivas que pueden haber sido las pretensiones nacionalistas para los sectores analfabetos en América Latina y que beneficiosas para aquellos que ostentaban el poder. En definitiva el aporte más significativo de “Comunidades Imaginadas”, es la estructuración de un largo proceso, siguiendo los términos acuñados por Fernando Braudel, de formación de las naciones. Este proceso, habría tenido su punto de partida con la conformación de la comunidad religiosa, que arraigo en el imaginario colectivo nociones tan importantes como la preocupación por el destino y la concepción del “nuestro” como la encarnación del bien y del “otro” como la encarnación del mal, de esta forma existe la idea generalizada de que la nación esta destinada a la perpetuidad porque en sí misma vela por el bien común de todos sus habitantes y esta por sobre las otras naciones. En el reino dinástico existía la noción de que el monarca absoluto tenía un poder que emanaba de lo divino esto trajo tras de sí nociones tan penetrantes en las sociedades modernas como son el sentimiento de que la nacionalidad es algo sagrado . Para finalizar de forma redonda este proceso de conformación de la “idea de nación”, es fundamental el apoyo prestado por el capitalismo de imprenta como un instrumento que dio vida a las lenguas nacionales, estandarizando las lenguas vernáculas, creando nexos y diferenciaciones entre los sujetos pertenecientes a una comunidad u otra, lo que a la larga derivo en el nacimiento de los Estados Nacionales a la usanza que se conoce hoy en día. Es innegable el aporte entregado por Anderson al entendimiento de la construcción de la nación moderna, pero no es menos cierto también, que deja un gran manto de duda en lo relativo a la manera en la que se originan las Naciones Latinoamericanas, en donde la imprenta no tuvo mayor difusión por no decir que casi no existía y en donde se sabe que el monopolio español jamás fue tan efectivo, ya que el contrabando era una practica arraigada entre criollos y peninsulares y de la cual se beneficiaban, muchas veces, incluso las autoridades coloniales. Lo cierto es que en la América Española surge un sentimiento de diferenciación por parte de los criollos que no tiene que ver, en forma exclusiva al menos, con problemas de estructura económica, pero, lo más probable, es que con estas nuevas sensibilidades no halla bastado para fundar naciones, por lo mismo el “sentimiento nación” surge en Chile solo en un sector muy acotado y privilegiado de la población en el siglo XIX y ha ido integrando a más sujetos en la medida en que se les ha hecho sentir parte importante de la misma, aunque estos ritos de integración nacional solo sean protocolares y al servicio de los mismos que crearon la nación, si es que lo hicieron alguna vez.

15 Anderson, Benedict. “Op. cit”, p. 60.