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Das Rheingold

El Oro del Rhin

Preludio al Anillo del Nibelungo

Richard Wagner
Personajes

Título Original:
El Robo del Oro del Rhin

Prólogo en un Acto de El Anillo del Nibelungo

Libreto:
Richard Wagner

Tiempo:
Legendario

Lugar:
El Rhin y el país circundante

Presentada primero en Munich el 22 de Septiembre de 1869

DIOSES
Wotan, Gobernante de los Dioses (barítono)
Donner, Dios del Trueno (barítono)
Froh, Dios del Arcoiris (tenor)
Loge, Semi-dios del Fuego (tenor)

DIOSAS
Fricka, Diosa del Matrimonio (mezzo-soprano)
Freia, Diosa de la Juventud y el Amor (soprano)
Erda, Diosa de la Tierra (contralto)

RHINEMAIDENS (Doncellas del Rhin. También conocidas como Las Tres Hijas del Rhin)
Woglinde (soprano)
Wellgunde (mezzo-soprano)
Floßhilde (contralto)

NIBELUNGOS
Alberich, Rey de los nibelungos (bajo-baritono)
Mime, Hermano de Alberich (tenor)

GIGANTES
Fasolt (bajo)
Fafner (bajo)
Preludio
y
Escena Primera
[En el fondo del Rhin]

[Un verde crepúsculo, iluminado por arriba, oscurecido


abajo. La parte superior de la escena se completa con agua
que se mueve desasosegadamente en forma de corriente de
derecha a izquierda. Hacia la parte baja, el agua se
transforma en fina bruma, de modo que el espacio, de la
altura de un hombre, desde el escenario, se ve libre de agua
que flota como una sucesión de nubes por encima de las
melancólicas profundidades. Por doquier hay cuestas
empinadas con rocas que sobresalen y que circundan el
escenario. Todo el terreno está cascado por una salvaje
confusión de pedazos aserrados por lo que no hay lugares
nivelados, mientras que en otras ubicaciones la oscuridad
indica otras fisuras profundas]

[Se levanta el telón. Las aguas estan en movimiento.


Woglinde nada graciosamente dando círculos alrededor de la
roca central.]

Woglinde
Weia! Waga! ¡Tu ola, vaga por el río! ¡Déjate llevar por el
aire hasta tu cuna!
¡Wagalaweia!
¡Wallala, weiala, weia!

Wellgunde
[Desde arriba]
Woglinde, ¿estás de guardia tú sola?

Woglinde
Si Wellgunde se queda, ya seremos dos.

Wellgunde
[Nada hacia la roca]
Déjame ver como mantienes la guardia.

Woglinde
[Se le escabulle nadando]
¡A salvo de ti!

[Juegan a perseguirse entre ellas]

Floßhilde
[Desde arriba]
¡Heiaha, weia!
¡Vosotras alocadas hermanas!

Wellgunde
¡Nada, Floßhilde!
¡Woglinde se escapa!
¡Ayúdame a impedir que huya!

[Floßhilde nada en medio de ellas]


Floßhilde
No guardáis muy bien el oro durmiente; vigilad mejor el
lecho del que duerme u os arrepentiréis de vuestro juego.

[Con grutis de felicidad se separan nadando. Floßhilde


intenta atrapar a una y luego a la otra; ellas se le escapan, y
luego, juntas la siguen. Con gritos de alegría nadando como
peces por entre las rocas]

[Alberich las observa, desde una roca a la que subió del


oscuro abismo, con creciente placer]

Alberich
¡He, he, Ninfas!

[Las doncellas se detienen al escuchar a Alberich]

¡Qué bonitas sois, deseables criaturas! Me acercaría a


vosotras desde la noche de Nibelheim, si fuerais amables
conmigo.

Woglinde
¡Hey! ¿Quién anda por ahí?
Floßhilde
Alguien nos llama desde la oscuridad.

[Mientras nadan más abajo, ven al nibelungo]

Wellgunde
¡Mirad quién nos está escuchando!

Woglinde; Wellgunde
¡Pfui! ¡Qué horrible!

Floßhilde
[Nadando rápidamente hacia arriba]
¡Guardad el oro! Nuestro Padre ya no avisó de tal enemigo.

[Las otras dos la siguen para reunirse en la roca central]

Alberich
¡Vosotras! ¡allá arriba!

Las Tres Hijas del Rhin


¿Y tú qué quieres, allá abajo?

Alberich
¿Os interrumpo vuestro juego si me quedo aquí y os miro en
silencio? Si os metierais en el agua, podríamos jugar y hacer
broma, y eso sería suficiente diversión para un Nibelungo.

Woglinde
¿Quiere jugar con nosotras?

Wellgunde
Debe haberse vuelto loco.

Alberich
¡Qué relucientes y rubias os hace esta luz! ¡Cómo me
gustaría abrazar a una de vosotras, sílfides, si os dejarais
caer hasta aquí abajo!

Floßhilde
¡Ahora me río de mis temores! Nuestro enemigo está
enamorado.

Wellgunde
¡Achacoso bribón!

Woglinde
Le daremos una lección.

Alberich
¡Baja ya!

Woglinde
Acércate a mí.
[Woglinde se deja hundir hacia la parte alta de la roca, la
base que Alberich ha alcanzado.]

Alberich
[Apresuradamente]
¡Guijarros lisos, sucios y escurridizos! ¡Cómo resbala!
Ni con las manos, ni con los pies podré cazar o agarrar a
esas deliciosas anguilas. La humedad se me ha metido por la
nariz: ¡malditas sean las ganas de estornudar!

[Llega hasta donde esta Woglinde]

Woglinde
[Riéndose]
Aquí llega estornudando un esplendoroso pretendiente.

Alberich
¡Sé mi novia, encantadora niña!

[Intenta abrazarla]

Woglinde
[Evitándolo]
Si quieres cortejarme, házlo aquí.

[Alberich se rasca la cabeza. Woglinde se pasa a otra roca]

Alberich
¡Oh, querida! ¿Huyes de mí? ¡Regresa! Para mí fue difícil
llegar hasta aquí, pero para ti te ha sido tan fácil.

[Woglinde llega a una tercera roca, aún más lejana]

Woglinde
Baja hasta el fondo. Seguro que allí me atraparás.

Alberich
[Dándose prisa en bajar]
Mejor será que baje.

Woglinde
Y ahora ¡vayamos para arriba!

[Ella se impulsa hacia una roca más elevada, a un lado]

Wellgunde y Floßhilde
[Ríen]
¡Ja, ja, ja, ja…!

Alberich
¿Cómo puedo atrapar en su vuelo a este tímido pez?
¡Espera, falsa criatura!
[Mientras trata apresuradamente de subir, Woglinde se
dirige a otra roca más abajo]

Wellgunde
¡Ay, querido! ¿No me oyes?

Alberich
[Volteando]
¿Me estás llamando?

Wellgunde
Déjame que te de un consejo: persígueme a mí, y evita a
Woglinde.

[Alberich se apresura a gatear sobre el terreno en busca de


Wellgunde]

Alberich
Tú eres aún más encantadora que esa tímida muchacha que
brilla menos y es demasiado resbaladiza. Sólo has de
sumergirte un poco más, si quieres satisfacerme.

[Hundiéndose en el agua va y se coloca un poco cerca de él]

Wellgunde
¿Ya estoy lo bastante cerca de ti?

Alberich
No lo suficiente. Entrelázame con esos finos brazos para que
así, yo pueda tocarte el cuello y jugar con tus trenzas.
Déjame que acaricie y abrace con pasión tus firmes senos.

Wellgunde
¿Acaso estás embrujado y con ansías de amor? Veamos,
hermoso, qué aspecto tienes ¡Pfuí! ¡Duende, horroroso y
peludo! Enano negro, moteado y sulfuroso, búscate una
novia a la que le gustes.

[Alberich intenta abrazarla por la fuerza]

Alberich
Aunque mi rostro no sea de tu agrado, te tengo presa en mis
brazos.

Wellgunde
Pues, mejor será que aprietes o me escaparé nadando.

[Wellgunde nada hacia la roca central rapidamente]

Woglinde y Floßhilde
[Riéndose]
¡Ja, ja, ja, ja, ja…!
Alberich
[Profiriendo gritos de ira hacia Wellgunde]
¡Niña mentirosa! ¡Frígida, pez que sólo tiene espinas! Si yo
no te resulto encantador, guapo y travieso, de piel brillante y
alegre… vete a coquetear con las anguilas si yo te resulto
aborrecible.

Floßhilde
¿Por qué estás refunfuñando, gnomo? ¿Ya te has desa-
nimado? Has hecho la corte a dos de nosotras. Si se lo pidie-
ras a la tercera, ella te daría dulce consuelo.

Alberich
¡Qué canción más reconfortante me cantas! ¡Qué bien que
seáis más de una! Con tantas que hay, a alguna le he de
gustar; una sola no me querría. Si quieres que te crea,
deslízate hasta aquí abajo!

Floßhilde
[Mientras se sumerge y nada hacia él]
¡Qué insensatas sois, hermanas, por no pareceros atractivo!

Alberich
[Aproximándose velozmente hacia ella]
Debo pensar que son tontas y odiosas pues, desde que te he
visto, tú me pareces la más hermosa.

Floßhilde
¡Oh, sigue cantándome tan dulce y finamente: ¡cómo embe-
lezan tus encantadoras palabras a mis oídos!

Alberich
[Confiado, la acaricia]
Mi corazón se para, se estremece y se desgasta al oír
cumplidos tan exquisitos.

Floßhilde
[Con gentil resistencia]
¡Tus encantos son una bendición para mis ojos, tu tierna
sonrisa me refresca el espíritu!

[Lo atrae tiernamente hacia sí]

¡Hombre encantador!

Alberich
¡La más dulce de las doncellas!

Floßhilde
¡Si fueras amable conmigo!

Alberich
¡Podría abrazarte por siempre!
Floßhilde
[De modo ardiente]
Tu mirada marchita, tu barba picante. ¡Cómo podría mirarla
y agarrarla por siempre! Floßhilde por siempre debería
acariciar los fuertes mechones de tu pelo erizado! ¡Oh, cómo
podría yo, asombrada y sin habla, ver y oír tan sólo tu forma
de renacuajo y tu voz de rana!

[Woglinde y Wellgunde se han acercado a ellos]

Woglinde y Wellgunde
[Riéndose]
¡Ja, ja, ja, ja …!

Alberich
[Parándose, alarmado]
¿Os estáis riendo maliciosamente de mi?

Floßhilde
[Alejándose velozmente de él]
¡Así de fácil acaba la canción!

[Va a reunirse con sus hermanas]

Woglinde y Wellgunde
[Riéndose]
¡Ja, ja, ja, ja, ja…!

Alberich
[Con voz gimiente]
¡Dios mío, Dios mío! ¡Qué triste! ¡Qué triste! La tercera que
era tan amable. ¿Cómo ha podido defraudarme? ¡No sois
más que un grupo despreciable, malicioso, lascivo y
diabólico! ¿Acaso os alimentáis tan sólo de mentiras, Ninfas
desleales?

Las Tres Hijas del Rhin


Wallala!
Lalaleia! Leialalei!
¡Heia! ¡Heia! ¡Haha!
¡Qué vergüenza gnomo!
No te vayas refunfuñando allá abajo. ¡Escucha lo que te
decimos miserable muchacho! ¿Por qué no abrazaste fuerte
a la muchacha que amabas? Nosotras somos fieles y no
engañamos al pretendiente que haya de conseguirnos. ¡Sólo
tienes que tender la mano y no tener miedo! En el agua no
escaparemos con facilidad.
¡Wallala! ¡Lalaleia! ¡Leialala!

[Las ninfas nadan de aquí para alla, de arriba a abajo,


incitando a Alberich a que las persiga]
Alberich
¡Cómo me quema y enrojece en mis miembros la ardiente
pasión! Una furia y un amor salvaje y poderoso me levantan
los ánimos. Aunque os riáis y mintáis, yo os deseo y anhelo y
una de vosotras ha de rendirse ante mi.

[Con esfuerzo, comienza a perseguirlas, primero a una,


luego a otra. Ellas lo evaden y se ríen burlonamente. Con
gran agilidad sube por las rocas.]

[Repentinamente, tropieza y cae. Vuelve a subir para volver


a la persecución. Sin aliento y lleno de rabia, apunta su puño
firmemente cerrado hacia las doncellas]

¡Ojalá mi puño pudiera coger a una de ellas!

[Se queda mudo un momento y algo llama poderosamente su


atención. Una luz cada vez más brillante penetra hasta el
fondo a través de las aguas, y cuando toca la roca central,
una mágica luz dorada resplandece sobre las aguas
circundantes.]

Woglinde
¡Mirad hermanas! El sol naciente hace sonreír a las profun-
didades.

Wellgunde
A través de las aguas verdes, da la bienvenida al que duerme
tan encantadoramente.

Floßhilde
Ahora le besa los párpados para que sus ojos se abran.

Wellgunde
Mirad cómo sonríe en la luz brillante.

Woglinde
Ahí entre las aguas fluye el rayo luminoso.

Las Tres Hijas del Rhin


[Nadando alrededor de la roca]
¡Heiajaheia! ¡Heiajaheia! ¡Wallalallalala, leiajahei!
¡Oro del Rhin! ¡Oro del Rhin!
¡Alegría radiante! ¡De qué manera tan brillante y grande te
ríes! Brillo ardiente dejas a tu paso.
¡Heiajaheia! ¡Heiajaheia!
Despiértate, amigo, despiértate contento. Mara-villosos
juegos jugamos para ti. El río tiembla, las aguas arden y
nosotras nos sumergimos junto a ti, cantando y bailando,
bañándonos solemnemente alrededor de tu lecho.
¡Oro del Rhin! ¡Oro del Rhin!
¡Heiajaheia! ¡Wallalaleia, heiajahei!
[Con creciente regocijo, las doncellas nadan alrededor de la
roca. El agua centellea con dorada luz]

Alberich
[Mirando el resplandor del oro]
¿Qué es eso, criaturas de piel brillante, que tanto brilla y
resplandece allí?

Las Tres Hijas del Rhin


¿Dónde has estado oculto, patán, que nunca has oído hablar
del Oro del Rhin?

Wellgunde
¿Acaso el gnomo no sabe nada de los ojos dorados que ora
duermen, ora despiertan?

Woglinde
¿De la maravillosa estrella de las profundidades del Río que
grandemente resplandece entre las olas?

Las Tres Hijas del Rhin


¡Mira con que alegría nos deslizamos por su rayo luminoso!
Si, tú cobarde, quieres bañarte en él, tendrás que nadar y
disfrutar con nosotras.
Wallalalala leialalei!
Wallalalala leiajahei!

Alberich
¿Son vuestros juegos submarinos el único fin del oro? A mi,
me sería de nula utilidad.

Woglinde
La pureza del oro no despreciarías si conocieras todas las
maravillas que contiene.

Wellgunde
La Riqueza del mundo podría ser para aquél que con el Oro
del Rhin confeccionara un anillo que le otorgaría un poder
incalculable.

Floßhilde
Así nos lo contó nuestro padre, y nos ha ordenado que, con
inteligencia, guardáramos el brillante tesoro, para que
ningún embustero lo robara de las aguas: así que, callaos,
banda de cotorras.

Wellgunde
Oh tú, la más inteligente de las hermanas, ¿En serio nos
acusas? ¿No sabes a quién únicamente podemos entregar el
oro para que lo forje?
Woglinde
Sólo a aquél quien solemnemente abjure del poder del amor,
a aquél que renuncie a todos los placeres del amor, sólo
aquél recibirá la magia para forjar un anillo con el oro.

Wellgunde
Entonces, estamos a salvo y por tanto, no debemos
preocuparnos por nada, porque todo aquello que posee vida,
desea amar: nadie se liberaría de los grilletes del amor.

Woglinde
Y él, el gnomo lujurioso, menos que nadie. De ansia amorosa
él podría consumirse.

Floßhilde
Yo no le temo, cuando lo encontré, el deseo de su amor casi
me quemó.

Wellgunde
Con su modos sulfurosos, en las oleadas del agua hubo gran
siseo por el frenesí del amante.

Las Tres Hijas del Rhin


¡Wallala! ¡Wallaleialala!
Queridísimo gnomo ¿Tú no te ríes? ¡Bajo la luz dorada, tu
belleza brilla! ¡Venga, estimado, ríete con nosotras!
¡Heiajaheia! ¡Heiajaheia!
¡Wallalalala leiajahei!

[Mientras ellas nadan de arriba a abajo, Alberich tiene la


mirada fija en el oro. En ningún momento perdió detalle de
todo lo que, precipitadamente, mencionaron las doncellas]

Alberich
¿Por este hechizo podría ser para mí la riqueza del mundo?
¿Si no puedo conseguir el amor, podría de manera astuta,
conseguir la felicidad?

[Con una voz terriblemente alta]

¡Seguid riendo! ¡El Nibelungo está muy cerca de vuestro


juguete!

[Sañudo, sube gateando presuroso en dirección a la cima de


la roca central. Las ninfas se separan gritando y nadan hacia
arriba por lados diferentes.]

Las Tres Hijas del Rhin


¡Heia, heia! ¡Heiajahei!
¡Ponéos a salvo! ¡El gnomo se ha vuelto demente! Las aguas
forman remolinos allí donde él pisa: El amor le ha
trastornado!
[Con un último brinco, Alberich llega a la cima]

Alberich
¿Todavía no tenéis miedo? ¡Pues, vayan a coquetear en la
oscuridad, húmedas criaturas!

[Alarga el brazo para alcanzar el oro]

¡Yo apago vuestra luz, arranco el oro de la roca y forjo el


anillo de la venganza! ¡Que las aguas lo escuchen: Yo
maldigo al amor!

[Con gran fuerza, arranca el oro de la roca y se lanza hacia


las profundidades donde desaparece. Una densa oscuridad
desciende de modo repentino sobre la escena. Las doncellas
nadan en persecución del ladrón]

Floßhilde
¡Detente, ladrón!

Wellgunde
¡Salva el oro!

Woglinde, Wellgunde
¡Socorro, socorro!

Las Tres Hijas del Rhin


¡Aflicción, aflicción!

[El agua se hunde con ellas. Desde lo profundo se escucha la


risa chillona de burla de Alberich]

[Las rocas desaparecen en la pesada oscuridad y todo el


escenario se llena de arriba a abajo de olas de agua obscura,
que en momentos parece hundirse.]

[Las olas se han transformado gradualmente en nubes que


poco a poco se vuelven ligeras y que finalmente se dispersan
en fina bruma]

[Mientras la bruma se eleva para formar pequeñas nubes, un


espacio abierto sobre la montaña se hace visible en el
crepúsculo. En un lado, sobre una loma florida, yacen Wotan
y Fricka, uno junto al otro. Ambos duermen.]
Escena
Segunda
[El telón se levanta]

[Un espacio abierto en la cima de una montaña. La luz de la


alborada ilumina brillantemente un castillo que se yergue en
la parte alta de un risco. Hay entre este risco y la parte
frontal, un profundo valle por donde fluye el Rhin. Wotan y
Fricka duermen. Fricka se despierta y su mirada se planta
en el castillo.]

Fricka
[Alarmada]
¡Wotan, esposo mío, despierta!

Wotan
[Soñando]
La entrada sagrada del placer tiene verjas y puertas que me
guardan: honor de hombre, eterno poder, tiende tu mano a
la fama sin límites.

Fricka
[Agitándolo]
¡Levántate! Deja de soñar con placenteras ilusiones.
¡Despierta esposo y reflexiona!

Wotan
[Despertando e incorporándose un poco, observa el castillo]
¡La eterna tarea ha sido terminada! Sobre la cima de la
montaña se alza la fortaleza de los dioses: ¡Gloriosamente se
contonea el resplandeciente edificio! ¡Tal como lo imaginé
en mis sueños, tal como lo deseé, fuerte y hermoso se
muestra; majestuoso, maravilloso edificio!

Fricka
Lo que a tí te produce alegría a mí me causa miedo. La
fortaleza a ti te causa placer, y yo temo por Freia. Hombre
poco precavido, recuerda el precio estipulado. La fortaleza
ya está terminada y ahora hay que pagarla. ¿Acaso has
olvidado lo que prometiste?

Wotan
Bien conozco lo que estipularon aquellos que construyeron
esta fortaleza. Fue mediante un contrato que llegué a domi-
nar a esa raza de rebeldes esclavizados y les ordené cons-
truir para mí esta gloriosa morada. Ahora, ahí se alza,
gracias a su fuerza. Y por el precio, tú no tienes porque
preocuparte.
Fricka
¡Oh, imprudencia sin freno que hoy te ríes de nosotros! Si
yo hubiera estado enterada de tu contrato, habría evitado
el fraude. Pero, vosotros los hombres nos mantienen
deliberadamente a las mujeres a distancia, para no tener
que escucharnos y así poder, con toda la tranquilidad,
ofrecernos a los gigantes. Después, sin ningun asomo de
vergüenza y sin reflexionar ni un solo momento, se te
vino a ocurrir ofrecerles a Freia, mi encantadora hermana, y
te alegraste mucho con el malvado trato. Hombres duros,
¿Qué tenéis de sagrado y de valor cuando perseguís el poder
con tanta ansia?

Wotan
[Tranquilamente]
¿No era esa misma ansia de poder que Fricka me demos-
traba cuando ella misma me suplicaba que construyera el
edificio?

Fricka
El preocuparme por tu fidelidad me hace reflexionar con
tristeza, cómo conservarte a mi lado, cuando te vas de mi a
tierras lejanas: una espléndida casa, repleta de muebles
preciosos, te verías obligado a quedarte y descansar. En
cambio tú, cuando la edificaste, sólo pensabas en defensas
y murallas, que aumentarían tu dominio y poder, pero en
vez de construir un hogar creaste una razón más para el
conflicto y el disturbio de los que siempre tuve el deseo de
apartarte.

Wotan
[Sonriendo]
Esposa, aunque quisieras mantenerme en la fortaleza, debes
aceptar que, como un dios, incluso confinado en el castillo,
debo abatir el mundo exterior. Oscilante y cambiante es el
amor de todos los que tienen vida. Este es un pasatiempo al
que nunca renunciaré.

Fricka
¡Esposo desagradable y poco cariñoso! ¿Serías capaz de
tirar, con burla blasfema, el amor y el valor de una mujer,
para ganar poder y dominio, que no son más que juguetes
sin valor?

Wotan
Cuando te conseguí por esposa, tuve que renunciar a uno de
mis ojos para cortejarte. ¡Qué ridículo es que te propongas a
discutir conmigo ahora! Yo honro a las mujeres incluso más
de lo que a ti te gustaría. Y en cuanto a la querida Freia, no
renunciaré a ella. Nunca tuve la intención de hacerlo.
Fricka
[Con la mirada hacia afuera del escenario]
Pruéba lo que dices entonces y protégela ahora: mira que
indefensa, viene corriendo hasta aquí, en busca de ayuda.

Freia
[Entrando apuradamente]
¡Ayúdame, hermana! ¡Protégeme, cuñado!
Desde aquellas montañas, Fasolt me amenaza con venir a
buscarme.

Wotan
¡Deja que siga amenazando! ¿No has visto a Loge?

Fricka
¡Siempre prefieres confiar en ese estafador! Muchas malas
pasadas nos ha hecho, y él te sigue entrampando.

Wotan
Cuando el simple coraje es suficiente, nunca pido nada a
nadie. Pero cuando hay que sacar provecho de los celos
hostiles, sólo se puede recurrir a la astuta sutileza del hábil
Loge.
El me convenció de que hiciera el trato, y me prometió que
libraría a Freia: ahora sólo puedo confiar en él.

Fricka
¡Y él te ha dejado en la estacada! Los gigantes se acercan a
grandes zancadas: ¿dime qué ha sido de tu astuto ayudante?

Freia
¿Dónde están mis hermanos cuando necesito de su ayuda
ahora que mi cuñado, me abandona en mi debilidad?
¡Ayúdame, Donner! Aquí, ven aquí, ¡Rescata a Freia, mi
Froh!

Fricka
[Dirigiéndose a Wotan]
Te traicionaron con un pacto malvado y ahora se esconden.

[Fasolt y Fafner, de gran estatura, entran, con pesados


mazos en las manos]

Fasolt
Suavemente cerraste tus ojos soñolientos, al tiempo que
nosotros dos, sin dormir nada, construimos la fortaleza.
Trabajando duro, pero sin cansarnos nunca, pudimos
amontonar una gran cantidad de piedras: una torre alta, una
puerta y una verja cubren y enclaustran la entrada del
esbelto castillo.

[Apuntando al castillo]
¡Brillante y luminoso bajo la luz del alba, ahí se alza lo que
hemos levantado para ti: Pero antes de que puedas entrar a
el, deberás pagarnos lo que nos adeudas!

Wotan
¡Decid un precio: buena gente!
¿Qué tenéis pensado pedirme?

Fasolt
Ya te exigimos antes lo que consideramos era apropiado.
¿Cómo puedes tú tener tan vaga memoria? A Freia la rubia,
Holda la libre, habíamos acordado que nos llevaríamos a
casa.

Wotan
[Rápidamente]
¿Le ha entrado aire a vuestra cabeza con vuestro trato? Ya
podéis ir pensando en otra recompensa, pues yo no puedo
vender a Freia.

[Por un momento, Fasolt queda sin habla, arturdido e


iracundo]

Fasolt
¡Ja! ¡Qué estás diciendo? ¿Estás planeando traicionarnos?
¿Traicionar nuestro acuerdo? ¿Acaso los símbolos de un
pacto sellado son para ti como las marcas de tu lanza, tan
sólo una broma?

Fafner
¡Queridísimo hermano!, ¿te das cuenta ahora, estúpido, del
engaño?

Fasolt
Tú, hijo de la luz, que eres fácil de persuadir, escucha y vete
con cuidado: ¡manténte fiel a tu pacto! Lo que eres no es
más que gracias a los pactos. Tienes cualidades para el
poder y lo dispensas bien. Nos ganas en astucia y en
inteligencia, y nos obligaste a nosotros, que éramos libres,
a mantener la paz. Pero maldeciré todos tus conocimientos
y he de renunciar a tu paz, si no sabes o no puedes aceptar,
de una manera noble y libre, cómo mantenerte fiel a un
pacto sellado. Un gigante estúpido te da este consejo;
apréndelo de mí, como ya anteriormente aprendiste uno.

Wotan
¡Qué astuto resulta tomarse tan en serio lo que tan sólo
pactamos en broma! ¿De qué os serviría a vosotros, brutos,
la encantadora diosa, radiante y luminosa?
Fasolt
¿De nosotros te burlas? ¡Oh, qué injusticia! ¡Vosotros, raza
gloriosa y resplandeciente que gobernáis gracias a vuestra
belleza, con cuanta vanidad anheláis torreones de piedra, y a
cambio de una fortaleza concedéis la belleza de una mujer
como prenda! ¡Cómo podríamos nosotros con nuestros
torpes trabajos y nuestras manos callosas y sudorosas,
conseguir una mujer rubia y gentil que quiera vivir con no-
sotros pobres criaturas! ¿Y ahora te atreves a invalidar el
trato?

Fafner
[Hablando a Fasolt]
¡Deja ya de decir tantas baboadas! De ese modo jamás
llegaremos a ninguna parte. ¡La custodia de Freia tiene
algún valor, pero más lo tiene apartarla de los dioses!

[Con voz apagada:]

Manzanas doradas maduran en su jardín, y nadie más que


ella sabe cómo darles cuidado. El comer de esa fruta bendice
a los de su raza con eterna e inmutable juventud. Pero esa
juventud floreciente empezará a decaer, enferma y pálida, y
débiles y ancianos desaparecerán, si no tienen a Freia.

[Bruscamente]

Por esa razón, no permitirá que sea secuestrada.

Wotan
[Para sí]
Loge se retrasa demasiado.

Fasolt
Decídete rápido.

Wotan
Pensáos otra recompensa.

Fasolt
No queremos ninguna otra:
sólo a Freia.

Fafner
¡Tú, síguenos!

[Fasolt y Fafner apremian a Freia. Donner y Froh hacen su


entrada]

Freia
¡Ayudadme! Salvadme de este par de brutos.
Froh
[Tomando a Freia con sus brazos]
¡Ven a mí, Freia!

[Dirigiéndose a Fafner]

¡Aléjate de ella, asqueroso!


¡Froh protegerá su belleza!

Donner
[Colocándose entre los dos gigantes]
Fasolt y Fafner. ¿Acaso no habéis probado todavía el pesado
golpe de mi martillo?

Fafner
¿Para qué nos amenazas?

Fasolt
¿Por qué nos presionáis? No hemos venido a buscar pelea,
sino lo que por derecho es nuestro.

Donner
Muchas veces os he pagado por vuestro trabajo.
¡Venid aquí y dejad que ahora os pague lo que os merecéis
con el peso de mi generosa mano!

[Balanceando su martillo]

Wotan
[Estirando su lanza entre los que discuten]
¡Deténte salvaje! ¡No hagas nada por la fuerza!
¡La punta de mi lanza protegerá el pacto!
¡Guárdate tu martillo!

Freia
¡Oh, que horror y aflicción me acongoja!
¡Wotan me abandona!

Fricka
¿Oigo bien lo que dices, hombre cruel?

[Wotan ve a Loge que se acerca]

Wotan
¡Aquí está Loge, por fin!
¿Has venido corriendo para mantener tu promesa y cancelar
sin problemas el trato?

[Loge surge del valle]


Loge
¿De qué cosas me estás hablando? ¿Qué trato he hecho yo?
¿hablas del trato que tú pactaste con los gigantes durante
el concilio? Por mi propia voluntad vivo en los abismos y las
alturas; casa y hogar no entran en mis intereses.
Donner y Froh sí piensan en alojamiento y vivienda. Si ellos
decidieran casarse se conformarían con una simple casa,
claro. Pero, ¡una casa majestuosa, un poderoso castillo, eso y
nada más era lo que Wotan deseaba! Casa y patio, entrada y
castillo, la noble fortaleza ya está terminada… y mira que
es fuerte. Yo mismo comprobé el radiante muro, y pude
examinar con sumo cuidado si en su totalidad era firme y
segura. Hallé a Fasolt y Fafner dignos de confianza: ni una
sola piedra se mueve. A diferencia de otros de por aquí, yo
no me estuve sin hacer nada. ¡Ese que está tumbado ahí es
el que se la pasa acusándome de holgazán!

Wotan
Con que astucia evitas contestarme. Vete con cuidadito si
no quieres traicionar mi confianza. De entre todos los
dioses, yo soy tu único amigo; yo te acogí cuando los demás
no se fiaban de ti. Ahora es menester que empieces a abrir
la boca y me aconsejes inteligentemente. Bien conoces que
no fue otra cosa que el juramento que tú me hiciste de
liberar a la noble prenda, lo que me empujó a dar mi consen-
timiento, cuando los constructores del castillo, me pidieron
a Freia como pago por su trabajo.

Loge
Planear con sumo cuidado como liberarla: eso es lo que
prometí. Pero, que yo mismo encontraría aquello que ni tan
sólo existe ni nunca puede ser alcanzado: ¿cómo podría pro-
meter nadie tal cosa?

Fricka
[Dirigiéndose a Wotan]
¡Te diste cuenta en que granuja tan traicionero has confiado!

Froh
Te llamas Loge, pero yo te llamo mentiroso.

Donner
¡Llama maldita, yo extinguiré tu brillo!

Loge
Para encubrir su deshonra, los imbéciles abusan de mí.

[Donner amenaza con golpear a Loge]

Wotan
[Caminando para colocarse entre ambos]
¡Dejad a mi amigo en paz! Desconocéis el arte de Loge.
Mucho ha de valer su buen consejo cuando tanto se demora
en darlo.
Fafner
¡Ya estuvo bueno de charlas! ¡Pagad de una vez!

Fasolt
Este pago se está retrasando mucho.

[Wotan voltea a ver a Loge]

Wotan
[Apremiado]
¡Ahora, escúchame, cabezón!
¡Mantén tu palabra!
¿Dónde has estado yendo de aquí para allá?

Loge
¡Ingratitud es siempre la recompensa de Loge! Sólo me he
preocupado por ti, he buscado y registrado, con febril obse-
sión todos los rincones de la tierra, para encontrar a Freia
una sustituta que agradara a los gigantes. Busqué en vano, y
ahora lo veo todo con mucha claridad: no hay nada en toda
la esfera de todos los mundos que sea tan apreciado por los
hombres, que pueda sustituir el valor y la belleza de una
mujer.

[Todos muestran asombro y perplejidad]

Allí donde había vida y aliento, en tierra, en mar y en aire,


allí pregunté a muchos; por todos y cada uno de los rincones
pregunté, donde fuera que las fuerzas de la naturaleza se
movieran y las semillas fermentaran: ¿qué podrían consi-
derar los hombres pueda ser más poderoso que la belleza y
el valor de una mujer?
Pero nada que tuviera vida y aliento se rió de mi astuta
pregunta: en tierra, en mar y en aire, nadie renunciaría
jamás al amor, ni mucho menos a las mujeres hermosas.

[Variadas emociones]

Empero, solamente a un hombre pude ver que había jurado


aborrecer el amor: todo a cambio de resplandeciente oro. Sí,
era un hombre que había renunciado a los favores de una
mujer. Las transparentes Hijas del Rhin me contaron su des-
gracia: el Nibelungo, Alberich el de la Noche, en vano bus-
caba los favores de las sirenas; y entonces el ladrón les arre-
bató el Oro del Rhin como venganza: ahora él lo considera
su más valiosa posesión, incluso más noble que los encantos
de una hermosa mujer.
Por su radiante juguete, robado de las profundidades del
río, las sirenas se quejaron ante mí: a ti, Wotan, apelan
para que el ladrón responda por su hurto

[Con creciente calidez]


y devuelva el oro a las aguas, y que este permanezca en
compañía de ellas para siempre. Yo tuve a bien prometerles
a estas ninfas que te informaría de tales sucesos: ahora,
Loge, ha cumplido la palabra empeñada.

Wotan
¡Si no eres malvado eres un tonto! Ves que tengo mis
propios problemas: ¿cómo puedo ofrecer ayuda a otros?

Fasolt
[Después de escuchar atentamente, se dirige a Fafner]
Le envidio ese oro al gnomo. El Nibelungo siempre nos ha
hecho mucho daño pero, con astucia, el enano siempre se las
arregla para escapar de nuestras garras.

Fafner
Nuevas fechorías contra nosotros planeará el Nibelungo, si
el oro le otorga tan magnífico poder. Tú Loge, dinos sin
mentir: ¿Cuál es la gran utilidad del oro, que el Nibelungo
atesora?

Loge
No es más que un juguete en las profundidades del agua,
una alegría para niños sonrientes, pero si con él se forjara
un anillo, aquel que lo poseyera adquiriría el mayor de los
poderes y se haría con el mundo.

Wotan
[Pensativamente]
Del Oro del Rhin he oído el rumor: amuletos de fortuna se
esconden en el interior de su llama brillante; se pueden
hacer innumerables tesoros y poder con un anillo.

Fricka
[Dirigiéndose a Loge calladamente]
¿Podría utilizarse el brillante metal del dorado juguete como
hermosos ornamentos para las mujeres?

Loge
La fidelidad del marido podría controlar una esposa, que con
elegancia, llevara puestas las gemas brillantes, que resplan-
decen como si enanos las hubieran forjado esclavizados por
el anillo.

Fricka
[Hablando cariñosamente a Wotan]
¿Podría mi marido conseguir este oro para sí mismo?

Wotan
[Pareciendo estar bajo un hechizo]
Me parece sensato hacerme con el anillo. Pero Loge, ¿cómo
puedo aprender el arte de la forja de ese metal?
Loge
Una runa de mágico hechizo convierte el oro en un anillo.
Nadie la conoce, pero si hay alguien que lo podría conse-
guir es aquel que renuncie al amor sublime.

[Wotan desvía la mirada malhumorado]

Tú, prefieres no hacerlo, y por otra parte, ya es demasiado


tarde para ti. Alberich no lo dudó ni un instante. Sin ningún
miedo se hizo con el control del hechizo: el anillo pasó a
ser de su propiedad.

Donner
[Dirigiéndose a Wotan]
Su absoluto poder nos haría esclavos del enano si no se le
arrancara el anillo.

Wotan
Debo poseer el anillo.

Froh
¡Tan fácil es! Sin necesidad de renunciar al amor.

Loge
[Con aspereza]
¡Juego de niños! ¡No se necesita mi astucia!

Wotan
¡Pues aconseja cómo!

Loge
¡Robándolo! Se le hurta al ladrón lo que el ladrón robó.
¿Acaso existe otra manera más sencilla de conseguir pro-
piedades? Pero con siniestras defensas, Alberich guarda y
protege su oro. Debes actuar con inteligencia y vasta suti-
leza si quieres traer al ladrón ante la justicia y devolver a las
Hijas del Rhin su brillante chuchería,

[Cálidamente]

el oro, pues eso es lo que ellas te suplican.

Wotan
¿Las Doncellas del Rhin? ¿Díme qué tiene de bueno ese
consejo?

Fricka
No quiero saber nada de esa progenie acuática: a más de
un hombre –muy a mi pesar- han seducido con sus
cachondos baños lujuriosos.

[Wotan permanece mudo, una pugna hay en su interior. Los


demás dioses le observan sin proferir palabra. Mientras
tanto Fafner habla con Fasolt]
Fafner
[Hablando a Fasolt]
Créeme, con ese oro brillante ganamos más que con Freia.
También adquiere juventud eterna aquél que controle la ma-
gia del oro.

[El comportamiento de Fasolt muestra que se siente con-


vencido en contra de su voluntad. Fafner y Fasolt se apro-
ximan a Wotan]

Escucha, Wotan, lo que nosotros, que estamos esperando


nuestra recompensa, te decimos: Freia se puede quedar en
paz aquí contigo. He conseguido acordar un simple pago:
a nosotros, que somos gigantes ordinarios, nos basta con
el oro brillante del susodicho Nibelungo.

Wotan
¿Se les ha caido el cerebro al suelo? ¿Acaso creen ustedes
que os puedo ofrecer aquello que no poseo, muchachos
desvergonzados?

Fafner
Resultó muy extenuante construir esa fortaleza de ahí: a ti te
resultará más fácil, con habilidad y fuerza (que nosotros
jamás hemos tenido en los combates) vencer al Nibelungo.

Wotan
[Apresurándose]
¿O sea que por vosotros debo yo esforzarme en derrotar al
gnomo? ¿Por vosotros debo capturar al enemigo? Mi deuda
os ha convertido en idiotas, sin vergüenza y demasiado
avariciosos.

[Fasolt toma a Freia y la lanza al lado de Fafner]

Fasolt
¡Ven aquí, muchacha! Estás en nuestro poder. Ahora
síguenos como rehén hasta que nos paguen por tu rescate.

Freia
[Gritando]
¡Oh, oh, oh!

Fafner
¡Apartáos de aquí! ¡Dejad ahora que nos la llevemos! Hasta
la noche - escuchad bien – nos la quedaremos como rehén.
Volveremos. Pero cuando volvamos, si el rescate, el brillante
y resplandeciente Oro del Rhin no está ante nosotros …

Fasolt
…entonces, se habrá acabado el tiempo. Freia será la
prenda: nos seguirá por siempre.
Freia
[Dando de alaridos]
¡Hermana! ¡Hermanos!
¡Salvadme! ¡Ayudadme!

[Freia es alejada del lugar por los gigantes que se retiran


presurosamente]

Froh
¡Vamos, ayudenla!

Donner
¡Perezcan todas las cosas!

[Observan a Wotan inquisitivamente]

Freia
[A la distancia, fuera de vista]
¡Salvadme!
¡Ayudadme!

Loge
[Siguiendo a los gigantes con la mirada]
¡Con dificultad van ellos subiendo las colinas y bajando los
valles! Entre los vados del Rhin los gigantes se van abriendo
paso. Infeliz, Freia va colgando de sus ásperas espaldas.
¡Heia, hei! ¡Los dos patanes se mueven pesadamente! Con
pasos vagos atraviesan el valle. En la frontera con
Riesenheim, harán su primera parada.

[Voltea a ver a los dioses]

¿Por qué está Wotan tan pensativo? ¿Qué les pasa a los
gloriosos dioses?

[Una densa y pálida niebla comienza a levantarse en el


escenario. Todos se ven lívidos y miran afligidos a Wotan que
observa pensativo el suelo]

¿Acaso me engaña la niebla? ¿Me está tomando el pelo un


sueño? ¡Qué temerosos y pálidos os habéis vuelto de
repente! No hay color en vuestras mejillas, se os ha
apagado el brillo de los ojos. ¡Anímate, Froh, mira que
aún es pronto! De tu mano, Donner, se te cae el martillo.
¿Qué le ocurre a Fricka? ¿No le gusta el gris entrecano de
Wotan que, de repente, le hace parecer mayor?

Fricka
¡Dios mío, oh, Dios mío! ¿Qué ha ocurrido?

Donner
Mi mano se debilita.
Froh
¡Mi corazón deja de latir!

Loge
¡Ahora comprendo todo! Escuchad lo que os hace falta. Éste
día no habéis comido la fruta de Freia, las doradas
manzanas de su jardín os hacen vigorosos y jóvenes
cuando las coméis cada día. Pero ahora, se han llevado a la
guardiana del jardín como prenda, y en las ramas, la fruta
se seca y marchita. Pronto se pudrirá y caerá. A mí me
fastidia lo menos. Freia siempre fue mezquina conmigo al
negarse siempre a concederme la preciada fruta, porque no
soy más que la mitad de lo que sois vosotros, gloriosos
dioses.

[Sin restricción, rápida y ásperamente]

Sin embargo, os lo jugasteis al todo por el todo con el fruto


que rejuvenece. Los gigantes bien lo sabían. Apostaron todos
por vuestras vidas, y ahora tratan de mantener la apuesta.
Sin las manzanas, anciana y pálida, canosa, marchita y
digna de compasión morirá la raza de los dioses, ¡un chiste
que hará reír a todo el mundo!

Fricka
[Con ansiedad]
Wotan, mi Señor, hombre desafortunado ¡Mira cómo tu risa
frívola nos ha traído a todos nosotros abuso y deshonra!

Wotan
[Con repentina determinación]
Ven Loge, descenderás conmigo. A Nibelheim iremos; conse-
guiré el oro.

Loge
Oye, fueron las Hijas del Rhin las que apelaron a ti. ¿Crees
que les gustará tener compañía?

Wotan
[Violentamente]
¡Calla, charlatán! Freia, toda bondad, ha de ser liberada.

Loge
Si tú lo ordenas, con placer te obedeceré yendo directo:
¿Iremos por las peñas siguiendo el Rhin?

Wotan
¡No, no seguiremos el Rhin!

Loge
Entonces vayamos por esa grieta sulfurosa: atraviésala
conmigo.
[Va primero por la grieta. Después, un vapor sulfuroso se
levanta]

Wotan
El resto quedáos aquí hasta la noche: la juventud os
devolveré con el oro redentor.

[Entra por la grieta siguiendo a Loge. El vapor sulfuroso


comienza a llenar el escenario con espesas nubes. Quienes
permanecen ahí, pronto son cubiertos]

Donner
¡Adiós Wotan!

Froh
¡Buena suerte! ¡Buena suerte!

Fricka
Regresa pronto a los brazos de tu ansiosa esposa.

[El vapor pronto se torna en una nube negra y se convierte


en un oscuro abismo rocoso. Un resplandor rojizo aparece
en varios lugares a la distancia. Un clamor como de forja
aumenta, escuchándose por todos lados. El ruido de metales
se desvanece paulatinamente. Aparece un abismo
subterráneo que llena la escena por completo y parece
abrirse en estrechas grietas por todos lados.]
Escena
Tercera
Nibelheim

(Una cueva subterránea).

[Albericha arrastra a Mime que va chillando]

Alberich
¡Hehe! ¡hehe!
¡Aquí, aquí! ¡Hábil enano! Te haré mucho daño si no acabas
de hacer a tiempo la delicada y laboriosa tarea que te
ordené.

Mime
[Aullando]
¡Ohe! ¡Ohe! ¡Ay, ay! ¡Déjame! Ya está listo, tal y como tu lo
ordenaste; ya está acabado, con mucho esfuerzo y sudor.

[Con tono agudo]

¡Sácame las uñas de las orejas!

Alberich
¿Por qué dudas tanto y no me lo enseñas?

Mime
Yo, pobre de mí, dudaba por si faltaba algo.

Alberich
¿Acaso no está listo?

Mime
[Avergonzado]
¡Pues más o menos!

Alberich
¿Cómo que “más o menos”? Dame lo que hayas hecho.

[Intenta agarrarlo por las orejas de nuevo, pero Mime,


aterrorizado, deja caer una pieza de metal forjado que
sostenía en sus convulsas manos. Alberich lo levanta y
examina cuidadosamente]

Mira, granuja, todo forjado y preparado tal como te lo


ordené. ¿Acaso el pobre desdichado quería engañarme y
quedarse con el espléndido objeto que mi astucia le enseñó a
forjar? Ladrón idiota, ¿te he descubierto?
[Se coloca el yelmo Tarnhelm]

Mi cabeza se ajusta al casco. ¿Funcionará el hechizo?

[Hablando en voz baja]

"La noche y la niebla, visibles para nadie"

[Alberich se desvanece. En su lugar se ve una columna de


bruma]

¿Me puedes ver hermano?

Mime
¿Dónde estás? No te veo.

Alberich
[Invisible]
Pues al menos siénteme, villano gandul. ¡Toma esto por
haber querido robarme!

[Mime siente el flagelo pero no lo ve]

Mime
¡Ohe! ¡Ohe! ¡Ay, ay, ay!

Alberich
[Riendo estando invisible]
¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Gracias, imbécil.
Has conseguido hacer un buen trabajo. ¡Hoho, hoho!
Vosotros, todos los Nibelungos, de ahora en adelante os
inclinareis ante Alberich. Él está presente en todas partes,
y os está observando. Ya habéis descansado y reposado lo
suficiente. Ahora, debéis trabajar para él, cuando no le
podéis ver; y cuando menos le esperéis, estad alerta por si
acaso aparece. Por siempre seréis sus súbditos.

[De modo cruel]

Escuchad cómo se acerca el Señor de los Nibelungos.

[La columna de vapor se dispersa en el fondo del esenario.


La voz de Alberich se desvanece. Mime se encoge lleno de
temor y dolor. Loge y Wotan bajan de una grieta en la roca]

Loge
Aquí está Nibelheim. ¿Qué es esa brillante ráfaga de luz
que resplandece entre la pálida niebla?

Mime
¡Ay, ay, ay!
Wotan
Alguien está gimiendo allí.
¿Quién se halla sobre el suelo?

Loge
[Inclinándose hacia él]
Tú, monstruo
¿por qué estás lloriqueando?

Mime
¡Ohe! !Ohe!
¡Ay, ay!

Loge
¡Hola, Mime, alegre enano!
¿Qué es lo que tanto te atormenta y duele?

Mime
¡Déjame en paz!

Loge
No sólo te dejaré en paz con gusto, sino que, además,
escúchame bien, también haré algo para ayudarte, Mime.

[Con dificultad lo ayuda a incorporarse]

Mime
¿Quién puede ayudarme?
Debo obedecer a mi propio hermano que me tiene
encadenado.

Loge
¿Qué le dio el poder para encadenarte, Mime?

Mime
Con habilidad astuta, Alberich se frabricó un anillo, con el
amarillo Oro del Rhin. Frente a su poderosa magia
temblamos de asombro. Con él, se impone sobre todos
nosotros, la nocturna raza de los Nibelungos. Tiempo atrás,
como despreocupados herreros, fabricábamos los adornos
para nuestras mujeres, maravillosas joyas, y hermosos
juguetes para los Nibelungos; con alegría nos reíamos de
nuestro trabajo. Pero ahora el villano nos obliga a meternos
en cuevas para trabajar solamente para él. Gracias al oro
del anillo, su avaricia descubre dónde, entre las grietas, se
esconden nuevos filones de oro. Nosotros tenemos que
buscarlos, encontrarlos y picarlos para extraer el oro; fundir
lo que hallamos y forjar las piezas sin descanso ni reposo
para aumentar el tesoro de nuestro amo.

Loge
¿Y es tu holgazanería lo que ha provocado su enfado?
Mime
¡Por todos los cielos, pobre de Mime! A mí me destinó la
tarea más dificultosa. Me pidió que le soldara y forjara un
casco, y me dio órdenes precisas de cómo hacerlo. Observé
bien el extraordinario poder que la pieza poseía y que, con
el metal, había logrado construir. Después planeé quedarme
con el casco para que de ese modo, gracias a su magia,
poder escapar de la tiranía de Alberich. Sí, quizá así, por
ventura, podría burlarme de sus exigencias, atraparlo en mi
poder, arrancarle el anillo y, como ahora soy esclavo de su
voluntad,

[Amargamente]

liberarme y convertirme en su amo y señor.

Loge
¿Y cómo es que, tan sabio que pareces, tu plan no resultó?

Mime
¡Ay! Porque aunque lo intenté, no recité bien el hechizo que
me habría permitido vencerle. El que me ordenó el trabajo y
después me lo arrancó de las manos, me ha enseñado -¡Oh,
Dios mío!- demasiado tarde, cuales son las habilidades que
posee el casco. Desapareció de mi vista. Más, para suerte o
desgracia, sin ser visto, puede dirigir un golpe contra el
ciego que no puede verle.

[Llorando y sollozando]

¡Y, tonto que soy, ese es el pago por mis penurias!

[Se soba la espalda. Wotan y Loge rien]

Loge
[A Wotan]
He de admitir que nuestra captura no resultará fácil.

Wotan
Pero, el enemigo se rendirá si tu astucia nos ayuda.

[Mime observa atentamente a los dioses]

Mime
Ya que me hacéis tantas preguntas, ahora contestadme
extranjeros: ¿quiénes sois?

Loge
Tus amigos. Liberaremos a los Nibelungos de sus
tribulaciones.

[Mime siente que Alberich se acerca y se encoge de miedo]


Mime
¡Anden con cuidado! Alberich viene hacia aquí.

[Presa del terror comienza a correr de un lado para el otro]

Wotan
[Sentándose tranquilamente sobre una roca]
Y aquí le esperaremos.

[Alberich se acerca. Se ha quitado el casco Tarnhelm y se


lo ha colgado en el cinturón. Blandiendo un látigo fustiga a
los nibelungos desde las cavernas para que no cesen de
trabajar. Van repletos de artesanías de oro y plata. Bajo los
regaños de Alberich, poco a poco las van amontonando
formando una gran pila.]

Alberich
Aquí, allá, ¡Hehe! ¡Hoho! Vosotros, bandada de holgazanes,
amontonen el tesoro. Ese de ahí. ¡Levántate! Continuad con
el hierro. ¿Necesitáis que os eche una mano? ¡Todo, ponedlo
todo ahí!

[Se da cuenta de la presencia de Wotan y Loge]

¡Hey!, ¿quién anda ahí? ¿Quién ha entrado aquí? Tú, Mime,


pestilente desgraciado, ven aquí. ¿Has estado de cháchara
con este par de vagabundos? ¡Marcháos, holgazanes! ¡A las
forjas y los moldes!

[Aguijonea a Mime hacia la multitud de nibelungos a fuerza


de latigo]

¡Hey, empezad a trabajar! ¡Marcháos todos! ¡De prisa!


Hacedme más oro de los nuevos filones. Mi látigo os
alcanzará si no picáis rápido. Para asegurarme de que todos
trabajáis, Mime se quedará como prenda, y lo pagará con
mi látigo si no lo hacéis. Creo que sabe muy bien que estoy
al acecho en todas partes, incluso allí donde nadie puede
verme. ¿Todavía estáis aquí sin hacer nada?

[Se saca el anillo del dedo, lo besa y lo alza con voz


amenazadora]

¡Temblad y estremecéos, muchedumbre servil! ¡Obedeced


sin demora al Señor del anillo!

[Con aullidos y chillidos los nibelungos se deslizan por entre


las grietas.]

[Alberich, por un largo momento, se queda viendo


sospechosamente a Wotan y a Loge]

¿Qué queréis aquí parados?


Wotan
De la nocturna tierra de los Nibelungos hemos oído rumores:
que Alberich hace obras que parecieran milagros mara-
villosos; y hasta aquí nos trajo como invitados la avaricia
para poder deleitarnos con ellas.

Alberich
Hasta Nibelheim os condujo la envidia; creedme que os
conozco muy bien, mis atrevidos huéspedes.

Loge
¿Así que me conoces muy bien, gnomo pueril? Pues, ahora
dime ¿quién soy yo que te hace ladrar tanto? Cuando te
quedabas en tu helada cueva, acobardado por el miedo,
¿quién te habría dado luz y un buen fuego, si Loge no se
hubiera dignado a sonreírte? ¿De qué servías tú como
forjador si yo mismo no venía y te encendía la forja? Como
primo y amigo tuyo que he sido, encuentro que me lo agra-
deces muy mal.

Alberich
Entre duendes de luces, ríe ahora Loge, el astuto bribón.
Como seas un amigo tan falso para ellos, como lo fuiste para
mí, ja, ja, me alegro. No tengo nada que temerles.

Loge
Entonces creo que puedes fiarte de mí.

Alberich
Me fío de tu deslealtad, no de tu lealtad. Pero con placer os
desafío a todos.

Loge
Tu poder te da confianza.

[Tomando una actitud desafiante]

Impresionante y grande ha crecido tu fuerza.

Alberich
¿Ves el tesoro que mis fieles sirvientes han amontonado para
mí?

Loge
Nunca he visto uno tan envidiable.

Alberich
No es más que lo que amontonan en un sólo día. Fuerte y
poderoso crecerá en el futuro.

Wotan
¿De qué te sirve aquí el tesoro si en Nibelheim no hay
diversión ni nada en que gastárselo?
Alberich
La noche de Nibelheim me sirve para crear y esconder
tesoros. Y cuando tenga un buen montón acumulado en la
cueva, entonces haré milagros: me apoderaré de todo el
mundo y no lo compartiré con nadie.

Wotan
¿Cómo empezarás, buen hombre?

Alberich
Allá arriba, entre brisas de los suaves céfiros vosotros vivís,
reís y hacéis el amor. Con mis manos de oro yo os atraparé a
todos vosotros los dioses. Como yo juré rechazar el amor,
todas las cosas vivientes también lo rechazarán. Seducidos
por el oro, tan sólo éste ansiareis. ¡Sobre cimas mara-
villosas, flotando de felicidad, descansáis, mientras al
gnomo negro odiáis, eternos juerguistas! ¡Id con cuidado, id
con cuidado! Porque cuando vosotros los hombres estéis al
servicio de mi poder, el enano obligará a vuestras hermosas
mujeres, que ahora no soportan que las corteje, a aceptar
sus favores, aunque el amor no le sonría.

[Riendo atrozmente]

¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¿Me habéis oído? ¡Id con cuidado!
¡Guardáos del ejército nocturno cuando el tesoro Nibelungo,
se alce desde las profundidades silenciosas hacia la luz del
día!

Wotan
[Violentamente]
¡Muérete, tonto malvado!

Alberich
¿Qué dijo él?

Loge
[Interponiéndose]
¡Mantén la calma!

[Dirigiéndose a Alberich]

¿Pero y quién no se desvanece lleno de asombro ante la obra


de Alberich? Si la astucia señorial tuya te permite, gracias
al tesoro, conseguir todo aquello que ansías, entonces debo
aclamarte como el ser más poderoso, ya que la luna y las
estrellas y el sol radiante no pueden más que servirte. Pero,
lo que me parece más importante de todo, es que los que
se la pasan apilando el tesoro, la raza de los Nibelungos, te
obedecen sin envidiarte. Con gran valentía arrebataste un
anillo al que toda tu gente temía; pero dime, ¿si mientras
duermes plácidamente, un ladrón se escabuyera hasta el
lugar donde te halles y furtivamente hurtara el anillo de un
tirón, como harías para defenderte ladino?
Alberich
Loge se cree que es el dios más listo de todos; a los demás
siempre nos considera unos idiotas. Sin duda a un ladrón le
gustaria escuchar que lo necesitaría para que me aconsejara
y sirviera, y así tener que agradecérselo. Nadie más que yo
he creado este casco, que me es de utilidad para ocultarme.
El herrero más habilidoso que existe, Mime, tuvo a bien que
forjarlo para mí. Este casco me ayuda a cambiar de forma,
a transformarme rápidamente a mi antojo. Nadie que me
busca, puede encontrarme, pero yo estoy en todas partes,
fuera de la vista de todos. Así que, ¡sin temor alguno, estoy a
salvo de todos, incluso de ti, amigo amable y considerado!

Loge
He visto mucho, presenciado muchas cosas, pero nunca he
sido testigo de un milagro tal y como lo describes. Me es im-
posible de creer que incomparable trabajo pueda realizarse.
Si esto fuera posible, tu poder sería eterno.

Alberich
¿Crees que estoy mintiendo y jactándome como Loge?

Loge
Hasta que lo haya yo probado, dudo de tu palabra, gnomo.

Alberich
¡Se está hinchando de inteligencia hasta explotar el idiota!
Deja que la envidia te atormente. Decide, bajo que forma
quieres que me presente ante ti?

Loge
Bajo la que quieras pero, eso sí, déjame mudo de asombro.

Alberich
[Poniéndose el casco]

"Dragón gigante, serpentea y enrolláte".

[Al instante se desvanece en el aire y en su lugar aparece,


contorsionandose, una gran serpiente. Alarga su cabeza y
con las fauces abiertas se dirige a Wotan y a Loge]

Loge
[Fingiendo]
¡Oh, oh! ¡Horrible serpiente, no me tragues! ¡Perdónale la
vida a Loge!

Wotan
¡Ja, ja, ja! ¡Ja, ja, ja! ¡Bien hecho, Alberich! ¡Bien hecho,
bribón! ¡Con qué rapidez se convirtió de enano en dragón
monstruoso!

[La serpiente desaparece, y en su lugar aparece Alberich


bajo su propia forma]
Alberich
¡Ja, ja! ¿Ahora me creéis, chicos listos?

Loge
[Con voz trémula]
¡Mi temblor te lo puede demostrar! En una gran serpiente te
has convertido con gran rapidez: Ya que lo he visto, ahora
creo en el milagro. Pero, tal como te has hecho más grande,
¿podrías también encogerte y hacerte pequeño? Vieras que
esa me parece la manera más inteligente y sutil de escapar
al peligro. Pero me imagino que sería algo demasiado difícil
para ti.

Alberich
¡Demasiado difícil para ti que eres tan tonto! ¿Cuán pequeño
te gustaría que fuera?

Loge
Tanto, que te pudieras introducir en el agujero más pequeño,
allí donde el sapo se esconde tímidamente.

Alberich
¡Bah! ¡No hay nada más fácil! ¡Mira!

[Se coloca el casco]

"¡Arrástrate, sapo, tramposo y gris!"

[Alberich desaparece pero los dioses perciben entre las


rocas a un sapo que se arrastra hacia ellos.]

Loge
¡Ahí tienes al sapo! ¡Atrápalo, rápido!

[Wotan aplasta el sapo con el pie. Loge lo agarra por la


cabeza y sostiene en la mano al Tarnhelm. Alberich recobra
su forma pero se contorsiona bajo el pie de Wotan]

Alberich
¡Oh, maldición! ¡Estoy atrapado!

Loge
Apriétalo hasta que lo ate.

[Loge lo ata de pies y manos]

Ahora, rápido; ya está, ya es nuestro.

[Ambos sujetan fuertemente al prisionero, que forcejea


desesperadamente, y se dirigen hacia la grieta por donde
entraron. Wotan, Loge y el cautivo Alberich emergen del
abismo.]
Escena
Cuarta

[Paisaje abierto de la cima de la montaña. Wotan y Loge,


traen con ellos a Alberich]

Loge
Estate ahí quieto, primo. Mira, queridísimo, allí en frente
tienes el mundo que tú, holgazán, pretendías conquistar.
Dime, ¿qué parte de él me concederás como establo?

[Bailando alrededor de Alberich, tronando los dedos]

Alberich
¡Canalla ruin! ¡Bribón! ¡Villano!

¡Afloja la cuerda, desátame o pagarás por este ultraje,


palurdo que eres!

Wotan
Con rapidez te até y ahora estás cautivo, justo cuando
pensabas que el mundo y todo lo que en él vive y respira
estaba en tu poder. Aquí te tengo ahora atado, no puedes
negarlo, desgraciado. Y para liberarte, hay que pagar el
rescate.

Alberich
¡Que tonto soy! ¡Idiota soñador! ¡Qué estúpido fue fiarse del
truco de un ladrón! Habrá que pagar este error con una
terrible venganza.

Loge
Para que la venganza pueda servirte de algo, primero tienes
que liberarte: un hombre atado nunca recibirá ayuda de
aquel que está libre. Por lo que, si estás pensando en
vengarte, rápido y sin demora, piensa primero en el rescate.

[Muestra, chasqueando los dedos, el tipo de recompensa]

Alberich
De acuerdo, pedid lo que ambicionáis.

Wotan
El tesoro acumulado y tu resplandeciente oro.
Alberich
¡Avariciosa banda de tramposos!

[Para sí]

Pero, si me quedo solo con el anillo, puedo prescindir del


tesoro, porque bajo las órdenes del anillo pronto se puede
recuperar y aumentar espléndidamente. Me serviría de
escarmiento para hacerme más sensato. Pero de ningún
modo pagaré la lección recibida demasiado cara, si ésta
puede costarme tan sólo unas baratijas.

Wotan
¿Nos darás el tesoro?

Alberich
Desátame una mano y lo haré venir.

[Loge le desata la mano derecha. Alberich besa el anillo y


murmura en secreto un mandato]

Bueno ahora, ya he llamado a los Nibelungos. Ya puedo


escuchar cómo, a una sola orden de su señor, sacan a
arrastras el tesoro de las profundidades hasta la luz del día.
Ahora sácame estas fastidiosas ataduras.

Wotan
No hasta que el rescate esté pagado.

[Los Nibelungos salen de la grieta, cargados con el tesoro.


Durante los siguientes momentos se ponen a apilar el
tesoro]

Alberich
¡Oh, que deshonra tan vergonzosa que mis temerosos
esclavos tengan que verme así cautivo!

Alberich (Cont)
[Dirigiéndose a los Nibelungos]
Traedlo aquí tal como yo os lo ordeno. Apilad el tesoro for-
mando un gran montón. ¿Necesitáis ayuda bola de lisiados?
¡No le peguéis al vivo! ¡Rápido allí, rápido! Después alejáos
y volved a trabajar para mí. ¡A las cuevas! ¡Y ay de vosotros
si os encuentro holgazaneando! ¡Iré tras vosotros pisándoos
los talones!

[Besa el anillo y lo alarga mandatoriamente hacia los nibe-


lungos, quienes, como si hubieran sido golpeados comienzan
a correr aterrorizados hacia la grieta, donde desaparecen]

Ya he pagado. Ahora dejadme marchar. Y por favor, devuél-


vanme el forjado yelmo que Loge tiene en las manos.
Loge
[Lanzando el casco hacia la pila]
Este trofeo también es parte del rescate.

Alberich
¡Maldito ladrón!
Pero, ¡paciencia! El que me fabricó éste puede hacerme
otro. Aún tengo el poder al que Mime obedece. Es muy
difícil aceptar que estos astutos enemigos puedan también
hacerse con mi sutil arma.
Bueno, Alberich ya os lo ha dado todo, canallas; ahora, a
desatarme las ligaduras.

Loge
¿Ya estás contento?
¿Lo dejo escapar?

Wotan
Un anillo de oro llevas en el dedo.
¡No te hagas el que no me oye gnomo! En mi opinión forma
parte del tesoro.

Alberich
[Lleno de horror]
¿El anillo?

Wotan
Antes de que te soltemos, debes entregármelo.

Alberich
[Temblando]
¡Te entregaría mi vida, pero no el anillo!

Wotan
[Violentándose]
Te pido el anillo, con tu vida puedes hacer lo que te venga en
gana.

Alberich
Si pierdo mi vida y mi alma, también he de perder el anillo;
mis manos y mi cabeza, mis ojos y mis oídos no son más
de mi propiedad que lo que es este brillante anillo.

Wotan
¿Estas diciendo que el anillo es de tu propiedad? ¿Te has
desquiciado, gnomo de poca madre? Confiesa con since-
ridad, a quién le robaste el oro con el cual se forjó el
resplandeciente anillo? ¿Acaso era propiedad tuya lo que tan
malvadamente sacaste de las profundidades del agua?
Pregunta a las Hijas del Rhin si te concedieron el oro para tu
propio beneficio o si tú se los robaste para hacerte el anillo.
Alberich
¡Vergonzosa mentira, engaño monstruoso! Canalla ¿me
culpas a mí de haber hecho lo que en verdad tanto te
quemabas por hacer? Tú mismo habrías robado el Oro del
Rhin si hubieras descubierto fácilmente la habilidad para
forjarlo. ¡Vaya que te ha resultado tan beneficioso, tú
hipócrita, que haya sido el Nibelungo quien, con vergonzosa
angustia, incitado por la rabia, consiguiera hacerse con la
terrible magia que produjo la obra que ahora brilla sobre ti
con tanta fuerza. ¿Acaso el terrible y maldecido acto,
que el agobiado gnomo por las inquietudes cometió, ha
de servir tan sólo como juguete real? ¿Mi maldición sólo
sirve para darte placer? ¡Será mejor que vayas con cuidado,
dios dictador! Si yo pequé, sólo pequé contra mi sola
persona. Pero, contra todo lo pasado, lo presente y lo futuro
pecarás tú, inmortal, si me arrebatas el anillo.

Wotan
¡Dame el anillo!
¡Sobre él no puedes reclamar ningún derecho con toda esa
palabrería!

[Coge a Alberich y con violencia le arranca el anillo del


dedo]

Alberich
[Con un horrísono grito]
¡Ay, arruinado!
¡Desecho estoy!
¡El más trágico de los esclavos trágicos!

Wotan
[Contemplando el anillo]

Ahora ya poseo lo que me alzará como el más poderoso de


los dioses poderosos.

[Se coloca el anillo en el dedo]

Loge
[A Wotan]
¿Ya está libre?

Wotan
¡Desátalo!

[Desatándolo]

Loge
[A Alberich]
¡Vete a casa!
Ninguna atadura te retiene; tienes el camino libre.
Alberich
[Irguiéndose]
¿Ya soy libre?

[Riéndose furiosamente]

¿Verdaderamente libre? Pues entonces, permíteme que te dé


el primer saludo desde mi recien recuperada libertad. Tal y
como llegó a ser mío, gracias a la maldición; que desde este
día en adelante el anillo, esté para siempre maldito. Tal
como su oro me otorgó, un poder sin límites, que ahora su
magia conceda la negra muerte a quien sea que lo porte.
Ningún hombre feliz se alegrará con él, ningún hombre de
buena fortuna conocerá la sonrisa de su brillante resplandor.
Cualquiera que lo tenga en posesión se sentirá agobiado por
los problemas, y cualquiera que ahora lo tenga será acosado
por la envidia. Todo el mundo ansiará poseerlo, pero nadie
le sacará ningún provecho. Sin beneficio alguno, su dueño lo
habrá de vigilar, pues el anillo le llevará hasta sus asesinos.
Convencido de que ha de morir, el cobarde se verá poseído
por el crudo temor. Mientras viva, suspirará por la muerte, y
el señor del anillo se convertirá en su esclavo, hasta que mis
manos vuelvan a sostener, aquello que me fue robado. Con la
mayor de las angustias, ésto que te digo es la bendición que
el Nibelungo otorga a su anillo. Ahora, te lo puedes quedar,

[Riéndose]

pero guárdalo bien: mi maldición no desaparecerá.

[Rapidamente desaparece por la grieta]

[La niebla se desvanece del primer plano]

Loge
¿Has escuchado bien el mensaje tan afectuoso que nos ha
dado?

Wotan
[Hundido en la contemplación del anillo en su mano]
¡Deja que desahogue su mal humor!

[Comienza a iluminarse]

Loge
[Con la mirada hacia la derecha]

Fasolt y Fafner se acercan por la lejanía. Vienen a devolver a


Freia.

[A través de la niebla que se dispersa, Donner, Froh y Fricka


se apresuran a colocarse en el primer plano]
Froh
Ya han vuelto.

Donner
¡Bienvenido seas, hermano!

Fricka
[Con ansiedad, dirigiéndose a Wotan]
¿Nos traéis buenas noticias?

Loge
[Señalando el tesoro]
Con astucia y fuerza se llevó a cabo la tarea: ahí tenéis el
rescate de Freia.

Donner
Ya se acerca nuestra estimada bajo la custodia del gigante.

Froh
¡Con qué dulzura sopla otra vez el viento sobre nosotros;
una maravillosa sensación me llena los sentidos! Sería muy
triste para nosotros apartarnos para siempre de ella, que
nos da la juventud eterna y sin sufrimientos, y el alegre
deseo.

[El primer plano vuelve a brillar de nuevo y el aspecto de los


dioses vuelve a ser fresco bajo la luz. Un velo de niebla
cubre el fondo de modo que el castillo, en la lejanía, es
imperceptible. Fasolt y Fafner hacen su entrada, Freia que
estaba entre los dos, corre presurosa a encontrarse con su
hermana]

Fricka
¡Queridísima hermana, el más dulce de los placeres! ¿Ya te
han traído de vuelta a mi?

Fasolt
[Frenándola]
¡Para! ¡No la toques! ¡Todavía nos pertenece! En la frontera
de altas torres de Riesenheim nos paramos para descansar.
Con ánimo fiel, guardamos a la rehén. Por mucho que lo
sienta, os la devolveré si a mi hermano y a mi se nos paga el
rescate.

Wotan
El rescate ya está preparado; espero que os satisfaga la gran
cantidad de oro.

Fasolt
El quedarme sin la mujer me pone triste, ya lo sabes. Para
que me olvide de ella, la pila del tesoro ha de ser tan alta
que su resplandor desaparezca totalmente del alcance de mi
vista.
Wotan
Que la medida sea la figura de Freia

[Los dos gigantes colocan a Freia en el medio. Clavan en el


suelo dos estacas frente a la diosa para así poder calcular la
medida según su altura y anchura

Fafner
Nuestro precio está calculado a la medida de la rehén.
Ahora, apilad el montón según esa medida.

Wotan
Dáos prisa con el trabajo: no me resulta nada agradable.

Loge
¡Ayúdame, Froh!

Froh
¡Hasta el final me daré prisa, por la deshonra de Freia!

[Loge y Froh comienzan a apilar el tesoro por entre las esta-


cas]

Fafner
¡No lo dejéis tan suelto!

[Toscamente presiona la pila del tesoro]

¡Apretadlo más! Amontonadlo a la justa medida, firme y


apretado.

[Agachándose para buscar hendiduras]

Todavía puedo ver a través del montón. ¡Tapad los agujeros!

Loge
¡Aléjate, palurdo!

Fafner
¡Aquí!

Loge
¡No lo toques!

Fafner
¡Aquí! ¡Cubre esa grieta!

Wotan
[Apartándose malhumorado]
En el fondo de mi corazón me quema la deshonra.
Fricka
¡Mira que avergonzada está con su dignidad degradada! En
silencio, implora la libertad con el sufrimiento de sus ojos.
¡Hombre malvado! ¿cómo puedes pedirle esto a un ser
amado?

Fafner
¡Todavía más! ¡Aquí, todavía cabe más!

Donner
A penas puedo contenerme. Al mirar a ese sinvergüenza una
rabia me sube en mi interior tan rápida como la espuma.
¡Ven aquí, perro! Si quieres buscar medidas, mídete contra
mí.

Fafner
Cierra la boca, Donner. Ruge allí donde se te diga. Aquí tus
gritos de merolico no te sirven de nada.

Donner
[Preparándose para dar un golpe]
¿Ni siquiera para aplastarte gusanejo?

Wotan
¡Qué haya paz! Creo que el tesoro ya cubre a Freia.

[Fafner mide la pila con su ojo, en busca de huecos]

Loge
Ya no hay más tesoros.

Fafner
Todavía veo el destello del cabello de Holda. Esa cosa tan
elaborada ponedla sobre el montón.

Loge
¿Qué? ¿El casco también?

Fafner
¡Rápido, dámelo!

Wotan
Deja que se lo lleven también

[Loge lanza el casco camuflage encima de la pila]

Loge
Ya hemos acabado. ¿Estáis contentos?

Fasolt
Ya no puedo ver a la hermosa Freia. ¿Ya está libre? ¿Debo
dejarla marchar?

[Se acerca a la pila y observa a través de ella]


¡Ay, Dios! ¡Todavía resplandece sobre mí su mirada; las
estrellas de sus ojos brillan sobre mí, y no puedo evitar
mirarlos a través de esta grieta.

[Descontrolándose]

Mientras vea esos hermosos ojos, no puedo renunciar a ella.

Fafner
¡Hey!
¡Os aconsejo que tapéis esa grieta!

Loge
¡Insaciables! ¿Acaso no veis que el oro ya se ha acabado?

Fafner
¡De ninguna manera, amigo mío! En el dedo de Wotan brilla
un anillo de oro: ponlo ahí para tapar la grieta.

Wotan
¿Qué? ¿Este anillo?

Loge
¡Déjame que te explique! Este anillo pertenece a las Ninfas
del Rhin. Wotan se lo devolverá a ellas.

Wotan
¿Qué tonterías estás diciendo? Aquello que con tanta difi-
cultad y sin ningún escrúpulo conseguí, me he de quedar.

Loge
Entonces, lástima de promesa que les hice cuando ellas se
quejaron.

Wotan
Tus promesas no me obligan a nada. El anillo sigue siendo
mi trofeo.

Fafner
Pero ahora has de entregarlo como parte del rescate.

Wotan
¡Pide lo que quieras sin ningún problema, pues te concederé
todo lo que me pidas; pero ni por el mundo entero me
separaría del anillo.

Fasolt
[Lleno de ira, saca a Freia de detrás de la pila]
Entonces, todo se ha acabado. Ahora, prevalece el antiguo
pacto, y Freia nos seguirá por siempre.
Freia
¡Ayudadme, ayudadme!

Fricka
Dios cruel, dáselo.

Froh
No te quedes con el oro.

Donner
Entrégales el anillo.

[Fafner retiene a Fasolt, quien presiona para marcharse.


Todos se quedan desconcertados]

Wotan
¡Dejadme en paz! No renunciaré al anillo.

[Wotan los evade furibundo. El escenario se ennegrece de


nuevo]

[De una grieta rocosa sale una luz azulina. Erda aparece re-
pentinamente emergiendo desde abajo hasta aproximada-
mente la mitad de su estatura]

Erda
[Alargando su mano a manera de advertencia, hacia Wotan]

¡Cede, Wotan, cede! ¡Escapa a la maldición del anillo! Su


posesión te condena a una oscura e irremisible destrucción.

Wotan
¿Quién eres tú, mujer que me amenazas?

Erda
Sé como era todo, y veo cómo todo es y también veo cómo
todo será. Erda, la primitiva mujer del mundo eterno, te
aconseja ahora. Tres Hijas fueron las que concebí de manera
primitiva y las cargué en mi vientre. Lo que veo, te lo
cuentan cada noche las Nornas. Pero el mayor de los peli-
gros es lo que me ha traído hoy ante ti: ¡Escúchame, escú-
chame, escúchame! Todo lo que ahora existe, morirá. Un día
oscuro se cierne sobre los dioses. Te lo aconsejo: evita el
anillo.

[Erda se sumerge hasta el pecho. La luz azulina comienza a


desvanecerse]

Wotan
Misteriosas y grandes me suenan tus palabras. Quédate,
pues quizá así llegue a saber más.
Erda
[Desapareciendo]
Ya te he avisado, ya sabes lo suficiente.
Piénsatelo con miedo y temblando de terror.

[Desaparece completamente]

Wotan
Si debo temer y preocuparme, tendré que atraparte y así
aprenderlo todo de ti.

[Wotan intenta entrar al abismo para retener a Erda. Froh y


Fricka se lanzan a los pies del dios para detenerlo]

Fricka
¿Qué estás haciendo, loco?

Froh
¡Deténte Wotan! Respeta su nobleza y acepta su consejo.

[Wotan se queda mirando, pensando para sí]

Donner
[Con resolución, voltea a ver a los gigantes]
¡Escuchad, gigantes! ¡Volved y esperad!
El oro os será entregado.

Freia
¿Puedo atreverme a tener esperanzas? ¿De verdad creéis
que Holda vale su rescate?

[Todos se quedan viendo atentamente a Wotan. Saliendo éste


de sus profundos pensamientos, toma su lanza y la empuña
como señal de una audaz decisión]

Wotan
¡Ven a mí, Freia! ¡Ya hemos comprado tu libertad, y la
juventud nos puede ser devuelta. Vosotros, gigantes, tomad
vuestro anillo!

[Lanza el anillo a la pila y los gigantes liberan a Freia.


Sintiéndose libre, ella corre presurosa y alegre hacia los
dioses que, en turnos, la acarician suavemente con gran
regocijo]

[Mientras tanto Fafner abre un gran saco y se dirige a la pila


para irlo empacando]

Fasolt
[Hablando a Fafner]
¡Detente, avaro! ¡Deja algo para mí, Ambos saldremos
beneficiados con una repartición justa.
Fafner
La chica valía para ti más que el oro, mequetrefe enfermo de
amor. Bastantes penurias atravesé para poder cambiarla con
tu consentimiento. Si te hubieras casado con ella, muy difi-
cilmente la habrías compartido.
Si he de dividir el tesoro de una manera equitativa, tendré
yo que quedarme con la mayor parte.

Fasolt
¡Tú, desvergonzado!
¿Acaso este abuso es culpa mía?

[Dirigiéndose a los dioses]

A vosotros recurro como jueces: dividid justamente el tesoro


entre los dos.

[Wotan se aleja despectivamente]

Loge
Deja que se lleve el tesoro, y tú quédate el anillo.

[Fasolt se lanza sobre Fafner quien está ocupado empacando


el tesoro]

Fasolt
Apártate canijo, el anillo es mío, los ojos de Freia
me lo consiguieron.

[Rapidamente toma por la fuerza el anillo, ambos luchan]

Fafner
Sácale las manos de encima; el anillo es mío.

[Fasolt le arrebata el anillo a Fafner]

Fasolt
Me lo quedo yo, a mí me pertenece.

Fafner
[Atacando con su maza]
Agárralo bien, no sea que se caiga.

[De un solo golpe, tira a Fasolt al suelo. Sin demora, le coge


el anillo al moribundo]

¡Ahora parpadea tú ante la mirada de Freia!


¡No volverás a tocar el anillo!

[Fafner coloca el anillo en el saco y silenciosamente sigue


empacando la pila del tesoro. Todos los dioses se quedan
petrificados y se crea un largo silencio solemne]
Wotan
[Profundamente conmovido]
¡Ahora me doy cuenta del terrible poder de la maldición!

Loge
¿Qué puede compararse con tu suerte, Wotan?
Mucho ganaste al obtener el anillo, pero ahora que te lo han
quitado, todavía te hace ganar más.
¡Mira! Tus mismos enemigos se están matando por el oro
que tú les diste.

Wotan
Y en cambio, como me paraliza el miedo. Miedo y ansiedad
se apoderan de mi mente. Erda debe enseñarme cómo aca-
bar con esto. He de ir a buscarla.

Fricka
[Acariciándolo zalameramente]
¿Qué estás esperando, Wotan? ¿Acaso no te atrae la noble
fortaleza que espera que su amo tome hospitalario refugio
en ella?

Wotan
[De modo pesimista]
Con funesto dinero pagué por el edificio.

Donner
[Apuntando hacia la parte posterior, donde aún hay un velo
de niebla]
Una neblina sofocante vuela por el aire, y cae sobre mí
aprisionándome. Las claras nubes convertiré en nubes de
tormenta, y así se aclarará el cielo.

[Donner sube a una elevada roca cerca del precipicio y agita


su martillo. En ese momento la niebla comienza a aglome-
rarse alrededor de él]

¡Heda! ¡Heda! ¡Hedo!


¡Niebla venid a mí!
¡Brumas, venid a mí!
Donner, vuestro señor, os llama a que forméis ante él.

[Agita vigorosamente su martillo]

Cuando balancee mi martillo, húmeda neblina y niebla,


flotad allí. Donner, vuestro señor, os llama a que forméis
ante él. ¡Heda! ¡Heda! ¡Hedo!

[Donner desaparece tras una espesa niebla y una nube de


tormenta que se hace cada vez más negra. Se escucha el
ruido del martillo al golpear la roca. La vívida luz del
relámpago emerge de la nube y se escucha el clamor del
trueno. Froh también ha desaparecido tras las nubes]
[Sin ser visto]

Hermano, ven aquí, muéstrales el camino del puente.

[Repentinamente, las nubes se dispersan. Donner y Froh se


vuelven visibles ahora. De sus pies, aparece un arcoiris que,
a manera de puente, se alarga cruzando el valle con luz
radiante y cegadora hacia el castillo que refulge bajo la luz
del sol poniente]

[Mientras tanto Fafner, a lado del cadaver de su hermano, ha


terminado de guardar todo el tesoro. Carga el enorme saco
sobre su espalda y, mientras está la mágica tempestad de
Donner, abandona el escenario]

[Con la mano extendida, Froh indica a los dioses el camino


del puente a través del valle]

Froh
[A los dioses]
El puente es fácil de cruzar, pero firme bajo las pisadas.
Lleva hasta el castillo. Atravesadlo sin miedo alguno, pues
no presenta ningún peligro.

[Wotan y los demás dioses se quedan sin habla ante la


gloriosa vista]

Wotan
Los rayos de la noche brillan desde el ojo del sol. En el
glorioso resplandor, la fortaleza se ilumina con orgullo. Con
la luz de la mañana, también resplandecía, pero ante mí se
alzaba vacía, como invitándome a entrar en ella.
Entre la mañana y la noche la hemos conseguido, pero no de
una manera agradable, sino con terror y miedo.
Ahora ofrece refugio a quien la noche que se acerca puede
dañar.

[Teniendo una gran idea, con determinación]

Por lo tanto, a ti te saludo fortaleza, estando a salvo del


terror y el miedo.

[Voltea a ver solemnemente a Fricka]

Sígueme, esposa; vive en Walhalla conmigo.

Fricka
¿Qué significa el nombre? Creo que no lo había oído nunca.

Wotan
Que el miedo dominador que me inspiró el coraje te lo
explique si es que salgo victorioso.
[Tomando de la mano a Fricka, ambos se dirigen lentamente
hacia el puente: Froh, Freia y Donner les siguen]

Loge
[Permaneciendo en el primer plano, observando a los dioses]

Se están lanzando hacia su muerte, por muy fuertes y resis-


tentes que se crean. Casi me avergüenzo de ayudarlos. Estoy
más que tentado en convertirme de nuevo en una llama
vacilante. No me parece una fruslería hacer arder a aque-
llos que alguna vez me dominaron y evitar, de ese modo,
morir de una manera tan estúpida, por muy santos dioses
que se crean.
Me lo pensaré ¿Quién sabe lo que haré?

[Asumiendo un modo indiferente, va tras los dioses]

Las Tres Hijas del Rhin


[En la profundidad del valle, sin ser visibles]
¡Oro del Rhin!
¡Oro del Rhin!
¡Oro Puro!
¡Con cuanta pureza y cuanto resplandor brillaste antes sobre
nosotras!

[Wotan, preparándose a poner su pie en el puente, se


detiene y observa los alrededores]

Wotan
¿Quién me habla con esos refunfuños?

Las Tres Hijas del Rhin


Ahora lloramos por ti y por tu luminosidad.

Loge
[Viendo hacia el valle]
Las niñas del Rhin se lamentan por el robo del oro.

Las Tres Hijas del Rhin


¡Entréganos el oro!
¡Entréganos el oro!
¡Oh, entréganos el oro puro!

Wotan
¡Malditas sirenas!

Las Tres Hijas del Rhin


¡Oh! ¡Devuélvenos de nuevo su gloria!

Wotan
¡Haz que cesen esos molestos gimoteos!
Loge
[Gritando hacia el valle]
¡Vosotras, ahí, en el agua! ¿Para que nos lloráis a nosotros?
¡Escuchad lo que Wotan os desea! El oro ya no brilla más
sobre vosotras, muchachas, pero ahora podéis disfrutar con
alegría del nuevo resplandor de los dioses.

[Los dioses ríen y cruzan el puente]

Las Tres Hijas del Rhin


¡Oro del Rhin!
¡Oro del Rhin!
¡Oro Puro!
¡Ojalá todavía hicieras brillar tu resplandor luminoso en las
profundidades del río, pues somos las únicas que te somos
fieles y tiernas. Falso y cobarde es todo lo que es feliz allá
arriba.

[Y mientras los dioses cruzan el puente hacia el castillo, el


telón cae]

FIN